Matar a un pandillero

La noche en que conocí a Jhonatan, él tenía unos siete años y lloraba de pie a media calle mientras apretaba los puños con todas sus fuerzas. Lloraba solo, en un barrio solitario y oscuro.

La ley de Soyabronx

«Te lo voy a decir así: aquí los niños desde chiquitos tienen que aprender una cosa: primero me cuido yo, segundo yo y tercero yo. Solo así van a poder sobrevivir», me dijo Evelin.