Ciudadanos volvieron a las calles para protestar contra el gobierno de Bukele 

Más de ocho mil personas salieron de nuevo a las calles de San Salvador para hacer público su descontento por las acciones del gobierno de Nayib Bukele. En respuesta, el mandatario insiste en minimizar al movimiento social que está resurgiendo.

Fotos FACTUM/Natalia Alberto, Gerson Nájera y Loida Avelar


Similar a como ocurriera con la marcha popular organizada en ocasión del 15 de septiembre, de forma independiente u organizados por movimientos sociales mixtos, miles de ciudadanos volvieron a manifestarse en las calles de San Salvador en la mañana del domingo 17 de octubre. 

En la Alameda Juan Pablo II, una mujer que nació en La Unión, pero que se crió en Chalatenango, portaba una pancarta azul de tres metros de largo que llamó la atención porque fusionaba las banderas de El Salvador y Estados Unidos. Esto ocurría mientras un grupo de motociclistas les abrían paso y sonaban a través de sus bocinas una canción de Los Hermanos Flores. Juntos formaban parte de la marcha ciudadana convocada para manifestarse en contra de las medidas adoptadas por el Gobierno en funciones.

“Mi país, mi país… ¡Qué lindo es mi país! Están ahí, las razas, todas en mi país. Cuando al fin todos comprendan que mi país es corazón del mundo… Y por eso canto yo a mi país”, sonaba el estribillo de la canción, en voz de Nori Flores, mientras olas de personas avanzaban. 

Parte de la diáspora inconforme estaba presente, también. Como en el caso de Gardi García, una salvadoreña que reside en California y quien arribó a San Salvador para protestar en contra del Gobierno. García apoya al proyecto que promueve la conformación de un nuevo partido político que intentará concretarse en enero de 2022, tras presentar las firmas requeridas al Tribunal Supremo Electoral. Se trata del partido PAIS, impulsado por un sector de la diáspora que se siente defraudada porque, aseguran, apoyó al presidente Nayib Bukele y ahora se siente engañada. 

“Regresé a mi tierra al ver que nuestra gente está siendo pisoteada de todas las maneras posibles. Hay tantos despidos injustificados. Soy salvadoreña. Tengo 34 años viviendo en Estados Unidos. Soy ciudadana americana, pero cuando me retire, anhelo volver. Eso pensamos muchos salvadoreños”, dijo Gardi, mientras avanzaba junto a otros once compatriotas que comparten sus anhelos de cambiar el rumbo de las políticas públicas salvadoreñas.

Parte de la marcha que recorrió las calles de San Salvador la mañana del domingo 17 de octubre de 2021. Foto FACTUM/Natalia Alberto.

Quienes decidieron tomarse las calles fueron impulsados por distintos motivos que expresaron con pancartas o consignas. Los reclamos apuntaron a temas como la pasividad en la búsqueda de los desaparecidos, el abandono de la comunidad LGTBIQ, la implementación del bitcóin, la socavación del sistema judicial, la concentración del poder, el beneficio de los privados en la Ley de Aguas, en contra de la corrupción y por la justicia de las víctimas de la Masacre de El Mozote.

Jueces, padres con sus hijos, estudiantes, activistas y sindicalistas caminaron y defendieron sus causas, impulsados por diferentes motivos. Al menos 8 mil 300 personas caminaron en bloque para protestar, según las estimaciones realizadas por esta revista, luego de calcular una medida de dos personas por metro cuadrado en el área de cuatro mil metros cuadrados, comprendida entre el laboratorio nacional Max Bloch, al final del parque Cuscatlán y la intercepción de la 25 avenida norte, exactamente frente a la Plaza de La Salud, lugar donde se concentraron los ciudadanos para salir rumbo al Centro Histórico de San Salvador. 

Horas antes de la marcha, la Policía Nacional Civil (PNC) instaló retenes en varias de las vías que dan acceso a San Salvador y detuvieron distintos buses con personas que se dirigían a la marcha. El periodista Jorge Beltrán Luna publicó en sus redes sociales un video en el que se observa cómo agentes policiales detuvieron a un transporte colectivo y realizaron registros. Luego, en su cuenta de Twitter, la PNC publicó que habían decomisado machetes y morteros de alto alcance. 

La Policía también criminalizó la protesta e incluso expuso la identidad de un ciudadano identificado como periodista. “No hay garantías de que las protestas sean pacíficas”, publicó la PNC en sus redes sociales institucionales, un mensaje que fue replicado por los medios de comunicación oficialistas. «Lamentamos que activistas políticos se escuden en la figura ‘periodística’ para llevar a cabo actividades que no tienen ninguna garantía de ser pacíficas», publicó la PNC a través de su cuenta de Twitter.

Durante la marcha, el bloque feminista fue uno de los más organizados, pues llevó un vehículo con sonido y entró al Centro Histórico saltando mientras se escuchaba la canción infantil “En la feria de Cepillín”.

Sus representantes leyeron un comunicado, de manera independiente a un costado de la catedral metropolitana, y no subieron a la tarima instalada sobre un trailer, frente al Palacio Nacional. 

La convocatoria masiva finalizó en la Plaza Cívica con música de protesta y discursos que recriminaban al Gobierno daños a la democracia.

“Vamos a volver a salir a las calles las veces que sean necesarias. Es nuestro derecho ciudadano. ¿Cuál es la ruta?”, sentenció un integrante del Bloque Popular en su intervención en el mismo lugar donde en 1992 se celebró la firma de los Acuerdos de Paz. 

A pocos metros de ese lugar, en el parque Libertad, un pelotón del Ejército se concentró después de la marcha. Luego se dispersaron en pequeñas unidades, junto con policías. 

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