Óscar Arnulfo Romero y la Comisión de la Verdad

Stener Ekern habla perfectamente español. Le calculo que está cerca de los 64 años, preservando una mente lúcida, fresca como es propio de alguien que ha sido bendicido por un coeficiente intelectual alto y con la ventaja que tiene años de experiencia. El señor Ekern es profesor: dicta clases en el Norwegian Centre for Human Right de la Universidad de Oslo, su formación en Antropológía Social le da las credenciales para ello; sin dejar a un lado una amplia experiencia laboral de la cooperación noruega para el desarrollo (NORAD, Caritas Noruega, el Programa Noruego para los Pueblos Indígenas). Desde 1997 ha trabajado como investigador en la NCHR, donde también ha llevado a cabo numerosas evaluaciones de proyectos de ayuda relacionados con los derechos humanos (reforestación legal, instituciones del defensor del pueblo, etc.), teniendo a la fecha 96 publicaciones en la que destacan decenas de libros[1]. El profesor Ekern es uno de los expertos de América Latina, con enfásis en América Central, más importantes de Europa.

Estoy en su oficina, esperando que termine de ocupar la computadora para conversar, para hablar un poco sobre un tema diferente a la charla que finalicé hace unos minutos. [2] Es una oficina serena, ligeramente fría pero sin aires de distante; afuera hace un sol radiante en un cielo azul. Estoy en el país más rico y verde del mundo, lo cual no deja de sorprenderme, pues se trata de una nación que tiene menos reservas de petróleo que Venezuela pero se vive con tanta abundancia.

Es mayo en la ciudad más verde del mundo, y eso significa una sola cosa: buen humor por el buen clima. Pero el buen clima noruego no es suficiente para sacarme de la oficina del profesor Ekern. En mis manos pasan decenas de carpetas con los archivos originales de la Comisión de la Verdad. Miles de denuncias de personas que hablaban sobre sus familiares desaparecidos -“tenía la narizita asi chiquitita” (sic), decía la transcripción de una madre que perdió a su hija en 1980, y una década después llegaba con la inocencia y esperanza (pues son dos energías que se mueven en la misma frecuencia) de encontrar una respuesta ante la Comisión de la Verdad para El Salvador. El profesor Ekern fue uno de los consultores e investigadores que la conformó.

La Comisión de la Verdad surgió de los Acuerdos de Paz de Chapultepec, que puso fin a la guerra civil de El Salvador, con la finalidad de investigar y esclarecer las más graves violaciones de derechos humanos ocurridos durante la guerra civil, dando lugar al Informe denominado «De la Locura a la Esperanza: La guerra de 12 años en El Salvador», publicado el 15 de marzo de 1993[3].

El equipo de la Comisión de la Verdad fue dividido en 10 partes:

  • (1) Comisionados – Belisario Betancur, Reinaldo Figuerodo Planchart, Thomas Buergenthal;
  • (2) Asesores de los Comisionados – Douglass Cassel; Guillermo Fernández de Soto; Luis Herrera Marcano; Robert E. Norris;
  • (3) Dirección Ejecutiva – Patricia Tappatá de Valdez;
  • (4) Consultores e Investigadores: Carlos Chipoco, Mabel Colalongo; Jayni Edelstein; Stener Ekern; Guillemo Fernández-Maldonado; Alfredo Forti; Lauren Gilbert; Juan Gabriel Gómez; Javier Hernández; Sergio Hevia; Elena Jenny- Williams; Felipe Michelini; Theodore Piccone; Clifford C. Rohde; Carlos Somigliana; Ana María Tello; Lucía Vásquez;
  • (5) Asistentes personales de los comisionados – Lourdes Zambrano, Alba Reyes, Abigail Mellin;
  • (6) Expertos y Peritos – Cylde Snow, Robert Kirschner, Joh Fitzpatrick, Douglas D. Scott, Patricia Bernardi, Mercedes Doretti, Luis Fondebrider, Claudia Bernardi, Alberto Binder, Akejandro Garro, Robert Goldman, José Ugaz, María del Carmen Bermúdez, Gabriel Rodríguez,
  • (7) Equipo de Codificación- José Ignacio Cano, Daniel Angrisano, Gabriel Catena, Cristina Lemus, Judith Kallick, Nila Pérez, Margreet Smit, Miguel Angel Ventura, Ken Ward;
  • (8) Personal Adminsitrativo – Lilian Delgado, Guillermo Lizarzaburu, Sharon Singer;
  • (9) Personal de seguridad – Joseph Leal, Manuel Arcos, Alfredo Figueroa, Leo Powell, Kenneth Rosario, Wilfredo Vega;
  • (10) Internos – William Cartwright, Denise Gilman, Chris Guarnota, Priscilla Hayner, Mary Beth Hastings, Jean Leong, Maggie Miqueo.

