«Al filo de la democracia»: ascenso y caída de la fe brasileña

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Video y texto: Orus Villacorta

Este documental narra el ascenso y caída de Lula da Silva y Dilma Rousseff, mientras utiliza un pincel fino para empujar al espectador a tomar parte en las posturas irreconciliables de la coyuntura política brasileña, cuyo “filo”, previo a la barranca, se muestra a través de personajes autoritarios y de dudosa moral, como Michel Temer, Sergio Moro y Jair Bolsonaro.


Cuando te encontrás con un documental que sin protocolos te deja claro que su autora, directora y narradora votó por la elección de un político con el que simpatiza y que será un personaje más de esa historia que te está contando, pues… pasan dos cosas: primero, mordés el anzuelo de querer dilucidar si lo que verás por dos horas será un producto propagandístico disfrazado de investigación acuciosa; y, luego, agradecés la presunta sinceridad, pues conviene tener las reglas claras y saber que el prisma con el que la documentalista te cuenta las cosas lleva sesgo. Y ahora que lo pienso bien, al respecto, esa debería ser siempre la actitud con la que tendríamos que acudir a un documental político: con el mismo escepticismo con el que se deberíamos acudir, de hecho –y por no pecar de ingenuos reincidentes–, a la política misma.

A través de Netflix, “Al filo de la democracia”, de la documentalista Petra Costa (“Olmo e a Gaivota”, 2015; “Elena”, 2012), utiliza elementos didácticos y polaroids familiares para narrar los tumbos del mapa político brasileño de los últimos tiempos. Sirve como una escuela, pues posee un estilo didáctico más pensado para un mercado internacional que no esté empapado con la situación en Brasil. Pero eso no significa que el documental sea superficial. De hecho, destaca en la cercanía que logra con algunos de los principales políticos, jueces y empresarios que conducen los hilos del país.

Parte del secreto del documental está en que Petra se plantea, en algunos momentos, como una protagonista ingenua que forma parte de la historia; y una muy especial, pues revela –a través de detalles íntimos de su familia– cómo sus padres, abuelos y tíos se ubicaron siempre en los extremos antagónicos de la polarizada brújula política brasileña. Ocupa, incluso, a su madre como una fuente para rememorar los sufrimientos ocasionados por la dictadura militar que controló al país entre 1964 y 1985. Pero se excede cuando la vuelve a utilizar para que sea ella, su madre, quien haga un análisis de coyuntura en torno al juicio a Dilma. Se excede, pues se le va de las manos un sesgo que ya es palpable desde el tono de su narración. Es un exceso reforzarlo con la visión crítica de su madre. Hay, como evidencian las mismas imágenes –por no decir la historia–, millones de brasileños a los que no les hará gracia ese sesgo. “Al filo de la democracia” parte, entonces, con una premisa clara: manifestar el desaliento de una cineasta desencantada. No es, por ende, un producto periodístico. Pero sí es, sin duda alguna, buen cine. De hecho, es uno de los documentales más interesantes del 2019. Incluso fue ovacionada en el festival de Sundance.

Este documental sobre la convulsa actualidad política de Brasil captura momentos tan íntimos que consigue el objetivo de estremecer con el guante burdo de una realidad vil, cuando la bajeza humana repercute en pérdida de fe en la democracia. No soy del tipo que se entrega al consejo de que «hay que ver siempre lo bueno de las cosas». Pues, no. Absolutamente, no. Más bien, hay que ver las cosas en su real dimensión, sin priorizar buenas o malas intenciones. El pesimismo es también un sentimiento justificable. Por eso me encanta que el documental cierre con el pesimismo con el que cierra. Lo cierto, lo real, es que Brasil –como pareciera una pandemia que se extiende por todos los países de Latinoamérica– vive una crisis política apabullante. El pesimismo de las palabras finales de Petra obedecen, claro, a la realidad vigente, con las riendas del país en las manos de Bolsonaro. Pero, si se amplían las conclusiones, va mucho más allá de este símbolo del fascismo. El pesimismo es insalvable porque el sistema está podrido y no hay signos que respalden algún ápice de corrección.

Por dos horas, “Al filo de la democracia” podría ser un instrumento de acercamiento breve a la coyuntura vigente de la política en Brasil. Recomiendo tomarlo con pinzas y no tragar cada cápsula. Es complicado, claro, descifrar todas las triquiñuelas con las que se manejan semejantes asuntos que derivaron en el encarcelamiento de Lula; en la destitución de Dilma; y en la llegada al poder de Bolsonaro. Pero deja, eso sí, e incluso desde su título, el recuerdo de la frase mítica de Frank Underwood (“House of Cards”): «la democracia está sobrevalorada». Y más cuando la democracia parece enfilar decidida con destino al despeñadero, controlada por dogmas, intereses particulares y polarización. Si estás de ánimo para darle un vistazo a los desencantos de la política latinoamericana moderna, a esa pocilga de la condición humana “civilizada”, este es un buen documental para entretenerse.

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