“Me subo a los buses buscando encontrarme a los asesinos de mi hija”

Las mujeres sortean el acoso callejero, las agresiones sexuales y los hurtos cuando se desplazan. 27 mujeres fueron agredidas sexualmente, 21 fueron golpeadas, 72 denunciaron haber sufrido violencia patrimonial dentro del transporte público en el primer semestre de 2021, según datos del Ministerio de Seguridad. 

Foto FACTUM/Natalia Alberto (Imagen principal de carácter ilustrativo)


Esperanza* se subía furiosa a los buses deseando encontrarse con los ladrones que mataron a su hija. Subirse a un bus, acción que repiten todos los días miles de mujeres salvadoreñas, se convirtió en un reto para ella. Quería que un grupo específico de ladrones la abordara porque, en su imaginación, soñaba con hacer justicia por cuenta propia. “Soñaba con encontrarme con esos batos, no importa quienes sean, para poder recuperar la memoria de mi hija. Odio a todos los motoristas, porque sé que son cómplices, a los diputados y a todos los que han formado parte de las ganancias del transporte público”, afirma.

Esperanza, de 57 años, perdió a su hija Mayra, de 22, en un asalto armado que ocurrió en un bus de la ruta 101 D, la noche del 17 de enero de 2010. La joven fue asesinada un día después de su cumpleaños. Ocurrió cuando regresaba de jugar fútbol con sus amigos del trabajo en una cancha de la colonia Miramonte, en San Salvador, y viajaba hacia su casa en Santa Tecla, La Libertad. En un trayecto de seis kilómetros, que usualmente el bus recorre en media hora, quedaron inertes los proyectos de Esperanza y toda su familia. 

El asesinato de la estudiante de segundo año de ingeniería industrial de la Universidad José Simeón Cañas ocurrió después de que dos niños se subieron a perdirle los celulares a los pasajeros a la altura de calle La Mascota, en San Salvador, según las versiones de testigos. Ella al ver que eran pequeños se defendió y los bajó del bus a patadas. En la siguiente parada abordaron el bus los mayores que mandaban a los niños, esperando la mercancía, y al darse cuenta de lo que había ocurrido la asesinaron. “Escuché varias versiones. Incluso al día siguiente fui al punto de buses, era la unidad No. 13. Vi cuando estaban lavando el bus de la sangre de ella”, relata Esperanza.

Un total de 13,121 hechos de violencia contras las mujeres fueron cometidos en El Salvador entre enero y junio de 2021, según el informe semestral del Ministerio de Seguridad. El desglose de los casos que ocurrieron en el transporte público revela que 27 mujeres fueron agredidas sexualmente, 21 fueron golpeadas, 72 sufrieron violencia patrimonial y dos fueron agredidas por un familiar. 

Los militares, señalados de acoso y abuso sexual contra las mujeres, manejan dos rutas de microbuses desde el pasado 14 de marzo. Foto FACTUM/Natalia Alberto

 El asesinato de Mayra nunca fue investigado, ni judicializado, por lo que no existe una versión oficial de qué ocurrió. La situación desencadenó en una ruptura familiar, pues surgieron conflictos cultivados por los sentimientos de culpa y por el afán de responsabilizar a alguien de la tragedia, según cuenta Esperanza. Su hija menor de 16 años fue enviada al extranjero para garantizar su seguridad. 

 “He ido limpiándome, sanándome de esas situaciones, pero si hoy me subo en un bus, todavía lo hago con ese desafío, preguntándome cuándo va a ser mi turno”, dice la madre de la joven.

En El Salvador existen 1,095 rutas de buses y 335 rutas de microbuses autorizados por el Viceministerio de Transporte (VMT), según el listado de tarifas más reciente publicado por esa institución. El 90.1% de la población utiliza el transporte público, a pesar de que los buses y los microbuses no son seguros, pues una serie de delitos ocurren en su interior, y son aún más inseguros para las mujeres. 

Acoso y abuso sexual contra las mujeres, robos y hurtos, extorsión a propietarios de unidades y confabulación entre operadores y delincuentes son los principales delitos reportados, según registró el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el reporte del proyecto “Mujeres libres de violencia en el transporte público”, que fue completado en junio de 2021. 

Revista Factum realizó tres grupos focales con mujeres de entre 18 y 50 años para conocer sus experiencias cuando viajan en buses, microbuses, con aplicaciones digitales como Uber o Indriver o  a pie. Los principales hallazgos revelan que las mujeres del área metropolitana de San Salvador siguen experimentando distintos tipos de violencia cuando se movilizan: tocamientos, intimidación y amenazas son las principales agresiones expuestas por las participantes.

