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Arturo Menéndez: “Para hacer cine tenés que olvidarte de que sos salvadoreño”

Silver Spring. Huele a pop corn. El olor, que se escapa por la rendija entre las dos hojas de las puertas acristaladas del Silver Theatre del American Film Institute (AFI), en los suburbios de Washington DC, evoca cine. El olor, común a cualquier sala de cine del mundo, se fuga hoy de un teatro inusual: esta es una de la principales salas de cine-arte en los Estados Unidos, y en el mundo. Hasta aquí suelen llegar las películas cuyos títulos no alcanzarán las marquesinas de los multiplex, esos monstruos de 20 salas en los que habita el Hollywood plagado de repeticiones, lugares comunes y, hoy por hoy, de los superhéroes de Marvel y DC comics. Hasta aquí llegó, entre el 18 de septiembre y el 8 de octubre, la 25a edición del festival de cine latinoamericano. Aquí se estrenó, el sábado 4 de octubre, «Malacrianza», el primer largometraje del director salvadoreño Arturo Menéndez, que es también, vista la brevísima historia cinematográfica de El Salvador, la primera película salvadoreña de ficción que entra al circuito de festivales internacionales en… bueno, la primera que entra en décadas.

Menéndez llega a nuestra cita frente al Silver Theatre poco después del mediodía del 30 de septiembre. Ha arribado desde México un día antes, donde ha vivido los últimos dos años y donde, junto a consagrados de la postproducción cinematográfica mexicana -que montaron sonido a “Sexo, Pudor y Lágrimas” o le han producido al oscarizado Alfonso Cuarón-, terminó de hacer su “Malacrianza”. La mirada de Menéndez no se desprende de la marquesina luminosa del AFI; sus ojos vuelven acaso a un post que había hecho en Facebook la tarde anterior: una foto de él frente a la entrada del teatro y un texto que consigna lo mucho que le hace feliz ver su nombre en esas letras brillantes. Aquí se estrenará “Malacrianza” dentro de cinco días.

André Guttfreund, otro cineasta salvadoreño, ganador del Oscar al mejor corto dramático en 1977 por su película “En la región del hielo”, camina junto a Arturo Menéndez hasta la marquesina. También han caminado juntos por “Malacrianza”: Guttfreund es productor creativo del filme.

Cuando nos sentamos en un restaurante tailandés, a unos 200 metros del AFI, ya Menéndez y Guttfreund habían vuelto a patear la sala principal del complejo de cines -lo hicieron por primera vez la noche anterior-. Y se han vuelto a poner nerviosos: 400 butacas. Muchas. 400 boletos que habrá que vender para el estreno mundial de “Malacrianza”. Ahí, junto a Josh Gardner, el curador que llevó la película de Menéndez hasta el programa de AFI, Guttfreund habla de un ciclo vital: él, tras ganar el Oscar, fue el primer salvadoreño en ser miembro oficial de la Asociación; Menéndez es el primer coterráneo en presentar producto salvadoreño en un festival de AFI.

Guttfreund ya es conocido en este restaurante. Desde anoche, jueves 29 de septiembre. Aquí cenaron él y Menéndez después de su primera visita al AFI, y aquí empezó el productor su caza de espectadores: invitó a dueños, meseros y comensales a ver, el sábado siguiente, la película sobre Don Cleo, el personaje protagonista de “Malacrianza”.

Este es Silver Spring, les cuento, en el borde sur-central del condado de Montgomery, ciudad vecina a Wheaton y Langley Park, dos de los enclaves más importantes de salvadoreños en las vecindades de la capital de los Estados Unidos de América. No deberían, aventuro, preocuparse por llenar la sala: los salvadoreños son, por aquí, muy agradecidos y viven, siempre, ansiosos de consumir lo que lleve la etiqueta Hecho en El Salvador. Cosas buenas. Buenas. “Malacrianza”, además -esto lo sabré luego-, está muy cerca de una historia muy cotidiana, la de la migración hacia el norte, la de las extorsiones que obligan a dejar la tierra para probar en lugares como este.

 *Para leer la crítica que Héctor Silva Ávalos escribió sobre «Malacrianza», dale click al siguiente enlace.

Antes de hablar de la post producción hablemos del proceso creativo inicial, sin contarle a la gente de que se trata…  ¿De qué va Malacrianza?

