2782 Vistas |  Like

“Pretendo que la gente se joda como yo estoy jodida”

Medio en broma, medio en serio, Julio López le sugería a Marcela Zamora que quizás sería bueno tomar algunas sesiones con un psicólogo después de masticar tanto las sensaciones de rabia y depresión que despierta en ellos el documental que juntos construyeron: «El cuarto de los huesos«, estrenado y presentado oficialmente el fin de semana pasado en México, Distrito Federal, como parte de la selección oficial del Festival Ambulante: Gira de Documentales 2015.

Luego de ese comentario, estos dos salvadoreños –él productor, ella directora y guionista del documental– se tomarían casi una hora para relatar en entrevista con Factum algunos de los detalles de la conceptualización y la producción de una historia tan macabra como real, la historia de un grupo de madres salvadoreñas que busca con desesperación cualquier tipo de información sobre sus hijos desaparecidos a causa de la violencia en El Salvador; y cómo en esa búsqueda, la historia encuentra una metáfora perfecta en una pequeña habitación que aglomera los huesos de los cadáveres que han dejado los tres dramas que han azotado al país por décadas: los muertos de la guerra, las calaveras de los migrantes y, sobre todo, las víctimas de la guerra entre pandillas.

Factum también estuvo presente en el conversatorio que Marcela Zamora sostuvo en una de las proyecciones de su obra en México.

«No puedo dimensionar el dolor de (saber) que te desaparezcan a un hijo. Eso no está en mi umbral del dolor, en mi imaginario. Y no quiero que esté»

– Marcela Zamora

Y el dolor es un hilo conductor a lo largo de «El cuarto de los huesos». Marcela, quien se balancea en la contradicción de su personalidad –una mujer positiva que suele ver las cosas con optimismo–, hurga temas sombríos, como da constancia su carrera de doce años como documentalista,  con trabajos como el de «María en tierra de nadie» (sobre la trata de blancas en el intento de mujeres centroamericanas por atravesar México y migrar hacia Estados Unidos) o «Las Aradas: masacre en seis actos» (sobre la masacre en el río Sumpul).

«Mis documentales tocan temas de violencia, pero en ninguno vas a ver una gota de sangre. Creo que hay formas de contar las historias sin tener que ser amarillista o mostrar el cuerpo lleno de sangre. Ir un poco más a los sentimientos que compartimos y a lo racional».

– Marcela Zamora

El Doctor Quijano, uno de los médicos forenses que explica el contenido de "El Cuarto de los huesos".

El Doctor Quijano, uno de los médicos forenses que explica el contenido de «El Cuarto de los huesos».

Además de relatar el drama de las madres salvadoreñas que buscan a sus hijos desaparecidos, «El cuarto de los huesos» también muestra el trabajo del equipo de Antropología Forense del Instituto de Medicina Legal en El Salvador. Y muestra también cómo ese equipo hace el mejor esfuerzo por sobreponerse a las precariedades de un sistema como el salvadoreño, un sistema que no encuentra empatía con las personas que sufren por la desaparición de un ser querido.

Si los 60 minutos que dura el documental no fueron lo suficientemente duros como para sacudir las reflexiones de los espectadores, las palabras de Marcela completaron el impacto, en especial cuando en el conversatorio narró la historia de una de las protagonistas del documental, una madre que debido a la insistencia por buscar a su nieto desparecido (y su decisión de no obedecer a la orden de una pandilla para que dejara de indagar), terminó como víctima.

«Desde la cárcel le mandaron a decir que si seguía buscando, la iban a matar. Ella no hizo caso y siguió buscando. Entonces salió la orden para que fuera asesinada, pero un familiar de ella (miembro de la pandilla y que tiene cierto poder ahí) logró cambiar la orden y entonces se le exigió que comenzara a cobrar el dinero de la renta (extorsión). Ella comenzó a cobrar la renta y la policía la encontró en esto. Ahora está penando ocho años de cárcel».

– Marcela Zamora

Esa información es muy reciente y no está incluida en el documental, pese a que «El cuarto de los huesos» apenas fue terminado hace tres semanas.

