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“Siempre hay maneras de procesar las cosas a través del humor”

La primera vez que Pamela Ospina subió a un escenario para hacer una rutina de comedia, no tenía más experiencia que hacer reír a sus amigos. Eso fue en 2011, cuando compitió con otros humoristas de stand up en el programa de televisión colombiano «Los comediantes de la noche». Quedó en segundo lugar, pero toda Colombia la conoció. Aunque al final del programa se volcó hacia la música, desde hace cinco años decidió hacer comedia de tiempo completo. Este viernes ofrecerá un stand up junto a la salvadoreña Gabi Rivera.

Fotos FACTUM/Salvador Meléndez


Nacida en Canadá, Ospina es hija de colombianos y durante un tiempo vivió en Estados Unidos. Sus primeros referentes de humor fueron series como «Friends» y rutinas de stand up. Además de comediante, toca la batería, compone música y es presentadora de televisión y radio. Su humor es cotidiano, a veces negro, siempre franco y desenfadado. Bromea, por ejemplo, sobre el bigote de Hitler bebé. Propone coleccionar la arena en su traje de baño. Compara aprender a manejar con enseñarle a un hombre cómo hacer el amor a una mujer. En sus palabras, la comedia stand up le permitió encarar la vida a través del humor. 

La dedicación de Ospina en este camino ya empieza a rendir frutos. Bajo el brazo lleva dos especiales de Comedy Central, una charla TEDx, su propio espacio para comediantes emergentes –llamado «Probando, Probando»– y presentaciones en otros países como Argentina y República Dominicana.

Este mes trae a El Salvador su material más reciente. «Comedy Queens» –un stand up junto a la salvadoreña Gabi Rivera– se presentará este viernes 28 de junio en el el hotel Holiday Inn.  Ospina promete presentar un show sincero y profundo sobre la vida diaria. De la boca de una mujer, sí, pero no exclusivo para ellas.


¿Cómo entraste al mundo de la comedia stand up?

Siempre fui una chica intensa, hiperactiva, graciosa, curiosa, espontánea, irreverente y muy, pero muy, imprudente. Creo que todos estos factores hicieron de mí una comediante. Además, por lo inquieta que soy respecto al mundo, me pongo a analizar cada cosa. Trato de encontrarle sentido a las cosas que ni siquiera lo tienen. Creo que todo esto me ha ido impulsando a hacer este tipo de comedia, que es una observación de la vida y también una posibilidad de encarar la vida o asirla a través de un medio que me parece más fácil de digerir, como el humor: reírme de las cosas. Incluso en los momentos más tristes de mi vida, el humor ha estado presente, como salvándome de la tragedia súper emo.

Mi mejor amiga, en algún momento, me ha dicho: «tú has luchado mucho por estar donde estás, pero sobre cualquier otra cosa por ser quién eres en el contexto latinoamericano». Yo soy baterista, soy comediante, soy todo lo que normalmente nuestro complejo cultural latinoamericano es un poco visto como si no fueran las actitudes más femeninas, por así decirlo. Entonces sí, como que ha sido el proceso de cómo veo el mundo. Cómo me paro en el escenario y digo las cosas, es ser yo.

Tocás temas un poco tabú. Por ejemplo, una rutina donde hablás sobre no querer ser mamá. ¿En qué contribuye tu humor para que se pueda reflexionar abiertamente sobre estos temas?

El stand up ha sido la posibilidad de encontrarme a mí y poder también quererme desde donde yo soy. Eso resuena en las personas que también piensan de la misma manera, ¿cierto? Pero eso es lo rico del stand up, que somos muchas mujeres, muchos hombres que tienen sus puntos de vista y que hacen comedia. Y puede que lo mío encaje con ciertas personas y con otros no. 

Sí creo que es una revolución de parte de todos poner sobre la mesa temas que son tabú –o que lo han sido– y hablarlos; porque, francamente, en nuestros países, el tabú no solamente es un moralismo radical que no tiene sentido ya y que no permite que haya fluidez en cuanto a la equidad de género o fluidez en cuanto al respeto por la diferencia. También genera cosas malas. El no hablar de sexo hace que niñas adolescentes salgan embarazadas sin quererlo; o mueran de enfermedades por miedo a hablar de ellas; o que personas que reciben información incorrecta tomen decisiones apresuradas o negativas para su vida.

