“Es probable que vivamos bajo amenaza de Covid-19 lo que falta de este año y todo 2021”

El coronavirus aún circula en El Salvador y mantiene probabilidades de contagiar a miles de personas. La Universidad de El Salvador evalúa continuar las clases en línea durante 2021. Los más afectados con los contagios de la enfermedad Covid-19 son jóvenes y, a su vez, familias completas, según el infectólogo Jorge Panameño, quien recomienda seguir las recomendaciones de prevención. El médico recuerda que el sistema de salud salvadoreño sigue en crisis y que la falta de datos oficiales confiables por parte del gobierno impide analizar si la estrategia de atención en la emergencia fue adecuada. 

Foto FACTUM/Salvador Meléndez


El 14 de junio pasado, cuando la curva de contagios del coronavirus comenzaba a ascender y acumulaba 3,826 casos confirmados, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, atacó al doctor Jorge Panameño, infectólogo con 24 años de experiencia, integrante de la Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas, por “pasar criticando el manejo de la pandemia por parte del gobierno”. Además, lo señaló de remitir a un paciente con Covid-19 al Ministerio de Salud tras atenderlo por cuatro días en su consultorio privado: “Ahora que ya no sabe qué hacer, cuando su paciente ya solo satura 70%, se lo entrega al MINSAL. ¡Vaya “doctores”!”, escribió el mandatario. 

La acusación levantó un movimiento de apoyo entre los médicos que estaban en la primera línea de atención, pues, según sus testimonios y mensajes en redes sociales, se sintieron desmotivados en el momento en que estaban saturados de trabajo por la crisis sanitaria debido a la pandemia. 

Panameño le aclaró a Bukele que el paciente al que se refería no estaba bajo sus cuidados y que fue llamado por la familia como respaldo para colaborar con el caso. El paciente, explicó el médico que se especializó durante 15 años, estaba en un hospital privado porque no había cupo en el Hospital Nacional Rosales. 

Esta revista conversó con Panameño en enero de 2020, cuando aún no había oficialmente casos confirmados del virus, para hablar de los pronósticos de cómo podría hacer mella la enfermedad en un sistema de salud precario como el salvadoreño. Ocho meses después regresamos a su consultorio y detrás de una barrera de vidrio colocada en su escritorio, que forma parte de la llamada «nueva normalidad», hizo un balance clínico, sanitario y del manejo político de la pandemia. El médico advierte a la población que debe seguirse protegiendo contra el virus, porque mientras no exista una vacuna que esté científicamente aprobada y con un precio accesible, la amenaza de contagio y posible muerte seguirá latente. Las recomendaciones de prevención son las mismas: seguir usando mascarillas, mantener el distanciamiento de por lo menos dos metros entre personas y evitar las aglomeraciones. 

En enero pasado estuvimos en este mismo consultorio hablando de los posibles escenarios en el sistema de salud salvadoreño en caso de que ingresara al país la Covid-19. ¿Qué fue lo que pasó en estos ocho meses?

En primer lugar, el epicentro de la pandemia cambió y fue cambiando a lo largo de estos meses. De Asia pasó a Europa y de Europa pasó a las Américas, en donde ya desde del mes de marzo comenzaron a presentarse los primeros casos en las diversas regiones de las Américas y hoy día el mayor número de estos está aquí, y sabemos que a la cabeza está Estados Unidos, seguido de Brasil y México, y que en las diversas regiones se mantiene. En Centroamérica, por ejemplo, tenemos a la cabeza Panamá, seguido de Guatemala, Costa Rica, Honduras, Nicaragua y El Salvador, que es el que, oficialmente, tiene menos casos, pero allí vamos a hacer algunas observaciones. 

El deber ser de un médico especialista en el área es el compromiso con la verdad y nosotros no tenemos compromiso con propaganda ni con campañas políticas de ningún tipo, sino que estamos obligados a buscar la verdad, para eso fuimos entrenados y enseñados. De acuerdo a esos principios, en El Salvador, ciertamente, la fase de transmisión comunitaria activa, que es la más temida, que es cuando ya el virus circula en la población libremente, comienza en la segunda mitad de abril y comienza a acelerarse la curva en el mes de mayo. 

