[Y me solté el cabello, me vestí de reina,
me puse tacones, me pinté y era bella
Y camine hacia la puerta te escuché gritarme
pero tus cadenas ya no pueden pararme
Y miré la noche y ya no era oscura
era de lentejuelas…..Y todos me miran, me miran, me miran,
por que sé que soy fina, porque todos me admiran,
Y todos me miran, me miran, me miran,
por que hago lo que pocos se atreverán,
Y todos me miran, me miran, me miran,
algunos con envidia pero al final,
pero al final, pero al final… todos me amaran]
La canción de Gloria Trevi («Todos me miran«) sonaba en unas bocinas a las que se les exigía sacudir el polvo de una ciudad que apenas se despertaba con el rocío y el gris de su mañana templada. Diez de la mañana en el Paseo de la Reforma, una de las avenidas más importantes del Distrito Federal, la capital mexicana que se alistaba a realizar la «XXXVll Marcha del Orgullo Lésbico, Gay, Bisexual, Travesti, Transexual, Transgénero e Intersexual (LGBTTTI)», una actividad que cada año convoca a activistas y simpatizantes de la causa por la exigencia de igualdad de derechos para todo ciudadano o residente en México que practique la diversidad sexual.
Curiosos a miles, también. La marcha convoca siempre a miles de fisgones que llegan a comentar sobre las caravanas. A mirar, a mirar, a mirar, como canta Gloria Trevi. Con el pasar de las horas ellos poblarían los bordes de Reforma para contemplar el paso de las reinas y su diversidad. Treinta mil de ellas, según el conteo publicado por la Secretaría de Ciudad Pública del DF.
La marcha de este año era muy especial debido al contexto político y legislativo.
“Las parejas homosexuales se encuentran en una situación equivalente a las parejas heterosexuales, de tal manera que es totalmente injustificada su exclusión del matrimonio”.
La frase anterior es la posición que la Suprema Corte de Justicia de México dio a conocer la semana pasada, cuando la primera sala, encargada de conocer asuntos civiles y penales, estableció que las leyes de cualquier estado del país que consideren que la finalidad del matrimonio “es la procreación y/o que lo defina como el que se celebra entre un hombre y una mujer, son inconstitucionales”.
La CSJ incluso fue más enfática en su posición:
“Pretender vincular los requisitos del matrimonio a las preferencias sexuales de quienes pueden acceder a la institucional matrimonial con la procreación es discriminatorio, pues excluye injustificadamente del acceso al matrimonio a las parejas homosexuales que están situadas en condiciones similares a las parejas heterosexuales”.
Dicha resolución abre la puerta en gran medida para la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo en todo el país, y no solo en la capital mexicana, en Quintana Roo y en Coahuila, como había sido permitido hasta el momento. El hecho fue celebrado por los organizadores de la marcha, como dejó en claro Héctor Almaraz, integrante del Comité Incluye-T, quien desde el monumento del Angel de la Independencia tomó el micrófono para declarar que «la marcha es para festejar los logros obtenidos y para ampliar el espectro de derechos civiles y su protección. Es necesario continuar protestando y luchando por que en toda la República se garantice y promueva el matrimonio igualitario, la ciudadanía incluyente, el derecho a la identidad de género y la no intromisión de las autoridades religiosas en asuntos del Estado, que es laico».
¿Se imaginarían a diputados salvadoreños, identificados claramente con los colores y logos de sus partidos políticos, marchando y acompañando la marcha de la comunidad LGBTI de El Salvador? Pues en México sí ha comenzado a suceder. Partidos políticos de largo arrastre en el país –como el PRI y el PRD– se sumaron a la marcha.
«Es la primera vez de manera histórica que el PRI, el Partido Revolucionario Institucional, en el DF, marcha en este contingente. Y me siento muy orgulloso porque han sido logros que hemos tenido en el colectivo LGBT. No es un logro de partidos (políticos). Es un logro de la gente y es un logro de la militancia priista de la diversidad sexual».
– Rafael Ramírez Arana, titular de la Secretaría de Diversidad, Igualdad e inclusión del PRI en el DF.
[Escucha las declaraciones a Factum realizadas por Rafael Ramírez Arana, titular de la Secretaría de Diversidad, Igualdad e inclusión del PRI en el DF]

