“Quizá la gente estuviera contenta si hubiéramos quitado ‘la renta’ aunque haya 20 muertos diarios”

 Al cierre de esta nota, la segunda de varias que Revista Factum prepara sobre la violencia que abate a El Salvador, en el país habían muerto 190 personas en los últimos cinco días. Eso es un promedio de 38 asesinatos cada día, desde que el alza se hizo evidente, el pasado domingo 16 de agosto. Y ese es el promedio diario más alto en la historia salvadoreña. La mayoría de homicidios, de acuerdo a las autoridades y la mayoría de analistas, están relacionados con el conflicto entre las principales pandillas, la MS-13 y las dos facciones de la Barrio 18, y el Estado salvadoreño. En esta entrevista hablamos del tema con Raúl Mijango, mediador de la tregua entre pandillas (y el gobierno) entre 2012 y 2013.

Vea aquí la galería fotográfica de Frederick Meza sobre las 48 horas que abrieron este nuevo ciclo de violencia.

Desde mediados de 2013, Raúl Mijango, el exguerrillero que asumió como principal mediador de la tregua entre las pandillas y el gobierno del presidente Mauricio Funes, no despacha en las cárceles. Antes de junio de ese año, Mijango tenía entrada libre en todos los penales del país, sobre todo en los que estaban recluidos los principales voceros de la MS-13 y de las dos facciones de la Barrio 18. Esos hombres, condenados la mayoría por homicidios, extorsión y otros delitos mayores, conversaban directamente con él sobre las condiciones de la tregua –Mijango la llama proceso de diálogo y pacificación–. Como el general David Munguía Payés, en 2013 ministro de Seguridad Pública de Funes y hoy ministro de Defensa de Salvador Sánchez Cerén, el funcionario de más alto nivel involucrado en el pacto con las pandillas, Raúl Mijango no duda en aceptar que aquel fue un diálogo con criminales, pero, como el general, insiste en que es el único proceso que ha sido exitoso en la reducción de homicidios en El Salvador. En esta entrevista, concedida en una casona del extrarradio de la exclusiva colonia San Benito de San Salvador, reconvertida en la austera oficina que alberga la Fundación Humanitaria, de la que es director, Mijango revisa la situación actual de violencia, que es la más grave vivida por el país desde el final del conflicto armado en 1992. Él la atribuye a dos cosas: a la decisión del presidente Sánchez Cerén y su equipo de seguridad pública de confrontar a las pandillas con toda la fuerza represiva del Estado, y al surgimiento de nuevos liderazgos –intermedios los llama él- en la MS y el Barrio 18; jefes, asegura, que quieren usar el repunte de violencia para afianzar el poder dentro de sus organizaciones en detrimento de los viejos presos, con los que él, Mijango, se entiende. Al reflexionar sobre los beneficios y costos de la tregua, el exguerrillero y mediador insiste en que, a pesar de todo, ese proceso salvó la vida a miles de salvadoreños –en esto las estadísticas le dan la razón–; y se dice extrañado por el repudio que esa tregua genera a la mayoría de la población. Cuando le recuerdo que las pandillas nunca pararon de extorsionar a los salvadoreños más pobres, Mijango lo acepta, pero dice que el plan inicial era parar los homicidios para luego, con ayuda de dinero estatal, ofrecer otras alternativas económicas a los pandilleros y sus familias. 


 ¿Qué está pasando?

El país está atravesando una de las peores crisis de su historia, resultado de lo que yo he llamado “las dos guerras”. Una guerra, que data desde como hace 25 años en el país, que es una guerra intestina que se libró entre las diferentes pandillas, por disputas históricas y que ya han sometido al país a una grave situación de violencia. Esto se multiplica a partir de junio de 2013 cuando al ministerio de Seguridad Pública llega Ricardo Perdomo con un planteamiento diferente de cómo enfrentar el problema de la violencia. Deja a un lado  el proceso de paz que habíamos iniciado, al que mediáticamente se le conoció como tregua, y nuevamente retoma la acción del “manodurismo”; promueve inclusive reformas al Código Procesal Penal que pareciera ser que eran una especie de licencia para matar por parte de los entes coercitivos del Estado hacia estas estructuras criminales. Eso empieza a expresarse en un incremento en los niveles de enfrentamiento entre los policías y las pandillas, pero en muchos casos algunos de esos supuestos enfrentamientos han sido cuestionados, porque según informes que dan los residentes de muchos de esos lugares, muchos de esos enfrentamientos lo que más han sido son  acciones de aniquilamiento que ha desarrollado el ente policial. Esto va agravando la situación. Se va declarando una especie de guerra más directa entre el Estado y las pandillas y eso es lo que hoy tienes en desarrollo.

