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Chespirito: el adiós que despertó sensibilidades opuestas

Hay muchos Méxicos en uno solo. Está el México que enfoca su sensibilidad en los muertos que la violencia le estruja. Existe el México de mansiones reales que se construyen con telenovelas ficticias. Existe un México de millones de personas que por décadas han visto esas telenovelas e infinidad de partidos de fútbol para evadir la amargura cotidiana. Y también existe el México que ha parido personajes ilustres de la industria del entretenimiento. El pasado viernes 28 de noviembre falleció uno de ellos: el actor, director, escritor, dramaturgo y cómico mexicano Roberto Gómez Bolaños (alias Chespirito), creador de personajes como «El Chavo del Ocho» o «El Chapulín Colorado«, y que a través del alcance de la televisión se convirtió en un ícono de identidad mexicana y latinoamericana.

Su partida despertó distintas sensibilidades en el país que vio nacer y morir a Gómez Bolaños. Parecerá difícil de creer en otro país –uno como el nuestro, El Salvador, donde por años se transmitieron los capítulos de Chespirito edificados por Televisa–, pero en el México actual también hay un buen número de detractores de la obra del recién fallecido y que, aprovechando la coyuntura y la explosión de las herramientas comunicativas actuales, no repararon en manifestar sus críticas.

Poco le importó eso a Televisa. Y dos días después de la muerte del artista, organizaron un homenaje de cuerpo presente pensado para despedir a Chespirito en compañía de todo aquel que se hiciera presente al Estadio Azteca y quisiera darle su reconocimiento. Al llamado acudieron más de 25 mil personas –entre ellos muchos niños– que se fueron ubicando en la parte baja del recinto.

Ahí estuvo también Revista Factum para contar cómo se vivió esa despedida.

Homenaje

El llamado estuvo hecho desde el mismo día en que desde Cancún llegó la noticia de que Roberto Gómez Bolaños, de 85 años, había fallecido. Desde entonces Televisa comenzó a trabajar en los preparativos para el homenaje en el Estadio Azteca, desde entonces se pautó la fecha y la hora: domingo 30 de noviembre, a las 11:00 de la mañana.

Los domingos por la mañana, México Distrito Federal no parece México Distrito Federal. Parece otro lugar, quizás provincia, donde la vida corre sin tanta prisa y el tráfico no causa úlceras. Por eso quizás no fue tan complicado llegar hasta la Colonia Santa Ursula en el metro (y luego en el tren ligero) que recorre la zona sur de la capital mexicana. Pero al llegar ahí, al bajarse en la estación Estadio Azteca y caminar sobre el paso a desnivel que permite el cruce de Tlalpan, se acababa la calma dominguera. Al cruzar los torniquetes empezaba el mercado. Cualquier eventualidad es aprovechada en México para hacer negocio y la despedida de un ícono del entretenimiento, como Chespirito, no sería desaprovechada. Una manada de vendedores de artículos referentes a los personajes más emblemáticos del finado Bolaños recibía al caudal de personas que ahí desembocaba. Camisetas a cien pesos (unos $7 dólares); Chipotes Chillones del Chapulin Colorado a 50 pesos; tazas, llaveros, afiches, fotografías, globos y, sobre todo, la venta de dos artículos que fueron el gran hit de la ocasión: las antenas de vinil (del Chapulín) y el gorro del Chavo del Ocho.

Acudir al lugar con niños, exponerlos ante este mercado alusivo a su ídolo y no comprarles alguno de estos artículos era un acto de incomprensible vileza.

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Un vendedor ofrece globos alusivos a Chespirito en su despedida en el Estadio Azteca. Foto de Orus Villacorta ©.

Aunque el evento era gratis, siempre debía guardarse un orden. Había boletaje para ubicar a las personas en las distintas localidades del estadio y todos debían esperar su turno en las largas filas que daban paso a los torniquetes de las puertas 1 y 7 del estadio. El paso fue fluido y, a diferencia de los juegos de fútbol o los conciertos, las revisiones no eran exhaustivas.

