La fotoperiodista y maestra salvadoreña Carla Álvarez estaba en Francia, en Ruan, al noroeste de París, la noche en que comandos del Estado Islámico desataron el terror con atentados en los que murieron 129 personas. En esta crónica, Carla nos cuenta cómo vivió aquellas horas.
11:20 p.m. Una noche tranquila, como todas, o al menos eso creía yo mientras dormía plácidamente en mi cama. Lo último que escuché antes de dormir fue a unos vecinos gritando. Fútbol, pensé. Pero unos minutos después, el vibrador del teléfono me despertó. Un mensaje de una red social. No es raro: son siete horas de diferencia con El Salvador. Seguramente alguien comentando alguna foto o saludándome. Reviso. Una invitación de amistad y una carita asustada, de esos emoticones, con el texto “’porfa’ informa Carla Álvarez”.
El intempestivo despertar me impide entender lo que pasa. «Informa”, ¿informar qué? Empiezo a revisar los comentarios: “Espero en Dios estés bien”. La incertidumbre se apodera de mí. Obviamente algo pasó mientras dormía. Sigo revisando: “Gracias a Dios todos estamos bien. Nosotros estamos a más de 300 km de la capital”. ¡París! Algo pasó. Decido revisar más arriba y veo: “Atentados simultáneos en París”, “Múltiples explosiones y tiroteos”, “Es una carnicería”.

Pancartas y flores adornan una estatua de Napoleón frente a la alcaldía de Ruan, en Francia. «No tenemos miedo porque estamos unidos. Ruega por París», dice la manta grande. Fotos de Carla Álvarez.
¡París! Reviso las noticias empiezo a temblar. 7 grados afuera. El frío se cuela por mi ventana, pero no es eso lo que me hace temblar. Pasan por mi mente los rostros de mis amigos, el miedo. Necesito saber. Sigo leyendo: “François Hollande decreta estado de urgencia y cierre de fronteras» en France 24”. Veo un video. “Mis queridos compatriotas -dice el Presidente galo- ataques terroristas de una amplitud sin precedentes están sucediendo en la aglomeración parisina. Es un horror -hace una pausa. Es mi decisión -inspira profundamente- movilizar todas las fuerzas posibles para que podamos neutralizar a los terroristas…” Sangre fría, pide el presidente, fuerza.
No salgo de mi consternación. El teléfono vuelve a vibrar. Ahora es una conversación y luego otras. “¿Estás bien?” “Sí»,respondo. Sigo revisando las noticias. “Tiroteos en Paris». Le Figaro. El celular vuelve a sobresaltarse, yo también. “¿Todo bien? Supe que hay como 60 muertos en París. ¿Dónde estás?”.

«Dios o Alá es la paz, no la guerra. Somos París», dice el cartel en la plaza de la alcaldía de Ruan.
En ese momento no puedo evitar pensar que este fin de semana iría a París; iba a salir ese viernes según lo planeado. Pero surgió algo y lo dejé para el próximo fin de semana. Dios me quiere, pienso. Pero otro pensamiento me asalta de nuevo. ¿Y mis amigos? Como si me hubiesen leído la mente me contestan: “Jo está bien y la otra mara también”. Inmediatamente envío un mensaje a mi familia para decirles que estoy bien.
Los minutos transcurren. Imposible volver a dormir. Necesito saber. Necesito entender cómo podía estar ocurriendo esta tragedia en este país que me había tapizado los sentidos de hermosas imágenes y aromas otoñales en los últimos días, cómo pasó esto en este país donde decían “se puede salir tranquilamente”.
La tragedia ha puesto a prueba los lemas de Francia: Libertad, ahora reducida; Fraternidad: la gente salvaba a rastras a quienes podían; e Igualdad: los ciudadanos abrieron las puertas de sus casas para acoger a los que no podían movilizarse. Las horas transcurren.
A las tres de la mañana cuando ocurre el “bilan”, el recuento de los daños: Ciento veintinueve muertos y cientos de heridos. La red impregnada de imágenes de terror y vídeos de angustia, que se transformarían en opiniones al siguiente día, y testimonios.
Me había prometido no opinar. Para qué, si bastaba con lo que se podía ver. Pero no pude evitar sentir indignación. Esa misma que sentí la noche anterior, esa que aún me hacía temblar porque a partir de ese momento escuchaba las sirenas. ¿Policía? ¿Ambulancias? ¿Había tantas o es que antes no las notaba? Y es que todo en este país gritaba alerta, hasta el silencio y la calma de los pasantes.
Amaneció gris, frío, como si el duelo nacional hubiese alcanzado el cielo, como si la sangre fría que clamaba el Presidente redundara en el clima. Los franceses callaban en su voz lo que gritaban las redes y los medios locales e internacionales. Se limitaban a decir que estaban bien. El silencio traducía su orgullo: “No les den el gusto de hablar de eso. Eso quieren los terroristas”, decía una francesa. Pero también su silencio callaba miedo ante las noticias que retomaban las palabras de Daesh, el EI, grupo islámico que se adjudicaba los atentados, donde decían que Francia ya no iba a estar segura y que ese sería solo el comienzo. Se respiraba miedo: lo más recomendable, decían, era solo salir a provisionarse de alimentos y resguardarse.
Miedo e indignación, pero sobre todo lo segundo al final de la noche del sábado, cuando circulaban comentarios en las redes que quizá buscaban justificar lo sucedido. “Siria también sufre”, decían. “París vivió lo que vivimos en Siria desde hace 5 años”, dijo el Presidente Sirio Bachar el-Assad. Ese mensaje fue retomado, deformado y hasta plagiado por voces que quizá ni sabían de lo que hablaban, como si el sufrimiento de unos justifica el sufrimiento de otros; como si la muerte de unos valida la muerte de los demás. ¿Ojo por ojo quizá? Poco parece importarles a los que así opinan que esas personas que vivieron una pesadilla y las que murieron en ella no tenían factura alguna que pagar por tantas muertes. “En nuestro país mueren 20 por día”, decían otros, como si fuese algo de lo cual estar orgullosos, como si se tratara de una macabra competencia que le restaba importancia a la tragedia que vivía Francia y sus habitantes. Y mientras opinamos, la Mariana, la efigie que encarna el triunfo de la República, la francesa por excelencia, llora las lágrimas que defienden su libertad.
Carla Álvarez es fotoperiodista y maestra salvadoreña. Es directora pedagógica de la Alianza Francesa en San Salvador. Trabajó en La Prensa Gráfica. Actualmente está en Francia.

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1 Responses to “Así lloró la Mariana”
Un español adelantó esto http://www.caesaremnostradamus.com/Lo20cumplido_archivos/Crisis migratoria Europa.htm