Las mujeres que participaron en los grupos focales dijeron haber sufrido acoso sexual en el transporte colectivo. Foto FACTUM/Natalia Alberto

La mayoría de mujeres que dio sus aportes para esta investigación dijo que no usan sandalias cuando viajan en el transporte público o caminan por San Salvador, pues prefieren ocupar tenis para “poder correr” en caso de ser atacadas. 

La práctica de sentarse en los asientos delanteros y alejados de las ventanas, para no ser arrinconadas, ha sido adoptada por las mujeres de distintas generaciones. 

«De chiquita una vez abusaron de mí en el bus, era una niña. Desde entonces cuento el número de mujeres que van sentadas”, dijo una de las participantes.

La práctica de sentarse en los asientos delanteros y alejados de las ventanas, para no ser arrinconadas, ha sido adoptada por las mujeres de distintas generaciones.  Foto FACTUM/Natalia Alberto

Karla, de 24 años, se traslada en bus desde Nuevo Lourdes, La Libertad, a la zona del estadio Cuscatlán, en San Salvador. Un día de enero de este año, en el bus que se transportó a las 6:20 de la mañana, a la altura de Colón se subieron dos hombres que avanzaron hasta la parte de atrás de la unidad de transporte, para colocarse a la par de ella. Los tres iban parados.  El bus iba saturado de pasajeros y lo primero que ella pensó fue que la iban a asaltar. 

En la entrada a Santa Tecla, en la colonia Las Delicias, uno de los sujetos le pidió la hora. Más adelante, cuando el bus viajaba por la zona del colegio Santa Inés, siempre en Santa Tecla, ella se movió de lugar aprovechando que varias personas se bajaron de la unidad de transporte. Uno de los sujetos se movió a la par de ella y le hizo una amenaza: “te vas a bajar hasta que diga”. 

En ese momento, la joven se paralizó. “Me entró un gran miedo, empecé a pedirle a Dios que me ayudara. El hombre andaba un gran bolsón, no me dejaba pasar y después lo volví a intentar, pero por el gran bolsón no me daba el paso”, relató. 

Metros después, cuando el semáforo se puso en rojo, sin pensarlo levantó su cartera, se tiró del bus y fue a la delegación de la Policía, que está a la orilla de la calle, para pedir auxilio. Llegó llorando a la oficina de los policías, quienes le regalaron un vaso con agua. No puso una denuncia de lo que le ocurrió por temor a que los hombres la tuvieran vigilada y conocieran la ubicación de su casa.  

La encuesta más reciente de LPG Datos, la unidad de investigación social de La Prensa Gráfica, reveló que el 63.1% de las familias encuestadas fue víctima de asaltos en la vía pública o mientras viajaba en los autobuses. El 48.3% de la ciudadanía, según la referida encuesta, siente inseguridad al viajar en autobús.

Un estudio de FUSADES reveló que el 54% de mujeres fue víctima de violencia en el transporte público. Foto FACTUM/Natali Alberto

La encuesta sobre violencia en el transporte público que hizo FUSADES hace siete años, y que es uno de los instrumentos de referencia del PNUD, detalló que el 54% de las mujeres han sido víctima de violencia en el transporte público. La vulnerabilidad aumenta en las adolescentes y las jóvenes, quienes fueron el 72.4% del total de las víctimas de esas agresiones. Insultos y golpes fueron los tipos de violencia que más sufrieron las mujeres cuando viajan en buses y microbuses.

La música a todo volumen, la falta de iluminación en las unidades de transporte, los motoristas que conducen a excesiva velocidad, que permiten que vendedores y pandilleros se suban a lo largo de las rutas, según el estudio en mención, crea los escenarios idóneos para que sean cometidos crímenes al interior de los buses y microbuses. 

Entre el 22 y el 25 de marzo de 2022, Factum llamó cinco veces al celular del viceministro de Transporte Saúl Castelar para conversar de la falta de espacios seguros de movilización para las mujeres. También se le envió un correo electrónico con el detalle de la petición. Al cierre de esta publicación no se obtuvo respuesta.

*Sonia, de 41 años, recuerda cada detalle del día en que un pandillero tatuado del rostro se sentó junto a ella en el bus de la ruta 9, en el trayecto de la colonia Amatepec, Soyapango, y Molinos de El Salvador, San Salvador, le echó el brazo, le suspiró en el cuello y le dijo en el oído: “vos sos bien bonita”.  