Es así como vamos a decir que en las últimas dos semanas de abril, mayo, junio y julio se vivió una situación infernal en este país. Yo la catalogaría de dantesca, cuando el número de pacientes demandando servicios sobrepasó la capacidad del sistema de salud pública y de la seguridad social, ya que por muchos meses no tuvimos autorización para tratar a pacientes en lo privado. Entonces asistimos a situaciones en donde, por ejemplo, el que quiera ir a ver aquellos videos y aquellas fotografías de la unidad de emergencia del Hospital General del Seguro Social, pacientes recibiendo atención en el suelo con oxígeno y otros que habían llevado hasta sus tiendas de campaña. Hay pruebas de eso. Y luego vivirse aquella situación angustiosa de los pacientes que andaban errando de hospital en hospital en busca de atención y ya no había camas suficientes y esto llevó a muchas muertes y sufrimiento. 

Debemos comentar que nunca tuvimos un volumen de pacientes comparado a lo que se vivió en Estados Unidos y en Europa, España, Alemania y Francia, con miles de pacientes buscando ayuda. Afortunadamente, esa hecatombe no la vivimos acá, pero para aquellos que buscaron ayuda no hubo en esa hora. 

¿Cuál es su balance de los servicios de salud que se brindaron tanto en el sistema público, en el Seguro Social y en lo privado, donde busca atención médica más del 90 por ciento de la población?

Desde el sector público no hubo realmente medidas de prevención. Hasta el día en que se comprobó que estaban bajando (los casos), seguía la postura oficial de que para lograr el fenómeno había que hacer uso del confinamiento de 15 a 21 días. 

En este sentido, debe valorarse en el sector que interviene, porque el punto es que una epidemia, en fase de pandemia, no se va a ganar en los hospitales. O sea que no comienza a bajar la curva epidemiológica por los pacientes que se están atendiendo ni por la forma en que se les atiende. En los hospitales se lucha contra la muerte y se gana o se pierde con el mejor esfuerzo, que sin duda hicieron los colegas que estaban y todo el equipo de trabajadores de la salud que intervinieron en la primera línea. No cabe duda de que hicieron el mejor de sus esfuerzos en el sector público y privado, tanto que eso costó vidas.

Trabajadores de la salud han muerto más de 100, de los cuales más de 60 eran médicos. Si bien es cierto no todos eran de primera línea, pero aquí hay fenómenos que se dieron. En el aspecto preventivo, la labor del Estado se limitó a los grandes confinamientos. 84 días confinados que demostraron no haber servido de nada, porque cuando la fase de aceleración continuó y cuando se produjo el descenso en agosto, ya teníamos un mes de estar en apertura y algún esfuerzo mínimo en dar a conocer medidas de prevención. Es la percepción más generalizada: se invirtió más tiempo en propaganda de varios tipos.

El enfoque primordial del Estado fue hospitalista. Se basó en vender la idea de que se iba a abordar la epidemia con la construcción de un hospital al parecer muy avanzado y moderno cuando esa no era la necesidad. La necesidad era tener a tiempo una respuesta en número de camas para que no sucediera lo que sucedió. Entonces, a nivel preventivo, hubo muy poco, a pesar de que el Colegio Médico, a través del Observatorio Covid-19, estuvo desde un principio insistiendo en que esa no era la respuesta, que no había tiempo para que se terminara de construir una instalación que inicialmente nosotros recomendamos que fuera temporal y después salió que era definitiva. 

Entrevista con el doctor Jorge Panameño, el 12 de octubre de 2020, para hacer un balance de la primera ola de contagios de la Covid-19 en El Salvador. Foto FACTUM/Salvador Meléndez

Me llama la atención que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que el virus se está propagando en nuevas modalidades y en la población joven. ¿Qué información tiene sobre este fenómeno y qué particularidades ha notado en las consultas médicas?

Estas nuevas formas son el punto de la permanencia del virus en partículas virales suspendido en el aire en espacios cerrados, que es la última cosa que más está causando polémica, y esto es lo que se ha señalado en la mayor parte de países europeos, por ejemplo, donde la población se descuidó.  

Particularmente he venido notando, y hasta el Estado mismo está reportando, que hay un aumento leve pero sostenido en el número de casos y aportaba como cosa personal que ha habido días en que yo he visto 12 pacientes recientemente infectados, pero el 50 por ciento de estos pacientes representaban brotes domiciliarios porque toda la familia estaba infectada. Entonces, preocupantemente, eso se ha sostenido. Afirmar que esto es el inicio de una segunda ola es demasiado aventurado, y porque puede tratarse de un brote. Un rebrote no va a definir una segunda ola, la segunda ola será cuando varios rebrotes se unan. 