La palabra es algo fuerte, especialmente cuando está en plataformas donde todos los pueden escuchar. Entonces hablar es importante, independiente de que sean mis ideas o las de otro comediante.

La comediante Pamela Ospina ofrecerá un espectáculo la noche del viernes 28 de junio.
Foto FACTUM/ Salvador Meléndez.

¿De qué manera manejás al público cuando estos temas no aterrizan bien?

Pues depende. Uno tiene que creer mucho en lo que uno está diciendo. Pero si se arma complicidad con el público y uno va viendo que ellos están entendiendo de qué estoy charlando, todo está bien. Si llega un punto en que para ellos se toca algo que no es, yo puedo tomar dos vías. Una es, si estoy completamente convencida de que es correcto lo que estoy diciendo –y que el problema realmente es un moralismo, un tabú o lo que sea–, pues continúo siendo yo y termino la idea. Si siento que me pasé de la raya y que quizá no estoy siendo sensible frente a una comunidad, pues por supuesto la reflexiono. Me la tengo que poner sobre mí misma. No tengo miedo de hacerme bullying en el escenario. Yo no busco atacar a nadie con mi stand up. El stand up siempre busca incomodar, en el sentido de que la gente libera tensión a través de la risa, pero siempre le queda algo de pensamiento, de reflexión. Sin embargo, la idea es que lo pasen bien, porque es comedia, de todos modos. No quiero que quede un sinsabor.

También empleás el humor negro. Y puede que sea por tus influencias más norteamericanas. ¿Por qué creés que a los públicos latinos les cuesta procesar el humor negro?

Hay cosa que la gente dice: «de eso no se puede charlar, no se puede hacer una broma de esto». Y sí, es verdad que muchas veces es mejor esperar un tiempo para decir ciertas cosas; pero más que eso, es: ¿cuál es el chiste? Porque una cosa es que se haga un chiste sobre un tema difícil y otra cosa es que el blanco del chiste sea una víctima, alguien que no merece ser el blanco de un chiste. Son dos cosas muy distintas.

Por ejemplo, mi abuela se murió. A mí me dio muy duro, fue muy fuerte para mí. La amo mucho y murió a los 99 años. Hay una bebida en Colombia que se llama Vive 100 %. Y yo digo: «se hubiera tomado el Vive 100». Siempre hay maneras de procesar las cosas a través del humor. Si es algo que a uno le duele muy en lo personal o todavía lo está transitando, le va a costar reírse inicialmente, pero con el tiempo lo va a hacer. Es como hacer chistes de Michael Jackson. ¿Hace cuánto estamos haciendo chistes de todo lo suyo, de todas las cosas de su vida? La gente se ríe porque es muy lejano a ellos, pero si fuera su tío, quizá no. Es complejo ese momento del humor, pero sí creo que hay que encontrar el punto.

«Incluso en los momentos más tristes de mi vida, el humor ha estado presente como salvándome de la tragedia súper emo»

–Pamela Ospina

¿Y de qué sí se ríen con facilidad los latinomericanos?

Pues somos muy pasionales. Pese a que también es tabú, hasta cierta medida nos gusta que nos molesten sobre el sexo, de los dramas de la vida, cosas fuertes y novelescas. Todos hemos llorado por amor. Y por más que estemos llorándolo, en este momento lo hemos hecho tantas veces que ya se crea un callo. El sexo y el amor son temas que no solo identifican a los latinoamericanos, sino que forman parte de mi comedia también, fuertemente.

¿Has encontrado algún reto en la escena stand up como mujer?

Yo creo que, poco a poco, Latinoamérica va abriéndole más las puertas a esto de la mujer; pero eso es algo realmente universal. Muchas personas piensan: «¡Ay, las mujeres no son graciosas!», pero luego los hombres hacen rutinas de comedia de una hora acerca de su madre y todos los chistes son realmente cosas que dice la mamá. Entonces, ¿por qué las mujeres no son graciosas si tu principal fuente de chistes es tu mamá? Hay un absurdo ahí, pensar que no. Aparte, mi tipo de humor no es para mujeres; es desde una mujer, pero desde mi feminidad, desde mi manera de ver el mundo, independiente de ser mujer. A mí me gusta tocar batería, me gusta hacer comedia. La gente dice: «Y siendo mujer… tal cosa». Y yo es como: «¡No sabía que yo tenía que pedir permiso para hacer esto, para que me gustara lo que me gusta!».