Además del trabajo de Marcela y Julio, los créditos del documental incluyen a un equipo de cinco personas más: Anaís Vignal (producción), Álvaro Rodríguez Sánchez (fotografía), Leopoldo Joe Nakata (edición), Eduardo Cáceres y Álvaro Arce (sonido). 

«El cuarto de los huesos» es un trabajo de las productoras Trípode Audiovisual y La Sandía Digital, con el apoyo de la Fundación Ford. El documental será estrenado en El Salvador en la segunda semana de Mayo, en el marco de actividades del Foro Centroamericano de Periodismo 2015, que organizará nuevamente el periódico digital El Faro.

Aquí el trailer del mismo: 

¿Comó inició el proyecto del documental?

Julio López: El proyecto fue una idea original de Marce. Ella quería que se tocara el tema de «Desapariciones en conflictos contemporáneos». Siempre ha habido la idea de que las desapariciones están ligadas a conflictos ocurridos en la guerra de los ochenta, con las guerras civiles y la influencia de los militares, pero ahora ya Marce había identificado esta nueva ola de desaparecidos. La idea era hacer un documental por país entre Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México y también Estados Unidos por el tema de migración. Hacer una serie de corto-documentales en donde un director diferente de cada país tratara el tema desde diferentes puntos de vista. Escribimos el proyecto y muy a inicio del proceso nos dimos cuenta de que necesitábamos el apoyo en producción desde México. Hablamos con Anaís Vignal y ya juntos los tres comenzamos a trabajar de lleno. La primera puerta que tocamos fue la de la Fundación Ford, que ya había apoyado a Marcela en su primer documental («María en tierra de nadie»), con el que obtuvieron muy buenos resultados. Después de un tiempo de espera, nos dijeron que sí nos podían apoyar, pero no con los seis documentales que queríamos hacer, sino que solo con dos. Por diversas decisiones se determinó que se trabajaría el de México y el de El Salvador. Luego hablamos con Tatiana Huezo para que hiciera el de México, mientras Marcela haría el de El Salvador.

Dicen que juntos trabajaron en la idea de abordar el tema de los desaparecidos, pero en los créditos del documental aparece que también está basado en la investigación que el periodista Daniel Valencia realizó sobre este mismo tema…

Marcela Zamora: Sí, lo que pasa es que el tema a mí me interesó cuando leí lo de Daniel Valencia. Entonces, cuando terminó su crónica, yo recuerdo que Daniel cayó en una gran depresión que yo no entendí muy bien en su momento. Sí, sabía que era un tema duro, pero no sabía que realmente era tan duro y tan complejo. En un principio teníamos pensado hacer otro documental, pero se nos cayó el tema. Entonces fue que Daniel sacó ese tema y pensamos ¿porqué no hacer un documental sobre este grupo de forenses y las madres? Todo el equipo leyó la crónica y les encantó. Con ella conseguimos también el dinero, porque se la mandamos a la Fundación Ford. Si notás en el documental, muchas de las frases son retomadas de la crónica de Daniel Valencia. Por ejemplo la frase de que «El cuarto de los huesos podría ser El Salvador, tan chico y tan… etcétera». Creo que esa es la mejor crónica que él ha escrito. Y él nos ayudó a entrar a Medicina Legal, hizo que nos abrieran las puertas, además de darnos los contactos.

¿Cómo llegó el financiamiento?