El gobierno del presidente Sánchez Cerén ha decidido seguir con la política de enfrentamiento, incluso de una forma más intensa…

Cuando el 5 de enero de 2015 el presidente de la República le declara frontalmente la guerra a las pandillas y dice que ya no dará ningún tipo de espacio, ni retomará ningún tipo de esfuerzo que tenga que ver con el proceso de paz de 2012, y toma la medida de recluir nuevamente en el centro de máxima seguridad a los líderes de las pandillas, a partir de eso, lo que hay es un incremento en los niveles de violencia. A estas fechas (tenemos) una tasa de 74 homicidios por cada 100,000 habitantes… en el caso del mes de junio se sobrepasó los 22 homicidios diarios, una cifra récord que inclusive supera los promedios más altos que durante del periodo del conflicto armado de los años 80 se alcanzó, que fue de 17. La suma de esas dos guerras, la intestina entre las pandillas y la que estas libran hoy con el Estado, han configurado un escenario de violencia muy agudo en el país que se expresa en lo siguiente: hoy los generadores de la violencia han sufrido una mutación. Hoy ya el Estado te aparece como uno de los generadores de violencia, con una contribución que anda entre el 20% y el 30% en la tasa de homicidios que se producen por mes. El mismo presidente aceptó que cerca del 30% de los homicidios eran provocados por efecto de la acción que desarrollaban el Ejército y la policía.

Se entiende que se trata de pandilleros muertos…

Pandilleros muertos. Si a eso le sumas la acción de grupos de exterminio, que de alguna manera también son alimentados por este discurso guerrerista, te configura un escenario de mayor violencia. Lo que ha llevado a esta situación es que el Estado volvió a la vieja práctica de querer enfrentar el problema desde la acción puramente represiva, partiendo de regresar a la vieja lectura de que el problema de violencia en El Salvador es un problema de carácter puramente delictual, y ese es el enfoque equivocado que ha llevado a cometer errores a todas las administraciones que han sucedido en el control del poder ejecutivo; en lugar de resolver el problema lo que han hecho es agravarlo.

¿La administración del presidente Sánchez Cerén asumió el poder con la idea de enfrentamiento frontal con las pandillas o hubo algún momento en que se plantearon retomar la tregua o, al menos, mantener abierta la plática?

Este gobierno surge de una elección en segunda vuelta, (gana) por un margen muy estrecho de votos y eso lo convierte en un gobierno débil. Esa debilidad, yo asumo, han querido de alguna manera solventarla teniendo y desarrollando una acción para quedar bien con todos aquellos que de alguna manera han venido cuestionando las políticas de gobierno. Por ejemplo, quedar bien con Estados Unidos, que siempre fue un opositor a ese proceso que desarrollamos durante 2012. Obviamente Estados Unidos tiene factores concretos de presión, como son los 200 y algo de millones de dólares que están relacionados con el Fomilenio II. Por el otro lado, el gobierno también ha querido satisfacer al empresariado privado, que siempre ha tenido una posición muy crítica hacia estas gestiones, no por razones de valores, sino por considerar que este es un gobierno de izquierda (al que) tienen que buscar la forma de hacerlo fracasar. De igual manera han querido tener satisfecho, por ejemplo, al arzobispo de San Salvador, que ha sido un claro detractor de todos estos procesos, que se ha opuesto a cualquier búsqueda de solución a este conflicto. Han querido mantener contento al fiscal general de la República. En suma, pues, han orientado una labor y una gestión que ha buscado tener satisfechos a sus principales detractores.

El gobierno del FMLN te puede contestar que lo hace para satisfacer a la mayoría de la población que nunca ha estado de acuerdo ni con la tregua ni con el diálogo directo con las pandillas.