Que una mujer sea ingeniera es que ella quería ser ingeniera. Ella no estaba pensando: «¡Ay! ¿Será que con estos ovarios sí logro sacar una calculadora científica?». Uno no piensa esas cosas. Si uno no se está limitando por el género, la gente tampoco debería. Simplemente escuchar, escuchar a ver si le gusta o no.

«La palabra es algo fuerte, especialmente cuando están plataformas donde todos los pueden escuchar. Entonces hablar es importante, independiente de que sean mis ideas o las de otro comediante»

–Pamela Ospina

Pamela Ospina explica que ha aprendido incluso a reírse de sí misma y de momentos dolorosos. Foto FACTUM/ Salvador Meléndez.

¿Qué debe tener una rutina de stand up efectiva, que conecte con la gente?

Pues, por un lado, ser yo misma. Por otro lado, ser honesta. Si yo estoy segura de que lo que estoy diciendo es mi verdad y estoy realmente sintiendo lo que digo, la gente lo va a sentir también. Si lo digo solo porque pienso que les va a parecer gracioso, ni ellos la pasan bien, ni yo tampoco. Es más una conversación con amigos, como la complicidad, como sentir que estamos aquí hablando cosas tranquilamente. Ellos tienen permiso de reírse, yo tengo permiso de decir esas cosas. Es lo que hace que funcione.

¿Qué cosas hacen que te tiemblen las piernas cuando estás en el escenario?

Si siento que es un público muy distinto, un público al que no me he enfrentado, pues siempre es un reto nuevo. Uno dice: «¡Ay juemadre! ¿Cómo me irá a ir?». Pero eso es lo bonito de visitar otros países: uno está constantemente retándose. Me hace muy feliz, por ejemplo, estar acá en El Salvador por primera vez y ver cómo se recibe mi comedia. En general, cualquier momento en el que finalmente uno es un ser humano.  De repente tienes un día medio regular y quieres entregar lo mejor, pero te sientes energéticamente un poco down. Entonces las risas y la energía del público me ayudan mucho a recuperarme yo misma y fortalecerme. 

¿Qué traés para esta presentación en El Salvador?

Pues de todo. Humor picante, humor negro, humor sincero. Visceral. Para todos los públicos, hombres, mujeres. Yo no ataco a nadie en particular, sino a todo el mundo realmente. No es un ataque, simplemente es mirarnos todos, mirarnos así de frente y reírnos de lo que somos. Voy a hablar desde los problemas más cotidianos –como tener mal aliento– hasta las cosas que de pronto son más profundas, emocionales. Como de todo. Pero es de la cotidianidad. Quiero que la gente tenga muy claro que pese a que es comedia, que viene desde un ser femenino, no es comedia para mujeres. Eso es lo importante. 

Sos comediante, artista musical y personalidad de medios. ¿Cómo manejás todas estas salidas creativas?

Nunca he sentido: «¡Ay, son demasiadas cosas!». Todas son maneras de expresarme. En este momento me enfoco más en la comedia y en la música, pero todo ha hecho parte de mi camino. Soy muy inquieta, también traduzco y me encanta traducir para eventos. Dirijo los paneles de la Comic Con en Colombia. Traduzco para el festival internacional de Jazz. Todo lo cultural, artístico, de entretenimiento y expresión es mi campo. 

Voy fluyendo entre todas estas cosas. Hay momentos donde estoy más fuerte en unas cosas y en otras, pero estoy dedicada más a lo mío, lo que es de parte de mí, solamente. Amo la radio, amo la televisión, trabajar en esos medios es delicioso y me ha dado demasiadas cosas para mi vida. Pero también es muy rico poder saber que uno todos los días está trabajando en sus proyectos personales.


*«Comedy queens» se presentará este viernes 28 de junio en el Salón Ballroom del  hotel Holiday Inn a las 8:30 de la noche. El precio del boleto (en preventa) es de $10 dólares y $15 el día del evento.

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