El sistema de salud salvadoreño continúa en coma

El deteriorado sistema de salud salvadoreño ya no da para más. En las últimas semanas se ha repetido el drama que viven pacientes que no han encontrado una cama para recuperarse y que están siendo atendidos en los pasillos de los hospitales.

Fotos FACTUM/Salvador Meléndez y Gerson Nájera


Es jueves 18 de junio y en este lugar da la impresión de que la vida pende de un hilo. En el Hospital General del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), en San Salvador, hay un pasillo con tanques de oxígeno de un metro de altura que auxilian a pacientes de COVID-19 que han depositado sus esperanzas de pronta recuperación en un lugar que está desbordado. Es aquí donde se juegan una última carta de salvación. El miedo es patente y el optimismo escaso. Algunos derechohabientes deben resignarse a ser atendidos en sillas de plástico o en colchonetas. Es la cara expresa del colapso del sistema hospitalario salvadoreño.

Desde hace dos semanas, en el hospital no hay espacio para tantos pacientes. El aire que pasa por las bigoteras y mascarillas da un poco de paz a estos enfermos. El coronavirus, según han explicado decenas de recuperados, «es como tener un yunque sobre el pecho, que aprieta y provoca cansancio».

No hay lugar para el decoro o el orden en un lugar como este. Hay bolsas con ropa regadas por doquier y platos de comida que están intactos porque los pacientes perdieron hasta el apetito.

“El hospital ha tenido que adecuar ciertas áreas para atender a los pacientes. Nosotros estamos sobresaturados. Los pacientes no pueden tener una condición estable y la mayoría que requiere ingreso necesita oxígeno. Han tenido que quedarse en el pasillo. Hemos tenido hasta 30 pacientes aquí, donde no hay condiciones para su cuidado básico”, explicó una doctora del Hospital General, que solicitó que se le reservara su identidad. Su testimonio coincidió con el de una enfermera que también lamenta no poder darle a los pacientes la atención adecuada. «Hay 30 pacientes allí, otros están en el suelo, no tienen cama, no tienen oxígeno, se están ahogando. Nosotros ya no damos abasto tampoco», secundó.

Lo que aquí ocurre no es un caso inédito. La escena de pacientes sentados en el suelo esperando a ser atendidos se repite en los hospitales Rosales, Médico Quirúrgico y Amatepec. Un hombre sexagenario está acostado en una colchoneta y respira a través de una mascarilla por la que le administran oxígeno. Ha llevado una tienda de campaña para resguardarse mientras le asignan una cama en el General. La imagen corresponde a una fotografía viralizada en las redes sociales el miércoles 24 de junio y cuya autenticidad fue verificada por esta revista. Dos enfermeras del Hospital General confirmaron que las imágenes correspondían a lo que ahí estaba ocurriendo y que plantea un contraste de esta situación con la luminosidad que fue mostrada en las estampas de camas vacías que correspondían a la primera etapa del nuevo Hospital El Salvador.

La pandemia desbordó a la capacidad instalada del deteriorado sistema de salud salvadoreño. Fue el tiro de gracia. Tres meses después de la declaratoria de emergencia nacional, los hospitales nacionales y del Seguro Social son ya insuficientes para atender a los enfermos de la COVID-19. Personal de salud consultado por esta revista ha dado testimonio de que ya no dan abasto con la cantidad de personas que a diario consulta por sospechas del virus.

El pasado 18 de junio, frente al Hospital General, un grupo de médicos abandonó por un momento a sus pacientes y decidió acercarse a un grupo de periodistas para comunicar que el personal se encontraba desbordado y también para desmentir que en ese momento contaran con el Equipo de Protección Personal (EPP) necesario para afrontar sus labores. Juntos demandaron trajes de protección nivel tres –tipo buzo que los cubre de pies a cabeza– y mascarillas N95.

«Se sobrecarga el personal. No solo la consulta de emergencia ha aumentado; el personal de emergencia no puede estar atendiendo a los pacientes que vienen a consulta normal –más los que están ingresados– porque también en las otras áreas estamos viendo pacientes igual de delicados», explicó una doctora que en ese momento decidió denunciar el cansancio del personal.

NO ES UNA HUELGA

MANIFESTAMOS PARA EXIGIR QUE SE DOTE DE LOS EPP ACORDES AL NIVEL DE RIESGO, DESMENTIMOS TENER TODOS LOS INSUMOS.