De acuerdo. Esta acción busca explotar la frustración, el resentimiento y el odio que de alguna manera las pandillas han generado en una buena parte de la población por el daño que le han provocado… y eso puede ser que a algunos los esté llevando a considerar que, de alguna manera, pueden transformarlo en votos. Puede ser. La gran pregunta es si hay un compromiso por querer resolver el problema, o lo que hay es un simple cálculo político, electoral, detrás de toda la acción del gobierno.

Sos una de las personas que mejor conoce a las pandillas y su evolución. Sabés cómo van pensando y afrontando este proceso de acercamientos y enfrentamiento entre ellas y con el Estado. Conocés su actividad criminal… ¿Qué está pasando en las pandillas? ¿Qué ha pasado con los liderazgos? Algunos de ellos han dicho que quieren seguir dialogando… ¿Comparten eso otros líderes? En suma, ¿cómo evoluciona el pensamiento de la pandilla con la tregua?

La pandilla ha tenido conciencia de su situación desde hace mucho tiempo. Cuando iniciamos con Monseñor Colindres, a finales de 2011 y principios de 2012, la exploración para identificar si había condiciones para generar un pacto que parase la guerra que libraban entre ellos, lo que ellos expresaron es que tenían más de cinco años de estar deliberando sobre ese tema y esperando la oportunidad. Es eso lo que hizo posible provocar ese entendimiento que de alguna manera se expresó en ese pequeño acuerdo, en los tales cinco puntos, donde en primer lugar lo que se hacía era asumir un compromiso de parar las hostilidades entre ellos; segundo, parar todo tipo de acción contra la policía; tercero, contra el Ejército; cuarto, contra custodios de centros penales; y quinto, evitar al máximo víctimas civiles. Hay una evolución importante para las pandillas, primero el tener la capacidad de sentarse frente a frente y en una misma mesa con sus contrapartes. Eso es una tremenda evolución política y de maduración del pensamiento de las pandillas.

Leí la carta que les dirigiste a las pandillas durante el reciente paro de transporte. Me pareció percibir tu escepticismo respecto al compromiso de ellos con volver a un proceso de dejar la actividad violenta…

Por eso el llamado es directo a ellos, a que contribuyan a mejorar las condiciones de seguridad. Apelo a la inteligencia de ellos. Ahora estoy proponiendo: Vaya, esta es la oportunidad, háganlo, demuestren que sí tienen la voluntad, porque va a ser la única forma en la que de alguna manera ellos pueden lograr mover la opinión ciudadana a favor de buscar una solución civilizada a este asunto. Lo que yo tengo ahorita es un diálogo público con las pandillas, porque no lo puedo hacer directamente… allá ellos si toman en cuenta las consideraciones que yo les he hecho.

Pandillero capturado el fin de semana pasado en El Salvador. Foto de Frederick Díaz.

Foto de Frederick Díaz.

Ok. La tregua bajó los homicidios, pero con ella también le diste a las pandillas la capacidad de entender que esa acción justamente, la de bajar los homicidios, la de controlar esa actividad criminal, es su principal carta de negociación. La lógica parece ser: si no hay más tregua nos vamos a matar más gente, incluso agentes del Estado. Es decir, el Estado les da poder político para que controlen su propia acción criminal…

Ese poder ya lo tenían y tenían esa conciencia también. Eso se había demostrado en las constantes mini-negociaciones a las que había llegado el Estado con ellos en las administraciones anteriores.

¿Te referís a las administraciones de ARENA?

De ARENA. Ellos nos contaron las llegadas del «Chele» Bonilla, de (Salvador) el «Pollo» Samayoa, de funcionarios inclusive del FBI. Muchos llegaron ofreciendo dinero, otros ofreciendo facilidades penitenciarias, algunos ofreciendo hasta la libertad, todo a cambio de colaboración, de que hicieran mini-treguas para determinadas épocas festivas. De hecho, ese poder la pandilla ya lo tenía. Nada de lo que está pasando hoy es nuevo. Inclusive, cuando intervenimos con Monseñor Colindres, ellos mismos estaban planificando un paro de transporte en ocasión de elecciones para alcaldes y diputados que se iban a desarrollar el 12 de marzo de 2012. Fue considerando como problema de seguridad nacional esa amenaza, que se tomó la decisión de iniciar el proceso lo más rápido posible, antes de esa fecha, y por eso iniciamos el nueve de marzo. La acción tuvo un efecto: neutralizaron la acción de paro que podía poner en peligro las elecciones. Entonces, venir a atribuirnos a nosotros que el proceso le dio conciencia a las pandillas, que los despertó, eso es mentira. Posiblemente lo reafirmaron, pero de que ellos tenían conciencia de la existencia de ese poder, esa ya lo tenían.