Y entonces el asunto es que estando en esta circunstancia hay que tener mucho cuidado en la vigilancia, porque hay experiencias, por ejemplo, en Nueva Zelanda y en Uruguay de esta situación. Nueva Zelanda después de estar 100 días sin un solo caso presentó un rebrote, ¿y qué pasó?, lo controlaron inmediatamente. Igual Uruguay. 

¿Qué factores pueden estar influyendo en el aumento de casos, según las experiencias que escucha cuando los pacientes consultan?

Yo creo que aquí tenemos una situación muy importante particularmente con la población joven. En primer lugar que está teniendo actividad social en reuniones, van a centros tipo discotecas, donde se llenan y no se guardan las medidas apropiadas. No podemos también dejar de mencionar que el transporte público constituye otra fuente de riesgo. Digamos que hay un porcentaje, todavía diría yo, pequeño, pero lo hay, de población que por diversas razones no está haciendo uso de los protocolos y medidas. 

Eso va desde empresas hasta las familias. Es de ir al centro (de San Salvador). Yo siempre le digo a los medios: vayan al centro y cuando vean a las personas sin mascarillas tómenles una foto y pregúntenles: mire, ¿y usted por qué anda sin mascarilla? Habrá un grupo de personas que no tienen mascarillas porque no pueden acceder y para ellos debería haber medidas que permitan proveer gratuitamente. Y allí entran en juego las alcaldías. Por ejemplo, yo tendría en la entrada de los mercados municipales una distribución de mascarillas, acompañada de medidas coercitivas de tipo multa para el que no usa mascarilla. O los centros estos donde no se están guardando las medidas de precaución apropiadas porque al final todos somos los afectados. 

¿Por qué las personas que padecen diabetes e hipertensión se complicaron más al contagiarse de coronavirus? Me llama la atención esa situación, porque en El Salvador hay una gran cantidad de personas que padecen esas enfermedades clasificadas en la medicina como factores de riesgo.

Sí, esto es porque tempranamente se definió que hay varias condiciones en las personas con estas enfermedades que facilitan la infección y sus consecuentes resultados. Uno de ellos es la hipertensión, porque en la hipertensión hay un número incrementado de receptores, que es ese lugar donde se enganchan asimismo los receptores virales, que es una molécula que se llama receptor de enzima convertidora de angiotensina tipo 2 (ECA2), que abunda en las personas hipertensas y que también factores como la hiperglucemia (altos niveles de azúcar en la sangre) y el trastorno de los lípidos o grasas también favorecen la penetración del virus al organismo y esto hace que se adquieran mayores cargas virales.

Yo vengo insistiendo desde hace meses en que se añada a los trabajadores de la salud, que es factor de riesgo, por la exposición a carga virales altísimas en espacios cerrados donde se tienen a varios pacientes con estos problemas. Entonces eso significa que aunque una persona sea sana y joven puede adquirir una infección gravísima que la mate y que es lo que hemos estado viendo.

Partiendo de las irregularidades que existieron en la atención de pacientes y que los medios de comunicación documentamos, ¿usted considera que pudieron haberse evitado algunos de los fallecimientos que ocurrieron durante el repunte de la Covid-19?

Sí, yo creo que sí. Creo que de haber existido un plan y de haberse implementado y dirigido por expertos, pudo haberse limitado (los fallecimientos). Era imposible evitar el impacto. Nadie salió libre de eso, pero la respuesta, sobre todo en la fase de transmisión comunitaria activa, pudo haber sido efectiva con un plan apropiado que se hubiera comenzado a desarrollar desde febrero, para que cuando nos golpeara esto en abril, pudiera haber sido un panorama diferente. 

¿Qué costo deja para el país haber perdido a más de 100 profesionales de la salud durante los meses pico de la enfermedad?

Es una pérdida terrible, catastrófica, porque formar a un especialista lleva no menos de 15 años. Un especialista. Y varios de los muertos en el gremio de la salud, un elevado porcentaje de especialistas de un nivel de entrenamiento muy alto. Entonces el país pierde recursos valiosos cuya recuperación va a tardar décadas. Aquí no es como dijo alguien que se puede formar un intensivista con un curso de tres meses. Quisiera yo que alguien se dejara tratar con un internista que estudió tres meses. 