Arturo Menéndez: Fijate que todo comenzó cuando estábamos con Carlos Figueroa en Meridiano 89. Estábamos editando un videoclip y de repente llegó alguien, un conocido de Carlos, y nos empezó a contar una historia que le había pasado, que tiene que ver con el tema de la extorsión. A mí me llamó la atención la historia. El hombre nos dijo: «si ustedes quisieran hacer algo con esta historia háganlo, porque yo me voy a ir del país».

¿En que año fue esto?

AM: Me quedé con esa historia en la cabeza. Fue en el 2009… pasó el tiempo y un día me puse a escribir y fue que salió un primer borrador. Luego me decidí, porque era fácil de hacer, fácil de producir. Un día conocí a André y le conté que tenía ese proyecto, que era un proyecto que era en la calle, y lo que le había pasado a este señor y a André le interesó. Conseguimos incluso alguien que nos quería dar un financiamiento, que nunca se dio del todo, porque nos había prometido mucha plata en algún momento, lo cual nunca se dio como nos había dicho.

André Guttfreund (AG): Pero nos dio $7,000…

AM: Sí, pues sí… pero nos enganchó de alguna manera, pero en ese tiempo se dio lo de la lluvia esta y  se nos vino abajo el proyecto.

(La tormenta E-12, que en octubre de 2011 inundó 10% del territorio salvadoreño, y obligó a cerca de 45,000 salvadoreños a vivir temporalmente en albergues, también hizo de “Malacrianza” una damnificada más. Debido a las lluvias, que se prolongaron casi dos semanas, Arturo Menéndez y su equipo tuvieron que parar de filmar. Ese equipo inicial contaba, por gestiones de André Guttfreund, con el fichaje de Watt Loyd, el director de foto que filmó “Sexo, mentiras y vídeos” y “Empire Records”, una de las primera películas de Liv Tyler. Pero mucho faltaba aún para que “Malacrianza” se convirtiera en película acabada. Lloyd, que solo llegó a colaborar en la preproducción, no pudo volver. Llegaron otros).

¿Cómo llegó Salvador Solís a la película?

AM: Lo conocí porque hace tiempos hicimos un corto y también lo conocí en publicidad.

¿Cómo se hace grande un actor salvadoreño?

Ambos responden al unísono:  Costa Rica.

¿Haciendo cine?

AM: Haciendo televisión y cine, y teatro. Él tenía una serie de televisión bien famosa allá..

Arturo Malacrianza 1

Arturo Menéndez junto con André Guttfreund, poco antes del estreno en Washington de «Malacrianza».

Me interesa ese ejemplo, el del actor, y obviamente el de ustedes. Están a punto de estrenar esta película en Estados Unidos con un actor que es de buen nivel, pero son todos de alguna manera salvadoreños exiliados, lo que me lleva a la pregunta, que es obligatoria, sobre la imposibilidad de hacer esto en El Salvador, ¿pensás que algún día vas a llegar a El Salvador y hacer tu cine ahí?

AM: Pues ahorita todavía no, pero tengo esa esperanza, y no solo a nivel de actuación…

No, por eso, a tu nivel, el de director, productor…

AG:  Yo estoy trabajando para eso, para crear una mini industria, y espero que en el futuro alguien como él (Arturo) decida quedarse y hacer cine en El Salvador…

Pero Cinema Libertad la hiciste ahí…

AM: Ajá.

¿Todo?

AM:Todo.

¿Sí se puede entonces?

AM: Sí.

¿Cuál es la diferencia entre una película y la otra, en tu proceso creativo, en hacerlo o no en El Salvador?

AM: Fijate que yo sí he visto cómo han ido cambiando las cosas. Con mi trabajo veo como yo también crezco. Mi pensamiento, mi punto de vista, todo. Creo que entre película y película pues uno va viendo una evolución en cuanto al gusto. Uno va aprendiendo con el tiempo, y creo que el hecho de que André haya llegado a El Salvador es también importante porque no solo llegó a halagarme… sino que vino a retarme.

