Terminé el 2025 como menos esperaba: sin empleo. Pero antes de lamentarme por mi situación quiero sincerarme y decir que hubo muchas veces en las que quise renunciar, sin embargo, el desempleo, como una situación real, significa, desde mi posición de clase, la precarización de mi vida.
Vivir esto en una coyuntura en la que la política y la economía han tomado rumbos cuestionables y decepcionantes —y aunque la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) afirme que hay una reducción de desempleo del 4.65 %— mi olfato periodístico me dice que muchos de los más de 140,600 desempleados que se registran (al menos hasta 2024) son profesionales de las áreas humanistas.
Inesperadamente, la notificación de mi separación de la empresa en la que trabajé durante diez años me dio un poco de alivio en medio de la incertidumbre y la ansiedad que provoca el solo pensar en cómo sobrevivir al futuro y resignarme a empezar de nuevo ante la falta de espacios para encontrar un trabajo que no implique sacrificar mis principios, mi ética y mi visión de mundo.
Meses antes, vi mi vida reflejada en los primeros párrafos de la novela Apocalipsis Bebé, de Virginie Despentes, la cual adquirí en 2022 y había retomado por falta de tiempo para leer. En ella, su personaje principal, Lucie, dice:
“Hoy tengo el mismo salario que hace diez años. Entonces me parecía que me las iba arreglando. Al cumplir los treinta, mi ánimo ya no era el mismo, aquel aliento que me animaba se vino abajo. Ahora sé que la próxima vez que salga al mercado laboral voy a ser una mujer madura no cualificada. Por eso me aferro a mi puesto como si se me fuera la vida en ello”.
Cualquier parecido con la realidad, incluso salvadoreña, se debe al amplio entendimiento de la sociedad de Virginie Despentes, una de mis punkis favoritas.
Tres meses después, siendo parte del 7.2 % —es decir, el quinto grupo de salvadoreños de desempleados, esos que estamos, según la EHPM, entre los 35 y 39 años— no sé si podré regresar a trabajar activamente en un espacio fijo que me brinde todas mis prestaciones laborales como periodista. Pero pienso que debo entender que, aunque me apasione mucho esta profesión, es el mundo en el que vivo fuera del trabajo —el de la música y el arte visual— el que me ha ayudado a mantenerme siempre auténtica, con un pie en la tierra y otro en los sueños y a comprender que ser periodista es solo una forma de ganarse la vida; una muy privilegiada, además, y para la cual soy muy ágil. Es decir, no cualquiera se gana la vida recorriendo el país, conociendo gente y lugares que, ante los ojos de otros, pueden ser muy interesantes o nada relevantes; platicar y contar lo que dijeron, lo que vi, investigué y sentí; y disfrutar cada parte del proceso, que muchas veces toma más de las ocho horas laborales establecidas en contrato.
Por ello, mantenerme siempre en este mundo fuera del periodismo me ha demostrado que hay alternativas para subsistir, a través de los proyectos paralelos que creé y que Guillermo del Toro siempre recomienda tener a la mano. Ahora ya no hay ocho o doce horas que me detengan, y mucho menos llevo el peso que se carga cuando tu apellido o referencia se convierte, durante mucho tiempo, en el nombre de la empresa para la que trabajas y que te obliga a guardar ciertas posturas (aunque en mi caso nunca guardé posturas, y quizás eso fue un problema varias veces).
Por ahora, me alegra volver a representarme a mí, a mi nombre completo, con todas sus letras, sus aciertos y errores, que cargan el peso de su pasado, lo disperso de su presente y la esperanza o desventura de su futuro: Menly Jazmín Cortez González.
Lo sostenible que pueda ser este nuevo inicio se forja porque no he parado de producir ni de tocar puertas de las personas que creen en mí y en mi trabajo cosechado con el tiempo.
La música, como siempre, me ha impulsado a mantener el rostro levantado, me ha arrullado y me ha inspirado a luchar todos estos días. También fue la motivación principal para hacer este texto y buscar publicarlo para compartirles una lista de canciones “en caso de perder la cabeza”.
La playlist está en Spotify y está conformada por once piezas musicales. Aquí te comparto cinco de estas canciones, esperando que te ayuden si estás pasando por la misma situación.
Heaven knows I’m miserable now — The Smiths
Esta canción me ha recordado por qué “la reestructuración de la empresa” me cayó como anillo al dedo. Me traslada a mis 24 años, cuando no sabía cómo lograr trabajar de lo que estaba estudiando ni dónde demostrar lo capaz que era, abrazando mi experiencia más importante en la vida: ser punk.
Porque sí, el punk me llevó a la fotografía, y la fotografía al periodismo. Recorrer San Salvador desde todos sus puntos cardinales solo por diversión fue mi principal prueba de experiencia, y lo demostré en mis inicios y durante estos diez años.
¡Por favor! Date siempre un poco de crédito, joven periodista, si lees esto. Nunca te sientas inexperto aunque no tengas los inexplicables mil años de experiencia que pide cada empresa privada de este país. Siempre ya has hecho algo: valoralo, defendelo y presumilo.