Hablemos de la extorsión, que nunca paró. Aun ustedes, mediadores, dijeron que se trataba de pobres extorsionando a pobres. Eso no ha parado.

Nunca paró.

Entonces resulta difícil creer que ellos son parte de la solución cuando nunca se han comprometido a parar las extorsiones.

Tenés razón. Nunca se comprometieron porque no hubo las condiciones para meter ese tema como parte de la agenda y como parte del proceso. Cuando iniciamos el debate con monseñor (Fabio) Colindres sobre cómo comenzar, llegamos a una conclusión, y yo hoy te puedo decir que quizás nos equivocamos: entrémosle al problema por su expresión más cruel, que es la acción que arrebata la vida de seres humanos. Si esto funciona, entremos después con otro tipo de delitos que ya tienen que ver con lo patrimonial, como el robo, el hurto, la extorsión, etc. (Estos últimos) tienen que ver con un problema de sobrevivencia de la pandilla, pero también tienen que ver con una demanda de la sociedad de que esto se resuelva. Lo que pasó es que las condiciones que habíamos visualizado para llegar hasta ahí no se dieron. No se dieron porque a ese proceso llamado tregua no se le dio tregua; desde que inició se le atacó fieramente para descalificarlo, y de alguna manera eso complicó la posibilidad de que avanzara con mayor celeridad y pudiese expandirse a tocar otros temas que eran vitales. Pero sí abrimos una rejilla. En casos en que recibíamos información concreta de problemas específicos planteados por las víctimas, les pedíamos a ellos (pandilleros) que se abrieran a discutirlo. Yo lo que recogí de esas experiencias fue que había voluntad. En algún momento hablamos con ellos y tocamos el tema de quitar la extorsión. Nos dijeron «discutámoslo. Nosotros estamos abiertos a hacer toda la discusión».

Pero, de parar extorsiones, nunca mostraron voluntad…

…Yo me he cuestionado mucho mi cabeza: cómo es esto que estamos salvando vidas de seres humanos y la población nos rechaza. En una ocasión, hablando con uno de ellos, con uno de los pandilleros, me decía: «Es que usted se equivocó. ¿Usted, nunca se ha puesto a pensar en la lógica del ladrón? Usted no se ha puesto a pensar por qué el ladrón primero pide la bolsa o la vida. Porque el ladrón está consciente de que para la gente es más importante el dinero que la vida». Y aquí eso queda demostrado por el gran grito en el cielo de la gente: como no se ha quitado la extorsión no le importa ni valora el impacto que tiene, la cantidad de vidas que se están salvando. Esto quiere decir que a la gente le interesa más el pisto que la vida. Es algo que a uno lo hace reflexionar. Yo, cuando (el pandillero) me dijo que nosotros no habíamos actuado con la lógica del ladrón, de verdad que lo he reflexionado, porque si nosotros hubiéramos actuado con la lógica del ladrón, si hubiéramos quitado las rentas, aunque siguiera habiendo 20 muertos diarios, quizá la gente estuviera contenta.

Parece claro que el gobierno ha decidido no dar otra respuesta que no sea la confrontación directa con las pandillas. ¿Están pensando las pandillas que esto no tiene vuelta y que entonces aquí nos matamos todos?