Malacrianza parece más complicada que Cinema Libertad, pues sabías desde el principio que los retos de producción iban a ser mayores…

AM: Totalmente. Esto lo empezamos sin plata. Tenía $2,000 en mi bolsillo. Para un largometraje $2,000 es nada. Con eso digamos que empecé, en efectivo. Pero con el tiempo fue creciendo. Meridiano me puede prestar el equipo, pero a veces no podían porque tenían compromisos comerciales. A veces solo tenía un lente 50, y con ese lente 50 a ver qué podíamos hacer… para un día completo de rodaje. Son cosas que en la película tal vez sí las vas a notar en algún momento, porque es una película a la cual a la hora de la producción le hicieron falta más recursos. De alguna manera con la postproducción se pudo arreglar. Hoy la ves y ves ciertas cosas, pero no es una película mala o fea técnicamente. Tiene un estilo visual.

Viva México, cabrones…

¿Cuándo deja de ser un proyecto que ibas a sacar a como diera lugar, prestándole equipo a cheros, y pasa a ser algo en lo que tenés suficiente para decir “ya tengo el recurso, ya tengo los elementos para hacer un largo”?

AG: Bueno, el guión ya era para un largo.

AM: Sí, es que el guión ya era para un largo, pero ya el momentito en que la película dejó de ser la película entre amigos fue el momento en que me fui a México, creo. Porque en El Salvador estaba bien cruda. Una película bien cruda.

¿Te vas a México por la película?

AM: Bueno, me voy con un primer corte. Hacemos un primer corte en El Salvador y yo le contaba André que tenía un amigo en México con el que fuimos compañeros de la universidad, que yo veía en Facebook, y como que estaba produciendo algo en México.

¿Salvadoreño?

AM: No, mexicano. Pensé: “le voy a llamar a este, tal vez tiene algún contacto para postproducción”, porque desgraciadamente en El Salvador postproducción para cine no hay. Mi amigo me dijo “tráete la película, la quiero ver”. Y yo en ese momento ni plata tenía como para decir que me iba a comprar un boleto a México. Allá como a las dos semanas me vuelve a escribir: “¿qué paso con la película?” Pensé: “voy aprovechar si me está ofreciendo, qué dundo soy.” Tenía ahí un mi pistillo, (y pensé) me compro mi boleto para una semana y me quedo en la casa de mi chero y, si no pasa nada, veo a mis amigos…

¿Qué llevabas?

AM: La película y como $400.

¿La película qué era?

AM: Ah, un primer corte. Un disco duro.

AG: Para ser justos, la película, no importa qué tan cruda, era ya la mejor ficción salvadoreña que se había hecho, tal como estaba.

¿Usted ya la había visto?

AG: Sí, sí. Muchas veces. Estábamos trabajando juntos en todas las facetas. Cuando él estaba en México estábamos trabajando en El Salvador toda la edición, haciendo ajustes, y también con todo lo de la traducción, el subtitulado… Él también tenía que hacer trabajo en México para comer… El proceso nunca paró.

AM: Estaba crudo… el sonido… de repente escuchabas por allá que alguien hablaba, o una conversación en un restaurante… escuchabas todo el ruido alrededor.  Había cosas que me daba pena mostrarlas. Si la primera vez que la mostré en México pensé que me iban a sacar de la sala de edición. Pero no, mi sorpresa fue que para la noche que llegué, el productor, que es Santiago García, me dijo “comenzás el lunes a reeditar, te quedás 15 días más… no te preocupes, ya veo cómo te pongo en algo». Después de eso pasó el tiempo y me fui quedando, y poquito a poquito le pusieron más recursos.

«Malacrianza» los fue enamorando…

AM: Sí. Entró el productor Álex García, que es ahora uno de los productores de cine más grandes de Latinoamérica. Ya tiene más de 72 películas. Él es el dueño de AG Studios, que es Itaca Films, que me estaba apoyando con ciertos recursos: por ejemplo, pusieron al editor de “Japón”, la película de Carlos Reygadas. Pues me pusieron al que editó esa película, que ha ganado un Ariel. El diseñador de sonido de “Cantinflas”, esta nueva película, es el mismo diseñador de Malacrianza. El que hizo la corrección de color de “Sexo, Pudor y Lágrimas” es el que hizo la corrección de color de Malacrianza. En México también entró una productora canadiense, “Ciruela Pictures”, que gracias a ellos pudimos terminar de pagarle a los actores y al crew, y me dieron un sueldo a mí. Entonces ya me alivianaron en ese sentido. Fue como una bolita de nieve.

