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Los trastornos alimentarios no pueden esperar

Esa es la frase que encabeza la campaña global de concientización Día Mundial de Acción contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), que culmina este domingo 2 de junio. Esta frase podría resultar incómoda, incluso chocante, en un país como El Salvador, donde hay tantas necesidades urgentes. En un país donde la salud mental no se toma muy en serio. En un país en el que conviven absurdamente dos realidades: una en la que la pobreza hace que el acceso a los alimentos sea limitado y otra donde hacer dieta, restringir azúcares y carbohidratos y mantenerse fit es considerado casi una obligación moral.

Entonces, ¿qué significa que los trastornos alimentarios no pueden esperar? El punto de partida es comprender que los TCA no son un capricho, no son actos voluntarios, no son un estilo de vida. Nadie decide tener un trastorno alimentario. Son trastornos psicológicos complejos. Y, encima, se trata del trastorno psicológico con mayor riesgo de mortalidad (ya sea por sus elevados niveles de riesgo suicida como por las complicaciones médicas que conlleva). Sufrir un TCA es un infierno interior, una permanente lucha contra uno mismo que debilita el cuerpo y la autoestima.

Los TCA no son exclusivos de ciertos grupos sociales: pueden padecerlo personas de cualquier género, de cualquier estrato socioeconómico, de todas las edades, en cualquier peso. No discriminan a nadie. En El Salvador, hasta donde llega mi conocimiento, no existen estadísticas de la prevalencia de los TCA, pero los datos provenientes de otros países llegan incluso a afirmar que una de cada dos personas ha padecido o conoce a alguien que padece un TCA. Una de cada dos.

Sobre todo, los trastornos alimentarios no pueden esperar porque la detección temprana y la atención rápida son los factores que mejor predicen la recuperación. En otras palabras, si no se ofrece ayuda adecuada y a tiempo, los trastornos tienden a cronificarse, el tratamiento será más difícil y más largo, y eso implica costos muy elevados en términos económicos, emocionales y de salud física. Incluso para aquellos pocos que pudieran costearlo, tendrán que hacerlo fuera, pues en nuestro país y en toda Centroamérica no existen centros de tratamiento especializado en TCA. Así que además tendrán que alejarse de sus familias e interrumpir sus actividades de estudio o de trabajo, lo cual generará costos económicos y emocionales adicionales.

En El Salvador no hay programas de formación profesional para el tratamiento de los TCA. Además, en carreras universitarias como psicología, medicina o nutrición, que son claves tanto en la detección como en el tratamiento, el tema o no se aborda o se aborda de forma superficial. Los padres de una chica con anorexia nerviosa, ambos médicos con especialización, me explicaban que durante sus años de estudio tuvieron una sola clase sobre trastornos alimentarios. Cuarenta y cinco minutos, que se diluyen en los siete años de carrera.

Desde el 2015, personas e instituciones en más de doscientos países nos unimos para crear conciencia, combatir mitos, dar información y alertar sobre la seriedad de este problema de salud. No podemos esperar. Necesitamos mejores tratamientos. Necesitamos profesionales formados. Necesitamos prevenir. Necesitamos cuestionar esa mitología, disfrazada de conocimiento y salud, que define que ciertas comidas son malas y que comerlas es un fallo grave, un indicador de debilidad y fracaso. Necesitamos fomentar valores personales alejados de la imagen y la apariencia. Esto es algo que debemos hacer entre todos, cada uno desde su lugar: en la familia, en la escuela, en el trabajo, en nuestras reuniones sociales, en nuestro entorno inmediato. Actuemos pronto.


*Gloria Dada Sánchez tiene un doctorado en Psicología Clínica y de la Salud. Ha trabajado en el campo de los trastornos alimentarios, ofreciendo tratamiento psicológico especializado, haciendo campañas de prevención y realizando investigaciones que han dado lugar a publicaciones en revistas científicas internacionales. Es miembro de la Academy of Eating Disorders.

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