La cuarentena obligatoria no aplica para el gerente de Gana

Más de 700 personas han sido detenidas por violar la cuarentena domiciliaria por el Covid-19. Pero esa mano dura no aplicó para Ernesto Clavel, gerente de Gana, quien fue liberado a pesar de chocar su vehículo en estado de ebriedad, según los policías que lo rodearon al momento del accidente.

Foto FACTUM/Bryan Avelar


La noche del viernes 27 de marzo, seis días después de que el presidente Nayib Bukele ordenara una cuarentena obligatoria nacional para contener la expansión del Covid-19, el gerente del partido Gana, Ernesto Clavel, chocó su camioneta Jeep Renegade 2019 contra un mupi y terminó incrustado en el redondel de las fuentes Beethoven, en San Salvador. Clavel se bajó del carro tambaleándose y balbuceando palabras ininteligibles. Después intentó escapar, pero su vehículo no arrancó. Los policías que lo rodearon dijeron que estaba borracho y se prepararon para capturarlo. Antes que él, 662 personas habían sido detenidas por mucho menos. Algunos simplemente no supieron explicar por qué no estaban en sus casas y fueron detenidos por violar la cuarentena domiciliaria. Pero la suerte de Clavel estaba a punto de cambiar.

A los pocos minutos del accidente, a la escena llegó un amigo de Clavel: Ángel Avendaño, un hombre que se presentó como asesor del director de la Policía, Mauricio Arriaza Chicas. Avendaño hizo llamadas. Dijo que estaba llamando a la División de Tránsito Terrestre de la Policía para asegurarse de que arrestaran a su amigo. Poco después de las 11 de la noche, menos de dos horas después del choque, Clavel quedó libre.

La cuarentena obligatoria es la medida más dura que ha aplicado el gobierno salvadoreño en su lucha contra el Covid-19. Para aplicarla, tuvo que pedir desde el pasado 14 de marzo, trece días antes de que  Clavel estrellara su auto, un estado de excepción de algunos derechos constitucionales, la justificación que han ocupado las autoridades para capturar a muchos ciudadanos por simplemente no estar en sus casas. Tan importante es esta medida que este lunes 6 de abril, el presidente Nayib Bukele anunció en cadena nacional que la policía y el ejército serán más rigurosos con quienes la violen. “No me va a doler ver en las redes ‘Ay, me decomisaron el carro; ay, me doblaron la muñeca’”, ironizó el presidente. Minutos después, más de cien personas fueron detenidas, entre ellas algunas que conducían en estado de ebriedad.

Pero hay personas a las que la ley no muerde, incluso bajo estado de excepción.

Ángel Avendaño, a la derecha, en el lugar donde su amigo Ernesto Clavel, gerente de Gana, chocó su camioneta en estado de ebriedad. Foto FACTUM/Bryan Avelar.

Cuando llegué a la escena, Clavel se iba bajando de la camioneta naranja placa P 738-174  registrada a su nombre. Llegué pocos minutos después de que el accidente ocurriera. Esa noche acompañaba a un grupo de policías en un patrullaje nocturno cotidiano durante la cuarentena y nos encontramos con el choque por pura casualidad.

La embriaguez de Clavel era evidente, al menos para los doce agentes, entre policías y soldados, que lo tenían rodeado. Clavel vestía una camisa blanca y se sostenía de pie recostando su espalda en la camioneta naranja.

–Sí hay que ser pendejo para andar manejando a verga hoy –, me dijo un soldado de los que custodiaba la escena, y otros tres policías que estaban más cerca comentaban lo mismo.

Seis días antes del choque, el gobierno había impuesto una cuarentena obligatoria bajo el estado de excepción de derechos, lo que implicaba que cualquiera que saliera de su casa, sin poder comprobar una urgencia, sería detenido y llevado a cumplir 30 días de cuarentena obligatoria en un centro de contención. Más de 27 mil agentes, entre policías y soldados, estaban regados por la ciudad y el país para garantizar que así fuera. Clavel no tenía escapatoria.

Al ver que un periodista le estaba tomando fotos, Clavel se metió a su carro. Giró la llave y puso el aire acondicionado mientras esperaba. Uno de los agentes se le acercó para pedirle los documentos.

–Tarjeta y licencia, por favor, caballero.

Clavel parecía no entender. Con dificultad, se sacó su billetera y le entregó un papel equivocado al policía.

–¡Tarjeta y licencia!

Un pick up negro doble cabina llegó a la escena. De este se bajó un hombre alto y gordo. Entonces no lo sabíamos, pero su nombre era Ángel Avendaño. Los policías lo detuvieron y le preguntaron si andaba armado.

–Sí, yo sí ando armado – dijo Avendaño.

–¿Y por qué? –, le preguntó un policía.

–Porque soy de la corporación. Soy asesor del señor director de la Policía.