JL: Sí, como parte del equipo base figura mucho el apoyo de las casas productoras que nos ayudaron. En este caso, desde El Salvador me apoyé para la producción de campo en Trípode Audiovisual , con quienes siempre he trabajado; mientras que en México el trabajo fue con La Sandía Digital, otra productora con la que Anaís ha trabajado en distintos proyectos. Y sí, recibimos un financiamiento de la Fundación Ford para hacer dos documentales. Ese dinero nos alcanzó prácticamente para hacer un cortometraje, un mediometraje y un largometraje. Estiramos el presupuesto para poder lograr eso. Nos faltó el último proceso de postproducción, con los fondos de la Ford, pero sí logramos sacar un primer corte que lo pusimos a concursar y, recientemente, hace dos meses, ganamos un nuevo fondo que se suma al de la Ford (para documentales en México y Centroamérica). Y con eso vamos a terminar la postproducción (corrección de color y postproducción de sonido). La otra pata del proyecto es el Festival Ambulante, porque a través de ellos recibimos los fondos de la Ford, porque nosotros no teníamos personaría jurídica en ese momento. Así los dos documentales (el de Tatiana Huezo y el de Marcela Zamora) pasaron por todo el proceso de selección al que se someten todos los documentales en México y los dos fueron seleccionados. Tenían los dos una postproducción básica, no la postproducción completa que planeamos desde un principio, pero por la urgencia del tema y la gran exposición que tiene el Festival Ambulante –que se ve en 15 ciudades de México– decidimos que valía la pena lanzarlo y hacer un primer estreno. En el futuro las proyecciones que hagamos del documental en festivales internacionales serán ya con la postproducción completa.

¿Cuál fue el presupuesto que utilizaron?

MZ: Tenés que tener en cuenta que casi todos trabajamos por amor al proyecto. Los salarios que se han pagado sí son buenos, pero no son los que se le tienen que pagar a gente del talento de cada uno de los que ha trabajado en él. Todos han tenido una pasión y una entrega por el tema. Los números son altos, pero no reflejan todo lo que vale realmente. Es un año de trabajo.

JL: Voy a tratar de ser breve en este tema. Yo creo que en Centroamérica debemos generar nuestros propios modelos de producción que estén basados en la realidad de nuestros países. Vos no podes hacer películas con los presupuestos que tienen las películas del cine independiente en México, porque son muy caras para hacerlas en Centroamérica. Lo cual no quiere decir que no van a tener el mismo nivel de calidad de las que se hacen en México o en el resto de Latinoamérica, por solo hablar del cine independiente latinoamericano. Dentro de todo este ejercicio, la película de Marcela se enmarca en esa búsqueda de modelos de producción propia donde podamos producir grandes trabajos con la menor cantidad de recursos. Esta es una cifra que yo, hasta ahorita, con la experiencia que tengo, manejo. Yo creo que en El Salvador por lo menos necesitas conseguir entre 50 mil a 100 mil dólares para hacer un documental con el nivel técnico que compita en los circuitos internacionales. Eso es lo mínimo que vos debés conseguir, sobre todo para cubrir los gastos de postproducción y también los salarios de los profesionales. Nosotros hicimos esta película con solo cuatro personas en campo. En México se hacen con una docena. Todos teníamos un buen salario, pero bueno, éramos solo cuatro personas, para entender la comparación. Hay que encontrar las formas. Yo creo que esta película de Marcela y otras películas más que vamos a hacer en El Salvador van a manejar ese formato, un formato de encontrar cómo producir en nuestros países, porque no hay muchos manuales de cómo hacer buenos documentales con video digital en el Siglo XXI en Centroamérica.

MZ: También hay otro dato. Está el modelo de producción y el modelo de filmación. Yo creo que por eso sirvió mucho que teníamos poco dinero y poco tiempo, porque tiempo es dinero. Entre más tiempo, se requiere más dinero. Y viceversa. La clave está en como vos ordenés tu filmación y eso requiere mucho de dirección y de producción. Hacer una producción muy organizada hace que se requiera menos dinero. Cuando tenés una producción con muchos cabos sueltos, pues vas a necesitar mucho más dinero. Nosotros teníamos una producción súper organizada. Teníamos un guión de filmación. Íbamos a lo que queríamos, o sea no inventando, habiendo hecho antes una investigación larga, para llegar al rodaje para lograr lo que yo quería.

Sé que hablar de cifras exactas es un tema delicado, pero saber estos datos también orienta acerca del valor y el profesionalismo que este tipo de trabajos requiere…

JL: Yo creo que decir 50 mil dólares o 100 mil dólares es decir muchísimo dinero para el ciudadano común en El Salvador, pero no es ni la décima parte de lo que puede costar una película de industria en cualquier otro país que sí tenga una industria. Entonces, sí, son modelos altos, pero es lo que se necesita para realizar documentales de calidad.