Pese a la calma que daba la organización de un evento de corte familiar, también había una coordinación de parte de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal. Para cuando arrancó el cortejo fúnebre –que partió desde las instalaciones de Televisa San Ángel, en Periférico Sur, a eso de las 11:30 am.–, la pantalla gigante del Estadio Azteca ya transmitía para la concurrencia el recorrido de la carroza en la que viajaban los restos de Bolaños.  Su paso era escoltado por 150 elementos de la policía capitalina, mientras se distinguía cómo muchas personas «habían querido evitar la fatiga» de trasladarse al Estadio Azteca y le aplaudían desde puentes peatonales o en las mismas calles por las que circulaba la escolta.

Según comentaban colegas periodistas de medios locales, era inevitable la comparación a la ocasión en que falleció Mario Moreno Cantinflas –otro gran ídolo del entretenimiento mexicano–. A ellos les parecía que la gente había respondido de una manera más efusiva en aquel abril de 1993.

Para ese momento en las gradas ya se escuchaban las primeras porras en honor al ídolo recién fallecido. Podía distinguirse el timbre de la infancia como la voz cantante: «¡Se ve! ¡Se siente..! ¡El Chavo está presente!», era la más utilizada.

El escenario para la ocasión fue colocado justo en el centro del campo de fútbol. El diseño fue el de una cúpula sostenida por cuatro torres arqueadas y a la que se conectaban cuatro alfombras rojas. Frente a ellos se sostenían dos retratos gigantes de Roberto Gómez Bolaños y un púlpito donde más tarde sería oficiada una misa por Monseñor Diego Monrroy Ponce de León.

Mientras tanto, afuera, en la explanada, la gente depositaba flores blancas y construía un pequeño altar en el que los niños podían dejar sus cartas y sus recuerdos en la memoria de Chespirito. Ahí encontré a una familia de chilenos residentes en México que habían llegado a ofrecer su reconocimiento. «En Chile es un bacán (genial). El Chapulín marcó buena parte de nuestra infancia y estamos aquí para despedirlo como se merece», mencionó uno de ellos, después de posar para una foto con la bandera chilena.

Las fronteras también se cruzaban desde el palco de prensa. Las autoridades de Televisa –que transmitían en vivo todo el homenaje– me informaron que más de 120 medios fueron acreditados para dar cobertura el evento. Entre los extranjeros, la mayor parte provenía de Chile y Brasil.

Parte de los escritos y dibujos que algunos niños depositaron en los arreglos florales para despedir a Chespirito. Foto de Orus Villacorta ©.

Parte de los escritos y dibujos que algunos niños depositaron en los arreglos florales para despedir a Chespirito. Foto de Orus Villacorta ©.

Mientras la espera continuaba en un llamativo silencio, en pantalla gigante se transmitían escenas de la película «El Chanfle». Una de las fallas en la organización fue la de no informar al público sobre el programa de actividades. Esto ocasionó que poco a poco la gente se fuera desesperando, así que en varias ocasiones decidieron organizar la famosa «ola», para entretenerse mientras esperaban. Pero pasado el mediodía, el tedio comenzaba a cundir.

Ingresó por fin al estadio la caravana principal, en la que viajaba Florida Meza, viuda de Bolaños –y mejor conocida por su papel como «Doña Florida» en «La Vecindad del Chavo»–. El féretro de Chespirito dio una vuelta completa por todo el campo de fútbol y la gente pudo apreciar de cerca las estatuas de El Chavo (con su barril) y del Chapulín Colorado (con su Chipote Chillón). Un aplauso cerrado musicalizaba el momento, mientras mucha personas le arrojaban flores al ataúd, que permanecía guardado por una vitrina.

Después de unos minutos, familiares y amigos de Bolaños cargaron el féretro y lo colocaron en el espacio central del escenario. Uno a uno los invitados fueron presentando sus condolencias, mientras Florida Meza y los hijos del homenajeado colocaban una flor frente al ataúd, un acto que pronto sería imitado por el resto de asistentes.

