No somos delincuentes

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Llevo más o menos 10 años cubriendo, desde mi cine documental, las voces de las víctimas de nuestras grandes tragedias que compartimos en Centroamérica: la migración, la trata, los desaparecidos, los desplazados, las víctimas de la guerra civil, las víctimas de la guerra actual de las pandillas. Pero hace dos años tomé una pausa, sentía que de tanta frustración mi alma estaba perdiendo luz y cada vez me afectaban de forma negativa las problemáticas que cubría, me llenaban de frustración y no sentía que hacía lo suficiente. Dejé de ver esa luz que me alumbraba el final de mis relatos documentales y eso para mí era perder la esencia de mi forma de contar historias.  Esta columnadocumental nace de la recuperación de esa luz, nace después de dos años de pausa y reflexión y de haber estado involucrada en proyectos que trabajé directamente con la comunidad, perdón, con “esas” comunidades rojas de alto riesgo. En resumen, como me dijo una colega cineasta muy querida, encontré la luz en esos donde uno menos espera encontrarla. La encontré en los jóvenes de esa generación que esta debajo de la mía. En esa generación que está creciendo con estigmas, esa generación abandonada y muchos de ellos a la deriva.

Me di cuenta de que siempre estuve buscando respuestas, contando historias de mis antepasados, en el pasado, el cual nunca voy a dejar de revolver y azuzar, y observé que poco comprendía a las nuevas generaciones de jóvenes a los que les estaba dejando un legado, y que solo dejándoles mis documentales les hacía más dura la carga. Comencé hablar con ellos y ellas, a escuchar sus historias, duras la de la mayoría; comencé hacerme preguntas, a sacar teorías, a implicarme: en ellos y ellas volví nuevamente a ver esa luz que había perdido, esa luz que me motiva a contar historias. Encontré en ellos relatos de vida que, como siempre, superan la ficción, historias que callan: por miedo, por vergüenza, por temor, porque nadie les pregunta… encontré en ellos y ellas mucha fuerza y sobre todo muchas ganas de cambiar sus barrios y su país. Encontré la esperanza en donde menos lo esperé.

De esto va mi columnadocumental que saldrá todos los jueves a partir de hoy.

Cada jueves voy a contarles la historia de uno de estos jóvenes que crecen en barrios de alto riesgo, el bajo mundo como le llaman muchos.

Uno de esos jóvenes me comentó en una de las entrevistas que un policía le había dicho que ellos, todos ellos, los que vivían en esa comunidad, eran unas ratas. Al terminar la frase, el joven no pudo seguir hablando: las lágrimas de rabia le brotaron y me dijo con mucha fuerza que ellos no eran ratas, que ellos no eran delincuentes, que ellos eran jóvenes, que estaban tratando de salir adelante a pesar de que todo lo tengan en su contra.

A ellos esta columnadocumental. Gracias por devolverme las ganas de hacer cine, de contar historias, sus historias.


Soy Vida es una campaña que cuenta las historias de jóvenes salvadoreños que viven en comunidades estigmatizadas y denominadas de “alto riesgo”, pero que a través de sus actos, valores,  intereses, sueños y esfuerzos decidieron no formar parte de la violencia que vive El Salvador y luchar contra los estigmas que la sociedad les ha impuesto. Cada jueves, la cineasta Marcela Zamora trae una de estas historias en sus columnas documentales.

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#Soy Vida

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4 Responses to “No somos delincuentes”

  • Gracias Marcela por darnos a conocer cómo puede impactar el baile en estas comunidades y el cambio que se puede generar, gracias por iluminarnos con un poquito de tu luz, éxitos para tu «columnadocumental» y estaré esperando todos los jueves cada una de estas historias.

  • Éxitos con este gran proyecto, sabemos que impactará mucho al pueblo salvadoreño, principalmente a los y las jóvenes que viven, en estas comunidades estigmatizadas. Bendiciones.