MZ: Y además hay otro tema importante, que es el de las alianzas (con productoras). Si tomás en cuenta lo que las alianzas nos dieron, esto supera los cien mil dólares. Ese es un modelo que podes hacer en Centroamérica. Haces una coproducción con gente que te pueda dar cosas a cambio de incluir su logo. Por ejemplo, Semillero Films nos dio el alquiler de una sala de sonido y eso no baja de 25 mil dólares. Entonces, lo que debemos hacer en Centroamérica es generar alianzas, para que no tengamos que desembolsar cash, sino incluir logo e intentar luego vender la película y compartir el dinero.

¿Cuáles son los planes de distribución de «El cuarto de los huesos»?

MZ: Este próximo lunes vamos a tener una reunión con Women Make Movies, que es la casa distribuidora más importante de cine hecho por mujeres en Estados Unidos. Ellos distribuyeron «María en tierra de nadie» y ahora quieren distribuir este documental. Luego queremos hacer un año de festivales. Nuestro ideal es estrenar en (el festival) Hot Docs y después comenzar a tener un año de festivales. Y luego ya ir a los circuitos alternos.

Te escuché decir que si un documental llega a ser exhibido en Hot Docs, este ya camina solo…

MZ: Exactamente. Hay festival A y festivales Doble A. De los festivales A hay como diez en el mundo, nada más. Si vos colocás tu documental en uno de estos festivales A, se vuelve facilísimo. Ya camina solo… La cosa es llegar a estos festivales, y generalmente se accede a ellos cuando se tiene el apoyo de una casa distribuidora como Women Make Movies, porque tienen los contactos y se saben ubicar ahí. Entonces es un plus tenerlos a ellos.

JL: Para agregar algo sobre el tema de la distribución… De nuevo, siempre pensando en la manera de generar modelos para Centroamérica. Yo estoy en una constante búsqueda de perfeccionamiento de modelos de producción para lograr cine independiente de calidad en Centroamérica. En ese sentido, estamos aprendiendo a hacer ruta de festivales para cine centroamericano, y eso es algo muy importante porque te da exposición en los circuitos y te ayuda a conseguir los fondos de la industria. Ahora bien, la películas que hacemos nosotros no solo tienen la necesidad de llegar a esos circuitos para poderse financiar, sino que además tienen una carga súper fuerte de contenido social, de contenido de denuncia o de temas que queremos colocar en agenda. Entonces eso merece otro tipo de distribución en Centroamérica, que va desde proyecciones gratuitas, hasta otras cosas. Al final lo que queremos es que tenga una gira sólida de festivales para que tenga una proyección internacional… y luego regalar la película, en internet, en DVDs, en donde se pueda, superados los dos años del proceso. Porque lo que queremos es que se vea, que la gente la vea. También queremos que llegue a los cines y que esté en cartelera comercial. Es un proceso larguísimo.

Una escena de una de las madres afectadas en "El cuarto de los huesos", mientras busca a su nieto desaparecido.

Una escena de una de las madres afectadas en «El cuarto de los huesos», mientras busca a su nieto desaparecido.

Entrando ya en el contenido del documental, este posee una escena en la que se utiliza una metáfora del «Cuarto de los huesos» en comparación con El Salvador. Y siento que es un mensaje esencial de lo que quisiste comunicar…

MZ: Creo que es la parte esencial, pero siento que es difícil de explicar porque es tan claro, pero tan claro, que es literal. «El Cuarto de los Huesos» podría ser El Salvador literalmente, porque es carente, porque es anónimo. Es un cuarto que nadie conoce, un cuarto que está saturado de huesos… En El Salvador, como bien dice la psicóloga que entrevistamos, si tú caminas, estás pisando fosas comunes en casi todo El Salvador. El cuarto está saturado y es tan pequeño, como El Salvador. Es carente de todo. El Salvador es carente de justicia, carente de visibilidad, carente de todo… la verdad.

