En la sociedad salvadoreña están claras las diversas dificultades que una madre tiene que pasar para sacar a sus hijos adelante en un entorno injusto lleno de irracionalidad e impunidad, donde el día a día de muchas mujeres que no renuncian a seguir siendo madres está marcado por las heridas de un conflicto armado aún latente y de una historia que necesita secar lágrimas para hilar un nuevo tejido social.


Lo anterior reseña en parte la vida de Cunegunda Peña, una madre cuya relevancia histórica forma parte del Comité de Familiares de Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos “Marianella García Villas” (CODEFAM), una de las organizaciones que desde el último conflicto armado se dio a la tarea de buscar a sus desaparecidos, víctimas de las agresiones cometidas por agentes del estado de la época.

En la guerra civil que vivió El Salvador entre 1980 y 1992, la madre “Cune” (como es conocida por la demás madres) sufrió el asesinato de sus hijos: Jesús y Jorge Jacobo Martínez Peña, además de su hija, Elizabeth Martínez Peña. Ella recuerda:

“Con ellos tres (hijos) yo me siento un poco tranquila, porque sé que han muerto y no tengo esa incertidumbre de no saber que paso”.

Pero el caso —que según ella la aferra a una vida llena de silencios— es el de otro de sus hijo, Manuel Martínez Peña, quien desapareció un 3 de junio de 1980, cuando se dirigía a una reunión en las instalaciones de la Universidad Centroamericana (UCA). La última pista de su localización le fue aportada por una persona allegada a su familia, quien le dijo que lo había visto capturado-esposado cerca de la Terminal del Sur.

“A veces no tengo esperanza de encontrar con vida a mi hijo. Por lo menos quisiera saber (si es que lo mataron) dónde están sus huesitos.Eso le ayudaría mucho a este país, eso de saber la verdad”.

– Cunegunda Peña

La cotidianidad de las madres salvadoreñas, en muchos casos, forma parte de una línea histórica que cíclicamente repite situaciones de impunidad y desvanecimiento donde lo único que no se desaparece es la incondicional presencia del amor que, en contra de mucho, sigue siendo de madre.

PIE DE FOTOS:

  • Fotografía 1: Manuel Martínez Peña desapareció un 3 de junio de 1980, cuando se dirigía a una reunión en la Universidad Centroamericana (UCA). Personas allegadas a la familia dicen que la última vez que fue visto estaba esposado en las cercanías de la Terminal del Sur.
  • Fotografía 2: Manuel Martínez Peña es uno de los treinta mil nombres de personas asesinadas o desaparecidas, víctimas civiles del último conflicto armado en El Salvador inscritas en el Monumento a la Memoria y la Verdad. “Los nombres de mis otros tres hijitos asesinados ya no me los alcanzaron a poner porque el espacio ya no daba para más”, agrega la madre de Manuel, Cunegunda Peña.
  • Fotografía 3: “A veces no tengo esperanza de encontrar con vida a mi hijo, por lo menos quisiera saber (si es que lo mataron) dónde están sus huesitos. Eso le ayudaría mucho a este país, eso de saber la verdad”, menciona Peña.
  • Fotografía 4: La Madre “Cune”, como es conocida por otras madres y familiares de desaparecidos, relata con facilidad su historia. Esto, según ella, por la necesidad que existe de contar las verdades.
  • Fotografía 5: Diploma de reconocimiento otorgado por David Morales. “Por su extraordinario trabajo desde el Comité de Familiares de Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos ‘Marianella García Villas’ (CODEFAM) y su firme compromiso en la defensa de los derechos humanos”, menciona que le fue entregado por la capacidad para contar su historia de manera precisa.
  • Fotografía 6: “Un día soñé con Manuelito, que lo llevaban en un helicóptero con una piedra amarrada al pescuezo y que de repente lo tiraban al lago. Ahí siento como que él se quiere despedir de mí”, cuenta la madre.
  • Fotografía 7: “El día de la madre es terrible para mí”, menciona, mientras cuenta sobre otros tres hijos asesinados durante el conflicto armado.
  • Fotografía 8: En la pared de la sala de su casa, Cunegunda conserva la fotografía de su hijo desaparecido junto a diplomas de sus nietos y una fotografía con el Procurador Para la Defensa de los Derechos Humanos, David Morales, en una actividad con el gobierno de Islandia.
  • Fotografía 9: Parte del proceso represivo salvadoreño consistía en la desaparición forzada como medio de intimidación y dominación de la población. Según la madre, lo único que se puede hacer es seguir esperando.
  • Fotografía 10: Días antes del 9 de marzo de 1977, Cunegunda fue capturada y recluida en Cárcel de Mujeres. Según ella, los cuerpos de seguridad pensaban que era parte de las fuerzas insurgentes de la época. “Me decían que si colaboraba y les decía toda la verdad, me iban a soltar… ¡ Já! ¡Y yo qué verdad iba a andar sabiendo!”, acota también esta madre, quien quedaría en libertad el 29 de agosto del mismo año.
  • Fotografía 11: Cunegunda es parte de las históricas madres que pertenecen al Comité de Familiares de Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos “Marianella García Villas” (CODEFAM), donde menciona que ha encontrado apoyo en las demás madres que buscan a sus hijos.
  • Fotografía 12: Debido a la debilidad en sus articulaciones y huesos, esta madre ha dejado de cocinar por el riesgo que implica sostener una cacerola.
  • Fotografía 13: Por sus problemas de articulación y huesos, Cunegunda solo colabora en quehaceres domésticos que no requieren mucho esfuerzo, como quitarle el jabón a los platos.
  • Fotografía 14: La madre Cunegunda tiene que ayudarse de un bastón para poder movilizarse, porque le ha sido diagnosticada artritis, producto de haber trabajado toda su vida de planchar y lavar ajeno.
  • Fotografía 15: Cunegunda Peña se hace acompañar de un bastón y la ayuda de la pareja sentimental de uno de sus nietos para poder desplazarse en la calle. Sus familiares no la dejan salir sola por precaución.

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