Los policías que rodeaban la camioneta naranja de Clavel no lo sabían, pero aquella noche estaban en medio de un procedimiento que involucraba a dos hombres cercanos al poder.

Avendaño es un viejo conocido en la Policía salvadoreña, y aunque nadie tiene claro su cargo exacto, cinco fuentes policiales consultadas por Factum lo ubican como un miembro de la PNC cercano al director. Él mismo se dice asesor del director, Mauricio Arriaza Chicas. Tres jefes policiales también dicen que es asesor del director, pero no saben identificar en qué área. Incluso Andrés Rovira, el presidente de Gana, partido del que Avendaño fue parte, dice que “él es PNC”. “Él llegaba a coordinar las cosas cuando nosotros solicitábamos ayuda, cuando teníamos actividades, él coordinaba con la PNC. Él es PNC”, dijo Rovira a este medio, al ser consultado el pasado miércoles 1 de abril.

El único que niega que Avendaño es su asesor o que trabaja para la Policía es el director Arriaza Chicas.

–Mire, él viene al Castillo (de la Policía) como cualquiera. Así como usted que es investigador periodista, él tiene sus contactos, sus fuentes aquí. Él viene a hacer sus trámites. Pero él asesor mío no es – dijo Arriaza Chicas a un periodista de Factum cuando se le preguntó vía telefónica por su relación con Avendaño el pasado 1 de abril.

Pero Avendaño insiste. Es más, después de que este medio hablara con el director de la Policía, Avendaño envió un mensaje de voz a un periodista de esta redacción asegurando que “gracias a sus preguntas” lo acababan de despedir.

Avendaño no solo se dice miembro de la PNC. También se presenta como cercano a la familia Saca. El 30 de octubre del 2016, el expresidente Antonio Saca fue detenido y enviado a las bartolinas de la División Antinarcóticos (DAN) de la PNC. Ahí esperaría a ser trasladado a un penal donde finalmente fue condenado por un caso de corrupción en el que desvió $300 millones desde Casa Presidencial. Al día siguiente de su captura, Avendaño llegó a la DAN y se presentó ante los medios de comunicación como un hombre de confianza y “empleado” de Antonio Saca, y dijo que estaba ahí para asegurarse de que le ingresaran alimentos a su jefe.

En su cuenta de Facebook, Avendaño tiene fotografías vistiendo la camisa de UNIDAD, la alianza liderada por Saca con la que compitió por las elecciones presidenciales del 2014, cuando buscaba un segundo mandato. Avendaño también tiene fotos acompañando a Saca en hoteles, y otras en las que sus hijos posan mientras el expresidente los abraza.

Clavel, el amigo de Avendaño, es actualmente el gerente y además oficial de información de Gana, según confirmó a Factum el presidente de ese partido, Andrés Rovira, el pasado 1 de abril.

En la trayectoria política de Clavel destaca haber trabajado en la Secretaría de la Juventud de César Funes, durante la administración del expresidente Antonio Saca (2004-2009). En esa época, Clavel conoció al expresidente y posteriormente fue parte del grupo disidente que partió a ARENA y formó Gana.

Años más tarde, en 2013, Clavel apoyó el movimiento UNIDAD, una alianza entre tres partidos políticos liderada por Saca. Un año después, Clavel se postuló como candidato a diputado por Gana, pero no logró ninguna curul.

En 2019, cuando Nayib Bukele fue a elecciones presidenciales acuerpado por el partido Gana, Clavel mostró su simpatía por el presidente en redes sociales. El 3 de febrero, día de las elecciones, Clavel subió una foto abrazando al presidente con una frase al pie que decía “Haciendo Historia”, un slogan de la campaña de Bukele.

Ernesto Clavel, junto con el ahora presidente Nayib Bukele.

Meses más tarde, en junio del mismo año, Clavel subió otra fotografía a su Facebook en la que se veía posando frente al podio presidencial durante la toma de posesión de Nayib Bukele, en el centro de San Salvador.

Pero aquella noche del accidente, Clavel estaba desesperado. Llamaba a su amigo Avendaño para que lo auxiliara. Avendaño, más relajado, se reía de la borrachera del gerente de Gana.

«Sí anda loco. Me está llamando por teléfono y me dice que le ayude a escapar», decía Avendaño a los policías, riéndose de Clavel. «Mirá, yo ya te dije: ¡Estás rodeado! Si convencés a los señores agentes de que te dejen ir, dale», le decía Avendaño por teléfono a su amigo Clavel que lo llamaba desde dentro de su camioneta naranja a unos diez metros de distancia.