Y bueno, el punto de sentirse miserable tras meses o años en el mismo espacio laboral es relativo. Algunos aman la cotidianidad de las oficinas; otros aún no sabemos si nos gusta del todo, pero lo aceptamos con sus pro y sus contra, cuando es necesario.
To have and have not — Lars Frederiksen and the Bastards
En este sistema capitalista y en los gremios laborales, los “títulos” según contrato pesan… Y mucho.
Pero para mí, mi nombre —sin el “licenciada” (que sí lo soy), sin “fotoperiodista”, o en otros casos “maestra”, “doctor”, “editor”, “CEO”, etc.— ya tiene peso. Como dice Virginie Despentes en su ensayo King Kong Theory: “No hay nada más interesante que ser Virginie Despentes”. En este caso, Menly González. Y solo por eso no significa que no se tengan metas laborales o que sea conformista, porque el éxito —he aprendido— es relativo.
En mi caso, crear todo lo que quiero, sin censura y basado en lo que aprendo, reflexiono y siento, ya sea en texto, foto, música, poesía o collage, ya es un éxito. Si no encuentras el espacio donde puedas ser lo que realmente sos, crealo, construilo. Más pronto que tarde otros querrán ser parte de ese espacio. La experiencia funable de Vice News es un ejemplo; también The New Yorker o incluso proyectos locales que han tenido que reducir sus trabajos y salir del país… Más de algunos quisimos ser parte de ellos.
T.G.I.F — Le Tigre
Al salir por la misma puerta por la que entré durante diez años, la primera canción que busqué para abrazarme a mí misma fue esta tremenda pieza del proyecto alterno de mi mejor amiga Kathleen Hanna.
“En cinco años no vas a recordar haber sido despedida o lo que sea, y hasta entonces y para siempre ESTOY ORGULLOSA DE ESTAR ASOCIADA CONTIGO”, dice el primer párrafo. Me recordó que ser rechazada o excluida puede ser un verdadero sentimiento de libertad.
No hay nada malo en mí. Ni en vos tampoco. Está bien cambiar y ya no encajar, o nunca encajar. No dejés de buscar o construir un espacio donde tus capacidades sean realmente apreciadas y valoradas (no solo con una palmadita en la espalda).
Motorbreath — Metallica
“Sí, la vida es justo lo que parece: dura, pesada, sucia y cruel”, canta James Hetfield. Pero hay que vivirla con el aliento “a todo motor”, porque no hay nada más motivador que vivir rápido y morir joven (pero porfis, no tan joven).
Lo que quiero decir con esta frase trillada, llena de adrenalina y un poco violenta, es que hay que aprovechar la oportunidad.
Porque sí: el desempleo es también una oportunidad, pese a todo lo malo que representa. Solo se vive una vez, y es importante tenerlo en cuenta como para andar preocupado por el qué dirán sobre cómo decidís vivir este momento. Ya sea disfrutando el tiempo libre, dedicándote a aprender otra cosa, gastando tu indemnización en ocio o cosas para las que antes no tenías tiempo, o incluso en lo que decidís hacer para sostener tu vida y la de tu familia.
Es más: si escuchás malos comentarios al respecto, tómalos como publicidad gratis. En estos tiempos, promover negocios o proyectos es caro.
U should not be doing that — Amyl and the Sniffers
Esta canción dialoga con Motorbreath, porque también habla de no tomarle importancia al qué dirán. Tu vida ya es demasiado dura como para sumarle más razones para estar depresivo, preocupado o sin tranquilidad.
El desempleo también es un momento de radiografía: de entrar en vos misma, de introspección, de trabajar desde ahí y crear proyectos o ideas que te ayuden a avanzar.
Es una oportunidad para trabajar en tu valor, en reconocerlo; para mejorar lo que ya hacés o ensayar lo que quisieras hacer. Es trabajar 24/7 en vos.
Esta banda australiana tiene otro hit que puede sumar ánimos: “I’m not a loser”. Te exijo que la escuchés también.
Durante el desempleo, creo firmemente que debemos ser un poco egoístas y pensar más en nosotras y nosotros mismos, en cuidarnos en todos los aspectos, porque es crucial para continuar.
Tómate el tiempo necesario para sanar el burnout, la decepción o la impotencia —cualquier sentimiento que tengas— para seguir adelante. Este es un momento para dejar de esforzarte tanto y simplemente ser libre, como diría Lana del Rey en “Swan Song”.
Terminar este año e iniciar 2026 sin trabajo es difícil. En realidad, ningún momento es oportuno para no tener trabajo.
Por ahora, a través de este texto que surgió tras semanas de reflexión —y porque mi cerebro de periodista me exige convertirlo en un producto publicable— quiero solidarizarme con quienes están en mi misma situación.
Recuerden: sí, para el sistema seguimos siendo un número que se coloca en estadísticas o estudios; pero seguimos siendo personas e historias sentipensantes que buscan construir desarrollo desde la trinchera que decidamos retomar. Lo que sentís ahora es válido. Y así como yo saldré adelante, ustedes también lo harán.
→Playlist abierto a sumar canciones o cambios←
*Menly Cortez González es una artista visual y fotoperiodista de larga experiencia. También es co conductora y co productora del podcast Rucas Raras. Su cuenta de X es: @MenlyCortz.
Opina