Ya no seremos los mismos en esta Tierra

Se calcula que el universo tiene 13,835 millones de años, la Vía Láctea tiene 13,600 millones de años, el sistema solar tiene 4,571 millones de años y el planeta Tierra tiene 4,567 millones de años. Este planeta se formó a partir de la nebulosa protosolar (nube de gas o disco de acrecimiento) que dio origen al sistema solar, dando forma a miles de asteroides, 587,479 planetoides, más de cinco planetas enanos y ocho planetas que están alineados en las órbitas que hoy conocemos. No hay evidencia de vida inteligente en otros planetas, aunque la búsqueda persiste. Pero existe un tan solo planeta que se ubica en la zona de habitabilidad estelar, denominado la Canica Azul, descubierto por una fotografía tomada por la NASA en 1972, donde las temperaturas y el flujo de radiación incidente permite la presencia de agua en estado líquido. Este planeta está conformado por agua en un 71 por ciento, la sustancia más importante para la vida. Pero es apenas un indicio, muy mínimo, para suponer que haya condiciones suficientes para la vida.

Entonces, ¿qué ha permitido toda la vida existente en este planeta llamado Tierra? Para responder esta inquietud, vamos a conocer un poco más nuestro planeta. La atmósfera es la parte gaseosa de nuestro planeta que lo hacen único y juega un papel fundamental en su habitabilidad, una capa de gases que es una mezcla de nitrógeno (78%), oxígeno (21%) y otros gases como vapor de agua, argón, dióxido de carbono, entre otros (1%). Está compuesta por dos regiones llamadas homosfera (capa inferior) y heterosfera (capa superior), donde están distribuidos todos estos gases. Pero si la gravedad nos hace bajar hacia la superficie de nuestro planeta, nos encontraremos con muchas capas dentro de la atmosfera que juegan papeles muy importantes como la exosfera, a 10,000 kilómetros de altura, la capa más alejada de nuestros pies, el límite entre la atmosfera y el espacio interplanetario.

Seguimos bajando hacia la termosfera a 700 kilómetros de altura, donde vamos a poder encontrar las estaciones espaciales que orbitan nuestro planeta, transbordadores, satélites artificiales e incluso las auroras boreales o australes. Luego encontramos la mesosfera, a 85 kilómetros de altura. Es donde podemos apreciar los meteoritos o estrellas fugaces, es la parte de la atmosfera con más reacciones químicas y el proceso de ionización. Seguimos para llegar a la estratosfera, a 50 kilómetros de altura. Esta capa es en la que nos encontraremos con la famosa capa de ozono, donde se encuentra el 90 por ciento de todo el ozono del planeta y tiene la función de absorber del 97 al 99 por ciento de la radiación ultravioleta de alta frecuencia, fundamental para la vida en la Tierra.

Pero se ha estado destruyendo lo que conocemos como “el agujero de la capa de ozono”, como consecuencia de nuestras acciones. Y seguiremos bajando por la gravedad hacia la troposfera, a 10 kilómetros de altura, donde encontramos los fenómenos meteorológicos, ese espacio entre nosotros y el cielo donde se forman las tormentas y las nubes.  Cuando se viaja en avión, surcamos esta capa, que es el límite entre la atmósfera y nuestros pies. Hemos llegado a la superficie por donde nos movilizamos, realizamos todas nuestras actividades y compartimos con los otros seres vivos, esta capa se llama biosfera y está constituida por agua, tierra y una masa delgada de aire. Aquí la vida fluye y se desarrolla. Es llamada la envoltura viva del planeta. Aquí es donde nuestras acciones de todos los días desencadenan reacciones que no imaginamos en toda la Tierra.

Porque todas nuestras acciones tienen conexión y afectan directamente el equilibrio de la naturaleza.

En el año 2020, nunca nos imaginamos lo que iba a suceder a escala mundial a causa de nuestro irrespeto por la naturaleza y los ecosistemas. Hubo un virus que mutó por medio de zoonosis el cual, hasta ahora, ha contagiado a más de 2.5 millones de personas y ha matado a más de 185,000. Nos obligó a estar encerrados y a abandonar obligatoriamente nuestro estilo de vida; nos llevó a tener pánico al ambiente externo por miedo al contagio; nos forzó a reflexionar sobre nuestra existencia y modo de vivir; nos recordó lo inútiles que somos antes las fuerzas de la naturaleza que han existido por millones de años y que no han necesitado al ser humano para su evolución. Sin embargo, es el ser humano el que ha dañado la naturaleza. Nos convertimos en su enfermedad crónica, y, como si este planeta fuera el sistema orgánico del ser humano, un anticuerpo terrestre en forma de virus, altamente contagioso, nos está advirtiendo y nos está dando la oportunidad de darnos cuenta de toda la destrucción que hemos causado. Y no es el primero. En los primeros veinte años de este siglo hemos empezado a coleccionar virus que han desatado epidemias y pandemias.

La vida ya no es la misma y no lo volverá a ser. A quienes sobrevivamos nos estará quedando poco tiempo para enmendar el daño causado: restaurar los ecosistemas, renovar nuestra forma de vida, nuestra economía, costumbres y formas de apreciar la vida. La coexistencia y el respeto a todos los seres vivos deberá ser una ley natural. Las generaciones futuras dependen de ello. Hemos despertado de la borrachera del consumismo y nos hemos dado cuenta de que la naturaleza nos puede extinguir como especie en menos de lo que imaginamos.

Esta pandemia vendrá seguida de una recesión y posiblemente de una depresión económica, más todos los trastornos psicológicos como consecuencia de todo el colapso mundial presente. Las consecuencias son peores de las que imaginamos, son tan amplias que sería imposible enumerarlas, pero habrá que enfrentarlas para salir adelante. La resiliencia será fundamental y la cooperación con la naturaleza.

Este 22 de abril, Día de la Tierra, es un llamado para que desde nuestras casas respetemos nuestro planeta y al volver a salir nuestro estilo de vida haya cambiado para ayudar a este longevo planeta que fue ubicado en una zona donde existieron todas las condiciones para la vida, pero que nosotros hemos matado por siglos. Somos, entonces, los únicos responsables de la continuidad de nuestra especie y de todas las demás que habitan en nuestro planeta. Cumplamos ese rol de excelentes protectores de la Tierra. No queda mucho tiempo para hacerlo. Dicen que nos queda, siendo optimistas, una década para salvar nuestra biosfera. La revolución deberá también ser ambiental. La Década Verde inicia hoy para trabajar por nuestra Tierra. La primera revolución ambiental comienza en nuestro interior, con nuestras actitudes, costumbres y cultura, que tienen que ir alineadas a los valores ambientales.

En este artículo quiero invitarlos a que se sumen a las soluciones, a esta nueva forma de desarrollo sostenible y regenerativo, pero sobre todo a celebrar este Día de la Tierra junto a nuestros semejantes y recordar que nuestro planeta solo es uno y es nuestro hogar.


*Caleb Padilla es fundador de la ONG Un Pulmón Más, cofundador de AESAL, CEO de 44 HUB, directivo de Fundación Salvanatura, mentor en Climate Reality Project, Global Shaper, TEDx Speaker, exbecario de Israel, coautor del libro «El país que viene: Horizonte común», ganador del eco-reto del TIC Américas 2016 y Alumni del Young Americas Business Trust.

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