La Comisión fue conformada por un equipo de técnicos imparciales, con visiones de múltiples disciplinas, con insumo de personas locales, en donde se reveló la verdad de la comisión:  crímenes atroces por parte del ejército salvadoreño, de la guerrilla y de grupos de escuadrones de la muerte. A este grupo de personas le encargaron cumplir lo establecido en los artículos 2 y 5 del Acuerdo de Paz de Chapultepec, un acuerdo escrito con sangre de miles de salvadoreños, gracias al esfuerzo del presidente José Napoleón Duarte y la continuidad del presidente Cristiani, que definieron el alcance del mandato. El artículo 2 estableció que la Comisión de la Verdad: «Tendrá a su cargo la investigación de graves hechos de violencia ocurridos desde 1980, cuya huella sobre la sociedad reclama con mayor urgencia el conocimiento público de la verdad». Mientras que el artículo 5, titulado “Superando la Impunidad”, detalló: «Esclarecer y superrar todo señalamiento de impunidad de oficiales de la fuerza armada… hecho de esa naturaleza independientemente del sector  al que pertenecieron sus autores, deben ser objeto de la actuación ejemplarizante de los tribunales de justicia, a fin de que se aplique a quienes resulten responsables, las sanciones contempladas por la ley«.

Tal y como explicaron en el informe de la Comisión de la Verdad: «Está claro que los negociadores de la paz, quería que esa paz nueva esté fundada, levantada, edificada sobre la transparencia de un conocimiento que diga en público su nombre.  Y está claro, también, que ese conocimiento público de la verdad «es reclamado con la mayor urgencia» (página 2 del Informe).

En las páginas 13 a la 17 se detalla la metodología que siguió la Comisión para esclarecer los crímenes de guerra, estableciendo tres criterios de certeza para fundamentar la conclusión final de las decenas de casos que investigaron:

  1. Pruebas abrumadoras – pruebas contundentes o altamente convincentes en apoyo de la conclusión de la comisión
  2. Pruebas sustanciales – pruebas muy sólidas en apoyo de la conclusión de la comisión
  3. Pruebas suficientes – más pruebas en apoyo que en contradicción de las conclusiones de la comisión

También destaca que cuando se contaba con pruebas menos que suficientes, la Comisión no hacía ninguna conclusión al respecto, con el fin de no contaminar su informe con casos sin evidencia. Para ser justos, también debo destacar que no existió un proceso del debido proceso para presentar pruebas de descargo, ni tampoco notificaciones alrededor de las acusaciones, pero sí se elaboró un proceso donde se buscó la confirmación por medio de varias fuentes, primarias y secundarias, donde estas últimas se tomaron como circunstanciales.

