Investigación

Héctor Silva Ávalos recibió pagos de la partida secreta y mintió sobre su relación con Salume

Mientras trabajó para el gobierno del presidente Funes, el exdiplomático y periodista recibió pagos ocultos, que en algún momento hasta llegaron a duplicar el salario nominal del presidente de la República. Silva Ávalos, codirector de Revista Factum hasta su separación del cargo en octubre de 2019, alega que él creía que todo era legal, y en una entrevista con este medio revela detalles de su trabajo paralelo al de diplomático y admite una relación con el empresario Adolfo Salume que hasta ahora había negado.

Fotos de FACTUM/Salvador Meléndez

A inicios de 2018, la sala de redacción de Revista Factum hizo un primer cuestionamiento a su codirector Héctor Silva Ávalos sobre dos rumores: uno, que cuando trabajó para el gobierno de Mauricio Funes había recibido dinero proveniente de la “partida secreta” de la Presidencia, y otro, que cuando años más tarde participó en la fundación de este medio, había recibido ayuda del empresario y político Adolfo “Fito” Salume. Aunque en ese momento lo negó todo, las dudas persistieron y por eso fue separado de su cargo en octubre de 2019. Ahora, tras una investigación de más de un año, Revista Factum concluye que Silva Ávalos sí recibió ayuda de Salume y que, mientras fue funcionario del gobierno Funes, recibió miles de dólares en efectivo adicionales a su salario de ley, no los declaró ante Hacienda y que provenían de una “partida secreta” adscrita a la Presidencia. Este dinero le fue entregado mediante una secuencia similar a la empleada por ese mismo gobierno para evitar controles institucionales y desfalcar del Estado, según la Fiscalía, millones de dólares. Ahora, Silva Ávalos, cuando Factum hace de su conocimiento una serie de documentos y testimonios que este medio ha recogido, reconoce su firma o su letra en algunos recibos y admite que el mecanismo mediante el cual recibió pagos adicionales a su salario de ley “no era el más adecuado”.

En diciembre de 2020, después de 54 días de haberle pedido una entrevista, Silva Ávalos se sentó a responder una batería de preguntas de este medio. En la entrevista se hizo una exploración en dos vías: una, sobre qué tipo de trabajo era el que le remuneraban por medio de pagos en efectivo y que dejó rastro en algunos recibos simples en los que él reconoce su firma, y otra, cómo eran sus vínculos con Salume, con quien en los inicios de Revista Factum tuvo una relación de colaboración que llegó hasta el préstamo de un periodista.

Silva Ávalos admitió a Factum que participó de un mecanismo de pagos ajeno a controles, similar al que fue usado por los cuatro gobiernos previos al actual para pagar sobresueldos ilegalmente a cientos de funcionarios con fondos provenientes de la llamada “partida secreta de la Presidencia”, que es una caja de efectivo sobre la que históricamente no se ha rendido cuentas. Sin embargo, aunque Silva Ávalos acepta que llegaba a cobrar a la Secretaría Privada de la Presidencia, que ahí recibía pagos de miles de dólares en efectivo, que no los declaraba al Ministerio de Hacienda y por los cuales a veces firmaba un simple recibo, alega que él nunca sospechó que esos fondos provenían de partida secreta alguna, pues él solo sabía que era dinero de la Presidencia de la República. “En ese momento mi entendimiento era que no había ninguna ilegalidad en ese tema. Ahora creo que no es el mecanismo más adecuado”, dijo en la entrevista.

Para el momento en que Silva Ávalos aceptaba esos pagos, la Sala de lo Constitucional ya había establecido la ilegalidad de todo pago oculto con esas características que impiden vigilar el destino preciso de los recursos públicos. “Las denominadas partidas secretas, entendidas como aquellas que no están sujetas a control y rendición de cuentas, no tienen asidero constitucional”, sentenció en 2010, al declarar la inconstitucionalidad de la partida secreta.

Revista Factum obtuvo ocho copias de recibos por pagos en efectivo emitidos desde la Secretaría Privada de la Presidencia a nombre de Silva Ávalos. Estos ocho recibos suman 38,140 dólares. Silva Ávalos reconoció su firma o su letra en tres de estas ocho copias, y en otros, aunque no confirmó su autenticidad, aceptó que las sumas de dinero escritas en ellos corresponden con los pagos acordados por sus servicios como “asesor de comunicación política” para la Presidencia. Este cargo de asesor, según explicó, fue un acuerdo informal, es decir, sin contrato de por medio, solicitado verbalmente por el entonces presidente Funes para que trabajara al servicio del asesor político argentino Luis Verdi, el propagandista que acompañó a Funes durante su campaña y durante su presidencia. Silva Ávalos realizaría estas asesorías al mismo tiempo que mantenía un contrato por servicios en el exterior. Este contrato informal le permitió recibir pagos hasta por 12,000 dólares en un mes.

Estos recibos forman parte de las pruebas que la Fiscalía tiene en su poder en relación con el caso de corrupción “Saqueo Público” por el cual el expresidente Funes y al menos una docena de sus exfuncionarios están siendo procesados, acusados de malversar 351 millones de dólares. Además de que Silva Ávalos reconoció su firma o letra en algunos documentos y confirmó las cantidades de pagos en otros, Factum también corroboró su autenticidad de los documentos con dos fuentes fiscales que tienen acceso a la investigación.

Silva Ávalos fue ministro consejero, primero, y posteriormente ministro plenipotenciario en la Embajada de El Salvador en Washington D.C. entre noviembre de 2009 y agosto de 2012. Los recibos de los cuales Revista Factum tiene copia fueron emitidos entre mayo de 2011 y enero de 2012. De estos, cuatro calzan fechas en que Silva Ávalos gozaba simultáneamente de su salario como diplomático y otros cuatro fueron emitidos en un periodo en que Silva Ávalos había solicitado permiso sin goce de sueldo. Sin embargo, los pagos que fueron emitidos mientras se le suspendió su salario oficial duplicaban al que le correspondía por ley.

Silva Ávalos aseguró además que mientras fue diplomático y “asesor” de la Presidencia realizó varias misiones secretas o de carácter “oficioso” que no puede revelar por las cuales también recibía pagos en efectivo que a veces respaldaba con recibos simples similares a los que le fueron mostrados por este medio. Esto implica una admisión tácita de que algunos de esos pagos ocurrieron también simultáneamente al pago de su salario oficial en Relaciones Exteriores. Aunque no ahondó en detalles, también reconoció que durante su gestión fue promovido para ser jefe del Organismo de Inteligencia del Estado (OIE), pero aseguró que esa propuesta no avanzó.

