Hacer lo que debemos

Desde que me preguntaron mis cinco deseos para este año que inicia, he estado tratando de pensar en situaciones, objetivos, propósitos y necesidades que tengo para mí y para mi realidad en El Salvador. Debo ser honesta: no siento mayor cosa. Ni siquiera un poco de poesía para escribir bonito. Lo único que he estado deseando para mí, con la esperanza que todos deseen lo mismo, es más conciencia.


Revista Factum acaba de cumplir un año en funciones y se han escrito tantos artículos de opinión con muy buenas reflexiones, en política, educación, seguridad, economía… materias urgentes y básicas para toda sociedad. Y volviendo a leer la mayoría de esas publicaciones, me doy cuenta que el capital humano sobra, la capacidad de hacer mejor las cosas, también sobra, la inteligencia y creatividad local es competitiva, las amistades internacionales las tenemos, los mecanismos de evaluación y seguimiento de metas ahí están con las manos y chequeras abiertas. No nos falta nada, solo conciencia de hacer lo que debemos.

Estando afuera del país unas semanas, me he encontrado con salvadoreños en todos lados (y latinos de otros países también) haciendo fila para el banco, respetando el estacionamiento de silla de ruedas, botando el papelito de un dulce en el basurero, cambiando pañales en los sitios indicados, fumando solo donde es permitido y usando el cinturón de seguridad aunque vayan solo a la esquina. En fin, haciendo todo lo que en El Salvador nos vale porque nuestra conciencia solo funciona ante los ojos externos.

En nuestra tierra estamos acostumbrados a resolver como nos da la gana, cuando se nos antoja y pasando por encima de quien sea o permitiendo que nos pasen por encima los demás mientras nos quedamos viendo, acostumbrados a los análisis de realidad con la señora de la tienda de la colonia o haciendo activismo de chupadero después del mascón con los cheros. Y de ahí no pasamos.

Debo aceptar que terminé el 2015 con una profunda decepción por la mentalidad de país, viendo empresas que se llenan la boca y sus redes sociales diciendo que apoyan al país, que quieren potenciar y capacitar a los talentos nacionales, que están dando oportunidad a los más jóvenes y a los mayores de 40 años (que en El Salvador son profesionales ancianos y si no se independizan no trabajan) mientras siguen velando por sus ganancias nada más, medios que recitan listados de sitios de asalto, quejándose de la creciente inseguridad, mientras promueven a los mismos funcionarios que siguen dando muestras de corrupción, defendiendo por omisión a quienes deberían ser investigados. Es una decepción por quienes pelean por ideologías partidarias, mientras las pandillas engordan sus contactos y zonas de control, coleccionando más y más víctimas. Seguimos dejando que el talento se vaya a buscar tierras fértiles donde sí es valorado y aprovechado. Las conciencias que pueden ayudar, lo están haciendo de lejos.

Tengo un par de meses de estarme preguntando por mis propósitos para 2016 y solo he podido responder que, sin importar los demás, yo debo estar más pendiente de mis acciones e intenciones. Creo que gran parte del problema es seguir esperando que el vecino o el político cambie. No importa si nadie se da cuenta del bien que hago, si nadie me aplaude por pagar mis impuestos cuando hay tantos que evaden, si no merezco premios o me gano la lotería por buen karma; mi obligación es tener congruencia entre lo que pienso, digo y hago.

Lo mismo deseo para los demás y para un país con amaneceres y atardeceres de calendario, playas infinitas, gastronomía y pueblos de película, talento de sobra y sonrisas eternas. Un país que no merece estar vendido como parcelas de finca a intereses oscuros, negado en justicia y ahogado en muertes porque cada gobierno debe peores favores que el anterior y se siguen escudando en “eso no me toca a mi”, «los otros también lo hicieron».

Repito: conciencia para hacer lo que cada uno debe, aunque haya caminos más fáciles. Ese es mi deseo. A todo nivel.

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