¿Profeta en la tierra?

¿Quién está haciendo cine en El Salvador?

AG: Hay gente con mucho talento que está tratando de hacer cosas, pero aún no se pueden hacer largos por falta de recursos. Se están haciendo cortos, y los cortos han ganado premios y han ido a festivales… Arturo es verdaderamente el único guionista que tenemos ahorita, el único guionista bueno. Pero tenemos buenos cineastas de documental, que para hacer ficción tienen que entrenarse, porque es una sensibilidad totalmente distinta: trabajar con actores, la dirección de arte, todas esas cosas…

AM: En ficción creo que estamos en pañales en El Salvador. En documental estamos un paso más arriba. Está Marcela (Zamora), está Paolo (Hasbún), está Mario Juárez. Hay varios documentalistas que son muy buenos.

AG: Aun Tatiana Huezo, que está en México pero es salvadoreña. El documental de ella es de lo mejor hasta ahora. “El lugar más pequeño» se llama. Fabuloso.

Hay talento. No hay recursos.

AG: Nadie ha creído en esto. Creen que es un juego, que no es algo serio. Por el malinchismo nuestro también (se cree) que cosas buenas como estas se hacen en otros países.

Quizá es un poco injusto compararnos con Costa Rica, por un tema de recursos. Pero Guatemala tiene, tal vez no una industria, pero  produce uno o dos largometrajes al año. ¿Es un chip cultural? ¿Por qué en Guatemala sí hay quien le meta medio millón de dólares a una película y en El Salvador no?

AG: No tengo idea. Pero han tenido una escuela de cine por 10 años. Y estuvieron en el festival Ícaro hace 15 años.

Pero empezó así, ¿no? Como ahora empieza Arturo…

AG: Pues sí, pero yo solo he visto una película guatemalteca que se compara en calidad, en honestidad, en mirada, a Malacrianza. Por tanto, no solo porque ellos lo han hecho por 15 años quiere decir que no los podamos alcanzar rápido.

Arturo Malacrianza 3

Welcome to Washington

AFI es un escaparate inmenso, ¿cuáles son las expectativas de distribución después de esto?

AM: Seguir con la ruta de festivales. Hay una persona que se encarga de eso. Es una chica noruega; ella tiene una ruta trazada. Ahí depende de adonde nos acepten o no. Pensamos que la mejor fecha para estrenar en San Salvador, que obviamente San Salvador es un tema grande para nosotros, es Semana Santa o mayo.

¿Diciembre muy pronto?

AG: Sí, muy pronto. Porque tenés 4 o 5 festivales. Si lo estrenás en El Salvador terminás  festivales y también te puede comprometer la distribución en Estados Unidos y Europa, así que hay que ser muy cuidadoso.

Explíqueme eso.

AG: Los distribuidores quieren determinar dónde se empieza con una película como esta, porque es un arthouse movie. En la mayoría de ciudades solo hay una sala de cine que enseña películas como esta. Queremos que esté en Boston, Nueva York, Seattle, Portland, Washington, San Francisco, que tienen una trayectoria para que se vuelva una bola de nieve. Y si se estrena en otro lugar, eso inmediatamente lo hace menos especial que cuando se estrena en los mercados que verdaderamente tienen impacto. En Sundance, por ejemplo, ellos quieren ver esa primera película salvadoreña: Robert Redford fue de las personas principales en darle dinero al Frente  durante la guerra.

¿Cómo te imaginas el estreno en San Salvador? ¿Cómo fue el de Cinema Libertad?

AM: El de Cinema Libertad fue grande. Agarró tanto impulso en bien poco tiempo. Creo yo que a esta le tocaría algo similar o más.

¿Y por qué agarró tanto impulso Cinema Libertad en aquel momento?

AM: En su momento, porque tenía un nivel de producción que nunca se había visto en el país. A nivel fotográfico, y tenía un soundtrack de Pescozada que sonó por todos lados. Eso fue lo que sucedió. Hicimos la premiere en el Teatro Nacional. Esperaría yo… hoy incluso hasta me da miedo que pueda pasar con esta película, porque creo que les va gustar allá.

 ¿Pero por qué te va dar miedo que les guste?