Silva Ávalos fue separado como codirector de Revista Factum el 15 de octubre de 2019 luego de que Salume publicó un campo pagado en La Prensa Gráfica en el que aseguraba que lo contrató para fundar esta revista. La razón principal de la separación, para entonces temporal, eran las dudas del equipo sobre su independencia respecto del poder al que este medio debe vigilar y sobre el que debe informar. Por eso, Factum inició una investigación que delegó en uno de sus periodistas y que en la última etapa de reporteo encomendó para edición a un periodista externo. Desde su separación, Silva Ávalos no ha tenido injerencia u opinión alguna en las decisiones editoriales de Revista Factum. Y actualmente se encuentra en proceso de separación formal de la junta directiva de Factum Media, S.A. de C.V., la sociedad detrás de esta revista, ante el Registro de Comercio.

Revista Factum entrevistó a Salume a finales de enero de 2021 como parte de esta investigación. Sobre aquel comunicado, Salume hace ahora una revelación importante: asegura que su publicación fue producto de presiones del gobierno del presidente Nayib Bukele que, en un intento por callar a Revista Factum, emprendió una serie de ataques contra sus empresas.

Con “ataques”, Salume asegura que se refiere a una docena de inspecciones que los ministerios de Salud, Trabajo y Hacienda realizaron de manera simultánea a su cadena de restaurantes Mister Donut desde el 20 de septiembre hasta mediados octubre de 2019. Estas inspecciones terminaron en la clausura temporal de al menos seis de sus sucursales, dejando en el limbo a casi un centenar de sus empleados. Ninguno de los ministerios realizó inspecciones similares a otras cadenas de restaurantes durante el mismo período.

“[En ese entonces] sostuve reuniones con un emisario del gobierno, un emisario del gobierno y del presidente Bukele para aclarar esta situación en aras de que ya no continuara este ataque en contra de mi grupo empresarial. Y ahí es donde se aclaró que yo no era el editor ni el dueño ni nada en ese momento de Revista Factum”, dijo Salume.

[Ver entrevista completa con Adolfo “Fito” Salume: “Revelé que financié a Héctor Silva por presión del gobierno de Bukele”]

Según el empresario, el emisario de Bukele manifestó molestia por una publicación reciente de Revista Factum que vinculaba al presidente con la empresa de economía mixta Alba Petróleos de El Salvador, actualmente investigada por lavado de dinero, y le pidió que “le bajara” a las investigaciones de este medio sobre posible corrupción en el gobierno. Salume asegura que manifestó al enviado que él no tiene ningún poder editorial ni incidencia alguna sobre Factum, pero que sí había ayudado a Silva Ávalos con su fundación y que la relación entre ambos había terminado en 2016. Ante eso, dice Salume, el emisario le presionó para que publicara un comunicado diciendo exactamente eso a cambio de retirar la presión estatal sobre sus empresas.

Salume se negó a decir quién fue ese emisario o a dar más detalles sobre él. “Yo me comprometí con él a mantener confidenciales los contenidos de nuestras pláticas y ahorita obviamente no me gustaría revelar su identidad ni comentar más al respecto”, dijo Salume.

El 11 de septiembre de 2019, nueve días antes de que las inspecciones de Trabajo y Salud empezaran a bombardear las empresas de Salume, Revista Factum publicó una investigación titulada “Nayib Bukele recibió $1.9 millones de Alba Petróleos”. Ese reportaje revelaba, con documentos firmados por el mismo Bukele, que este se benefició del entramado Alba, ahora investigado por lavado de dinero.

Dos días después de la publicación, Bukele aceptó en una conferencia de prensa que recibió ese dinero a cambio de la venta de sus acciones en el canal de televisión TVX, el cual también era propiedad de José Luis Merino, el hombre detrás de los negocios de Alba Petróleos de El Salvador. Durante esa conferencia, Bukele, evidentemente molesto, despotricó contra Revista Factum y horas después publicó un video en su cuenta de Facebook y en su canal de YouTube donde se expone al periodista de Factum que preguntó sobre el tema. La publicación de Bukele fue acompañada con un mensaje en contra de este medio. “Si usted es de los que estaban pendientes por el ingreso de la Revista Factum (propiedad de Fito Salume) a Casa Presidencial, le comparto este video de la conferencia de ayer. Habían decenas de medios de comunicación y dimos 4 preguntas. Pero ellos se agarraron 4 y 1 repregunta. Sin embargo, decidí contestarlas para que después no digan que uno es el que no quiere contestar”, escribió el presidente.

Siete días después de aquella conferencia, el gobierno salvadoreño empezó las inspecciones en las empresas de Salume.

Sobre los pagos a Silva Ávalos, Salume reitera en la entrevista lo dicho en su comunicado: que entregó “honorarios” mensuales al periodista durante aproximadamente un año y medio, aunque se negó a revelar el monto y si estos se realizaban en efectivo o mediante cheques o transacciones bancarias. “No recuerdo esos detalles, fue hace mucho tiempo”, dijo. Además, Salume explicó que su colaboración con Silva Ávalos no solamente fue con dinero, sino con recursos provenientes de Diario1, un periódico de su propiedad. Aunque Salume asegura haber contratado a Silva Ávalos para fundar Revista Factum, el periodista lo niega.

Este medio no pudo documentar ayuda económica de parte de Salume, pero sí logró comprobar otro tipo de ayuda: el empresario financió la creación de la línea gráfica de Revista Factum y, en algunas ocasiones, el político apoyó con la cesión de un periodista que trabajaba en Diario1 para que apoyara en Revista Factum.

La investigación que hoy publica Revista Factum sobre Silva Ávalos se enfocó en tres períodos: el primero, del año 2009 a 2012, mientras Silva Ávalos fue diplomático en la embajada de El Salvador en Washington D.C., en un primer momento como ministro consejero y luego como ministro plenipotenciario. El segundo, desde la salida de Silva Ávalos de la embajada, en 2012, hasta la fundación de Revista Factum, en octubre de 2014. El tercero, desde la fundación de esta revista hasta la salida de Silva Ávalos como codirector en octubre de 2019.

