La poeta, el Estado y los derechos laborales

Lunes 27 de julio de 2026

Conocí a la poeta y artista Krisma Mancía al inicio de la década de los dosmiles luego de una entrevista que nos hicieron a Pablo Benítez y a mí en canal 10, donde dije que desde niña escribía poemas. Krisma, al conocerme, me dijo, entre risas: “yo también escribía poemas de conejos como vos”.  Luego, escribimos sobre la posguerra, el dolor y el deseo irrestricto de las mujeres.

Ayer, en su sepelio, su madre dijo que ella había destacado en los eventos artísticos durante sus años escolares. No lo dudo. Y hoy vi una foto que me encantó: ella bebé, sostenida por su padre y su madre en la puerta de su casa. Las madres nunca deberían enterrar a sus hijas. No es el orden natural de la vida.

Durante cinco lustros, Krisma y yo nos encontramos y leímos juntas en innumerables ocasiones, decenas. Nos saludábamos con el cariño y el respeto de dos poetas nacidas en el mismo país (El Salvador), la misma ciudad (San Salvador), el mismo año (1980), el mismo mes (febrero) y casi el mismo día (ella el 13, yo el 7).

Me gustaba que era menos condescendiente que yo y que, en el trato y en la palabra, fue más aguda, más crítica, más oscura, más frontal e irónica.

(Paréntesis, pensé mucho si escribir y publicar esta columna, porque vivo en un país donde ya no se pueden decir ciertas palabras como: derechos humanos, derechos laborales, justicia, libertad de expresión, libertad de prensa. Ojalá nunca nos prohiban decir poesía, poeta, poema).

Con Krisma, compartimos eso: la poesía. Que no es algo menor. Y además, los libros, premios, festivales, recitales, ferias, chistes sesudos sobre los literatos machistas, anécdotas de la vida, los hombres y la maternidad. Café. Cómo le gustaba el café. Y entonces, en medio de la charla, llegaba su carcajada.

Quien recuerde la carcajada de Krisma debe estar igual de encachimbada que yo porque en octubre del año pasado la despidieron del ministerio de Cultura de El Salvador luego de 14 años de servicio como Técnica 1, acoso laboral, comentarios sobre su vestimenta y la crítica de su jefe porque salía justo a la hora e iba mucho al seguro social.

Claro que iba mucho al seguro social y se iba puntual a descansar, acababa de ser diagnosticada con insuficiencia cardíaca grado tres y dos enfermedades crónicas.

Ella denunció en voz alta su despido injustificado, la falta de indemnización, la injusticia estructural contra su ser mujer, en sus recitales, en sus redes sociales. No tuvo miedo. Por eso me dije, Lauri, sé valiente. Decílo: Fue el Estado. Y tiene que responder. La AFP (Administradora de Fondos de Pensiones) debe entregar su pensión completa a sus familiares.

Su caso está en la Procuraduría General de la República (PGR) y no prosperó porque perdieron el organigrama de su plaza.

Si ella no hubiera sido despedida de manera injusta, si, al menos, hubiera tenido una indemnización digna, si ella hubiera seguido teniendo seguro social, si ella no hubiera tenido estrés económico, si los paramédicos hubieran llegado a tiempo, si El Salvador tuviera, en realidad, y no solo en la publicidad, un buen sistema de salud público y gratuito, una de las poetas más importantes del país seguiría viva.

En otros países, ya hubieran pedido tener las banderas a media asta porque cada vez que una poeta muere, el mundo es un lugar más duro. Ha partido una poeta nacional. Nuestra.

Y hay que decirlo, no fue la mala suerte, el destino, un accidente, fue un despido injustificado, los derechos laborales violentados, el estrés económico, el irrespeto al derecho humano y universal de la salud.

Los derechos laborales de la clase trabajadora costaron miles de mártires desde 1885. Hay que defenderlos por ellos y por nosotras.

Rafael Eduardo Menjívar dijo en el sepelio: “Krisma hizo mucho más por este país que muchas personas”, haciendo alusión a sus talleres para mujeres víctimas de violencia de género en Ciudad Mujer. Tiene razón. Una poeta como ella hace más que  cualquier político. No importa cuándo leas esto.

¿Y qué hace una poeta?: «Guarda el fuego divino. Salva y regala la belleza», respondió nuestra antecesora Claudia Lars.

Sirvan estas palabras para abrazar a su hija, hijastro y viudo.

Poeta,  seguiremos leyendo en voz alta tus poemas en plazas, calles, aulas y recitales. Hasta que nos volvamos a encontrar.  Hasta el siguiente café. Te amaremos y honraremos tu legado. Siempre.


* Poeta, periodista y docente salvadoreña. Sus poemas han sido traducidos al inglés, catalán, alemán y árabe. Ha participado en lecturas en voz alta y talleres en Kenia, Francia, Colombia, Chile, El Salvador y México, entre otros.

 

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