«Aún estamos lejos del nivel de Grecia»

 El capítulo más reciente de la crisis griega se saldó el lunes 14 de julio de 2015 con la capitulación del primer ministro Alexis Tsipras a las duras condiciones de austeridad fiscal impuestas por Alemania, para que el Banco Central Europeo entregue a Atenas los 96 millardos de dólares que los bancos griegos necesitan para cumplir con las obligaciones financieras que tienen pendientes con sus acreedores . En corto, la crisis de Grecia, que ya ha provocado dos rescates millonarios de la banca central del Viejo Continente desde 2012, ha vuelto a destapar discusiones sobre la disparidad del modelo económico europeo -hay quien discute incluso su vigencia-; sobre la viabilidad del euro; y, en la otra orilla del Atlántico, reacciones sobre la posibilidad de que algunos países menos desarrollados que Grecia, como El Salvador, estén a pocos pasos de caer en una situación similar de desfinanciamiento. En El Salvador, analistas como Manuel Enrique Hinds -quien ha escrito en El Diario de Hoy los análisis financieros más exhaustivos sobre el tema, pero también los más maniqueos-, Alberto Arene y Mariana Belloso empezaron ya a buscar parangones o a descartarlos.

Revista Factum decidió buscar más voces para enriquecer el debate: ¿Debe la crisis griega poner en remojo las barbas de los actores económicos criollos, sobre todo si se entiende que en el fondo de toda esta discusión está la vieja pregunta de cómo se financia un Estado cuando el sector privado es renuente a pagar impuestos y sucesivos gobiernos de la república han tratado con paños tibios el despilfarro y la corrupción de sus funcionarios? Lo cierto es que lo que está pasando cerca de la Acrópolis griega puede sonar cercano precisamente porque en El Salvador sigue sin haber una discusión política nacional -no partidaria o ideologica- sobre estos asuntos. Empezamos esta ronda de discusión con las respuestas a una serie de preguntas que formulamos a Carmen Aída Lazo, decana de Economía y Negocios de la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN) de El Salvador.

Este es, al parecer, un debate entre la austeridad y  la disciplina fiscal como requisitos indispensables para mantener la viabilidad financiera de los estados nacionales adscritos a la zona euro. Para sociedades como las nuestras, con retos tan profundos como la inseguridad y la pobreza, ¿qué significan Estados desfinanciados, que también reciben presiones de nuestra troika particular (FMI, BID-BM, Washington) para adoptar modelos de austeridad?

Indudablemente la crisis griega es un duro recordatorio de que los países no pueden escapar a  la ley de la gravedad: la persistencia de elevados déficits fiscales pone en riesgo la estabilidad macroeconómica de las naciones. En el caso de Grecia, la relación deuda a PIB alcanza 175%, mientras que en el caso de El Salvador, esta misma variable es cercana al 60%. Es decir, no debemos ser excesivamente alarmistas, aún estamos lejos del nivel de Grecia.  Pero la situación fiscal del país es compleja y no nos podemos descuidar.

La salud fiscal no se mide exclusivamente por el nivel de endeudamiento (Japón tiene una deuda a PIB de 230%), también debe considerarse la capacidad futura de generar ingresos fiscales y de hacer ajustes por el lado del gasto. En ambos aspectos El Salvador se muestra muy débil: el crecimiento de los ingresos fiscales está fuertemente condicionado por el bajo crecimiento económico y el gasto presenta importantes rigideces.

Las áreas de mejoría en el tema fiscal son muchas y no necesariamente deben entenderse como sinónimo de austeridad. ¿Necesitamos disciplina fiscal? La respuesta es sí ¿Necesitamos austeridad? La respuesta es no. Al menos si interpretamos austeridad como un simple recorte de gastos o una reducción del Estado para mantener el balance fiscal. Lo que sí necesitamos es una discusión fiscal profunda.  Y eso exige una discusión política, pues al fin y al cabo, bien dicen que “la política fiscal es la más política de las políticas económicas”.

Carmen Aída Lazo.

Carmen Aída Lazo.

 ¿Estamos bajo un programa de austeridad fiscal de nuestra “troika”?

No, El Salvador actualmente no tiene ningún acuerdo stand–by con el FMI, así que los primeros pasos deben venir de los actores locales.