JL: A mi me gustaría decir una frase que Francisco Morales, un amigo con quien he trabajado la edición de muchos proyectos, y que me dijo: «Si me volvés a traer otro tema de violencia, renuncio«. Y yo le decía que la realidad de lo que pasa en El Salvador es tan imperante. Martín Baró decía que «la guerra civil era totalizante porque condicionaba todos los aspectos de la vida social del salvadoreño«. Entonces retomo esa frase y reflexiono en que ya no estamos en una guerra civil, como en los ochenta. Estamos en otro tipo de guerras, en otro tipo conflictos, y sigue siendo totalizante para toda la población. Dentro de que uno como documentalista se tiene que enfrentar a esa realidad, yo creo que «El cuarto de los huesos» es una metáfora literal y sumamente descriptiva desde una forma poética de lo que ocurre. En ese cuartito, con ese montón de huesos, podemos hablar –como dice la película– de tres de las grandes tragedias de El Salvador. Es una película muy concisa, con una metáfora muy potente.

MZ: En ese cuartito se condensan nuestras tres desgracias: ahí están nuestros huesos de la guerra, nuestros huesos de la guerra actual entre pandillas y nuestros huesos de los migrantes que regresan hechos calavera. ¿Cómo más querés describir a El Salvador?

¿Encontrar esa metáfora surgió casual o la buscaste intencionalmente?

MZ: Es que fijate que hay dos formas de hacer documentales, que yo aprendí en mi escuela. Hay dos modelos, y uno elige el que quiere seguir. Uno es cuando hacés una pequeña investigación, una gran filmación y construís el guión en la sala de edición; y la otra es cuando hacés una gran investigación, un guión casi de hierro –pero no es de hierro, porque es documental–, filmás según el guión y montás en la sala de edición. Yo hago de esta última manera todos mis documentales. Yo filmo con guión, voy secuencia tras secuencia. Te puedo enseñar el guión que yo hice. Es, primera secuencia: la morgue. Salen los cuerpos, se suben al carrito, vamos al cementerio, ahí les hago estas preguntas a los enterradores. Luego del cementerio quiero contar esto y…

O sea que en el proceso de investigación para crear el guión te encontraste con la metáfora y a partir de ahí fuiste construyendo…

MZ: Sí, exactamente. A partir de ahí y de las madres. Así fui construyendo el guión, que se iba entrelazando. La primera versión del documental no era así. En un principio iba todo lo de los forenses y luego todo lo de las madres. Pero lo mostramos a un grupo y nos dijeron: «Es muy fuerte. Ver solo a los forenses… huesos, huesos, huesos, al inicio. ¿Y estos huesos de quién son?«. Nos decían que no podía ser así. «Necesitamos escuchar la voz de las madres antes. Se vuelve demasiado angustioso y la gente no aguanta«. Entonces fue que cambiamos la edición y comenzamos a entrelazar las historias de las madres con las historias de los forenses.

Una buena entradilla para plantear esta entrevista es contar la conversación que ustedes estaban teniendo antes de empezar, acerca de contratar a un psicólogo. Y eso demuestra un poco la depresión que una historia tan dura les contagia en todo este proceso. También en el conversatorio que tuviste con el público, noté que se te quebraba la voz por momentos. ¿Cómo se lidia con la depresión que te ha heredado este documental? Debe haber una satisfacción personal por haber terminado el documental, pero a la vez una tristeza de saber que no se vislumbra solución para el problema que ahí exhibís…

MZ: Yo siempre veo las cosas desde una posición esperanzadora, desde una posición positiva en la que voy a contribuir con algo. Y es la primera vez que al terminar un documental me ha quedado un vacío grandísimo y que no sé cómo manejarlo. Nunca he terminado con ira. Esta es la primera vez que he terminado con ira, con rabia y con mal humor. Tengo un enojo, pero un enojo fuerte adentro y que no sé cómo sacarlo. No sé. Yo creo que hasta que vaya a gritarle al presidente, a los ministros y a los diputados: «¡Como putas no ven esta mierda! Si todos tienen madre, porqué putas no pueden tener un poquito de sentimiento con estas mujeres«. Entonces ya es una cosa de querer ir a gritar… Y que no creo que esté mal. Creo que es súper necesario tener esta necesidad de gritar. ¿No? Que te motive a llegar a donde están los que toman las decisiones y poderles decir estas cosas. Yo creo que está bien. Son nuestras madres, pues. Es lo más sagrado que tenemos cada uno. ¡Las madres no pueden sufrir! Yo de verdad sí creo que hay que contratar un psicólogo…

Esta depresión debió haber contagiado a todo el grupo, ¿no?

