«Mulder, el internet no es bueno para ti…»

La cadena estadounidense Fox acaba de relanzar “Los expedientes secretos X”, los X-Files, la serie de culto de los 90 que redefinió la ciencia ficción, el suspense televisivo, las teorías de la conspiración, la paranoia… 


Es lugar común entre los críticos de cine y televisión de los Estados Unidos decir que la industria del entretenimiento audiovisual se ha quedado sin ideas nuevas desde hace dos décadas, y que las parrillas de programación de las grandes cadenas (NBC, ABC, CBS, FOX) se quedó seca después de los prolijos 90, que trajeron series como Seinfield, Friends, Los Simpson, Los años maravillosos, ER, Twin Peaks o NYPD blues, cada una, de alguna manera, punto de partida o llegada en géneros tan disímiles como la comedia, el drama y el horror. Con la llegada de internet y del streaming, las grandes cadenas dejaron de ser dueñas y señoras de la creatividad que había languidecido durante los 2000, salvo notabilísimas excepciones como The Wire. Fue primero en las cadenas de cable y más recientemente en servicios como Netflix que guionistas y directores volvieron a desprenderse de la basurilla para arriesgarse con asuntos más experimentales, personajes más complejos y tramas menos almidonadas. Las cadenas grandes intentan regresar a un mercado que ya no está marcado por la televisión de la sala familiar, pero las ideas, parece, siguen sin llegar; una de las opciones ha sido volver a las viejas glorias, como ha hecho FOX con Los expedientes secretos.

Los X-Files, heredera en muchos sentidos de Twin Peaks de David Lynch, empezó en 1993 y terminó 9 años después, en 2002. Recorrer la serie es, a veces, como leer una antología disímil de cuentos de terror; como tener en el mismo libro “El cuervo” de Allan Poe, “La horror de Dunwich” de Lovecraft y “Pantera en jazz” de Carlos Fuentes mezclados con historias de serie B. Y recorrer la serie es, también, repasar una y otra vez la obsesión estadounidense con los ovnis y las teorías de la conspiración en prolongadísimas tramas que no terminan nunca de resolverse.

A mí, en lo personal, siempre me gustó más lo primero, lo de los episodios inconexos, unidades en sí mismos, creados alrededor de ideas excéntricas o temas clásicos del terror literario.

Trailer del relanzamiento de X-Files.

Genial me parece, por ejemplo, Grotesque, el episodio 14 de la segunda temporada, en el que Mulder y Scully persiguen a un asesino en serie poseído por el espíritu de una gárgola. El concepto artístico del episodio y la construcción dramática de la mini-trama son, de nuevo, un excelente cuento de terror. 0 Humbug, el número 20, también de la segunda temporada, en que los agentes tienen que investigar, de nuevo, una serie de asesinatos en un circo plagado de personajes excéntricos, terroríficos, pero también entrañables.

Con el paso de los años, la serie se adentró más en el tema alienígena desde la premisa de la conspiración: Washington, sus fuerzas oscuras empeñadas en ocultar la verdad sobre los extraterrestres, haciendo la vida imposible a Mulder, obsesionado por el pasado de su padre con los ET y por la abducción de su hermana. En todo ese rollo, lo mejor fue siempre la evolución de ese agente, Fox Mulder, al que el actor David Duchovny fue dando más profundidad conforme el guión exigían más y más locura.

Y fue también destacable la fineza con que Chris Carter, el creador de la serie, y sus guionistas manejaron casi siempre la tensión sexual entre Mulder y su compañera de fórmula, la agente Dana Scully, interpretada por la actriz Gillian Anderson. Cuando los vericuetos del guión llevaron a la consumación del romance, el asunto perdió fuelle.

Pues los X Files han vuelto. FOX produjo seis episodios de los que ya se transmitieron tres. Los dos primeros fueron una visita a la vieja obsesión y la consabida trama; ambos estuvieron, eso sí, salpicados de interesantes guiños a la actualidad, como esa línea en la que Mulder, advertido por un funcionario del Pentágono sobre las consecuencias de divulgar material clasificado, suelta: “Yo sé quién es Edward Snowden”. Volvió a ser grato, además, ver a Fox Mulder revivir, en la pantalla, la química con Scully; eso sigue intacto.

Trailer del tercer episodio de la 10a temporada.

Visto eso, pensé, el asunto no iba a pasar de ser un entretenimiento más; nada relevante. Hasta que llegó el tercer capítulo del relanzamiento, titulado “Murder and Scully met the were-monster”, que es una de las piezas televisivas mejor escritas y más ingeniosas que he visto últimamente. “El internet no es bueno para ti…”, le dice Scully a Mulder al ver a su compañero obsesionado con un Smartphone último modelo; deliciosa parábola de las sonrisas idiotizadas que deambulan por el mundo pegadas a un teléfono. El capítulo ha empezado con Mulder cuestionándose en dos frases, frente a fotografías de viejos casos, toda la validez de sus investigaciones; el hombre de piedra que alguna vez encontraron con Scully en un desierto, por ejemplo, resultó ser en realidad parte de una estrategia publicitaria.

El capítulo es una secuencia de absurdos y guiños montados alrededor de la historia de un hombre que se convierte en reptil. En realidad no es un reptil –“eso es racista”, dice el monstruo a Mulder- y no está claro si el adefesio se transforma en hombre o al revés… Y esa historia central nos hace distraernos de un asesino en serie, este sí un ser humano, que al ser capturado por Scully pretende recitar su historia para explicarnos como llegó a ser tan malo como el mismísimo Hannibal Lecter pero ve frustrada su intención cuando la agente lo para en seco: “Asesinos en serie, viste a uno los viste a todos”, se queja Scully. Pero antes Mulder se ha emborrachado con el hombre-lagartija… Todo es una exquisita burla de la estupidez con la que los agentes se han encontrado en el mundo después de una década de ausencia.

Por lo adelantado en la extra del próximo episodio, el asunto volverá al redil principal, el de la gran conspiración. Habrá que ver.

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