Las cosas que hacen diferente a Grecia, para mal, del resto de Europa y que pueden también aplicar a nuestras sociedades y Estados: corrupción generalizada en el manejo de las finanzas públicas y la baja recolección de impuestos. Hay analistas, por ejemplo, que plantean este como un problema sin buenas soluciones, sino solo malas o peores, al decir que los regímenes estrictos de austeridad fiscal desmotivan el crecimiento económico y el ahorro interno.

Definitivamente hay una tendencia a ver el debate como blanco y negro, producto de la misma naturaleza política de la discusión fiscal. Se necesita una dosis de pragmatismo y evitar la ideologización en las discusiones, pues así no se avanza.

No se puede decir que no vale la pena aumentar la carga fiscal porque la corrupción drena todos los recursos, como tampoco se vale pedir aumento de ingresos fiscales sin rendición de cuentas y reglas de transparencia.  No se puede desconocer que mayores impuestos pueden desacelerar (al menos temporalmente) las economías, como tampoco se puede negar que los recortes de gastos tengan el mismo efecto. ¿La austeridad fiscal puede desestimular el crecimiento? Sí, al menos en el corto plazo. ¿Pero el desbalance fiscal puede tener efectos aún más nocivos? Sí, si se llega a una situación crítica como le pasó a Grecia.

Una discusión franca entre los actores clave sobre la Ley de Responsabilidad Fiscal sigue siendo una oportunidad aún no aprovechada en El Salvador. Ojalá lo que estamos viendo en Grecia sirviera como un empujón para reactivar esta discusión.

La falta de autonomía en el manejo de la política monetaria. La posibilidad de que Grecia salga de la zona euro ha disparado análisis sobre qué cambiaría si el Banco Central griego tuviese la capacidad de imprimir moneda. Los escépticos dicen que esto solo provocaría una situación peor a mediano plazo; los menos pesimistas en este campo, sin embargo, dicen, citando el caso de Islandia, que podría darle a Grecia una ventana que le permita maniobrar mejor.

En este momento lo único que se pueden hacer son conjeturas de lo que pasaría, pues estamos ante un escenario nunca visto en la zona euro. Lo que sí es casi innegable es que la emisión de moneda propia en Grecia vendría acompañada de una devaluación con los consecuentes efectos inflacionarios. Estemos claros de que en el escenario en que Grecia no hubiese alcanzado un acuerdo, no tendría otra alternativa más que recurrir a emitir a algún tipo de moneda, no le quedaría de otra.

De lo que sí existe amplia evidencia es de que una política monetaria independiente si bien puede dar algún margen de maniobra, no es la panacea.

Una política monetaria independiente exige credibilidad por parte de la autoridad monetaria (Bancos Centrales), algo que se construye con el tiempo.  Y el temor a perder dicha credibilidad pone un freno al uso mismo de la política monetaria.

A la larga, contar con su propia moneda podría darle algún margen de maniobra a Grecia, es innegable que los costos de corto y mediano plazo serían altísimos. No hay forma de salir de la zona euro sin enfrentar enormes costos. No creo que ni los más optimistas no reconozcan que la transición no será para nada fácil, particularmente dado el crítico estado de la banca griega.

¿Es posible un corralito en El Salvador?

Si El Salvador llegase a enfrentar en algún momento una situación grave como Grecia y se viese forzado a renunciar al dólar, por supuesto que habría corralito. Aunque como ya dije antes, no hay que ser alarmistas en este momento.

En el caso hipotético de que la situación llegase a complicarse tanto, y que El Salvador perdiera su acceso a líneas de crédito, la crisis bancaria sería inminente y ante eso el Gobierno se vería obligado a limitar las salidas de capitales y los retiros bancarios como una forma de evitar el colapso total del sistema, tal como ha ocurrido en Grecia.

En estos momentos, más que de hablar de un corralito, en el país es importante reabrir la discusión fiscal y la reforma de pensiones. Esto exige un análisis de las prioridades del Estado y de los mecanismos de financiación. Estamos a tiempo de evitar una crisis si actuamos ya.

Foto principal tomada de Flickr, con licencia de Creative Commons.  El primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras (izquierda) durante un evento político.

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