JL: Por supuesto. Estar en contacto con la realidad de las madres y en contacto con las historias que cuentan los forenses y los mismos huesos en sí, es algo muy devastador. Y creo que nuestra carrera no se define solo con este trabajo, sino también con los trabajos previos y los que vamos a seguir haciendo. Entonces este es uno de los  pasos más duros en cuestión de enfrentamiento directo con la realidad. Y lo que deja, además de una profunda tristeza y una profunda impotencia… a mí, es una profunda preocupación sobre lo que se puede hacer. Es decir, ya les mostramos esta parte de la realidad, pero de veras, ¿qué vamos a hacer?

MZ: Que eso le compete a los políticos, no a vos…

JL: Totalmente… Y  cuando debemos rodar en El Salvador… Así como hay muchas zonas en las que la población civil no puede caminar con tranquilidad, sin tener que pedir permiso, ¿no? Pues nosotros tampoco podemos trabajar en buena parte del territorio nacional, porque tenemos que pedirle permiso a las personas que controlan esos territorios. Entonces esas son como diferentes características del proceso que estamos viviendo. Creo que hay una profunda preocupación, desde nuestra trinchera, por un lado por retratarlo, pero también ya como sociedad, ya no como nuestro propio gremio, ponernos a pensar qué hicimos para llegar a este momento y cómo le hacemos para salir.

MZ: Hay una anécdota que ojalá pudieras contarla. Que para mí es lo que resume todo, todo mi documental y todo lo que estoy sintiendo. Y es la madre que me dijo: «¿Usted sabe cuándo voy a encontrar a mi hijo? El día en que le desaparezcan un hijo a algún funcionario, a un ministro, a un alcalde, a un presidente… Y que le digan que está muerto y que lo han escondido en algún lugar de El Salvador. ¡Ahí lo voy a encontrar! ¡Ahí sí van a comenzar a levantar esas putas piedras que  hay en El Salvador!«. Eso es lo que resume, para mí, todo esto. Y es feo, porque yo no quiero que le desaparezcan ningún hijo a nadie. Nadie se merece ese dolor, pero creo que tiene razón esa madre. Creo que ya es lo único que le hace falta a El Salvador…

JL: Valdría la pena también mencionar, por las características del proyecto macro –que se llama «Ausencias«, sobre desapariciones forzadas–, es que este es solo el capítulo de El Salvador, pero tenemos también ya producido el capítulo sobre México. Y tenemos en proyecto otros capítulos sobre otras partes de Centroamérica, con otras pandillas, otros agentes que están provocando las desapariciones. La preocupación entonces salta a la zona regional. Ya que estamos bien enfrascados en la preocupación que tenemos en El Salvador, pues ahora vamos a Centroamérica. Y ahora, como no había pasado en cuatro o cinco décadas, también México está igual de convulsa que Centroamérica. Estamos hablando de una Mesoamérica muy convulsa, que demanda seguir trabajando desde nuestra trinchera.

No identificado

Escena en una morgue de El Salvador. Parte del documental «El cuarto de huesos», de Marcela Zamora.

Se entiende la rabia que ustedes tienen al contar esta historia. Y habrá distintos públicos que verán su documental. ¿Cuál es el público imprescindible que debe comprender el mensaje que ustedes buscan comunicar con el documental? ¿Sería el de los funcionarios obligados a dar una solución?

MZ: Son los funcionarios que deben tener las respuestas, pero no solo ellos…

¿Supera entonces al posible público de las propias pandillas? ¿Les parecería adecuado que las pandillas vean esto, se sensibilicen un poco y tomen acciones al respecto?

