El Silencio de Caifanes

El Silencio (1992) quizá sea el disco con el que más familiarizados estamos de Caifanes. Oficialmente tuvo tres sencillos, pero fácilmente los 13 temas (de la primera edición) lo hubiesen sido sin problema. Como lo demostraron algunas radios, en su momento y actualmente.

Para muchos, este es el mejor disco de Caifanes. También es el que abrió la puerta a toda la oleada de rock latinoamericano que venía. La hibridez cultural y experimentación –que continuarían estallando a lo largo de los noventa– poseen su propio santoral. En un lugar privilegiado de este está El Silencio. Con una portada digna de un altar.

«Grandes hombres nacen en tiempos de crisis«, dice el adagio popular. En la música, los momentos críticos de las bandas también heredan grandes álbumes, a veces, como en el caso de Caifanes. Mucha tinta ha corrido sobre esa etapa, de la cual solo quiero rescatar el ambiente de tensión. Tensión finamente retratada en cada corte del álbum.

Una inolvidable línea de bajo seguida por un grito de Saúl Hernández nos recibe en Metamorféame. Una canción de época, pero con sus particularidades: como las obsesiones temáticas de Saúl. Un corte definitivo con el antiguo testamento de Caifanes. Las barreras (sonoras) que parecían tener caen de una vez.

“Metamorfosis mata a Morfeo/que el cambio sueñe/que estas soñando”. 

Sigue Nubes, el primer sencillo de este disco. Imagino a la prensa de esa época frente a una disyuntiva: esta es una banda de rock, pero en esta canción hay muchos elementos que no pertenecen al rock. ¿Cómo le llamamos? ¡Ah, ya! «Rock latinoamericano». Esta canción también nos regalaría un riff inolvidable.

“Tengo garras tengo dientes/y defiendo lo que tengo”. 

Sin repetirse, como fue la exigencia de aquella etapa donde los discos se disfrutaban de inicio a fin, aparece «Piedra». En el contexto salvadoreño está línea tendría un sentido poco espiritual:

“Piedra, déjame piedra/no me deformes más”.

Musicalmente es una de las piezas más creativas del rock en nuestro idioma. Desde el solo de guitarra de Adrián Belew (sí, el que fue King Crimson y también productor de este disco) hasta la música banda (quizá tributo a Banda La Costeña) que se mete discretamente hasta explotar al final de la canción. 

Llegamos a «Tortuga», una canción con elementos que recuerdan a El Último de la Fila, pero con el sello de Caifanes. Líricamente: ecologismo existencial.

“Hoy llueven martillos”.


«Nos vamos juntos» es uno de los cortes más espectaculares de este disco. La canción fue escrita por Saúl para el resto de la banda. La letra puede extrapolarse a cualquier situación previa a la ruptura de relaciones. Saúl impregna tan bien este sentir que probablemente alguien que no hable español lo entienda sin dificultad.

“Nos vamos juntos haciendo viejos/algunos sueños toda la piel/mordiendo el tiempo/lamiendo el aire/no nos buscamos para evitarnos/y sin embargo aquí estoy”. 

«No dejes que» es un tema que no necesita presentación. Un clásico no solo del rock, sino de la música latinoamericana en general. Una canción que rompió barreras. Ahora se puede escuchar en cualquier bus, en cualquier micro, en cualquier bar, en cualquier karaoke. Lograron una de las cosas más complejas: un tema sencillo y popular.

“Y aprovecho para desdoblarme/para salir del vaso/con las paredes veo tu rostro/con la memoria busco tu rostro”.

La afrenta a las barreras del rock sigue con «Hasta morir». Cumbia en clave Caifanes. Con una letra bastante enfermiza.

“No creas que esta navaja es para mí/la traje para rascarte a ti/hasta morir”. 

Luego tenemos una reminiscencia del pasado Caifanes, una de esas canciones que sirven como enlaces: «Debajo de tu piel».

¿Cuántas veces habrá sido dedicada por los frikis de los noventa?

“Debajo de tu piel hay esmeraldas conquistadas/encima de mi piel hay una alfombra entre tus pies/debajo de tu piel yo resucito y me derrito/encima de mi piel te guardo el aire que no hace daño”. 

Aparece otro corte inolvidable: «Estás dormida». La destacada composición musical de esta canción estuvo a cargo del legendario guitarrista de Caifanes: Alejandro Marcovich. ¿Estaría agarrado de la primera etapa de Bruce Springsteen o solo será una bonita coincidencia? Lo cierto: es una tremenda canción.

“Y estoy buscándote a ciegas/en un sepulcro sin puertas”. 

La experimentación toca uno de sus puntos más altos en «Miércoles de ceniza», mi favorita del repertorio de Caifanes. Tres canciones en una, musicalmente. Una enigmática letra. Pieza de colección, sin duda.

“Te acuerdas cuando se convertían en dioses”. 

Después llegamos a «El comunicador», un crítica social contundente muy a su estilo. La composición musical es tan genial como la letra. La segunda voz corresponde al saxofón.

“Hay un ser que nos teme/alguien que quiere escondernos/tiene óptica cuadrada y vomita engaño”. 

«Para que no digas que no pienso en ti», es el penúltimo corte y segundo sencillo del disco. Una canción vacilona; para bailar, para conquistar.

“Tengo en mis ojos/a mi mujer que es etérea/y aún perdida entre sombras/quiero que sea eterna”. 

Si una canción retrata sin rodeos la etapa que pasaba Caifanes en ese momento es «Vamos a hacer un silencio». Un tema hermoso, un cierre de lujo para un disco de lujo. Los instrumentos elegidos para la musicalización no podrían ser más adecuados. La versión en CD traía un bonus track, que suena justamente como eso. Sin embargo, al escuchar el disco de principio a fin, prefiero quedarme con el cierre de «Vamos a hacer un silencio». Un cierre perfecto.

“Vamos a hacer un silencio/vamos a ver cómo fue/ayer un ángel nos raptó/y nos dejó en la pasión”. 

C-A-I-F-A-N-E-S especial

¿TE HA GUSTADO EL ARTÍCULO?

Suscríbete al boletín y recibe cada semana los contenidos en tu email.