Ahí influyen los errores que el Estado mismo ha cometido. Si hay un error, que lo advertimos, es el de recluir al principal liderazgo de las pandillas en máxima seguridad. Ese es un error porque ellos son los que más comprometidos están, o han estado, con la búsqueda de una salida pacífica y política. Ellos fueron de hecho el soporte de ese proceso de los 15 meses. El error que se comete es que cuando a ellos se les recluye, lo que se permite es que el liderazgo intermedio de las pandillas, que es el que está dirigiendo la estructura de calle, asuma mayor poder. Ese liderazgo intermedio de las pandillas durante todos estos procesos no ha recibido ningún beneficio, sino que ha sido el blanco de la acción represiva del Estado. Los mandos medios de las pandillas son a quienes más les costó entender la necesidad de abrir un proceso de pacificación. Ellos son los que hoy le recriminan a su liderazgo haber apoyado ese proceso de paz, porque dieron la oportunidad para que el Estado los conociera y los golpeara. Esta estructura, hoy, comienza a considerar que se le ha abierto su oportunidad histórica de asumir el principal liderazgo de las pandillas. Lo que hoy tienes es un liderazgo intermedio asumiendo la conducción operacional de las pandillas; hay muchos jóvenes entusiasmados que creen que esta es su oportunidad de escalar dentro de la pandillas y la mejor forma de escalar es haciendo la guerra. Ahí hay muchos muchachos que, más que estar aterrorizados como algunos creen, lo que están es entusiasmados por librar la guerra con la cual ellos se pueden consagrar como liderazgo histórico.

Un funcionario de este gobierno me dijo lo mismo: que es gente mucho más violenta, que tiene una nueva ideología, la del enfrentamiento con el Estado por encima de la disputa con la otra pandilla.

Así es. Ellos son los que más se han sentido agredidos por el Estado.

Si eso es así, y esa ruptura entre esos dos liderazgos internos se consolida, no habrá marcha atrás en los ataques a los agentes del Estado…

Están en otra perspectiva de vida ya. Por ahora todo está cortado y quien ha propiciado esas condiciones es el gobierno.

Entonces tenés a un gobierno que no dará tregua y a unas pandillas que no la quieren…

Es que ahí es donde yo pienso que si vas a buscar una solución por la vía del diálogo a este problema tienes que considerar darle al liderazgo histórico un espacio para que pueda reincidir en su liderazgo intermedio. Si no le das esa capacidad, entonces no estás en nada.

¿Aún tiene la ranfla la capacidad de retomar ese liderazgo?

Tiene. Si le das condiciones sí la tiene.

¿Qué gana el que está afuera? Si me has dicho que son los que golpea el Estado…

Sí, pero si es que tú lo que vas abrir es un proceso en serio, real, de solución. El Estado de alguna manera también tiene que ser partícipe de esto, tiene que generar condiciones porque si no las genera igual tampoco estamos en nada.

¿Va a tener ese liderazgo, la ranfla, la capacidad realmente de incidir en el bicho que está afuera? ¿De decirle «hey, calmémonos»? ¿Qué pasa si el bicho que ya se siente más empoderado diga «no, huevos»?

Sí, lo tiene. Yo los he visto enfrentando dificultades de esa naturaleza en otros momentos y las han podido superar, pero si actúas oportunamente… si dejás que esto se diluya en el tiempo, entonces vas a llegar a un momento que ya no vas a ver alternativa.

¿Y ese momento lo ves cerca?

Yo creo que ese momento de alguna manera se puede postergar, o se puede atrasar, en dependencia de cómo los poderes del Estado decidan enfrentar este problema. Si la idea (es) seguirlo enfrentando de la misma manera lo que van a hacer es ir configurando el perfecto escenario de un nuevo conflicto armado en El Salvador.

¿Cómo sería un conflicto así?

Para mí las características van a ser de un conflicto irregular. Va a tener expresiones rurales, semi-urbanas y urbanas que te van actuar con estrategias de fuerzas irregulares que no te van a presentar batalla frontal, porque no están capacitadas para librar batallas por controles de territorios; sin embargo, sí van a tener una gran capacidad de provocar desgaste en las fuerzas vivas y desgaste a la economía.

Por las declaraciones del presidente y de otros funcionarios, insisto, no parece que haya marcha atrás. Ese es el escenario.

Ese parece que es el escenario. Siento yo que están atrapados en su mismo discurso, porque ellos mismos como que se han echado llave y han botado la llave. Sin embargo, el gran problema de ellos es que las estadísticas no les ayudan.