MZ: Por supuesto…

¿Aunque cause algún riesgo para algunos de los protagonistas del documental?

MZ: No, no causa riesgo. Si ves el documental, te das cuenta que todos están sin rostro. Y se va a hacer un tratamiento mucho más riguroso sobre las madres. Se va a poner una máscara que no va dejar que se vea nada de las madres (que pudiera delatarlas). Es lo que decía: filmar no fue lo difícil. Lo difícil fue pensar en contar esta historia sin que me maten y me desaparezcan a estas madres. Así que creo que no, que en riesgo no hemos puesto a estas madres. Eso lo tengo completamente seguro. Esto lo tienen que ver los funcionarios insensibles, esto lo tienen que ver las pandillas para que vean que sus acciones tienen una reacción en los que no quieren (que pase esto), que son las madres. O sea, los muertos, muertos quedan. Quienes se quedan sufriendo son las madres. ¡Si una madre no ha hecho nada, pues! ¡Por dios!

Escuché que ya tienen en pauta una proyección especial del documental con algunos funcionarios…

MZ: Sí, con algunos representantes de la Corte Suprema de Justicia. Esto será la próxima semana o, a más tardar, la siguiente. Será con los jueces y los encargados de recibir a estas madres…

JL: Vos preguntabas sobre cuál es el público que más nos interesa que vea este documental. Yo encadeno esa pregunta con la que hiciste acerca de las distribución de la película. Te decía que hay dos distribuciones: la de los circuitos cinematográficos y la comunitaria, o social, diría yo, que es la que opera prácticamente en Centroamérica y sobre todo en El Salvador. Nosotros necesitamos hacer la del circuito cinematográfico, pero la que más nos interesa es la comunitaria o la social, y que se vea desde la clase media –que es la que usualmente consume estos productos– hasta las comunidades, hasta las pandillas, hasta los gobiernos. La labor fundamental y en la que podemos tener un poco de conciencia es la de llegar al circuito comunitario, al social.

¿Tienen algún plan para que las pandillas vean esto?

MZ: No, ahorita no. Es que ahorita apenas lo acabamos de terminar. Apenas estamos viendo cuáles son los circuitos en donde lo podemos mover, en donde El Faro es nuestro aliado, realmente. Lo de la Corte Suprema lo ha conseguido El Faro, que es un aliado importante, porque es el que nos puede llevar a mostrarlo en la cárcel. Viste la experiencia que tuvo El Teatro del Azoro, que llevó la obra «Los más solos» a la cárcel. ¿Porqué no llevar este documental? ¿Porqué no realizar una proyección en cárcel de mujeres? Yo ya he hecho proyecciones en cárcel de mujeres. ¿Porqué no hacerlo en Mariona? ¿En Cojute? Hacer una rueda de proyecciones en cárceles… De ahí es de donde salen las órdenes, realmente. Entonces, todo esto es de hacer un plan, pero hace un mes apenas estábamos terminando el documental.

¿Cómo creen que El Salvador reciba esta historia? Tomando en cuenta que tiene la posibilidad de causar una vergüenza general por cómo el problema se nos ha salido de las manos…

MZ: No sé cómo vayan a recibir esto. Te voy contar una anécdota sobre lo que me pasó la primera vez que proyecté «María en Tierra de Nadie» en El Salvador, y que la gente comenzó a salirse del cine. Es un tema fuerte, como el de los desaparecidos. Y yo dije… ¡No les gustó! La gente se salía en grupos. Hasta que paré a un grupo de señoras que no sabían que yo era la directora. Y les pregunté porqué se salían. Y lo que me dijeron fue: «Mire, es que mi hijo ahorita está cruzando (rumbo a Estados Unidos). Y no quiero saber lo que le pueden hacer a mi hijo«.  Entonces yo creo que puede haber una reacción parecida, de no querer saber lo que le pasa a un hijo si llegara a estar desaparecido. Porque si ves, el documental tiene descuartizaciones. Imaginate que te estén descuartizando un hijo. Pienso que puede tener una reacción de un tipo de rechazo, en el aspecto de cuántas madres tienen un hijo desaparecido. Creo que puede ir por ahí… Y de indignación, también.