Durante un año, Factum recogió información de una treintena de fuentes como documentos oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores y otras instituciones del Estado, registros públicos, bitácoras de viajes, recibos firmados por Silva Ávalos, documentos de la Fiscalía, testimonios y entrevistas con testigos, periodistas, abogados, exfuncionarios y empresarios salvadoreños. Asimismo, habló con Salume y con empleados de las empresas de Salume, y por último con el mismo Silva Ávalos, quien llegó a la entrevista acompañado de su abogada. La información permite concluir que, entre los años 2009 y 2012, Silva Ávalos, mientras tuvo nombramiento oficial como diplomático, no solo recibió fondos mediante un mecanismo ilegal, sino que en al menos una ocasión obtuvo permiso sin goce de sueldo para ausentarse de sus actividades laborales, pero sí percibía honorarios en efectivo que eran incluso mayores a lo que oficialmente le correspondía. Además, después de terminar oficialmente la prestación de sus servicios en la Embajada en Estados Unidos, siguió recibiendo pagos durante algún tiempo posterior a la finalización de su relación laboral con el gobierno de Funes, según consta en la planilla entregada por el Ministerio de Relaciones Exteriores vía Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP).

Una de las fuentes documentales de este reportaje es la confesión del testigo más importante que la Fiscalía tiene en el caso “Saqueo Público”. El testigo estrella de este caso, cuya identidad la Fiscalía mantiene en el anonimato, ha negociado trato preferente a cambio de aportar información que permita aclarar el caso y deducir responsabilidades contra otras personas involucradas.

En su confesión, el testigo describió una trama de corrupción durante el gobierno de Funes de la que él fue parte, y para sustentar lo dicho entregó miles de documentos que guardó tras dejar su cargo público. De esos documentos, cientos son recibos de sobresueldos pagados al menos a cincuenta funcionarios durante ese primer gobierno del FMLN, entre ellos Silva Ávalos. El testigo asegura que, en total, Silva Ávalos recibió de sus manos unos 100,000 dólares provenientes de la partida de gastos reservados de la Presidencia. Ese testigo, en esta investigación, será identificado como “Hondo”.

Factum contrastó cada reporte, recibo, informe y acta provenientes de esa confesión de Hondo usados en este reportaje, y trianguló su testimonio con el de otros exfuncionarios del gobierno de Funes que tenían acceso a la información mencionada y que aceptaron hablar, algunos “on the record” y otros bajo condición de anonimato, y, en algunos casos, en ambas condiciones.

Silva Ávalos renunció a su cargo como ministro plenipotenciario en Washington D.C. en septiembre de 2012 y, aunque según los registros de planilla del Ministerio de Relaciones Exteriores siguió percibiendo su sueldo durante el resto de ese año, él lo niega.

Tras su salida como funcionario, se ausentó dos años del periodismo y la política, sus dos canchas, y se dedicó a trabajar en una universidad en los Estados Unidos. Posteriormente, en 2014 emprendió un proyecto junto a su colega y ahora director de Revista Factum, Orus Villacorta Aguilar. Sin embargo, hubo detalles de la génesis de Revista Factum que mantuvo en secreto e incluso negó durante años, hasta hoy.

Entre 2009 y 2012, Silva Ávalos prestó dos servicios al mismo tiempo al gobierno de Funes: su cargo oficial era como diplomático en Washington, pero también trabajó como “asesor”. Además fue promovido para ser jefe del Organismo de Inteligencia del Estado (OIE), según confesó en entrevista con Factum.

El asesor del asesor que ganó $12,000 en un mes

El nombre de Héctor Silva Ávalos como posible receptor de dinero de la “partida secreta” fue mencionado por primera vez de forma pública el 10 de febrero de 2020 por el fiscal general Raúl Melara. “Sí, el señor Héctor Silva es una de las personas que sale mencionada como receptor de dinero de la partida secreta”, dijo Melara ante la pregunta específica de un periodista durante una conferencia de prensa improvisada por el fiscal en la Asamblea Legislativa. 

La pregunta surgió un día después de la irrupción armada del presidente Nayib Bukele en la Asamblea, lo que activó las alarmas de diversidad de sectores nacionales y de la comunidad internacional, que vieron un amago de golpe de Estado. Este asalto armado, según reveló una investigación periodística de El Faro, fue una estrategia comunicacional para desviar la atención de una crisis política ocasionada por un problema de contaminación en el sistema de agua potable en el área metropolitana de San Salvador.

Los sobresueldos son una práctica enquistada en la administración pública de El Salvador al menos desde la presidencia de Francisco Flores (1999-2004), según han logrado determinar investigaciones periodísticas y fiscales. Se trata de pagos en efectivo extra a los honorarios correspondientes según la Ley de Salarios para algunos miembros del gabinete ampliado del presidente. Estos pagos, durante décadas, salieron de la “Partida de Gastos Reservados”, conocida popularmente como “partida secreta”, una especie de caja chica que existió y se convirtió en un hoyo negro por el cual fueron extraídos más de mil millones de dólares sin fiscalización alguna durante los últimos 20 años, incluidos los primeros seis meses de la actual administración del presidente Nayib Bukele. De esa partida usada sin fiscalización alguna no solamente salieron sobresueldos, sino millones de dólares de dinero público usado para actos de corrupción y enriquecimiento ilícito de funcionarios.

Revista Factum no ha podido determinar el origen del dinero en efectivo que entregaban a Silva Ávalos, pero, en todo caso, esos pagos que no generan registros oficiales son una forma ilegal de reconocer honorarios. Aunque la partida de gastos reservados tiene legalidad, la Sala de lo Constitucional precisó que su reserva no implica que el Estado no pueda controlar su uso, pues eso ya constituiría una partida secreta.

Sobre esto ya ha fijado posición la Fiscalía, precisamente cuando presentó el caso contra Funes y sus exfuncionarios. “Ya contando con el dinero, el señor secretario privado, por medio de otros funcionarios de Casa Presidencial, erogaban fondos sin justificación ni documentación alguna. Amparados en que esos gastos los ocupaban para gastos sociales, para el OIE y Comunicaciones. Ya contando con los fondos, de los 351 millones, 292 millones fueron retirados en efectivo. Bajo mecanismos simples de complicidad del expresidente del Banco Hipotecario. Este procedimiento se hacía retirando en efectivo del banco en cantidades millonarias en bolsas negras que se ocupan para la basura y posteriormente era entregado a terceros”, explicó el exfiscal general Douglas Meléndez, en una conferencia de prensa realizada el 8 de junio del 2018 durante la presentación de “Saqueo Público”.