AM: No sé…

AG: Ahorita tiene un poco de miedo por «La Rebúsqueda». La cosa es que lo bonito de mayo es que ya va haber suficiente oxígeno después de todo el que se robó «La Rebusqueda», porque una es película y la otra es publicidad, entonces es bueno que haya un espacio para que esto se vea como es y no se compare, y tenga su propio mundo.

Y después de estrenar en San Salvador todo parece decir que vos solo estás empezando, ¿no?

AM: Sí.

¿Puede el cine salvadoreño trascender a Arturo, Malacrianza, Cinema Libertad?

AG: Claro, porque lo único que se necesita en El Salvador es un ejemplo validado por el exterior. Por eso estoy hablando del malinchismo. Aún El Salvador no puede reconocerse sin que el mundo afuera diga “esto es bueno.”  Es por eso que se tiene que estrenar afuera para que lo que de afuera diga si esto vale la pena o no. Yo estoy convencido de que esto es únicamente el principio. A más festivales que vaya Malacrianza, especialmente si va a Sundance, que posiblemente estamos demasiado tarde pero ojala que no, a La Habana, Cartagena, Rotterdam, si hace todo eso, entonces cada vez que haya fotos, cada vez que se publique una crítica en un periódico importante, entonces eso magnifica las posibilidades de que allá haya suficiente gente. Solo necesitamos un total de $500,000 y podemos cambiar para siempre, todo. Porque podemos hacer tres películas con eso.

Eso tampoco es tanto dinero… Digo, pensando en los estándares de producción actuales.

AG: No.

(Arturo, que ha seguido las palabras de su productor creativo mientras le entra a su steak marinado, parece visitar de nuevo ese complicado lugar de presupuestos estrechos en el que vivió durante algún tiempo Malacrianza. Despachamos ya los steaks del tailandés. André se conformó con un par de órdenes de rollos de primavera al vapor. Y despachamos buena parte de la plática sobre las dificultades que rodearon la producción, capítulo inevitable, se entiende, si se habla de cine salvadoreño. Entramos ahora, con el café, a la esencia de “Malacrianza”, a lo que verá quien se enfrente a ella en la pantalla grande. Esa parte pasa por hablar de Cinema Libertad -por descubrir los reparos que Guttfreund tiene sobre la ópera prima de Arturo Menéndez-, y por explorar los retos del lenguaje del cine, del camino para lograr madurez visual en la pantalla).

La crianza mala

Volvamos un poquito a hablar del proceso creativo. ¿Hiciste esa historia porque cuando llegó este hombre a contártela te llamó la atención por la historia per se? La extorsión es lamentablemente una historia muy salvadoreña.

AM: Sí, es salvadoreña, pero puede pasar en un lugar donde exista mafia. No es exclusivo de El Salvador. Por ejemplo, los italianos lo entienden.

AG: Los vietnamitas tienen ese problema, los tailandeses tienen ese problema.

AM: Se puede decir que es universal. No es exclusivo de El Salvador.

Entiendo, y después de ver dos minutos de tráiler se me antoja una historia universal, pero tu estética me lleva a El Salvador. El país está pintado ahí.

AM: Fíjate que lo que pasa es que a mí no me gusta pintarlo… lo bonito, por ejemplo.

AG: Lo cual era mi problema con Cinema Libertad, que era demasiado elegante para el tema.

AM: Por ejemplo, aquí ves El Salvador del Mundo pero lo ves desde atrás de un cable de luz. Osea, no lo vamos a ver así en el atardecer perfecto.

AG: Él es hijo de pintor y una de las cosas que ha heredado es un ojo muy elegante. El encuentra la belleza en lo feo. La belleza en ese mundo tan áspero. Tiene su propia belleza. La luz, los colores. Son los colores de San Salvador, del mercado, pero tiene belleza propia, y el encuentra esa belleza.

Pienso por ejemplo, en «Amelie». Mucha gente decía lo que usted acaba de decir. Es el perfecto videoclip de Paris, en donde no todo es bonito. Y a ver, Cinema libertad tiene una estética que deja a San Salvador muy bonito, a pesar de que es el centro.

AM: En Malacrianza ves que lo que se ha filmado no es bonito, pero se ve bonito. Los colores están ahí, los grafittis, el ambiente, el tráfico, el ruido que tenemos en la ciudad. Sí, San Salvador sale bien, y dentro de la maldad siempre me gusta encontrar como una cosa bonita.