Publicerat av Sindicato de Enfermería del ISSS Lördag 20 juni 2020

Un empleado del departamento de Terapia Respiratoria del Hospital General resumió la situación:

«Somos menos de los compañeros que tendrían que estar laborando porque algunos están incapacitados, mientras otros se encuentran en otros hospitales con el proyecto de COVID-19. Hay compañeros que han salido positivos y que tienen que entrar en cuarentena. También ya hay compañeros que tienen unas patologías por sus problemas de salud, por su edad. Entonces ha ido disminuyendo la cantidad de personal que está a disposición del hospital», dijo.

Las necesidades son extensivas a toda la red hospitalaria del país. Familiares de pacientes graves ingresados en el Hospital Nacional General de Neumología y Medicina Familiar Saldaña «Dr. José Antonio Saldaña», en Los Planes de Renderos, abogaban por un milagro, pues los ocho nuevos ventiladores instalados en ese  lugar a principios de junio estaban ocupados cuando los necesitaron. Al cierre de esta publicación, cinco pacientes de la COVID-19 que están en ese lugar esperan un traslado a otro hospital donde haya ventiladores disponibles.

El Saldaña fue el primer hospital de atención de coronavirus y se convirtió en un centro de contagio, luego de que las autoridades de salud mezclaran a personas que no conocían su diagnóstico con pacientes del virus. En ese hospital –construido en medio de los árboles y que ahora tiene las paredes pintadas–, al principio de la pandemia, también fueron abandonados médicos, enfermeras y especialistas. Los equipos de protección llegaron tarde y varias enfermeras y médicos se contagiaron del virus.

Un empleado de una funeraria, usando trajes de protección, espera a entrar a la morgue en el Hospital Rosales en San Salvador para sacar un cuerpo y llevarlo al cementerio, el 19 de junio de 2020. La saturación de casos positivos por la COVID-19 ha hecho colapsar al sistema hospitalario. Foto FACTUM/ Salvador Meléndez.

Médicos, enfermeras, terapistas y técnicos de salud son insuficientes para atender a los enfermos de coronavirus que alcanzan a llegar a un hospital para pedir atención. En distitnos nosocomios del país, la falta de Equipo de Protección Personal (EPP) adecuado provocó los contagios masivos de trabajadores de salud y les imposibilitó seguir trabajando. Más de un centenar de empleados de primera línea se infectaron de SARS-CoV-2 y al menos 29 fallecieron, según los testimonios recabados por Factum. Según cuentan distintos trabajadores de la salud, el uso de mascarillas quirúrgicas –que no filtran las partículas del virus– y de gabachas descartables, no les protegió del virus.

Esta semana, en medio de una campaña publicitaria del Ministerio de Salud (Minsal) que destaca la remodelación del Hospital de Chalatenango, las enfermeras del Hospital Amatepec solicitaron un donativo de mascarillas, trajes de buzo y lentes para protegerse del virus.

Los lineamientos del Ministerio de Salud establecieron  que las mascarillas asignadas semanalmente al personal de salud fueran reutilizadas. El memorándum 2020-6100-140 enviado el 14 de abril pasado a los epidemiólogos del sistema público del país decía que “serán asignadas siete mascarillas para ser utilizadas en el trabajo por persona. El propósito es que use una diferente por cada día de la semana. Esas siete mascarillas serán reutilizadas, por lo cual deberán cuidarlas y no botarlas”.

El documento también recomendó rotular las mascarillas para evitar que se confundan entre el personal.

Una enfermera de la Unidad de Emergencias del Hospital Rosales en San Salvador, aguarda por más pacientes ambulatorios, mientras dos hombres esperan ingresar a consulta médica, el 19 de junio de 2020, en San Salvador. Los hospitales ya se encuentran sin espacio suficiente para ingresar más contagiados por la COVID-19. Foto FACTUM/ Salvador Meléndez.

***

El domingo 21 de junio pasado, mientras 30 pacientes esperaban una cama en los pasillos del Hospital General, el presidente Nayib Bukele inauguró la primera etapa del Hospital El Salvador en donde antes se ubicaba el Centro Internacional de Ferias y Convenciones  (Cifco). Bukele dio un mensaje en cadena nacional desde el nuevo hospital e hizo un recorrido por una parte de las instalaciones.

Los medios de comunicación no tuvieron acceso al lugar, a pesar de las gestiones realizadas.

El gobierno informó que invirtió $25 millones en la readecuación y equipamiento del pabellón centroamericano  de Cifco. El dinero proviene de una errogación del Seguro Social, aprobada el 21 de marzo, para la compra de equipo.