El mecanismo ha sido burdo: extraer millones de dólares en efectivo de las cuentas gubernamentales para su entrega en sobres cerrados por los cuales los funcionarios únicamente debían firmar, en ocasiones, un recibo simple a cambio; recibos que tampoco estaban sujetos a fiscalización. Las personas beneficiarias eran advertidas de que no debían declarar a Hacienda esos ingresos, lo cual, a decir de la Fiscalía, podría constituir un delito financiero.

Entre 2016 y 2018, la Fiscalía presentó ante los tribunales sendas investigaciones por delitos de corrupción contra los expresidentes Elías Antonio Saca y Mauricio Funes. Ambos fueron acusados de usar mecanismos ilegales para desviar fondos desde la Presidencia de la República para enriquecerse a sí mismos y a terceros. Saca, quien gobernó entre 2004 y 2009 bajo la bandera del partido Arena, fue acusado de desviar 301 millones de dólares, mientras que Funes, que fue el primer presidente del FMLN entre 2009 y 2014, está acusado de desviar 351 millones.

Hondo ha señalado a Silva Ávalos como uno de los receptores de sobresueldos fondeados con la partida secreta y, para sustentar su relato, ha aportado numerosos recibos. Factum consultó sobre las ocho copias de recibos que tiene en su poder con fuentes fiscales que participan en la investigación en la que dichos documentos han sido aportados como prueba, habló con funcionarios del gobierno Funes que tenían conocimiento de primera mano del mecanismo de entrega de sobresueldos y además obtuvo, vía Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP), copia de los permisos y bitácoras de viajes a El Salvador autorizados a Silva Ávalos mientras era diplomático en Washington, D.C., y verificó que los realizó. Al hacer un cruce entre la fechas de sus viajes y las fechas en que fueron firmados los recibos que Hondo asegura le entregaba en El Salvador, hay coincidencia plena. En cada una de las fechas de los recibos, Silva Ávalos se encontraba en el país.

En su declaración, Hondo explica que también se entregaba dinero de la partida secreta a personas que no trabajaban oficialmente para el gobierno e incluye por lo menos a 12 periodistas y comunicadores salvadoreños de medios escritos y televisivos que, según él, estaban a sueldo del gobierno Funes. Silva Ávalos no es mencionado en la lista de periodistas, sino en la de funcionarios.

En entrevista con Factum, el expresidente Mauricio Funes contraría a Silva Ávalos sobre su papel como asesor presidencial. “Héctor se está incriminando porque él solo tenía derecho por ley a un salario y al pago de viáticos y pasajes de avión cuando estuviera en misión oficial establecida por el canciller. Cualquier otro ingreso es ilegal”, dijo Funes.

Silva Ávalos fue contratado como ministro consejero en la embajada de El Salvador en Washington D.C. en noviembre de 2009. Según él mismo, su nombramiento fue iniciativa del entonces embajador Francisco Altschul y posteriormente fue ratificado por el entonces canciller de Relaciones Exteriores Hugo Martínez. Su trabajo, según lo describen él mismo y dos exempleados de Relaciones Exteriores que trabajaron en los mismos años, consistía en la práctica en ser el “jefe de comunicaciones” de la embajada salvadoreña en la capital de los Estados Unidos. Factum contactó en cuatro ocasiones al excanciller Martínez, entre octubre de 2020 y febrero de 2021, para hablar sobre su conocimiento respecto al trabajo que Silva Ávalos realizaba en la Presidencia al mismo tiempo que era diplomático en el exterior. En los primeros intentos, Martínez pospuso la conversación alegando que se encontraba ocupado o de viaje. Al cabo del cuarto intento, el exministro dejó de contestar.

Una vez en el cargo, relató Silva a Factum, “desde muy temprano” fue llamado a El Salvador para cumplir con otro tipo de “misiones”, algunas que tenían que ver con estrategia política-comunicacional, y otras no. Ese trabajo paralelo, añadió, fue en calidad de “asesor”, cargo por el que nunca firmó un contrato ni declaración alguna, pero por el que sí recibía pagos en efectivo por cantidades que oscilaban entre los 3,000 y los 12,000 dólares al mes.

Los 12,000 dólares que recibió al menos durante noviembre de 2011 equivalen al doble del salario nominal más alto que Silva Ávalos tuvo como funcionario de la embajada. Y aunque aseguró en la entrevista que el acuerdo fue que, mientras fungiera como asesor, recibiría honorarios equivalentes a su salario como diplomático, según información oficial de Relaciones Exteriores, el salario de Silva Ávalos como diplomático nunca superó los 6,000 dólares mensuales. Su primer salario fue de 4,367.20 dólares mensuales, y luego de 5,890 dólares.

Al preguntarle a Silva Ávalos si aquellos pagos de miles de dólares en efectivo no le parecieron al menos extraños tomando en cuenta su experiencia previa como periodista de investigación, él aseguró que no. Aunque al argumentar sus razones se contradice. Por un lado asegura que tenía confianza plena en el gobierno de Funes y que nunca imaginó que hubiera algo ilegal en los pagos, pero al mismo tiempo dice que antes de convertirse en asesor ya tenía sus sospechas de que algo se podía estar fraguando.

Silva Ávalos dice que su trabajo de asesor fue solicitado desde el principio de su gestión como diplomático de forma verbal por el mismo expresidente Funes, y que durante su ejecución no solo lo asesoraba a él sino también a la ex primera dama, Vanda Pignato, al ex secretario privado, Francisco Cáceres, pero sobre todo al estratega de comunicación política de Funes, Luis Verdi. “Cuando yo venía al país a hacer asesorías, me reportaba con él”.

Hondo alude en su declaración al momento en que Silva Ávalos se convierte en asesor de la Presidencia. Dice recordar que, a finales de 2010, Silva Ávalos sostuvo una reunión con el entonces presidente Funes y Verdi. “En dicha reunión, Silva Ávalos y Luis Verdi llegaron a ciertos acuerdos de trabajo con él (Funes) y negociaron también sus honorarios. A partir de entonces, Silva Ávalos comenzó a viajar con regularidad de Washington a El Salvador, permaneciendo en cada viaje entre cinco días hasta dos semanas, aproximadamente, con intervalos entre dos semanas y dos meses entre cada viaje”.

