Guatemala en las calles, nosotros en Twitter

¿Qué necesitas vos para estar bien? ¿qué te da seguridad en la vida:  techo, transporte, educación, hijos sanos?…

Tenemos un par de días de estar leyendo el caso de la comunidad de la finca El Espino, un día son desalojados con todo y PNC y al siguiente  se abrazan y rezan por la resolución de la Sala Constitucional que atrasa su desalojo por seis meses. Ya pueden volver a instalar sus láminas para la lluvia.

¿Qué nos está pasando? Evidentemente este caso es un síntoma minúsculo de una enfermedad más grande, grave y terminal. Una enfermedad que insistimos en tratar con acetaminofén cada tanto porque le tenemos miedo a curarnos del todo porque eso implicaría hacernos cargo de nosotros mismos como sociedad. Nos encanta la ganancia secundaria de vivir enfermos, desordenados y que alguien más decida sobre nuestra existencia porque claramente no somos capaces.

Así seguimos extendiendo la mano a los bancos y entidades mundiales para una limosna, nos encanta que papá Fomilenio nos ordene el cuarto, que mamá Banco Mundial nos pase una mensualidad, ¡pero cómo nos molesta que nos digan qué hacer con eso!

Después de México y Guatemala, somos el país de la región que más remesas recibe de los seres humanos que se arriesgaron en cruzar fronteras:

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Guatemala, con US$ 5,544 millones, es el principal receptor de remesas en el triángulo norte, seguido por El Salvador con US$ 4,217 millones y Honduras con US$ 3,353 millones.

(Fuente: Banco Mundial)

Así nos vamos acomodando a estirar la mano para recibir sin querer hacer mucho. Pero el costo de esa pereza nos está rebalsando y no somos capaces de actuar.

México, Guatemala y Honduras llevan semanas en las calles haciendo denuncia tras denuncia de corrupción, gastos excesivos del Estado, falta de transparencia en negocios de los funcionarios que ellos mismos eligieron y ellos mismos han pedido renuncia, preguntando por sus desaparecidos, exigen respuesta a negocios opacos, rendición de cuentas de qué se está haciendo con sus impuestos, etc.  Mientras, los salvadoreños vemos desde la comodidad de la pantalla y teclado que nuestros ahorros de pensiones serán usados para ampliar el aeropuerto y que tanto los antiguos como algunos nuevos funcionarios, han comprado y vendido El Salvador como si fueran parcelas de una finca en ruinas.

No podemos seguir tan cómodos dejando que desde afuera nos resuelvan la vida,  mientras recibimos remesas que no solo no invertimos, sino que gastamos en corto plazo “para ir saliendo”, dejando que prescriban casos graves porque la Fiscalía no “pudo” hacer su trabajo, con 600 muertos mensuales que lloramos por la televisión, cada vez con menos parques y áreas verdes porque cada nuevo gobierno y alcaldía hace sus propios monumentos, ahorrando años de trabajo sin saber cuánto me van a devolver,  pensando que las pandillas son una bomba de tiempo cuando en realidad ya nos estalló en la cara hace varios gobiernos y nadie hizo nada.

Lo que quiero destacar –por sobre todas las cosas- de la movilización de nuestros vecinos es que ya entendieron que no es lucha de izquierdas o derechas, no es queja de feminismo o machismo, no importa el nivel de educación o ingresos, la necesidad de saber qué hace ahora y qué hará mañana el estado con mi existencia en este país, es deber, derecho y responsabilidad mía. De cada uno.  Nadie de los que están en la calle en esos países está peleando por defender o atacar un partido político, están pidiendo lo mínimo que cada uno merece: cuentas claras y decisiones lógicas para un bienestar común.

¿Qué te da tranquilidad cada día? ¿cómo defenderías eso?

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Foto principal: Gerardo Del Valle (Plaza Pública)

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