Ese viernes 27 de marzo, cinco horas antes, el presidente Nayib Bukele publicó un mensaje su cuenta de Twitter exhortando a la población a que se quedara en su casa y advirtiendo que quien no cumpliera debería pagar las consecuencias: 30 días en un centro de contención. También desmintió un rumor: “No, tampoco habrá ley seca. Mejor tome con moderación en casa y no ande en la calle”, tuiteó el presidente.

Clavel giró la llave de encendido y el motor sacudió el vehículo. Uno de los agentes que parecía estar encargado del operativo se molestó y ordenó quitarle las llaves a Clavel. Dos policías le pidieron que las tirara al piso del auto junto con sus documentos. Los agentes tenían miedo de tocar las llaves o los papeles directamente por temor a contagiarse del Covid-19.

Minutos después de tomar los datos, uno de los agentes dijo que llamaría a la División de Tránsito Terrestre de la Policía para que llegaran a hacer la inspección y a realizarle la prueba de alcotest a Clavel, para determinar cuántos grados de alcohol andaba en la sangre.

Un agente toma fotos a los documentos de Clavel. Los agentes se negaron a tocar directamente los documentos por temor a contagiarse de COVID19. Aunque andaban guantes de látex para cubrirse. Foto FACTUM/Bryan Avelar

Avendaño tomó su teléfono celular y se puso a hacer llamadas. Parecía hablar con varias personas al mismo tiempo.

«¡Puta, si yo le dije que no se viniera! Se me escapó y ahí por el McDonal´s lo perdí. Y ahorita aquí lo vine a encontrar que se hizo mierda y casi mata a unos policías y unos soldados. Se lo van a tener que llevar», decía Avendaño.

Después de varias llamadas, Avendaño dio un paso más allá: Dijo a los agentes que él mismo llamaría a Tránsito para que lo llegaran a traer. Algo completamente innecesario, pues en un procedimiento normal son los policías quienes llaman a sus compañeros para que lleguen a realizar la inspección, el alcotest y así imponer las esquelas y realizar la captura, si procede.

Uno de los agentes le preguntó a Avendaño que si además ya había “coordinado con la grúa” para que se llevaran el vehículo. Avendaño respondió que sí. Este procedimiento tampoco era necesario, pues es la Policía quien se lleva los carros chocados en accidentes de tránsito para el predio conocido como “Changallo”.

Pasada una hora de espera en el lugar, y sin que los agentes de tránsito llegaran, el periodista de Factum se retiró del lugar. Pero una hora más tarde, uno de los doce agentes que permaneció durante todo el procedimiento informó a este medio que el hombre accidentado en el redondel acababa de ser liberado.

El agente narró a Factum que, al llegar a la escena, los policías de la División de Tránsito no realizaron la prueba de alcotest a Clavel. Tampoco le pusieron una esquela por manejar borracho, no lo trasladaron a un centro de contención por violar la cuarentena ni mucho menos lo llevaron detenido por conducción temeraria. Simplemente le quitaron las placas al vehículo y se fueron.

A través de una fuente policial, Factum consultó el sistema de información digital de la Policía, “INCIDIUM”. Hasta este jueves 2 de abril, seis días después del accidente, el sistema no registra ningún reporte sobre la placa P 738-174 que corresponde al Jeep Renegade 2019 a nombre de Ernesto Clavel. No hay rastro oficial de que ese hombre casi chocara contra un retén y terminara estampado contra la plaza Beethoven durante una noche de cuarentena.

Uno de los agentes que permaneció en el dispositivo contó a Factum que la orden de no hacer el alcotest venía “de arriba”. Y que el argumento que se escribió en el acta de inspección fue que no se hizo prueba por medidas de seguridad, pues es inseguro realizar una prueba de contacto a una persona que posiblemente esté contagiada de Covid-19.

Factum consultó con el jefe de la División de Tránsito Terrestre, el comisionado Óscar Nuila. Las declaraciones de Nuila son al menos contradictorias. Sobre el procedimiento de la noche del viernes 27 de marzo, al principio dijo no recordarlo, pero cuando se le señaló que el conductor había quedado libre pareció recordar incluso detalles.

Nuila dijo en un principio que sí se le había realizado la prueba de alcotest a Clavel, pero más adelante en la conversación matizó que tenía que revisar el acta de inspección para estar seguro. Posteriormente dijo que, por orden suya y durante la emergencia, no se está realizando la prueba de alcotest a ninguna persona, salvo que haya cometido un homicidio culposo o daños a terceros.

Un agente de la División de Tránsito consultado por Factum valida parte de lo que dice Nuila, y asegura que los retenes de tránsito con prueba de alcotest han disminuido, pero desmintió que no se realicen pruebas a personas que han tenido un accidente en aparente estado de ebriedad. “A ellos siempre se lo estamos haciendo”, dijo el agente.

Sobre si conoce a Avendaño o si fue con él con quien estuvo hablando desde la escena del accidente, Nuila duda al responder.