Esto trae como consecuencia una grave pérdida para la nación, de la cual en décadas no se va a recuperar, porque aquí no hay caminos fáciles ni cortos en medicina, no los hay, no hay tal cosa como voy a mandar a hacer un cursillo de tres o cuatro horas como por ahí dijeron. En cualquier especialidad son años y años de estudio. Yo estudié 15 años para comenzar a ejercer mi profesión hace 24 años.

Expertos en salud pública de todo el mundo hablan de que las enfermedades no solo tienen un abordaje sanitario, sino que también son manejados según las perspectivas y conveniencias políticas. ¿La situación política de El Salvador ha impactado en el manejo de la pandemia?

Que esto ha sido manejado desde un punto de vista político propagandístico nadie lo niega, pero la pregunta concreta es por qué se reserva esta información. Pero por qué y en dónde, en qué parte del mundo se ha hecho, tal vez en Corea del Norte, en Rusia, Nicaragua o en Venezuela, pero es algo que debe ser objeto de un estudio y de un análisis de estudio profundo justo para no repetir errores y para aprender. 

Los médicos hemos ido aprendiendo tanto de no tener ninguna alternativa terapéutica y diagnóstica al día de hoy a tener un tratamiento altamente efectivo, donde hoy el número de muertes en este país y en algunos lugares del mundo son mucho menores que en marzo, cuando no sabíamos qué hacer. 

La desarticulación que hubo entre el Ejecutivo, las alcaldías y la Asamblea Legislativa, al momento de abordar la emergencia por la pandemia, influyó en cómo está impactando la pandemia en el país.

Si la sociedad no está cohesionada en todos sus sectores ante un fenómeno que requiere una respuesta unificada, obvio que todos los aspectos van a incidir. Por ejemplo, le digo yo que le den una distribución gratuita de las mascarillas de parte de las alcaldías, pero de dónde van a tomar los recursos. 

Sí yo les pido eso ahora, seguro no va a haber una buena respuesta, porque no tienen para pagar salarios. Pero entonces eso es una realidad, en este momento, si inicia una segunda ola y con el agravante de que históricamente, basándonos en las experiencias con la pandemia de hace 100 años, la segunda y la tercera ola fueron mucho más extensas. 

¿Cómo afectará al estudio de la pandemia el hecho de que el gobierno de El Salvador haya clasificado como reservada por dos años toda la información relacionada a las pruebas de Covid-19 que hace el Laboratorio Nacional?

Bueno, bloquea totalmente la posibilidad de que se haga un análisis técnico de la respuesta que se dio para prepararnos. No hemos salido de esta pandemia, porque este es un punto importante, insisto, esto no ha terminado. Vamos a vivir al filo de la navaja probablemente lo que falta de este año y todo el año siguiente. No podemos descuidarnos. Y hay que revisar (el manejo). Eso es parte de todos los procesos, la reevaluación y la retroalimentación, ¿y cómo vamos a hacerlo si está bajo reserva? Yo no encuentro una explicación. 

El ministro de Salud, Francisco Alabí, tomó esa decisión haciendo uso del artículo 19 de la Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP), literal d, que establece como información reservada  “la que ponga en peligro evidente la vida, la seguridad o la salud de cualquier persona”.

¿Y la vida de quién podría poner en riesgo? Es más, podría poner en riesgo la vida de la población salvadoreña entera si no se valora cómo se respondió y se mejoran los procesos. Allí podría haber riesgo para la vida entonces. Es un punto que yo no entiendo.

La academia necesita estudiar el fenómeno, los médicos necesitamos estudiar el fenómeno. Porque fíjese usted, cuando esto comienza el 31 de diciembre de 2019, amanecimos el 1 de enero ya con esta situación complicada que fue cada día aumentando, aumentando, y entre enero y febrero el panorama que teníamos, que a muchos nos asustó, es que se nos venía encima un fenómeno que iba a significar una mortandad mayor que lo que hemos visto. 

Eso solo fue posible abordarlo apropiadamente hasta que China puso a la disposición del mundo un estudio que ellos valoraron y compartieron, un estudio en donde se observó y se analizó todo lo que se podía analizar en 72,000 pacientes. Y entonces eso es para lo que nos basamos hoy para hablar de la clase de enfermedades, cómo manejar determinado caso, ¿y que aquí vayamos a reservar eso? 

Ciudadanos viajan en un pick up el 7 de agosto de 2020, en un tramo del bulevar del Ejército, en San Salvador. Foto FACTUM/Salvador Meléndez

¿A usted no le parece que es contradictorio el hecho de que tengamos el menor número de casos en la región y que se oculte este tipo de información, que es de interés público?