Raúl Mijango en su oficina de la Fundación Humanitaria, en la colonia San Benito de San Salvador. Foto de Héctor Silva Ávalos.

Raúl Mijango en su oficina de la Fundación Humanitaria, en la colonia San Benito de San Salvador. Foto de Héctor Silva Ávalos.

Quiero referirme a las declaraciones recientes del fiscal general, Luis Martínez, quien dijo hace poco en Estados Unidos que había abierto una investigación contras 10 personas que participaron en la tregua. No ha mencionado públicamente tu nombre, hasta donde yo sé, pero digamos que en el ambiente, como dicen, se maneja la posibilidad de que el Fiscal General te esté investigando personalmente a ti y a otra gente, y que incluso tenga la intención de proceder con órdenes de arresto…

El fiscal ha sido uno de los principales detractores del proceso de paz. Desde que él asumió su función entró descalificando el proceso, lo tipificó de hipócrita, y de ahí para allá ha seguido un hilo de pensamiento que siempre lo ha llevado a condenar la acción civilizada del diálogo y la búsqueda de entendimiento como una vía para resolver este problema. Es contradictorio, porque la acción de diálogo con criminales es una práctica permanente en la fiscalía: el ofrecimiento de la figura del testigo criteriado es una negociación entre el Estado y los criminales. Digo esto porque a mí me gusta que de estos temas se hable sin hipocresía. El fiscal viene a negarle a otros que hagamos lo que él hace permanentemente, pero por razones mediáticas; él ha de tener su justificación de por qué se ha manejado así. De hecho, ha abierto una investigación: yo mismo fui citado a la fiscalía a rendir mi informe, y estuve por muchas horas, 11 horas el primer día y 7 horas el siguiente día, rindiendo declaración sobre todo lo que yo conocía relativo al proceso.

Sí hay una investigación. Creo que eso no es nuevo y todos lo que esperamos es que eso no se politice, que se haga de manera profesional. Yo esperaría que el tema de la tregua no vaya a ser convertido en un instrumento de campaña electoral del fiscal para su reelección, porque eso sería pervertir un proceso profesional que la Fiscalía tiene que hacer. Ahora, que por parte de funcionarios el gobierno se me quiera tildar de directamente y responsabilizar sobre los hechos de violencia que suceden, y que se pida a la Fiscalía que de oficio se me investigue, para mí eso es un grito mediático que expresa de alguna manera la frustración y la incapacidad de estos funcionarios, a quienes la camisa les ha quedado algo grande, y que no han sido capaces de rendirle al país resultados positivos en el tema que les corresponder resolver y que ante su fracaso lo que andan es buscando culpables. Eso es un problema de ellos, no mío.

El presidente que estuvo relacionado con esto fue Mauricio Funes, pero siempre parecía que no sabía qué hacer con la tregua. ¿Qué tanto influyó en el fracaso de aquel primer proceso que el presidente no se comprometiera firmemente con esa acción?

Influyó muchísimo y yo siempre demandé que era inconcebible manejar fuera de nuestras fronteras esa acción como una acción de gran éxito y aquí adentro se desconociera y no se asumiera responsabilidad, y se dejara en manos exclusivamente de Monseñor Colindres y de tu servidor la responsabilidad de todo ese proceso. Eso no era justo tampoco.

¿Era un cálculo político?

Por supuesto. Ahora, yo te quiero decir algo. Para mí, si hay un elemento distorsionador de todo este proceso es el factor político-electoral. Han sido los cálculos político-electorales los que han llevado a decidir si se apoya o no este tipo de proceso. Hay que decirlo con franqueza: el factor de violencia en el país ha sido utilizado como un instrumento en la confrontación política que hay entre las principales fuerzas, y la verdad es que mientras esto sea instrumento de polarización esto no tiene solución. Por eso es que es importante despolitizarlo, despartidizarlo. Aquí no hay que seguir en esa lógica necia en la que está el gobierno de que deben de participar todos los partidos. Esto te lo resuelven el Frente y ARENA. Creo yo que si ellos son capaces de asumir el tema con sentido de nación, eso puede ayudar en mucho a resolver este problema de violencia también, porque mientras cada uno ande buscando sacar agua esto en vez de arreglarse se va agravar.

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