–Una pregunta más, señor subcomisionado: ¿usted conoce al señor Ángel Avendaño? –preguntó Factum

–(Silencio de cinco segundos) Eh… no. Así de conocerlo… eh, no, no lo conozco. ¿Por qué? –respondió Nuila.

–Usted sabe que él es asesor del señor director de la Policía, ¿verdad?

–(Silencio de cinco segundos) Pues… no sé. Ese tema sí no… no… no me queda muy claro, fíjese porque nosotros, honestamente, no sabemos quiénes son los colaboradores que tiene nuestro jefe.

Este miércoles 1 de abril, Factum llamó a Clavel a su teléfono celular, para confirmar que estaba en libertad. Clavel contestó.

–Buenos días, don Neto.

–Qué tal, ¿quién habla?

–¿Hablo con Neto Clavel?

–Sí.

–Mucho gusto, don Neto. Mi nombre es Bryan Avelar. Soy periodista.

–Sí, dígame.

–Mire, quería saber en qué terminó el evento del viernes, del choque.

–Ehhh. Sí.

–Sí, del choque.

–Sí, sí, sí, sí, sí.

–Quería saber si se pudo resolver al final.

–Sí, sí, sí. Se pudo.

–¿Y cómo se pudo, don Neto?

–Permítame, ya le marco.

Colgó.

Dos jefes policiales que trabajaron en el Castillo de la PNC durante esta administración consultados por Factum dijeron que algunos de los “trámites” que Avendaño llega a hacer a la policía están relacionados con el autolote propiedad del primo del expresidente, Herbert Saca. Ese autolote se llama HS Imports.

Dos fuentes cercanas desde hace más de diez años a la familia de Avendaño aseguran que tanto él como su esposa, Beatriz de Avendaño, se jactan de tener cercanía con Herbert Saca y prometen “descuentos” a quien quiera comprar vehículos en su autolote. En sus redes sociales, Avendaño también muestra interés por HS Imports. Solo entre octubre y noviembre de 2019, Avendaño compartió 10 publicaciones en su página personal en la que la importadora ofrecía vehículos último modelo, entre ellos algunos blindados.

Herbert Saca es primo del expresidente Saca y ha sido vinculado en diferentes investigaciones periodísticas a hechos de corrupción durante los gobiernos de Saca y su sucesor, Mauricio Funes. En febrero del 2019, Revista Factum publicó una investigación en la que se revela que Herbert Saca fue el operador político de Funes que se encargó de pagar sobornos a diputados de la Asamblea Legislativa para obtener votaciones favorables.

Herbert Saca se ha mantenido cercano a la política. En septiembre del 2019, El Faro publicó una fotografía en la que se ve al actual presidente Nayib Bukele departiendo en una mesa junto a Herbert Saca. Los comensales disfrutan del show de un comediante llamado Déborah Penélope.

Durante una llamada telefónica, Arriaza Chicas aceptó a Factum que Avendaño, un hombre del clan Saca, es visitante asiduo del Castillo, la sede central de la PNC.

–¿Cómo es que un hombre que dice ser cercano a los Saca se meta hasta la cocina de la Policía, señor director? – preguntó un periodista de Factum al director el miércoles 1 de abril?

–Mire, él viene al Castillo como cualquiera. Yo atiendo a cualquier persona. Yo conozco a medio mundo en este país. Yo soy amigo de todos, pero en mi trabajo respeto mucho. Y lo que le puedo asegurar es que él no es asesor mío.

–Entonces, si no es asesor suyo, ¿a qué llega tanto el señor Avendaño al Castillo de la PNC?

–Mire, él hace sus trámites. Yo no le voy a decir. Pregúntele a él. Yo sé que usted es investigador y yo le respeto mucho. Pero sea objetivo.

–¿La esposa del señor Avendaño trabaja en la policía?

–Sí. Ella sí. Me dicen que entró hace dos meses.

–¿Qué puesto tiene ella?

–Secretaria.

–¿Secretaria de quién?

–Eso no le puedo decir. Hable con ella.

Este sábado 4 de abril, el ministro de Justicia y Seguridad Pública, Rogelio Rivas compartió en su cuenta de Twitter las imágenes de un hombre que chocó en supuesto estado de ebriedad, impactando a un motociclista y a otro vehículo. “Este tipo de individuos que además de no importarles las restricciones a la movilización, no respetan la ley de tránsito por conducir bajo los efectos del alcohol. Este hecho no quedará sin castigo”, prometió.

Pero esa promesa no aplica cuando el accidentado es el gerente del partido Gana.

Al cierre de esta nota, el director de la Policía, Mauricio Arriaza Chicas, dijo a Factum que ha abierto una investigación por este hecho y aseguró que buscaría a un responsable.

–Ese señor no es mi asesor. Reviéntelo–, escribió Arriaza Chicas.

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