Terminado este lapso, y viendo que a continuación se oficiaría la misa, la mayor parte del público en general comenzó a abandonar el lugar. Luego un grupo de niños del Centro de Educación Artística (CEA) de Televisa y el Coro de Niños de México interpretó el tema «Gracias, por siempre», que se escuchó en la mayor parte del homenaje. A continuación, el mariachi Gama 1000 interpretó el tradicional tema «Las golondrinas», mientras seis elementos de seguridad cargaron en sus hombros al féretro para recorrer las cuatro esquinas de la cancha, siempre escoltados por un numeroso grupo de niños.

Hacia el final del acto ocurriría una situación incómoda. Visiblemente fustigada por la cobertura televisiva del acto, Florida Meza quiso libera una paloma, en un acto simbólico de libertad, pero se le volvió muy difícil, así que no pudo evitar su molestia y le reclamó de manera alterada a uno de los muchos camarógrafos que la seguía.

Así finalizaría el homenaje. Fue hasta el día siguiente, ya en un oficio privado realizado en el Panteón Francés de la Ciudad de México, que serían enterrados los restos del comediante.

La «Caja China»

Pero hay otra cara de la sensibilidad respecto al deceso de Bolaños. Le llaman «La Caja China» y es una expresión muy de moda en la actualidad mexicana debido al éxito que ha tenido en los últimos meses la exhibición de la película «La Dictadura Perfecta» (del director Luis Estrada) y en la que el personaje ficticio del Gobernador Carmelo Vargas (protagonizado por el actor Damián Alcázar) se ve favorecido por la distracción mediática que desde la televisora más importante del país se genera para desviar la atención en sus estrepitosas metidas de pata.

Una “caja china” es aquella que, cuando se logra abrir, se descubre que dentro de la misma hay otra caja más pequeña, dentro de la cual hay una más, y así sucesivamente. La idea es  construir –a través de la distracción– la necesidad de mirar siempre la que viene, olvidando la que se deja atrás. La película –que es una parodia de sucesos muy similares a los grandes problemas que aquejan al México actual– plantea esa situación: la fabricación intencional de escándalos distractores que desvíen la atención de los problemas que realmente afectan al país.

De eso acusaron algunos a la cobertura mediática que México le dedicó al fallecimiento de Chespirito. Tal es el caso de la periodista Sanjuana Martínez:

Como tampoco fue extraño que pronto aparecieran los respectivos memes sobre esta situación en la redes sociales:  

 

A otro nivel, entre las personas que no miraban con agrado la carrera artística de Bolaños, destacó en la semana un artículo publicado por Notimex en el que se reseñaba la opinión del investigador Raúl Rojas Soriano , quien afirmó que «La gente se refugiaba en sus hogares y a través de la serie (de El Chavo del Ocho) reflejaba sus problemas cotidianos, pero siempre con una actitud pesimista, porque así lo reflejan sus personajes. También recurrían a ella como punto de distracción para olvidar el ajetreo diario y la crisis económica».

Queda claro que México se encuentra en un punto delicado a nivel político y social. La circunstancia del fallecimiento de Chespirito llega en plena efervescencia de las marchas multitudinarias que exigen justicia y respuesta de las autoridades ante la situación de violencia y corrupción en el país, llevada al punto más álgido con los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

La situación podría alcanzar nuevos niveles de tensión después de lo ocurrido ayer, cuando por mayoría calificada, las bancadas de diputados de los partidos políticos PRI, PAN y PVEM aprobaron una reforma a los artículos 11 y 73 de la Constitución mexicana, para que el gobierno federal, los gobiernos de los estados y los municipios expidan leyes en materia de movilidad universal que permitiría a la autoridad “impedir la libre manifestación en las calles”.

La oposición a las marchas y manifestaciones populares llega justo cuando el presidente Enrique Peña Nieto cumple dos años de mandato en el ejecutivo, y lo hace con un 60% de inconformidad a su labor de parte de la ciudadanía.

¿Y ahora quién podrá defenderlo?

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