¡Houston, tenemos una solución!

Cómo cambian las cosas, ¿no?

Hace un año, el equipo nacional de fútbol de Costa Rica llevó al límite del sufrimiento a la poderosa Holanda en los cuartos de final de un mundial en el que «La Sele» se convertiría en la gran revelación del torneo.

372 días después, la cosa es muy distinta.

Costa Rica se vio superada por El Salvador en buena parte del tramo del juego celebrado el sábado por la noche en Houston y que terminó empatado 1-1, dándole así un total de dos puntos a ambas naciones.

«La Selecta» es el equipo más joven de la Copa de Oro 2015 (con un promedio de edad de 24.8 años), y además se trata de un equipo que se vio obligado a reinventarse luego del escándalo por los casos de amaños de partidos y que derivó en castigos múltiples para algunos de los jugadores más importantes de la pasada generación.

Dado ese cruces de caminos entre exitosos y fracasados, la lógica previa indicaba que Costa Rica ganaría con facilidad. Pero hay quienes desprecian los guiones previsibles. El 1-1 hace justicia, aunque no detalla a la perfección la igualdad en aspectos más importantes que el simple reparto de puntos. Lo notable es que una joven camada de salvadoreños igualó a Costa Rica en cuestiones que requieren más profundidad de análisis, como la posesión y circulación del balón, las jugadas claras de gol generadas, el eficaz cierre de las bandas para no pasar demasiados apuros defensivos y, finalmente, algo que no puede medirse con tantas estadísticas: la garra, el empuje, esas ganas de arrastrar las posibilidades hasta el feudo de la paridad, donde todo fuera posible… Aquello que derivó en que el equipo buscara el gol incluso cuando todo indicaba a «que se perdería, como siempre».

No fue así.

Jugaron como casi nunca. Y empataron como siempre han soñado ganar.

estadística ESA CR

Las estadísticas del juego (El Salvador en azul, Costa Rica en rojo).

En realidad El Salvador sí ganó algo que podría ser incluso más importante, si enfocamos la mirada en el futuro. El equipo se ganó el respeto. Y no solo el respeto entre sus pares deportivos. Esta precoz «Selecta» debería gozar de mayor respeto de parte de su propia afición, la misma que la masacraba con burlas y comentarios desde la comodidad del escepticismo.  

Y hablo principalmente de la afición que aún radica en el país, porque la que apoya desde Estados Unidos nunca falla. Ayer volvieron a lo de siempre, a convertir un estadio yanqui en una extensión de aldea pipil. Ayer, en el BBVA Compass de Houston, Texas, se disparó la locura cuando Dustin Corea anotó el gol en el minuto 92, esa misma zona horaria en la que estamos acostumbrados a recibir los goles lapidarios, para luego habituar el descontento con burlas, memes y cotidiana decepción.

Pero el juego que El Salvador ha mostrado en dos partidos oficiales de esta Copa de Oro invita al optimismo. Se percibe un crecimiento de carácter en un equipo al que le faltan las posibilidades que le sobran a sus competidores. Ayer Costa Rica salió a comerse a El Salvador en los primeros minutos. El pressing tico de los primeros minutos fue aterrador, pero El Salvador guardó la compostura y poco a poco se fue soltando y agarrando confianza. Entendieron que podían sacudirse el asedio si le hacían ver a los ticos que el miedo es contagioso y también podían infectarse.

Sorpresivamente, la Selecta lanzó repetidos balonazos largos que encontraron casi siempre a los buenos movimientos de Irving Herrera, el único delantero del 5-4-1 de Roca. El punta del Santa Tecla le ganó repetidamente las espaldas a los defensores ticos, les inyectó una buena dosis de miedo y estos se vieron obligados a recular. Aquello abrió mayores espacios y fue entonces que Darwin Cerén comenzó a comerse a Celso Borges, fue entonces que Alex Larín y Jaime Alas comenzaron a desplegarse más hacia el frente, fue entonces que Arturo Álvarez pudo gambetear con siniestras intenciones por la banda derecha. El primer tiempo de la Selecta es lo mejor que hemos visto de la gestión de Albert Roca al frente del equipo salvadoreño.  

Hay detalles que hablan muy bien del trabajo de Roca en cuanto a la preparación de los partidos. Por ejemplo, el gol salvadoreño llegó a través de una jugada a balón parado. Y ya antes el equipo había dado muestras de que se trabaja en ese punto. En un tiro libre indirecto, también desde la banda izquierda, la mayor parte de los rematadores corrieron hacia el primer poste, dejando entrada libre para que, desde la retaguardia apareciera Darwin Cerén y disparara apenas desviado. Históricamente, El Salvador no se ha destacado por la estrategia y la táctica fija. Llena de optimismo para un equipo destinado a enfrentar a rivales superiores y en partidos en los que no siempre tendrá demasiadas ocasiones para anotar.  

Falta por mejorar con la deuda histórica: el aspecto físico.

Ayer hubo jugadores que destacaron por su doble función. Jaime Alas en especial. Quizás no fue el más peligroso o punzante en ofensiva, pero jamás abandonó a Larín a la hora de defender esa banda izquierda. Eso fue una sensible mejoría en comparación con el debut frente a los canadienses. Y luego, al cierre del juego, Jairo Henríquez mostró que también puede ofrecer un arma extra cuando el juego requiera de vértigo y velocidad.

No puedo dejar de mencionar que el gol costarricense llegó debido a una apuesta arriesgada de Mendoza que no pagó como esperaba. Son detalles que evidencian la falta de madurez, así como también el nerviosismo que Derby Carrillo mostró en ciertas jugadas claves.

Por último, tres cosas que no tienen tanto que ver con análisis del juego de la «Selecta»:

  1. Marrufo no es Satanás, aunque se le parece. Si en verdad somos justos, de haberse concedido el penal (por el que tanto lloraron Hernancito y Tom Coreas) hubiera sido un cobro bastante baratito. Y el gol salvadoreños nació de una falta inexistente. Eso no quiere decir que el árbitro (Marrufo) nos echó la mano. Al contrario. El fútbol está lleno de jugadas que parecieran intrascendentes (faltitas y tarjetas aquí y acuyá) con las que un árbitro puede hacer que una cancha se incline para que el viento sople mejor donde quiera.
  2. Costa Rica está en aprietos. La última jornada se juega en Toronto y su rival será Canadá. Una derrota y tendrían que rezar porque El Salvador también caiga (y que la «Selecta» termine con una peor diferencia de goles), más una combinación de resultados estrambóticos en los otros grupos, para arañar un lugar en la siguiente ronda como uno de los mejores terceros lugares.
  3. Jamaica, el próximo rival de El Salvador, venció 1-0 en agonía final a Canadá y es líder de grupo. Además es el que mejor nivel ha mostrado en el Grupo B del torneo. Albert Roca debe encontrar la alquimia correcta para asumir el mayor desafío físico y atlético que su equipo ha enfrentado en partidos de esta importancia. Pinta complicado.

 

¿TE HA GUSTADO EL ARTÍCULO?

Suscríbete al boletín y recibe cada semana los contenidos en tu email.