El monumento del Ángel de la Independencia fue el punto de encuentro principal desde el que partió la XXXVll marcha del Orgullo Lésbico Gay, Bisexual, Travesti, Transexual, Trasgenero e Intersexual (LGBTTTI) en México DF, denominada «Nuestra Ciudad Orgullosa de sus identidades diversas». Foto de Orus Villacorta.
El punto de reunión fue el Ángel de la Independencia. Ahí se montó un pequeño escenario donde hubo presentaciones musicales y de danza. Atrás del monumento se fueron colocando poco a poco las carrozas principales que amenizarían el desfile. La alta densidad poblacional del DF hace que ocurran conglomeraciones peculiares. En cuestión de una hora, este punto de la ciudad pasó a recibir miles y miles de personas que llegaban a participar en el evento.
El volantaje proliferaba por doquier. Lo mismo recibías un folleto con la Cartilla de Derechos de las Víctimas de Discriminación por Orientación Sexual, Identidad o Expresión de Género, como también recibías un afiche para acudir a «Galáctica, la Fiesta Queens de México» o para conocer la corsetería y lencería de Piscila. Y al comienzo había gobernado la música de Gloria Trevi y Juan Gabriel, ahora, tres horas después, el DF transmutaba a la música trance y se convertía en un rave ambulante.
Tres mujeres transgénero se apostaban al pie del Ángel y llamaban la atención de quien las mirara. Hasta se formaban filas para poder posar y fotografiarse con ellas. En dirección al monumento de la Diana Cazadora se apostaban distintas agrupaciones. Una de las más llamativas era la de practicantes del BDSM (cuyas siglas significan bondage, disciplina, dominación, sumisión y sadomasoquismo). «Nosotros somos los practicantes de todas las filias con las que ustedes sueñan por las noches. Nosotros somos las que las realizamos», comentaba al micrófono –y entre risas– el portavoz de la agrupación. En esa cuadrilla predominaba el cuero negro, los látigos, las cadenas y los trajes policiales.
«Penes… penes… ¡Hermosos y deliciosos penes! ¡Quién va a querer su pene», voceaba un vendedor que ofrecía paletas en forma de pene a un precio de 20 pesos. Era inevitable sonreír ante su táctica para lograr la atención del mercado.

Un «party bus de las estrellas» circulaba mientras en su cabecera saludaban actrices y figuras del entretenimientos de reconocida trayectoria, como por ejemplo las actrices Elizabeth Álvarez, Fabiola Campomanes, Yolanda Montez «Tongolele», y las conductoras Cynthia Urias, Luz Elena González y Cynthia Rodríguez. Foto de Orus Villacorta.
Muchos vendedores aprovecharon la marcha para hacer negocio. Banderas multicolores a 50 pesos, capas para protegerse de la lluvia (que no llegó) a 10 pesos, antifaces rosados a 20 pesos y hasta productos de sex shop (dildos, lencería, condones y lubricantes). La calle se había convertido en un inmenso tianguis y carnaval de diversidad sexual.
Entre lo más llamativo destacaba también la creatividad para el vestir. Disfraces, maquillajes, body paint y cosplays de lo más inusual. Tres vikingos alienígenas mostraban orgullosos sus pechos de luchadores, mientras un ángel gay ondeaba la bandera multicolor con orgullo.
Una carroza decidió incluir un pole dance en el que mostrarían sus destrezas distintos exponentes. Incluso hasta distintas agrupaciones de iglesias cristianas manifestaron su apoyo a la actividad, como por ejemplo la Comunidad de Esperanza «Casa Mixta» o la Misión Cristiana Incluyente, que mostró una pancarta que decía «Dios pintó mi vida de colores».
Y pese a que el DF prohibe ingerir alcohol en la vía pública, la marcha poco a poco fue infiltrando los brebajes respectivos con los que el nivel de la fiesta alcanzaría el clímax deseado.
La Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF) aplicó un operativo de seguridad y vialidad con 1 mil 200 elementos de la Subsecretaría de Operación Policial, 340 de Control de Tránsito, 169 de Participación Ciudadana, 47 de la Jefatura del Estado Mayor Policial, 190 vehículos y un helicóptero del Agrupamiento Cóndores.
Si su misión era evitar el consumo de bebidas alcohólicas, bien podría decirse que el operativo fracasó estrepitosamente. Incluso el comercio informal vendía cinco latas de cerveza a un precio «de oferta» de 100 pesos. Y aquello servía para surtir a los que no previeron llevar sus propias bebidas, como un grupo de marchantes que compartía su tequila libremente y ante el escrutinio general.

Un integrante de la comunidad LGBTTTI de México bebe tequila en plena marcha. Foto de Orus Villacorta.
El evento inició a las 10 de la mañana. La marcha comenzó a circular a partir del mediodía rumbo al Zócalo del Centro Histórico, donde las actividades llegarían a su fin –sin ningún percance que lamentar– a eso de las 7:00 de la noche.
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