Entre diciembre de 2020 y enero de 2021, Factum contactó por medio de mensajería electrónica en tres ocasiones al expresidente Funes, prófugo de la justicia salvadoreña y asilado en Nicaragua desde 2016, para preguntarle sobre el papel de Silva Ávalos como asesor presidencial y sus pagos en efectivo. “¿Dónde está el contrato como asesor del presidente o como parte del equipo de Luis Verdi?”, preguntó Funes, al negar que el periodista hubiera prestado los servicios de asesoría que tanto Hondo como el mismo Silva Ávalos describen. “Si él asegura que trabajaba con Luis Verdi, no lo creo. Pero, en todo caso, no soy yo quien debe aclararlo. Y en cuanto al dinero que dice él que recibió de la Secretaría Privada ese es un asunto de mi ex secretario privado, no mío. Yo no manejé ni administré el presupuesto de Casa Presidencial. En todo caso, con esa afirmación Héctor se está incriminando porque él solo tenía derecho por ley a un salario y al pago de viáticos y pasajes de avión cuando estuviera en misión oficial establecida por el canciller. Cualquier otro ingreso es ilegal”, dijo Funes.

Factum pidió al Ministerio de Relaciones Exteriores copia de todos los permisos con goce y sin goce de sueldo solicitados por Silva Ávalos mientras trabajó como diplomático en Washington D.C. y una bitácora de los viajes o misiones oficiales que realizó durante su gestión. La documentación oficial registra cinco misiones oficiales y cuatro permisos concedidos, tres con goce de sueldo y uno sin goce de sueldo. Al cruzar la información de ocho de esos viajes o permisos con las fechas de las copias de los recibos en poder de Factum, hay total coincidencia.

La única vez que Silva Ávalos solicitó permiso sin goce de sueldo fue entre el 1 de septiembre y el 31 de octubre de 2011. Explica que pidió esos dos meses luego de que Funes, en compañía de Luis Verdi, le propusieran trabajar a tiempo completo como “asesor” de estrategia política comunicacional en El Salvador, algo que, según dice, no aceptó por completo.

“Eso fue en un momento importante para el gobierno tanto en la esfera comunicacional como en las relaciones públicas: era el cambio de autoridades de Seguridad Pública, cuando iban a entrar los militares”, dijo Silva Ávalos. Y añadió que en ese momento Luis Verdi y el entonces secretario privado de la Presidencia, Francisco Cáceres, intentaron convencerlo de dejar su puesto en Washington para trabajar de lleno en El Salvador. “En ese momento yo sigo creyendo que ese no es un mal gobierno. Pero ya el tema de los militares me genera bastante duda. Entonces digo que mejor no. Entonces me dicen ‘venite unos meses, trabajá en San Salvador, Casa Presidencial te va a reconocer un salario y seguí percibiendo tu salario en Cancillería’. Y entonces yo les digo ‘hagamos una cosa, mejor probemos dos meses, yo pido un permiso sin goce de sueldo a Cancillería’. Lo pido en septiembre de 2011 y me lo dan hasta el 31 de octubre”, relató Silva Ávalos.

En una copia oficial de la planilla pagada por la Embajada de El Salvador en Washington D.C. durante los años 2009 a 2013 entregada por Relaciones Exteriores a Factum, consta que Silva Ávalos únicamente dejó de percibir su salario de Cancillería en los meses octubre y noviembre de 2011. En ese mismo período, la Secretaría Privada de la Presidencia le extendió cuatro recibos. Los dos primeros tienen fechas del 7 y 24 de octubre. El primero por 9,000 dólares en concepto de “Honorarios” y el segundo por 1,500 dólares en concepto de “Viáticos Washington”. Los otros dos están fechados en noviembre, uno el día 11, por 6,000 dólares en concepto de “50% de honorarios correspondientes al mes de noviembre” y el siguiente el día 25 por otros 6,000 dólares en concepto de “complemento honorarios nov”.

Para las cuatro fechas en que fueron firmados estos recibos, Silva Ávalos se encontraba en El Salvador, según su registro de permisos y misiones oficiales. Además, en la entrevista con este medio, él reconoció como suya al menos una firma de uno de los recibos correspondientes a noviembre de 2011 por 6,000 dólares como 50 % de su salario mensual.

Silva Ávalos reconoció su firma en otros dos recibos, uno de fecha 20 de mayo de 2011 por 2,100 dólares en concepto de “reintegro de gastos a embajador de El Salvador en Washington” y otro con fecha 24 de octubre de 2011 por 1,500 dólares en concepto de “Viáticos Washington”. Además reconoció que el pago de 9,000 dólares en concepto de “Honorarios” reflejado en un recibo con fecha 7 de octubre de 2011, “era el pago acordado” por sus servicios. De todo ese dinero y de su sueldo como diplomático, Silva Ávalos admite no haber declarado ni un dólar ante el Ministerio de Hacienda.

Al preguntarle si no temía incurrir en delito al no declarar esos ingresos, respondió que él asumió que tenía inmunidad hacendaria por su contrato como diplomático en Washington D.C., aun cuando admitió que algunos de los pagos los recibía por sus servicios como asesor en El Salvador. Sobre esto, el numeral 4 del artículo 4 de la Ley de Impuesto sobre la Renta parece darle la razón en este punto: “son rentas no gravables sobre este impuesto, y en consecuencia quedan excluidas del cómputo de la renta obtenida: las remuneraciones, compensaciones y gastos de representación percibidos en el desempeño de sus funciones por personas naturales salvadoreñas en el servicio exterior como funcionarios o empleados del Gobierno de la República”. Factum consultó con dos fuentes exempleadas del Ministerio de Hacienda. Ambas fuentes tienen conocimiento pleno del proceso de cómputo de impuestos sobre la renta. Ambas fuentes aseguran que si bien los pagos por servicio en el exterior no son gravables, sí deben ser escritos en el formulario de declaración en la casilla “Impuestos no gravables” y además se debe marcar la casilla “Servicio en el exterior”.

Además, la Ley de Impuesto sobre la Renta es clara: los fondos exentos de impuestos son los que los funcionarios reciben “en el desempeño de sus funciones (…) en el servicio exterior”. Y Silva Ávalos también es claro al decir que todos los pagos que recibió en efectivo fueron por su trabajo como “asesor” de la Presidencia de la República, no por su trabajo en Washington D.C. También es clara la Ley de Ética Gubernamental en su literal “c” del artículo 6: “Son prohibiciones éticas (…): Percibir más de una remuneración proveniente del presupuesto del Estado, cuando las labores deban ejercerse en el mismo horario, excepto las que expresamente permita el ordenamiento jurídico”.

