Para muchos, la beatificación de Monseñor Óscar Arnulfo Romero representa el culmen y redención del martirio de un profeta que nunca se cansó de denunciar las injusticias sucedidas durante los años setenta. Sin embargo, viajando en retrospectiva y releyéndolas en la actualidad social, si las denuncias que Romero cada día exigía se detuvieran, aún seguirían vigentes. Actores, fines, intereses políticos o económicos habrán cambiado, pero el meollo de la denuncia sigue vigente. Por levantar la voz, acusar y denunciar las injusticias y violaciones, Romero fue asesinado. No hay duda de que si el obispo aún viviera, se mantendría juzgando la situación social actual.
A continuación presento cinco denuncias que Monseñor realizó durante su arzobispado. Se trata de una fuerte crítica y que ahora, 35 años después de su martirio, aún se mantiene tan viva, y desgarrando a la familia salvadoreña, generando zozobra, desconsuelo y una sensación de caos social.
1. Denuncia que haya tantos desaparecidos
Desde principios de los años setenta, miles de salvadoreños fueron desaparecidos por los cuerpos de seguridad. Bajo la excusa de que serían investigados, estos eran remitidos a cárceles clandestinas donde recibían fuertes torturas. Cerca de ocho mil personas aún forman parte de la lista de desaparecidos. Y ahora, en la post-guerra, los números de los desaparecidos por el accionar de las pandillas también se mantienen en números rojos: solo en 2014 hubo 1 mil 843, según datos oficiales.
Monseñor Óscar Arnulfo Romero, al recibir el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Lovaina, pronunció el 2 de febrero de 1980 las siguientes palabras:
«Son realidades cotidianas, cuya crueldad e intensidad vivimos a diario. La vivimos cuando llegan a nosotros madres y esposas de capturados y desaparecidos, cuando aparecen cadáveres desfigurados en cementerios clandestinos, cuando son asesinados aquellos que luchan por la justicia y por la paz».
2. Denuncia los asesinatos
Durante la guerra civil, los bandos enfrentados eran los cuerpos de seguridad contra los movimientos populares y guerrilleros. Sin embargo, ¿son las pandillas los nuevos autores materiales de una represión social, al cometer tantos asesiantos? Aparentemente, sí.
Ellos mantienen en zozobra a la ciudadanía, asesinan, roban, amedrentan, amenazan, violan. En un universo paralelo, durante los años setenta y ochenta, a quienes les caía esa denuncia era a los cuerpos de seguridad. Ahora, el caos social generado por las pandillas podría leerse tan solo como una degeneración dentro de la democracia. Podría considerarse a los pandilleros como parias que quieren destruir la paz social, pero dentro de una óptica más supra, ¿serán los pandilleros utilizados como lo fueron los cuerpos represivos durante el conflicto armado? ¿Existen otros intereses a partir de este caos? ¿Puede el diálogo más que la represión devolverlos o llevarnos, más bien, a la anhelada paz?
Monseñor Romero apuntaba en su última homilía:
“Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y, ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la ley de Dios que dice: ‘No matar’.”
–Homilía del 23 de marzo de 1980
“Qué triste leer que en El Salvador, las dos primeras causas de muerte de los salvadoreños son: la primera es la diarrea y la segunda… es el asesinato… Después de la señal de la desnutrición, la diarrea, está la señal del crimen, el asesinato. Son las dos epidemias que están matando a nuestro pueblo.”
– Homilía del 9 de septiembre de1979
3. Denuncia a la desigualdad, la injusticia social
Según el Banco Mundial, cerca del 25 % de la población salvadoreña se encuentra en pobreza crónica, y según la CEPAL, el 45.3% de la población vive en pobreza. La brecha social que divide a los sectores sociales es cada vez más grande.
Romero consideró que las desiguales sociales eran un motor decisivo para que existiese violencia durante los años setenta, y en comparación con esos años, la pobreza aún mantiene altos números, siendo esto un factor de riesgo para la violencia actual.
“No me consideren un juez, ni un enemigo. Soy simplemente el pastor, el hermano, el amigo de este pueblo, un amigo que sabe de sus sufrimientos, de sus hambres, de sus angustias y, en nombre de esas voces, yo levanto mi voz para decir: no idolatren sus riquezas, no las salven de manera que dejen morir de hambre a los demás. Compartan, para que ustedes y todos sean felices.”