Pero más que una metodología, no podemos perder de vista que este es un informe escrito con el dolor de la violación de derechos humanos de miles de salvadoreños y salvadoreñas, por lo que a mi criterio no es posible cuestionarse. De cierta forma, es un informe que se escribió con la sangre de 80 mil personas, que está levantado sobre las ruinas de un país que sufrió 12 años de guerra civil, incluyendo nuestro puente de oro. Es un informe que tiene la triste energía de haberse robado la inocencia de cientos de compatriotas que fueron obligados a cambiar sus juguetes por fusiles. Un informe dibujado con la agonía de saber que personas de una misma nación masacraron poblaciones enteras; un informe que lleva, además, las horas de angustia de miles de familiares, que soportaron la injusticia que implica un secuestro que hasta golpeó las puertas del presidente José Napoleón Duarte, así como el terror colectivo producto de las bombas; un informe que lleva la explicación del bloqueo de la cooperación internacional de la noble nación holandesa, tras el asesinato de los periodistas de ese país.

Se trata de un informe que se llevó entre sus manos a luchadores sociales: como el procurador general Zamora; que nos robó la creación artística del poeta Roque Daltón, con todo el dolor que conlleva la muerte producto de la traición; que nos arrebató a irrepetibles juristas como el doctor Sáenz (padre del jurista promotor del Estado de Derecho y ex presidente del CEJ , Humberto Sáenz); sin dejar de lado el acto terrorista e imperdonable del asesinato de Enrique Álvarez Córdoba, quien en ese momento era casi un especímen único pues era un millonario con visión social. Se trata de un informe que también lleva la energía del robo cultural que experimentó El Salvador con el asesinato de don Roberto Poma (¿Qué no tendríamos en El Salvador hoy en día con otro Poma? Yo estudié en ESEN y me siento agradecido por la formación crítica que nos dejaron, señalando sin ofender, pero señalando). O como dejar a un lado los intelectuales jesuitas de los que aún se siente su pérdida; basta imaginar todos los congresos de intelectuales que podrían haber ocurrido en El Salvador por la influencia del rector Ignacio Ellacuría (tan gratamente recordado por la doctora Carmencita Álvarez), discípulo intelectual de Zubirri y Kant. Se trata de un informe que tiene incluso la sangre del santo Óscar Arnulfo Romero.  Es por eso es que no podemos cuestionar este informe; es demasiado doloroso para muchas personas que perdieron a sus familiares, los cuales espero que estén en paz en la otra vida.

 Óscar Arnulfo Romero fue asesinado el 24 de Marzo de 1980  por los escuadrones de la muerte organizados por Roberto d’Aubuisson Arrietal, día que inicia la sangrienta guerra civil salvadoreña. Un día antes de ser asesinado, Óscar Arnulfo Romero apela a la objeción de conciencia de la Guarda Nacional que reprimía al pueblo: “Yo quisiera hacer un llamamiento muy especial a los hombres del Ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles: Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y, ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la ley de Dios que dice: ‘No matar’. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”.[4]

La contundencia de lo señalado lo respaldo con lo explicado en las páginas 132 a la 139 del informe, que se encargan de aclarar el asesinato de Óscar Arnulfo Romero teniendo conclusiones (ver página 138) contundentes: “1. Existe plena evidencia de que: a. El Ex Mayor Roberto d´Aubuisson dio la orden de asesinar al Arzobispo y dio instrucciones precisas a miembros de su entorno de seguridad, atuando como ‘escuadrón de la muerte’ de organizar y supervisar la ejecución del asesinato”.  Cabe destacar que el informe de la Comisión de la Verdad involucra al mencionado señor d’Aubuisson en otros actos delictivos.

La existencia de plena evidencia sobre el asesinato del Santo Óscar Arnulfo Romero elimina la posibilidad de indicar que hay indicios.  Esto lo traigo a mención por la respuesta que el señor Carlos Calleja, candidato presidencial del partido Arena, dio a la audiencia del Interamericna Dialogue[5] ante el cuestionamiento que recibió[6] en el conversatorio sobre la certidumbre en la veracidad de los hallazgos de la Comisión de la Verdad, el cual fue cuestionado inicialmente por la candidata a viepresidencia (y ejemplo del sueño salvadoreño) Carmen Aída Lazo[7]: “Nunca lo negué , dije que son indicios, ya que son las palabras que me recomendó la Iglesia, ya que hablé con mi sacerdote…” (1.07:47-1.07:55. También ver minutos: 1.04:00-1.05:17 y 1.06:11- 1.06.38).