Pagos que no dejaban ni un rastro

Hondo, en su testimonio, dice que en al menos tres ocasiones entregó dinero a Silva Ávalos y que el desembolso no generó entrega de recibo. El primero de este tipo fue hecho poco tiempo después de que Silva Ávalos fuera nombrado ministro consejero en Washington D.C., en noviembre de 2009. Según consta en su testimonio a la Fiscalía, Silva Ávalos le preguntó “la posibilidad de que la presidencia le ayudara a movilizarse a Washington porque dijo que no tenía los recursos económicos para hacerlo”. Ante esto, Hondo le preguntó al entonces presidente Funes si autorizaba darle dinero de la partida secreta, y tras su aprobación le entregó 15,000 dólares, según relató.

La segunda entrega de dinero en efectivo de la que no quedó constancia, según relata Hondo, se la hizo en abril de 2010, en el marco de la visita de Funes a Washington D.C., donde se encontraría con el presidente Barack Obama. A la comitiva del gobierno la acompañó un grupo de periodistas de los principales medios impresos y televisivos de El Salvador.

Hondo relató a la Fiscalía que para ese viaje repartió entre 5,000 y 8,000 dólares entre miembros de protocolo de Cancillería. Las cantidades fueron limitadas porque nadie puede ingresar a Estados Unidos con más de 10,000 dólares en efectivo sin declararlos. Una vez en Washington, Hondo dice que llamó a varias de las personas que llevaban el dinero y reunió entre 20,000 y 30,000 dólares, los cuales entregó a Silva Ávalos en el hotel Ritz Carlton, donde se hospedaría la comitiva de gobierno. Silva Ávalos fue el encargado de coordinar la cobertura de la visita con los periodistas salvadoreños. “Ese dinero sirvió para negociar con dichos periodistas las maderas, es decir los titulares de los periódicos, mientras que a los periodistas de televisión (se les dijo) que querían seguimientos de cinco o diez minutos”, aseguró Hondo.

Factum contactó a cinco periodistas que asistieron a aquel viaje, pero solo uno aceptó hablar del tema, y solo bajo condición de anonimato. El periodista narró que Silva Ávalos fue quien los recibió la noche que aterrizaron en la capital estadounidense y que durante todas las actividades oficiales los acompañó en el microbús en que se movilizaban en la ciudad. El periodista negó que Silva Ávalos le haya entregado dinero. “A mí al menos no me dio plata Héctor. Por los demás no puedo hablar”, dijo, en su oficina en su periódico, en San Salvador.

Silva Ávalos niega rotundamente esa entrega de dinero. “Yo ni siquiera sé qué es lo que te dijeron esos periodistas o si te dijeron ‘este señor en esta fecha me dio tanto’. Incluso, si ellos te dijeran eso, también tendrían una responsabilidad penal”, advirtió en entrevista con Revista Factum.

Según Hondo, Silva Ávalos “repartió el dinero haciéndoles peticiones puntuales que buscaban garantizar que la cobertura de la visita presidencial fuera destacada en los medios”. Revista Factum no ha podido comprobar la existencia de los pagos que Hondo le atribuye a Silva Ávalos a cambio de maderas y seguimiento noticioso en los periódicos. Lo que sí se pudo corroborar es que la cobertura de la visita de Funes a Washington tuvo un enfoque positivo cada vez que se tocó el tema en al menos cuatro periódicos que enviaron representantes al viaje oficial.

Al revisar los periódicos La Prensa Gráfica, El Diario de hoy, Diario CoLatino y Diario El Mundo en sus publicaciones de la semana del 7 al 12 de marzo de 2010, todos tuvieron la noticia de la visita de Funes a Washington D.C. en madera y en páginas interiores durante al menos cuatro a cinco días. Todos estos medios mandaron a uno o dos de sus reporteros o fotógrafos como “enviados especiales” con vuelos y viáticos pagados por la Presidencia, según aseguró un periodista de uno de esos medios que aceptó hablar bajo anonimato y que asistió a la visita oficial. Sin embargo, Fabricio Altamirano, director-editor de El Diario de Hoy, mostró documentos que prueban que el periódico pagó por el viaje y la estadía de su enviado. También dijo que la cobertura fue decidida por la mesa editorial del periódico.

Ejemplos de la cobertura positiva son los titulares que cada uno de estos medios le dedicó a la visita de Funes a Obama. El Diario CoLatino tituló en una ocasión “Presidente Funes consiguió importantes apoyos políticos en Estados Unidos”. Mientras que El Diario de Hoy encabezó sus páginas con el titular “Funes fortalece la relación con EE.UU.”. Los corresponsales enviados por estos medios fueron Francisco Valencia y Ricardo Chacón, respectivamente.

Por su parte, La Prensa Gráfica le dedicó a la visita titulares como el siguiente: “EUA ofrece ser un socio estratégico”, escrito por Gabriel Trillos, el enviado especial de ese periódico. De igual forma, Diario El Mundo publicó un artículo titulado “No quiere un simple pacto… Funes quiere una gran alianza”, escrito por Lafitte Fernández, entonces empleado y enviado especial a Washington D.C. por ese periódico junto a su colega Álvaro Cruz Rojas.

Según Hondo, en aquel viaje Silva Ávalos recibió 5,000 dólares extra para sus propios gastos y no firmó ningún recibo, a diferencia de cuando recibía pagos en efectivo en San Salvador, y tampoco entregó ninguna liquidación por los fondos entregados para estimular a los periodistas. Factum tampoco pudo corroborar la existencia de ese pago.

La tercera entrega de dinero que, según Hondo, Silva Ávalos recibió de la Secretaría Privada de la Presidencia y de la cual no quedó registro se realizó a finales de 2010, durante un viaje que el ministro de Relaciones Exteriores Hugo Martínez hizo a la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos. Según Hondo, en esa ocasión, Martínez pidió que viajaran también representantes de la cancillería en Washington, por lo que viajaron el embajador Francisco Roberto Altschul Fuentes y Héctor Silva Ávalos, quienes fueron acompañados por algunos asistentes de protocolo. A aquel viaje también asistió Leonel Flores, entonces director del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS).