Los médicos necesitamos aprender qué pasó, qué podemos hacer, cómo abordar una probable segunda ola y el mundo seguirá bajo muchas amenazas aun cuando hayamos salido de esto, ¿por qué reservarla? Ya ese es un criterio interesante que deberá manejar el área jurídica, porque sanitariamente no hay (explicación). 

¿Cómo médico cuáles son las lecciones que le han quedado después de estos meses de la pandemia?

La importancia de que el médico se mantenga en lo que se conoce como educación médica continúa, porque mucho hemos aprendido en el camino sobre cómo diagnosticar, cómo tratar a un paciente, las secuelas y todavía tenemos más que aprender, pero sin duda hoy en día sabemos más que en enero, que en marzo. 

Y eso es importante porque termina salvando la vida del paciente y evitando que llegue a formas graves de la enfermedad y que pase por ese sufrimiento, porque ser paciente de Covid-19 requiriendo hospitalización es una experiencia realmente difícil en cualquier ámbito, sea público o privado. Entonces, en momentos donde el tema de la vacuna se vuelve más distante, no todo está perdido. Estamos aprendiendo a tratar tempranamente con medicamentos que son altamente efectivos y que mientras llegue y que mientras no llegue la vacuna, el tratamiento precoz y agresivo es la esperanza que debe animarse y debe ponerse a disposición de toda la población salvadoreña. 

¿Le afectó el ataque que tuvo de parte del presidente de la República, Nayib Bukele, el 14 de junio cuando lo señaló de atender mal a un paciente?

En realidad, no. Parte de vivir por convicciones es estar dispuesto a pagar ese precio. Soy de la generación que vivió la guerra, el antes de la guerra, la posguerra, y entonces estamos acostumbrados a ese tipo de cosas. No nos iban a amedrentar con eso. Tenemos que aprender que tiene un costo en este país, pero yo prefiero eso a tener que llorar después porque me quedé callado. 

Partiendo de su experiencia y al observar el manejo que se ha hecho de la pandemia, ¿usted cree que existe menosprecio hacia el sector científico salvadoreño de parte del gobierno?

 Sí, hacia la ciencia, hacia la academia. Nunca se nos dejó poder ocupar nuestro lugar en donde deberíamos haber estado y no se tomaron en cuenta nuestras opiniones. Se calificó de que éramos parte de una respuesta política orquestada, una de las características es el menosprecio hacia la ciencia y la academia. Es lo que yo percibo. 

¿Cuáles son las recomendaciones que les da a los salvadoreños, partiendo de que el virus no podrá estar controlado al menos hasta finales de 2021?

El aspecto fundamental en esto es la educación para la salud y sigo percibiendo que en este momento el esfuerzo en ese sentido sigue siendo escaso, si acaso nulo. Cuántas campañas ha visto en la televisión, en la radio, cuñas. Si usted va al mercado, por ejemplo, o a Los Planes, allá en las pupuserías, ¿de qué ayuda sería poner (medidas de prevención)? La epidemia no ha cesado. “Si es posible, llévate tus pupusas a comértelas a tu casa”. No podemos volver a aquella situación en que no había camas en los hospitales, porque yo no he visto un cambio real que se haya revertido eso. 


*Esta entrevista fue realizada el pasado 12 de octubre, un día antes de que el gobierno instaló un cerco sanitario en Chalchuapa, en Santa Ana, por un posible rebrote, al reportarse 110 casos positivos en un solo día. Fotógrafos de Casa Presidencial, funcionarios, médicos, enfermeras, soldados y policías participaron en la movilización. Comida, medicinas y pruebas fueron efectuadas en el momento en que el país se encuentra en campaña preelectoral. Cuatro días después, el presidente Bukele ordenó levantar el cerco sanitario porque las primeras 1,000 muestras analizadas “nos dan un panorama menos sombrío de lo que pensábamos en Chalchuapa”. 

El discurso oficial, sobre el comportamiento de la pandemia, cambia drásticamente cada semana. El ministro de Salud, Francisco Alabí, dijo este martes 20 de octubre en conferencia de prensa que los datos de la Covid-19 de los últimos cinco días descartan la posibilidad de que ocurra, en este momento, una segunda ola de contagios en El Salvador. Hasta este 22 de octubre se notifican oficialmente 32,262 casos confirmados, 936 fallecidos y 453,726 pruebas realizadas.

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