Médicos y enfermeras consultados por Factum narran que los ventiladores disponibles en la red hospitalaria son insuficientes y que el nuevo Hospital El Salvador, proyecto emblema del gobierno, aún no atiende a suficientes pacientes. Cuando un panorama es tan sombrío como el actual, queda poco más por hacer que pedir auxilio. Y eso es lo que el gobierno de la república, para echar a andar el proyecto, ha decidido hacer.

El Diario de Hoy publicó este viernes una carta firmada por el viceministro de Salud, Carlos Alvarenga Cardoza, y con fecha de jueves 25 de junio, en la que junto al Consejo General de Colegios Médicos de España (CGCOM) solicitan ayuda humanitaria urgente. La carta presenta, además, la firma de Serafín Romero Argüit, presidente del CGCOM.

La solicitud deja en evidencia que el gobierno salvadoreño aún no cuenta con el personal capacitado para atender a los pacientes en el nuevo hospital. «Se considera de vital importancia facilitar, en la medida de lo posible, el apoyo del personal sanitario requerido como refuerzo al sistema nacional de salud salvadoreño frente a esta crisis sanitaria”, reza el documento.

La posibilidad de solicitar apoyo de especialistas provenientes del extranjero fue mencionada brevemente por el ministro de Salud, Francisco Alabí, en la entrevista que concedió al programa de televisión Frente a Frente, el pasado martes 23 de junio.

«Los especialistas en el país son pocos porque no hay Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) para poder formar personal […]. No existía [la capacidad para manejar 400 camas]. Definitivamente, hay dificultad en el personal… por esa limitada cantidad de UCI. Pero vamos a hacer lo necesario para poder atender esa cantidad. Si es necesario traer médicos del extranjero, los vamos a traer. Si es necesario hacer intervenciones, lo vamos a hacer», afirmó Alabí.

La Presidencia asegura que el hospital tiene el equipo médico y tecnología de punta para 105 camas de Unidad de Cuidados Intensivos y 295 camas de Cuidados Intermedios (UCIN). Desde la cuenta oficial de Twitter del hospital El Salvador, la noche del miércoles 23 de junio se informó que ya estaban atendiendo a ocho pacientes que provenían del hospital San Rafael. Al día siguiente informaron, por la misma vía, que ya habían recibido a más pacientes, aunque sin detallar el total de internos. Fuentes del hospital San Rafael confirmaron a Factum que, de momento, han trasladado a once pacientes al Hospital El Salvador. Todos estables y con la impresión de que pronto recibirán el alta médica.

La búsqueda de personal médico capacitado que pueda trabajar en el nuevo hospital aplica también al mercado laboral salvadoreño. Desde la misma cuenta de Twitter, las autoridades del proyecto que el gobierno ha dado en identificar como «el hospital más grande de Latinoamérica para atender pacientes de COVID-19» han publicado que se encuentran «buscando héroes». La publicación fue difundida por el mismo presidente de la república, Nayib Bukele, y solicita los servicios de 16 especialidades médicas. El llamado no limita como requisito que los aspirantes a las vacantes demuestren experiencia hospitalaria, aunque se prefiere así.

Desde marzo pasado, con el anuncio del proyecto de construcción del nuevo hospital, el Colegio Médico de El Salvador (Colmes) dijo que 300 camas requieren al menos de 75 intensivistas y 1,200 enfermeras especializadas.

En la actualidad, el sistema de salud salvadoreño cuenta con 48 médicos intensivistas, según los registros médicos.

Ante la falta de personal, el equipo de 86 especialistas de cuidados intensivos del Hospital Nacional San Rafael, en Santa Tecla, ha comenzado también a ser trasladado al hospital El Salvador, informó Yeerles Ramírez, director del San Rafael. Hasta el cierre de esta publicación no se conoce quién atenderá al remanente de los 127 pacientes de la COVID-19 que hasta el comienzo de esta semana permanecían internados en el hospital público de Santa Tecla.

En una entrevista brindada a Focos TV, el doctor Manuel Bello, jefe de la UCI del Hospital El Salvador, reconoció la falta de personal para la atención de pacientes y explicó que “la idea es iniciar absorbiendo los pacientes que están graves” de forma gradual. “Esa es de las otras razones por la cuales no podemos recibir 105 pacientes de un solo, porque estamos capacitando a colegas que no se han familiarizado con la telemedicina o con la videovigilancia que hemos estado usando en otros hospitales”, dijo Bello.