Al finalizar el viaje, los asistentes de protocolo le comentaron que Silva Ávalos y Leonel Flores preguntaban si les podían pagar sus cuentas. En un primer momento, Hondo se negó, ya que les habían sido asignados viáticos de parte de la Embajada de El Salvador en Washington. “Posteriormente Mauricio Funes le manifestó al dicente (Hondo) que Leonel Flores le había comentado que no se les habían dado los gastos del viaje desde Washington a Los Ángeles, respondiendo el dicente que tenía entendido que ellos llevaban sus viáticos; sin embargo, Funes le dio instrucciones para que se les diera ese dinero” por lo que entregó a cada uno una cantidad que no recuerda, pero que debió rondar los 3,000 dólares cada uno, recordando que ese dinero se le dio a Silva Ávalos y a Altschul en un viaje posterior a ese país ya que lo hacía con frecuencia”.

De acuerdo con el testimonio de Hondo, en noviembre de 2011, previo al nombramiento del general David Munguía Payés como ministro de Justicia y Seguridad Pública, Silva Ávalos viajó a El Salvador para conversar con Funes. Este quería nombrar a Silva Ávalos como director del Organismo de Inteligencia del Estado (OIE). “En algún momento me comentaron que qué me parecería estar en ese puesto”, recuerda Silva Ávalos en la entrevista con Factum. En este punto, Hondo y Silva Ávalos coinciden en que la persona interesada en ese nombramiento era Gerardo Cáceres, pero Funes sostiene que era Silva Ávalos quien pretendía el cargo. “Yo no le tenía confianza a Héctor. Me mandó un mensaje a través de una persona que ambos conocíamos de que quería que lo nombrara en el cargo de Jefe del OIE cuando (Ricardo) Perdomo dejó el puesto para asumir como Ministro de Seguridad. Yo no lo nombré por falta de confianza y porque me envió una propuesta de trabajo que no me gustó y que incluía labores de espionaje y control político de la oposición, así como labores de lobista en Estados Unidos con congresistas, funcionarios de gobierno y tanques de pensamiento. Eso me sonaba a un trabajo tipo CIA”, dijo Funes a este medio.

Factum cruzó las fechas en que Silva Ávalos realizó «misiones oficiales» a El Salvador con las fechas en que fueron firmados los recibos en la Secretaría Privada de la Presidencia. Este cruce permite determinar que Silva Ávalos se encontraba en San Salvador cada vez que los recibos fueron firmados.

El último desembolso que, según Hondo, Silva Ávalos recibió de la partida secreta fue en relación con el fallecimiento del padre de Silva Ávalos, Héctor Silva Argüello, quien fue presidente del Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local (FISDL) con el gobierno de Funes hasta el día de su muerte, el 8 de diciembre de 2011.

Según Hondo, los fondos para pagar los gastos hospitalarios del ingreso del doctor Silva Argüello en el Hospital de Diagnóstico de San Salvador y los gastos fúnebres se cubrieron con fondos de la partida secreta “a petición de la primera dama Vanda Pignato”. Hondo no precisa montos, pero sí detalla que cuando el presidente del FISDL se desvaneció durante una reunión de trabajo, Silva Ávalos se encontraba en Barcelona, por lo que este pidió autorización para comprar un boleto de primera clase de emergencia y lograr ver a su padre, gasto que fue pagado también con fondos de la partida secreta. “Siendo la primera dama quien dijo al dicente que por favor apoyara a Héctor Silva hijo para su regreso al país”, dice la declaración de Hondo en poder de la Fiscalía. Sobre esto, Pignato, en una conversación con Factum a través de mensajes de texto, negó el señalamiento. “Eso es mentira, nunca pedí nada para él”, dijo Pignato.

De estas tres entregas de dinero, Silva Ávalos reconoce al menos una. “Lo único que no niego es que Casa Presidencial pagó mi viaje de regreso de España cuando mi papá murió, y te puedo explicar las circunstancias de eso”, dijo Silva Ávalos. “Yo estaba en España, vacacionando junto a mi esposa, y venía de regreso con un vuelo que yo había pagado el día que mi padre muere. El avión se averió y no salí a la hora que tenía programado. Cuando bajé a la receptoría de la aerolínea me llamaron un montón de personas, la primera de ellas fue una periodista que me dijo “tu papá acaba de desvanecerse”. De ahí viene una seguidilla de llamadas hasta que me dijeron, estando yo en Barcelona todavía ‘tu papá murió’. En ese contexto, el vuelo en el que yo venía estaba todavía en veremos y me dijeron ‘no te preocupés, ya tenemos un vuelo para que te regresés’. Y sí, lo pagó Casa Presidencial. De los gastos fúnebres no tengo noticia. Si vos tenés recibos de la casa funeraria me gustaría verlos”, dijo Silva Ávalos.

Dos años –no “tres meses”– con Salume

En abril de 2014, el periodista salvadoreño radicado en México Orus Villacorta recibió una llamada de Héctor Silva Ávalos desde El Salvador. Su viejo amigo le dijo que hacía dos años había dejado de trabajar en el gobierno de Funes y que ahora se dedicaba a escribir un libro que quería terminar de escribir en la Ciudad de México. Y le pidió posada en su casa.

Tras su llegada a México, y tras dos meses de conversaciones, terminaron dándole forma a la idea de fundar un medio de comunicación en El Salvador, uno que les permitiera escribir libremente aquello que en sus años en La Prensa Gráfica no pudieron.

A mediados de año, se reunieron en un hotel en San Salvador y acordaron que el nombre del medio sería “Revista Factum”. También conversaron sobre la necesidad de buscar financiamiento para el proyecto y se repartieron las tareas: Villacorta se encargaría de todo el montaje y arranque de la revista, incluyendo conseguir colaboradores gratuitos para armar la primera publicación, mientras que Silva Ávalos hablaría con empresarios que estuvieran dispuestos a invertir en un nuevo medio de comunicación independiente en El Salvador.

En agosto de 2014, Silva Ávalos le planteó que en las siguientes semanas tendría reuniones con empresarios en El Salvador y luego en Estados Unidos para invitarles a financiar el proyecto. Eso sí, con la condición de que la inversión nunca equivaldría a tener influencia en las decisiones editoriales del medio. En esa misma ocasión, Silva Ávalos mencionó a Salume como uno de los posibles financistas salvadoreños.

Villacorta asegura que él, al escuchar aquel nombre, no se sintió cómodo. Para entonces, Salume era uno de los protagonistas de una disputa pública en el mercado de las harineras: su compañía Molsa S.A. de C.V. se enfrentaba a la emergente Gumarsal, propiedad de José Adán Salazar Umaña, el presunto líder del Cártel de Texis. También se sabía de Salume que estaba fundando un partido político ligado a militares. Posteriormente, en 2016, una investigación periodística revelaría que Salume es dueño de un entramado de empresas offshore mediante las cuales se paga consultorías a sí mismo y así disminuye su factura fiscal bajo una estrategia que ha llegado hasta a usar el nombre de Cruz Roja Internacional para lograrlo.