– Homilía 6 de enero de 1980
«Ya basta de sufrimientos para el pueblo… Yo no me cansaré de señalar que, si queremos, de veras, un cese eficaz de la violencia, hay que quitar la violencia que está a la base de todas las violencias: la violencia estructural, la injusticia social, el no participar los ciudadanos en la gestión pública del país»
– Homilía del 3 de septiembre de 1979
«¡Qué terrible es el hambre! Se presta a las tentaciones lo que dice Medellín: «las tentaciones de la desesperación». ¿No explican así, acaso, queridos hermanos, tantas manifestaciones de violencia?»
– Homilía del 5 de agosto de 1979
4. Denuncia al agresor, la violencia y dar soluciones
Si a Monseñor Romero le tocase dar una opinión sobre la violencia actual, la posible solución a la cual apuntaría, según sus homilías, fuera hacia la búsqueda del diálogo junto a una reestructuración de economía nacional que lleve a la inclusión de grupos sociales disminuidos.
En este contexto, Romero hubiese hecho una extensa crítica a la famosa “Tregua entre pandillas”, ya que si la intención inicial de este diálogo tenía buenas intenciones, la degeneración a la que ha llegado, hubiese hecho que el obispo tuviese una postura crítica.
“No trabajen sólo por reivindicaciones que hoy son y que mañana sólo pueden dar vuelta; y las que ahora sufren la represión, la persecución, mañana, si no cambian sus corazones y sus mentes, pueden ser los opresores y los represores de otros tiempos».
– 5 de agosto de 1979
“Yo quisiera decirles que todo esto, ¿quién no lo ve?, son síntomas de una crisis y de una injusticia estructural en nuestro país. Las cosas no se pueden arreglar con represiones, con violencias. Es necesario profundizar en un diálogo que verdaderamente sea diálogo. No monólogo en defensa de un sólo modo de pensar, sino diálogo en el cual se va dispuesto a buscar la verdad y a deponer actitudes por más queridas que parezcan. Si no es así, no podremos salir de esas raíces de donde brotan tantas cosas desagradables»
– Homilía 17 de junio de 1979
5. Denuncia al consumismo
Por último, bajo el espíritu de la una iglesia pobre, Monseñor Romero criticaba fuerte al consumismo como un acto alienante en las sectores medios y bajos de la población.
“Si hay una enfermedad en el pobre y en la clase media para abajo, esta es la enfermedad más terrible: ser víctima de la sociedad de consumo. Querer tener ya su televisor, querer tener ya también sus recepciones como las tienen los de más arriba, querer disfrutar la vida aún sin tener lo necesario para subsistir. El espíritu de pobreza es la mejor manera de conjurar esas tentaciones que aniquilan a la familia y la felicidad del hombre»
– Homilía 15 de julio de 1979
Detalle de las imágenes:
Foto 1
Mural de desaparecidos en Medicina Legal.
Foto 2
Familiares de desaparecidos presentan denuncia en Tutela Legal, frente a Monseñor Romero.
Foto 3
Tumba clandestina de pandilleros en Usulután.
Foto 4
Asesinato de conductor de ruta 113 por no pagar renta.
Foto 5
Misa y denuncia de asesinato del padre Ernesto Barrera, en 1978.
Foto 6
Pandillero asesinado en autobús mientras asaltaba.
Foto 7
Comunidad La Chacra.
Foto 8
Romero denuncia injusticia social y pobreza en comunidad la Chacra San Salvador.
Foto 9
Comunidad La Cuchilla, en Antiguo Cuscatlán, frente a Torre Multiplaza.
Foto 10
Pinta en 25 avenida norte.
Foto 11
Monseñor Romero se reúne con Presidente Molina.
Foto 12
Aniversario de Tregua, Apopa 2013.
Foto 13
Comunidad Modelo, kilómetro 3 calle a Planes de Renderos.
Foto 14
Romero con feligreses.
[Las imágenes de Monseñor Romero fueron tomadas del siguiente video, «The Last Journey of Óscar Romero», disponible en Youtube]
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