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Lo difícil que es desprenderse de «Chancro»

 

«Chancro«. Sí, esta una «true story«.

Así es como aprendimos (con mi esposa) a decirle  a esta gran serie de televisión cuando todas las noches guardábamos una o dos horas para ver qué demonios estaba ocurriendo en una ciudad ficticia (con un falso enorme encantador) y con una clica gringa –versión moderna de unos hells angels sanguinarios–, a quienes de alguna manera esperábamos que no les salpicara en los maniubros esa misma sangre que tan gustosamente repartían… y que tanto normalizábamos sin darnos cuenta.

No fueron pocas las veces en las que me descubrí tropicalizando la filosofía del código de honor entre clanes que tanto distingue a los integrantes del motorcycle club y terminé entendiendo cómo se normaliza la violencia en fenómenos sociales de la realidad en nuestros países… Fenómenos como… ajá… sí, como el de las pandillas… Y que también se aprecia en la California de la serie (que no por casualidad deportó la bronca a nuestros países).

– ¿Qué ondas? ¿Vemos un episodio de «Chancro»

– Pa’ luego es tarde.

Y así cada noche.

Como es de esperarse, la serie en realidad no se llama así. El apodo hace referencia a SAMCRO, que significa Sons of Anarchy Motorcycle Club Redwood Original. Y su historia gira en las peripecias de la agitada vida de un grupo de «aficionados a las motocicletas Harley Davidson» (tal y como el sarcasmo define a «la agrupación ilícita» que la policía de Charming tanto investiga). Hay mucha testosterona ahí. Hay mucho machismo, porque la participación de ciertas mujeres es poco más valiosa que la de un objeto de agitar antes de usar (como por ejemplo en su uso en la producción de pornografía para ser «legal» y evitarse problemas traficando armas). Pero a la vez presentar la paradoja de cómo son un par de mujeres –y sus adversas maneras de entender la vida– las que activan el detonador del caos.

Y claro… ¡Están las motocicletas!

Difícil es no enviciarse con un mundo de motocicletas como las que en la serie aparecen. Añorar la vida en un país donde rodar una Harley no sea el equivalente a jugar ruleta rusa sobre el pavimento; donde los mañosos no te detecten como sabuesos; y donde el deporte extremo que representa manejar una motocicleta valorada en 50 mil dólares no haga que te preocupés por tener que circular en un lugar donde las leyes de tránsito se dan a respetar tanto como Mandibulín).

Las chicas suspiran por Jackson «Jax» Teller, por su caminar de dandy invencible y por ser el portador de la espalda más retratada en la historia de la televisión.

Y nosotros suspiramos por las chicas que suspiran por Jax…

Debo admitir que abandoné a Sons of Anarchy por casi tres años. Descubrí la serie cuando apenas llevaba tres temporadas de existencia. Pero en ese lapso se me atravesaron en el camino otras como Game of Thrones, Breaking Bad y House of Cards, y les dediqué todo el tiempo que también se merecen. Luego volví a Charming. Volví a «care’chango» (como le llama despectivamente mi esposa a Clay Morrow), a las perturbadoras filias que personajes como Tig o Hap demuestran, a los tatuajes tribales de Juice en la cabeza rapada, a la alquimista de problemas que es Gemma Teller-Morrow, al acento british de Chibs, a los chistes racistas contra negros, chinos, latinos, nazis y otras hierbas… En fin, a muchas cosas que alimentan la sed que tenemos de historias que destaquen al antihéroe (como muy bien lo describe Loyda Salazar en su columna) y la televisión con escenas crudas.

Sons of Anarchy no es una serie perfecta. Existen ciertas debilidades en el guión, como la utilización (a mi gusto innecesaria) de un personaje con el recurso elemental de la indigencia y que no cumple más función que aparentar ser Dios en un mundo tan crudo que no da cabida a la espiritualidad.

Dicen que la serie tiene mucho de Hamlet (y un sentido shakespiriano). Incluso así se los hace ver Conan O’Brien en una entrevista para su aclamado programa de talk show nocturno. Y también hay cierto sentido de desenlace fatal cuestionablemente auto inducido (muy a lo Thelma & Louise); también se percibe en cierto tramo que la oscuridad ha abrazado al niño mimado, en el que pareciera que Jax ha abrazado el lado oscuro de la fuerza y masacrará a todo aquel (¿padawan?) que se cruce en su camino…

Orus Villacorta es periodista con 15 años de experiencia. Co-Editor y creador de Revista Factum y Cinco Cero Sex. Encuéntralo en Twitter, Facebook, Instagram.

Orus Villacorta es periodista con 15 años de experiencia. Co-Editor y creador de Revista Factum y Cinco Cero Sex. Encuéntralo en Twitter, Facebook, Instagram.

Es decir, hay muchos caminos comunes que ya antes hemos recorrido en la ficción del cine y la televisión popular. SOA no ha  inventado nada, pero sí encontró una fórmula nada despreciable para mantenernos en fiel simpatía por unos criminales que parecieran llenarnos de orgullo con cada fechoría.

Ya pasaron siete años, siete temporadas. Haber llegado al final del ride se siente bien, pero a la vez queda una sensación de tristeza por saber que no habrá más «noches de Chancro». Cuesta desprenderse de este contagio…

De momento –y mientras regresan House of Cards y Game of Thrones– ya empecé el glorificado camino de la serie «The Wire».

Bien dicen los de USA Today que en estos tiempos buena parte del talento radica más en cierta propuesta de la televisión y no tanto en el cine… Y que no tienen nada que envidiarle al séptimo arte.

 

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