¿Estoy en lo correcto al definir tu trabajo como la búsqueda de exprimirle al drama humano las sensaciones que motiven cambios?

MZ: Totalmente. Pero te soy sincera: no sé como lo hago.

¿No es intencional?

MZ: Fijate que a mi me dijo Ricardo Vaquerano (editor de El Faro), algo que me enorgulleció un montón. Me dijo: «Yo te admiro como entrevistadora, porque vos siempre hacés las preguntas que nadie más haría«. Y yo tengo esto de desarmar a la gente antes de llegar a lo que vos querés preguntar. ¿Y cómo hacés eso? Pues cuando te ponés en la misma sintonía de la gente, cuando ya no sos el entrevistador, aquel que viene, que es más que yo. Así que creo que esa es una de las herramientas que tengo, que no lo hago consciente, pero ahí va. Como cuando le digo a una señora que yo no vengo a decir qué pobrecita es usted, quiero entender esta realidad, quiero hablar de su casa, del amor, del día a día, de la vida, del sufrimiento, de las alegrías, quiero conocerla. Busco entender a la madre, para entender todo lo que viene detrás del problema. Y para ello hay que ir más a lo humano, a lo banal, si querés llamarle así, y a lo que te acerca a estas personas.

Marcela Zamora, en el estreno de "El cuarto de los huesos", en México DF. Foto de Orus Villacorta.

Marcela Zamora, en el estreno de «El cuarto de los huesos», en México DF. Foto de Orus Villacorta.

Pensando en las reacciones de la gente que no es una autoridad política en El Salvador, cuando vean el documental, algunos podrían plantearse qué pueden hacer para cambiar las cosas. ¿Qué les dicen a ellos? ¿Qué pueden hacer?

MZ: Es que este tema es bien difícil. Es bien difícil incidir en la sociedad civil. Pero sobre todo, yo lo que pretendería es que la gente de clase media pueda preguntar ¿cómo estás? ¿qué te pasa en tu barrio? Que no vivamos en una burbuja tan separada de la otra burbuja, que es donde vive el 89% de otras personas, entre las que está la señora que lava en la casa, de la que no sabemos si tiene un hijo desaparecido. Voy a preguntarle, y me voy a sensibilizar con ella. Y a través de eso, de la indignación que causa conocer los problemas de la gente que rodea a tu clase media, dejar de ser pasivos, para tener indignación y movernos.

JL: Es una pregunta bien difícil porque es casi como ponernos a pensar cómo podemos arreglar el mundo, pero si ya nos ponemos en ese nivel de discusión, que es mucho más metafórica, pues pienso que necesitamos fomentar una ciudadanía más crítica, una ciudadanía que luche por salir del sistema de exclusión que se vive en el país. Los análisis más cortitos para intentar entender porqué hubo una guerra en los ochenta en El Salvador datan desde finales del Siglo XIX, con la creación del Estado Liberal. A partir de esa época estamos viviendo un sistema de exclusión que ha generado las crisis, la muerte y la violencia de todo el Siglo XX y con el que estamos viviendo ahora en el Siglo XXI. Y ahora pareciera que la violencia es más brutal que la de hace cien años y sigue en aumento. ¿Qué podemos hacer con el tema de los desaparecidos? Y no solo con ellos, sino con el país desangrándose por todos los aspectos y toda la violencia que esto encierra. Creo que la respuesta, hablando en estos términos un poco utópicos, es crear una ciudadanía crítica que vaya denunciando lo que pasa y que vaya tratando de exigir que cambie el estado de las cosas. Y no solo en El Salvador, sino en toda la región. Suena muy utópico y quizás un poco desesperanzado…

MZ: Yo pretendo que la gente se joda como yo estoy jodida. Creo que en la realidad que estamos viviendo ahora, no tenemos derecho a estar bien. Creo que hay que joderse mucho para poder estar conscientes y así poder reaccionar.

*Fotos cortesía de la producción de "El Cuarto de los Sueños".