“25”: la fineza cliché de Adele

Así es como llegué a este punto:

 

—¿Querés escribir una reseña sobre el nuevo disco de Adele?
—Sí… —respondí sin mucho análisis.

¿Qué sabía de Adele una semana atrás? Que tenía una rola que me agradaba (“Rolling in the Deep”) y que cantaba el tema principal de la película “007: Operación Skyfall”.

¡Ah! Y que era inspiración para memes geniales.

Para no llegar descontextualizado a su nuevo álbum, “25”, visité sus dos anteriores: “19” y “21”.

“19” es interesante, una especie de Amy Winehouse políticamente correcta. Un disco b-o-n-i-t-o, pues. Hasta incluye un cover de Bob Dylan: “Make You Feel My Love”. Es de 2008, cuando la fiebre por el disco “Back to Black” (2006) seguía vigente y todas las disqueras querían su Winehouse particular. De hecho, revisando algunos archivos, parte de la prensa la llamó, en esa etapa, “la nueva Amy”.

Afirmación de un sinvergüenza recién llegado: en “21” Adele logra identidad. Muchas canciones tienen buen ritmo; otras funcionan para los despechados sofisticados que no quieren llorar con Los Temerarios.

Con eso en mente, di “play” a “25”. No sin antes leer algunas declaraciones de Adele sobre este disco. Así supe que el álbum anterior era de ruptura y este de reconciliación.

“Reconciliación por el tiempo perdido. Reconciliación por todo lo que alguna vez hice y lo que nunca he hecho”.

—Adele

Y sí, afán de reconciliación es lo encontrado en “Hello”, el primer corte del disco y también el primer sencillo. Cuenta con un video dirigido por Xavier Dolan que no parece de él.

Musicalmente (bueno, también el video) recuerda a aquel pop elegante de la primera etapa de los años 90. Respecto a la letra, Adele mantiene la fórmula: tristeza de una mujer de valores tradicionales.

¿Y los memes? Acá una muestra:

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Continúa “Send My Love (To Your New Lover)”, una canción donde Adele usa dos mascaras: primero el rostro más fresa de Tracy Chapman y después la cara clásica de Katy Perry.

Luego de esa confusa intervención sigue “I miss you”. El disco retoma su camino. Adele demuestra que sabe suplicar. Musicalmente, se trata de una rola muy sólida, aunque no por casualidad: el productor fue Paul Epworth, quien también ha trabajado para gente como Foster the People, Florence and the Machine, Plan B (el rapero, no el dúo de reguetón), Bloc Party y Paul McCartney.

Adele tiene 27 años, pero ya canta de cuando era joven en “When we were young”. Usa la formula clásica de nostalgia en R&B. Seguro será de las favoritas de sus dulcificados seguidores.

“Remedy” es Adele sin decoración, solo un piano y su voz. Siempre que escucho un disco, me gusta imaginar en qué formato estaban pensando sus autores cuando ordenaron las canciones. Esta funciona bien como puente, en un CD o servicio streaming, o como último tema de la cara “a” de un vinilo. La letra… pues… es algo que ya hemos escuchado miles de veces:

“Your love, it is my truth/And I will always love you/Love you”.

El amor romántico puede estar trillado pero siempre venderá.

Continúa “Water Under the Bridge”. Un nuevo inicio en el disco. Un tema muy “Rey León”, musicalmente. Una canción perfecta para alguna escena de Simba bailando con Nala.

Contraportada del disco «25», de Adele.

Del agua abajo del puente pasamos a “River Lea”. Una canción producida por Danger Mouse (Gorillaz/The Black Keys/Gnarls Barkley/Norah Jones). Este productor, como Epworth, en “I miss you”, logran una atmósfera diferente para la voz de Adele y evitan la monotonía del disco sin hacer ruido. Contrario a lo que pasa con “Send My Love (To Your New Lover)” y “Water Under the Bridge”, que parecen colocadas en el álbum accidentalmente.

“Love in the Dark” es el corte ocho del disco y el primero de un apartado interesante que abarca, también, las canciones: “Million Years Ago” y “All I Ask”. En “Love in the Dark” el productor, Samuel Dixon, crea un escenario musical levemente oscuro donde la luz es la voz de Adele.

“Million Years Ago” es la versión que me gustó de Adele. Su voz realmente parece quebrarse, connota mucha honestidad. El minimalismo juega a su favor, una guitarra es suficiente respaldo. Y, pues, ¿quién, de vez en cuando, no extraña el idealizado pasado?

“All I Ask” sigue la línea, esta vez con piano. Nuevamente la letra es una vieja fórmula conocida, a lo “quédate esta noche, una noche más”… pero con diez puntos más de tragedia.

Adele se estrenó como madre hace poco y, bueno, hay una rola para su hijo… O-B-V-I-A-M-E-N-T-E. Se llama “Sweetest Devotion” y es con la que cierra la edición regular de “25”. Pese a todo, no es una canción de asfixiante optimismo y funciona bien como cierre.

En conclusión, ya sabemos cómo hierve el agua, así que, musicalmente, nadie va a quedar con la boca abierta. Tampoco con las letras llenas de lugares comunes. Adele juega en su zona de confort, la del amor romántico, para que ninguna persona deba hacer un ejercicio intelectual mientras sufre y la escucha. Eso sí, es un disco muy fino, de esos que cada vez son más escasos en el mundillo pop.

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