En los días subsiguientes a aquella reunión de agosto de 2014, Silva Ávalos informó a Villacorta que las gestiones con los empresarios no habían dado frutos. Pasaron así dos meses y el 30 de octubre de 2014 Factum hizo su primera publicación, sin fondos para poder pagar un dólar de salario a sus colaboradores.

Durante la entrevista con Factum, Silva Ávalos aseguró en un principio que su relación con Fito Salume duró “de tres a cuatro meses”. Más adelante, en la misma conversación confesó que la relación duró casi dos años.

Antes de la primera edición, sin embargo, hubo que resolver algunos puntos esenciales, como por ejemplo la línea gráfica del medio y su logotipo. En septiembre, Silva Ávalos había enviado un correo electrónico a Villacorta donde adjuntaba un documento en formato png con el logotipo de Factum. El trabajo lo había hecho Juan Durán, un diseñador gráfico que trabajó durante años en El Diario de Hoy, pero que, para 2014, trabajaba ya en Diario1.com, un medio que acababa de crear Salume y que para entonces ya dirigía Lafitte Fernández.

Sin embargo, cómo se obtuvo los servicios profesionales para la creación del logotipo y la línea gráfica de Factum sería un detalle que Silva Ávalos se guardaría para sí hasta seis años después. En diciembre de 2020, Silva Ávalos admitió en la entrevista con Factum que Salume costeó el diseño del logotipo y la línea gráfica de la revista.

Factum preguntó a Silva Ávalos si, durante el tiempo en que duraron las conversaciones iniciales con Salume, recibió ayuda económica o de otro tipo de parte del empresario o de alguna de sus empresas para fundar el periódico. “Sí. Hubo un acercamiento con la gente que trabajaba en Diario1 que ofreció trabajar en la línea gráfica de Factum. Entonces, yo me reuní con… no me acuerdo el nombre del muchacho. Y platicamos de eso”, dijo Silva Ávalos.

Eso fue porque Fito Salume lo permitió. Él te dijo “mirá, te voy a poner a la gente”–, respondió el periodista de Factum.

–Sí, me dijo “mirá, esta persona puede echarte la mano”. Y yo ya lo conocía porque él era el diseñador de El Diario de Hoy.

–Juan Durán –, insistió el periodista.

–Sí, correcto, él.

–Entonces Fito Salume, a través de su empleado Juan Durán, sí te ayudó a crear la línea gráfica de Factum…

–Juan Durán me ayudó.

–… Acabás de decir que Fito dijo “mirá aquí está esta gente”.

–No. Eso lo dijiste vos.

–Héctor… me acabás de decir que Fito Salume autorizó que Juan Durán te ayudara.

–No, eso no sé yo.

–Pero Héctor, ¡si me lo acabás de decir!

–No. Yo te dije que hablé con Juan Durán. Eh, sí. Lo que te dije es que él sugirió “mirá, este chavo te puede ayudar”.

–O sea, su empleado.

–Él no me dijo eso.

–¿No sabías que Juan Durán trabajaba en el Diario1?

–Y no yo te acabo de decir que sí.

–Ajá…

–Yo te acabo de decir que sí. Él (Fito Salume) me dijo, “mirá, este chamaco te puede ayudar”. Entonces, yo conocía a Juan Durán y le dije “mirá, Juan, tengo esta idea”. Y Juan trajo eso –, dijo Silva Ávalos.

En el año de fundación de la revista, y también años después, Silva Ávalos diría medias verdades a los miembros de la redacción de Factum sobre el origen de aquel logotipo y sobre su relación con Salume, incluso durante un cuestionamiento realizado por el mismo periodista que realizó esta investigación a inicios de 2018, durante una reunión editorial. Aquella serie de preguntas tenían el propósito de calmar inquietudes a propósito de rumores sobre un posible vínculo entre Silva Ávalos y Salume. Esa vez, Silva Ávalos admitió únicamente que el logotipo de Factum lo elaboró Durán, “un ex diseñador de El Diario de Hoy”, y ocultó que dicho diseñador era el mismo tiempo diseñador del Diario1, propiedad de Salume.

Sobre la ayuda extra, además de los honorarios que asegura haberle pagado a Silva Ávalos, Salume además explica que existió un acuerdo entre Silva Ávalos y él para brindar apoyo desde el Diario1 para la consolidación de Factum. Uno de esos apoyos era el préstamo de periodistas de la redacción de Diario1 para que trabajaran para Silva Ávalos. Uno de esos periodistas es Bryan Avelar, el mismo periodista que escribe esta investigación. Sobre esto, Silva Ávalos asegura que el préstamo no se debía a un acuerdo previo sino a una coincidencia de intereses. Avelar estaba interesado en colaborar con Factum y Factum estaba interesado en recibir colaboración de Avelar.

En la entrevista, Silva Ávalos dice que las relaciones entre él y Salume alrededor de Factum duraron tres meses. Sin embargo, a lo largo de la conversación queda claro que fueron cerca de dos años. Y Salume dice no recordar con precisión, pero estima que fue “alrededor de año y medio”. “iniciamos en octubre del 2014 y creo que me mantuve apoyando a Factum un año o año y medio. Aproximadamente. No recuerdo exactamente. Después, ante el interés de Héctor de llevarlo y mi imposibilidad de seguir acompañando, es que Héctor buscó otros apoyos y entiendo que logró apoyo de algunas fundaciones que apoyan proyectos periodísticos de la índole de la Revista Factum”, dijo.

Cuando Factum preguntó a Silva Ávalos en diciembre pasado, por qué no admitió antes, y ante su equipo periodístico, que recibió ayuda, aunque fuera mínima, de Salume, responde: “No lo sé. No sé. No sé. Simplemente había una oportunidad de recibir una ayuda en un momento en que no teníamos recursos para pagar esas cosas que eran fundamentales, ¿verdad? Y que estábamos bregando para hacer el tema. Y en el momento en que ya estábamos en el entendimiento de que yo estaba hablando con gente para ver si se podía hacer una inversión en Factum”, dijo Silva Ávalos.

*Aclaración: esta nota fue modificada a las 16:20 del sábado 6 de marzo para incluir la versión de Fabricio Altamirano (EDH) sobre el viaje de uno de sus periodistas a Washington DC en marzo de 2010.