El sistema de salud salvadoreño sufrió un colapso al no poder contener la creciente cantidad de casos de la COVID-19 y que necesitan atención en unidades de cuidados intensivos. Hasta este momento, de acuerdo a un rastreo realizado por esta revista, existen 108 camas para atención de pacientes críticos en los hospitales nacionales Rosales (26), Benjamín Bloom (17), Santa Ana (4), San Miguel (8), Médico Quirúrgico del Seguro Social (16), Hospital General (16) , ISSS Santa Ana (4) y Seguro Social San Miguel (17). En los hospitales privados, según las estimaciones de los médicos, existen 20 unidades de cuidados intensivos más, pero en estos lugares la atención diaria tiene un costo que oscila entre los $1,500 y $5 mil dólares, dependiendo de la gravedad del paciente.

La eficacia del proyecto insignia con el que el gobierno salvadoreño ha decidido afrontar la fase de contagios más crítica en El Salvador depende también de los insumos con los que deberá funcionar. Una parte del equipo del nuevo hospital fue prestado del Seguro Social y será entregado a la autónoma cuando pase la emergencia, según los Lineamientos para recepción, control, resguardo y utilización de mobiliario y equipo adquirido para Hospital Cifco (Equipamiento en préstamo), disponible en el portal de Transparencia de la ISSS.

“Al finalizar el período de emergencia, cuando se disponga del mobiliario y equipo en préstamo, estos serán transferidos a los diferentes centros de costos, previo análisis de la necesidad institucional, con el objetivo de modificar la planificación de los Centros de Atención para la utilización del equipo recuperado. Lo anterior, siguiendo lineamientos que proporcionará la Subdirección de Salud”, explica el documento acerca del equipo prestado.

A pesar de que, eventualmente, el equipo del nuevo hospital deberá ser transferido al ISSS, en la cadena nacional del 21 de junio, Bukele informó que el hospital El Salvador se convertirá en un proyecto permanente. De ser así, deberán buscar otro equipo.

El reporte del Ministerio de Salud del viernes 26 de junio indica que 137 pacientes de coronavirus tienen una condición de salud crítica y 290 están graves. Los casos confirmados son 5,517 y existen 5,388 casos sospechosos. Según los registros oficiales, 133 personas han fallecido por la COVID-19, sin embargo, un memorándum enviado desde la dirección del Primer Nivel de Atención a las Direcciones Regionales indica que hasta el 19 de junio han registrado 600 inhumaciones de casos sospechosos y confirmados en los hospitales del Ministerio de Salud y Seguro Social.

El día en que se inauguró el hospital El Salvador, el presidente de la república mostró (por televisión y redes sociales) una parte de lo que han dado en llamar «Fase 1». Periodistas de esta revista quisieron verificar que lo que se transmitía en cadena nacional correspondía, en efecto, a lo que en el hospital se encontraba en ese momento. Sin embargo, el acceso a la prensa fue restringido. Foto FACTUM/Gerson Nájera.

***

Tres féretros con protocolo de la COVID-19 salieron el pasado viernes 19 de junio de la morgue del Hospital Nacional Rosales, centro de referencia nacional ubicado en la 25 avenida Norte de San Salvador.

Un policía detuvo el tráfico para que los pick-ups de las funerarias entraran de retroceso al hospital. Los trabajadores de los servicios fúnebres vestían un traje de plástico que los cubría de pies a cabeza y que los hacía sudar hasta dejarlos cansados. Trabajadores de salud acompañaban a los féretros rumbo al cementerio para verificar que ningún familiar se acercara más de 50 metros al ataúd y que el sepelio se realizara de forma rápida.

Era la hora del almuerzo y los dos empleados del Ministerio de Salud comían una hamburguesa adentro de una ambulancia mientras esperaban la entrega de los cuerpos. Cuando el féretro se asomó por el portón, le dieron el último trago a su bebida y se colocaron la mascarilla para emprender camino, de nuevo, con destino al cementerio, siempre custodiados por una patrulla. Esa es la rutina que, según relatan, repiten todos los días desde hace un mes y medio.

“Si quieren venir a ver los 12 muertos que salen todos los días, vénganse desde las siete de la mañana. Salen todo el día: unos para la Bermeja (cementerio) y otros a Soyapango”, nos dice Sonia, una vendedora de mascarillas que vende gorros afuera de la emergencia del Rosales.

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