Las mujeres que usan el transporte público para movilizarse deben sortear los delitos patrimoniales y los de índole sexual. Foto FACTUM/Natalia Alberto.

El hecho, que pasó hace más de 19 años, le sigue sacando las lágrimas. “Sentí miedo, que me iba a morir. Pensé en mi hija, que en ese entonces tenía cuatro años. Tuve que hacerme la fuerte y demostrarle que no tenía miedo. Esa actitud a la defensiva es la que me ha ayudado a salir porque les respondo sin miedo y les hago creer que soy igual que ellos”, cuenta Sonia.  

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Las participantes en los grupos focales dijeron que al usar el transporte colectivo prefieren el uso de prendas holgadas y zapatos que les permitan correr. Foto FACTUM/Natalia Alberto

Los militares, señalados de acoso y abuso sexual contra las mujeres, manejan dos rutas de microbuses desde el pasado 14 de marzo. “Cuando los vi (a los soldados manejando microbuses) me asusté, creí que había guerra otra vez”, dijo Elizabeth, de 41 años, quien todos los días se moviliza entre las zonas de Metrocentro y Salvador del Mundo. 

En los últimos cuatro años, la Procuraduría para la Defensa de Derechos Humanos (PDDH) recibió 164 denuncias de vulneraciones que involucran a soldados que en su mayoría están asignados a tareas de seguridad pública, según una publicación de La Prensa Gráfica

Los espacios para ir a pie o movilizarse en el transporte público que son utilizados en su mayoría por mujeres, no están siendo diseñados para suplir sus necesidades, explica Sara Ortiz, socióloga española y máster en planificación urbana, autora del libro Urbanismo Feminista.

Designar buses solo para mujeres en rutas y horarios de mayor demanda es una recomendación que durante la última década han hecho especialistas y tanques de pensamientos. 

“Si no pensamos el transporte ya sea a pie o la movilidad en transporte público, desde la mirada de las mujeres, vamos a seguir siendo excluidas y nuestros derechos van a seguir siendo violentados, porque no es ni nuestra manera de vestir ni nuestra manera de mover. Todo el acoso sexual que se da en un transporte público no es reportado porque no hay mecanismos ni protocolos para reportar, para dar atención”, dijo Ortiz. 

El 90.1% de la población utiliza el transporte público, según datos del VMT. Foto FACTUM/Natalia Alberto

Una cicleada por las personas desaparecidas

Esperanza sintió impotencia y profundo dolor tras su pérdida, porque desde que tiene siete años ella se transporta en bicicleta. Su madre le regaló para que fuera a la escuela, porque los buses vomitaban gente y, desde entonces, la adoptó como su medio de transporte. La utiliza seis días a la semana y la describe como su pasaporte a la libertad, una experiencia “grandiosa y hermosa”, pues se siente segura a pesar de la agresividad de los conductores. En la actualidad, ella dirige una academia de ciclismo urbano donde imparte clases los domingos de 7:00 de la mañana a 4:00 de la tarde. 

Para evacuar  su dolor, el pasado 1 de noviembre de 2021 organizó una cicleada nocturna en honor a los hermanos Karen y Eduardo Guerrero, que fueron reportados como desaparecidos en septiembre de 2021 y sus cadáveres fueron localizados en un cementerio clandestino de Nuevo Cuscatlán en diciembre pasado. 

En el recorrido nocturno que hicieron los ciclistas pasaron por el redondel de la entrada de la colonia Quezaltepec, en Santa Tecla, lugar en donde según los reportes fiscales, los hermanos Guerrero se subieron a un taxi pirata y fueron vistos con vida por última vez.   La futbolista Jimena Ramírez, cuyo cadáver  fue encontrado en el cementerio de Nuevo Cuscatlán; también desapareció en esa colonia tecleña. Entre enero y septiembre de 2021 desaparecieron más de 700 mujeres, según el observatorio de violencia de ORMUSA.

“A los que nos siguen por las redes no se queden en casa, salgamos, acompañemos a todas estas personas que están pasando por este dolor, no nos quedemos de brazos cruzados. Hoy es el momento para que salgamos todos alzando nuestra voz”, dijo Esperanza a los ciclistas, antes de hacer el circuito por Santa Tecla en honor a las personas desaparecidas. 


*Se omiten los nombres reales por seguridad de las protagonistas.

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