AG: Y eso usted lo encontró también en la historia: la gente hace cosas malas, pero eso no quiere decir también que como seres humanos no tienen generosidad. La película muy fácilmente podría ser deprimente, pero tiene la bondad y la esperanza y lo positivo del alma salvadoreña, y esa es una cosa que me encanta a mí de los salvadoreños.

¿Eso está resumido en don Cleo, el personaje principal?

AM: En algunos personajes y en la relación entre mujer y hombre. Y en el  comportamiento de la mara (pandilla), con él. Hay un cierto sentido de justicia. Lo chivo también es que trabajamos sin actores. Es decir, en la película hay actores profesionales y hay actores que no son actores. Por ejemplo, la coprotagonista de la película no es actriz.

Parece que en circuitos donde no hay industria es algo que suele pasar. Es bastante común que el cineasta empiece siendo documentalista y por eso está inclinado a actores espontáneos… puede ser que de repente haya talento, como no hay escuelas de actuación, puede ser que haya talentos ahí inexplorados. Por ejemplo, el niño de «Cinema Libertad».

AM: No era actor. Al niño lo conocí y me sorprendió que era súper vivo. Era modelo de publicidad. Hay algo que yo siempre pongo en práctica con los actores: «nunca te aprendas los diálogos, decilos a tu manera, como te salga». Eso siempre lo he puesto en práctica. No me gusta que los actores memoricen y reciten los diálogos. Te voy a decir una cosa, que va sonar bien fea y siempre lo he pensado: para hacer cine siento yo que uno tiene que olvidarse de que es salvadoreño. Tenés que separarte. Nuestro acento, siento yo que a la hora de un guión, se vuelve una cosa bien fea. Suena mal.

AG: Tenemos actores fabulosos y actrices que todavía no hemos usado y que en los cortos que han hecho no han hecho buen trabajo porque los directores no sabían cómo trabajar con ellas, pero son muy talentosas. El problema es que cuando los teatreros hacen cine muchas veces declaman. Si no saben que el lente está aquí, están actuando para la fila 40. Entonces no solo están declamando, están actuando. Necesitan la ayuda de buenos directores.

De nuevo, André, eso obviamente tiene que ver con el hecho de que no existe una industria. Con lo que contás es con actores de teatro. Ni si quiera con gente de tele porque no hay industria televisiva tampoco.

AG: Pero estamos haciendo talleres, específicamente diseñados para que los teatreros sepan cómo trabajar para el lente y que los directores sepan cómo articular hacia los actores para que hagan lo que ellos tienen en la mente. Los directores que tenemos tampoco saben cómo. Él (Arturo) ha aprendido mucho, pero él no sabía cómo hablar con los actores porque en (producción de) comerciales existe la costumbre (de decirle al actor) “quiero que lo haga así.” El director no es actor. Eso también hay que cambiarlo.

AM: Pero eso no es solo en El Salvador, sino que incluso en México. El gran problema de los directores en cine es que no saben comunicar con el actor.

Pero en «Malacrianza» tuviste la ayuda del protagonista, él sí había hecho cine.

AM: Él había hecho televisión, había hecho cine, teatro y tiene buenos instintos. Es increíble. Desde el principio hablamos sobre el personaje, lo estudiamos un poco y ya lo tenía. De repente a mí hasta se me olvidaba que era actor.

AG: Eso lo que hizo posible fue que esta película se hiciera como se hizo. Sin él no hubiera sido tan fácil y no hubiera habitado el personaje como lo hizo… Eso de filmar un día y no tres, fuera de secuencia y todo eso hubiera sido muy difícil.

AM: Sí, es como digo: él es la película a veces.

 (Llegará el sábado. Arturo Menéndez, André Guttfreund, Don Cleo (Salvador Solís) y “Malcrianza” verán llena, y sobrepasada (450 entradas vendidas), la sala principal del AFI Silver Theatre de Silver Spring. Josh Gardner, el curador creativo del festival, tendrá que gestionar una presentación extra, que será programada para el lunes siguiente, 6 de octubre. Hay cine).

 *Para leer la crítica que Héctor Silva Ávalos escribió sobre «Malacrianza», dale click al siguiente enlace.

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