Me gustaría reparar unas líneas sobre esta palabra tan propia del mundo de los abogados: “Indicios”. Si su esposo llega a casa con un perfume femenino, con la camisa llena de labiales, con facturas de hoteles y cenas que no ha celebrado con usted, ¿Qué es lo que tiene? Un indicio, mas no certeza de que su esposo tenga una amante. Puede ser que su esposo tenga otra razón por la cual podría tener estos gastos y cambios repentinos en su manera de vestir (usar labial rojo en la camisa, difícilmente podría ser una moda). Lo curioso es que los indicios no son como una intuición o una corazonada, sino que se trata de un mecanismo probatorio aceptado en todos los procesos y que se puede llegar a una condena en caso de existir suficientes. En todo caso, la investigación contra d’Aubuisson no fue indiciaria, sino que existió plena evidencia de su participación en el asesinato de Monseñor Romero. Esto es algo incuestionable, razón por la cual me parece que la fórmula Calleja/Lazo pueden detener la polarización con simplemente aceptar y pasar de página. Es tan simple – y significativo- como eso.

Un colega economista me increpó que no debía cuestionar lo que hiciera la fórmula Calleja/Lazo, diciéndome que ojalá no siga desincentivando a otros a votar por ellos. Pero mi análisis más que un “no voten por ellos” es un “reaccionen, escuchen otras visiones, no pierdan votos por hacer cosas erradas”. Yo soy una consecuencia de una acción, no la acción en sí misma, por lo que el mensaje correcto es que ojalá que tanto Carlos Calleja como Carmen Aída no sigan tomando decisiones erradas – como la de negar el valor de la Comisión de la verdad- en temas tan sensibles como estos, para no seguir decepcionando, pues de lo contrario, dejaran de ser los candidatos de la esparanza.

Como corolario, ¿se dan cuenta del potencial que tenemos como país si nos unimos en lugar de odiarnos? ¿Se dan cuenta de los regalos que nos pone la vida con esas personas brillantes que traen sus antorchas para iluminar El Salvador? Si nuestro país es una cosa grandiosa, tiene personajes como Arturo Castellanos (único centroamericano “Justo entre las Naciones” por salvar 40 mil vidas de judíos del Holocausto), José Gustavo Guerrero (Primer presidente de la Corte Internacional de Justicia, la corte más importante del mundo), André Guttfreund (ganador del Óscar). Es que El Salvador tiene todo para ganar, solo es de alinear las estrellas, reducir la avaricia, quitar el resentimiento social y el aire de dispair que es fruto del constante “no podés” que se escucha en El Salvador.


Herman Duarte es abogado y escritor.
www.Hduartelegal.com

[1] El detalle de las publicaciones del profesor Ekern puede verse en este enlace.

[2] El 16 de mayo del 2018, tuve la oportunidad de dar una conferencia en el Norwegian Centre for Human Rights de la Universidad de Oslo, titulada: “Marriage for All: a Walk through the Decision and Effects of the Advisory Opinion 24 of the Inter-American Court of Human Rights”.

[3] El informe completo esta disponible en este sitio.

[4] Homilía del 23 de marzo de 1980 brindada en la Iglesia la Divina Misericordia de San Salvador. Monseñor Romero: «debe de prevalecer la Ley de Dios que dice: ‘No Matar’«. (2015, CNN).

[5] Carlos Calleja (27 de septiembre del 2018), Interamerican Dialogue  

[6] Mario Velásquez, Senior Consultant for Innovation and Strategic Partnerships at Latin American Youth Center ( Minutos 1.00:00 – 1.01:30 y 1.06:52-1.07:24)

[7] Ver la entrevista a Carmen Aída Lazo del 18 de julio del 2018 del programa de FOCOS TV. También: Duarte, H. (2018). Carmen Aída, ¿qué puede hacer una vicepresidenta en una democracia?

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