Spotlight

¿Cómo le dices que no a Dios?»

Cuando Michael Keaton recibió el premio a mejor elenco que Spotlight ganó en los «Screen Actors Guild Awards» –los SAGA, reconocimientos anuales que da el gremio de actores de Hollywood-, lo dedicó a «a las víctimas, pero también a todos aquellos que han sido privados de sus derechos». No dijo más. De eso va esta película, de los centenares de niños que fueron víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes de la iglesia católica en la ciudad de Boston. Va de eso y de lo difícil que es exponer al mundo el olor a mierda cuando el tufo proviene de instituciones y personas a las que se supone venerables, dignas de confianza, como un cura o un presidente.

SEIS NOMINACIONES

*Mejor película

*Mejor guión original

*Mejor montaje

*Mejor actor secundario (Mark Ruffalo)

*Mejor director (Tom McCarthy)

*Mejor actriz secundaria (Rachel McAdams)

El mérito más importante de esta cinta, de su narración, es que no requiere de los tonos híper dramáticos que tanto gustan en Hollywood cuando se habla de víctimas; le basta con contar, con sobriedad y a través de la retina de los periodistas del Boston Globe que destaparon el escándalo, las cicatrices profundas que el abuso dejó no solo en los niños abusados que, si no se suicidaron, intentaron seguir con sus vidas desde el ostracismo, la preplejidad, el trauma, sino también en la iglesia misma, en su grey, y en una ciudad como Boston, que por su devoción a la iglesia de Roma bien podría ser cualquier urbe latinoamericana.

A finales del año pasado, como parte de un resumen sobre las mejores películas y series de TV que vi en 2015 escribí una crítica sobre Spotlight que hoy actualizó a propósito de la entrega de los Oscares de 2016:

Esta es la versión cinematográfica del equipo de reporteros del Boston Globe –Spotlight es el nombre de la sección de periodismo en profundidad del periódico- que descubrió y publicó los abusos cometidos por sacerdotes de la Iglesia Católica contra centenares de niños en Boston.

La película, dirigida por Tom McCarthy, un virtual desconocido, tiene todo para convertirse en un clásico y terminar en el mismo panteón de títulos como “Todos los hombres del presidente” o “The Killing Fields”. Me basta con ser fanático del buen cine para listar esta película como lo mejor que vi en 2015, pero si a ello agrego que soy periodista, reportero, la identificación se me convierte en asunto de culto.

Vamos a lo primero: el gran mérito de “Spotlight” es su sobriedad, su factura estética que apuesta por un tono casi documental para contar, sin aditivos innecesarios y sin más recursos que el buen uso del lenguaje cinematográfico, una de las peores atrocidades del siglo XX, la pederastia perpetrada alrededor del mundo por sacerdotes católicos y tolerada por los papas en Roma, Juan Pablo II y Benedicto XVI entre ellos. Al contar esta historia a través de los ojos de dos reporteros, un documentalista y un editor, los miembros del equipo Spotlight, el director escoge el que se supone será el punto de vista más justo y neutral, calificativos que suelen atribuirse al periodismo occidental de este tipo. Pero no, y ahí está en parte la riqueza de esta historia, los reporteros, hijos católicos todos de una de las más católicas de las ciudades estadounidenses, tienen que pasar por sus propios organismos, sus propios ascos, por su propia fe, las historias de las víctimas cuyas vidas terminan convertidas en el infierno con que los han advertido desde el púlpito debido a los abusos de los curas.

El resultado es una poderosa película que, además de contar con precisión el abuso serial que ha manchado a la venerable institución fundada por Pedro –cuyo capítulo salvadoreño apenas empieza a conocerse–, navega por todas las esquinas oscuras sobre las que el escándalo echó luz, como la hipocresía de la curia estadounidense y del Vaticano, su complicidad, o sobre la displicencia con que la ciudad, incluido el mismo Boston Globe, desechó las primeras denuncias diez años antes de que la insistencia de los reporteros de Spotlight abriera la cloaca.

Rachel McAdams, Michael Keaton y Mark Ruffalo en una escena de "Spotlight". McAdams y Ruffalo están nominados al Oscar en las categorías de mejor actriz y mejor actor secundarios.

Rachel McAdams, Michael Keaton y Mark Ruffalo en una escena de «Spotlight». McAdams y Ruffalo están nominados al Oscar en las categorías de mejor actriz y mejor actor secundarios.

El premio por el que Keaton agradeció en la entrega de los SAGA define muy bien el mérito actoral de Spotlight: aquí hay un elenco entero haciendo valer la narración dramática. En esta película en particular el ensamble adecuado de todos esos intérpretes es indispensable para contar una historia que es la de un equipo de reporteros que no podrían haber investigado y escrito esta infamia sin procesar juntos sus ascos y miedos, y que es la de centenares de víctimas sin rostro, traicionadas por quienes se suponía iban a salvarlos de todo mal.

Hay escenas bellas, simples, montadas sobre las sólidas actuaciones de es elenco de lujo que incluye a Michael Keaton, Mark Ruffalo, Rachel McAdams, Liv Schreiber y Stanley Tucci, y sobre un guión preciso que no da respiro y nos lleva por un sendero que se camina despacio, sin más trepidaciones que las producidas por la indignación creciente que supone saber que los abusadores eran esos en quienes más confiaban las víctimas: “Era un sacerdote por la gran puta, qué se supone que debía hacer yo”, dice una de ellas a una reportera de Spotlight.

¿TE HA GUSTADO EL ARTÍCULO?

Suscríbete al boletín y recibe cada semana los contenidos en tu email.