El refugio de Rosa Robles

Siete meses han pasado desde que Rosa Robles Loreto decidió refugiarse en la Iglesia Presbiteriana del Sur de Tucson para evadir una orden de deportación en su contra. Los esfuerzos de su abogada Margo Cowan y de decenas de líderes políticos, religiosos y activistas para que la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, en inglés) cierre su caso han sido infructuosos.

Cada día es para Rosa una eternidad. Aunque su esposo y sus hijos la visitan y pasan un buen tiempo con ella hay algo que aún no tiene.

“€œLa libertad es muy importante para uno… La familia está separada porque aunque yo veo a mis hijos el objetivo es estar juntos, pero es muy triste no tenerlos cuando se van a la escuela. Pero eso es lo que también nos hace fuertes en estos momentos para seguir en esta lucha”€, dijo Robles durante en una entrevista en su pequeño cuarto-refugio, donde dice que se fortalece gracias a la oración.

Congresistas del estado de Arizona, la líder campesina Dolores Huerta, líderes religiosos, miembros de la comunidad y decenas de residentes de Tucson se han unido a la petición de Rosa de no separarla de su familia.

“Está enojada la gente, viene ya enojada, no lo pueden creer, ellos que son ciudadanos dicen que les da pena que su gobierno no me da esa oportunidad”, comentó Robles, quien reside en Estados Unidos desde hace 15 años.

Como esta mujer, miles de inmigrantes indocumentados enfrentan ordenes de deportación y la separación de sus familias. Aunque autoridades federales calculan que casi cuatro millones se beneficiarían de las medidas migratorias del presidente Barack Obama, Rosa no está en esas listas. Ella no es sujeto a los beneficios -detenidos por el momento tras un fallo en contra emitido por un juez estatal- porque sus hijos nacieron en México; los menores sí podrían beneficiarse de la extensión de la Acción Diferida para la Llegada de Niños (DACA), su madre no.

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“Tantos latinos estamos pidiendo esta oportunidad… que empiecen cuando menos con los de santuario (refugiados en iglesias u otros establecimientos). Lo estamos pidiendo es poder trabajar, salir adelante, para que vean que somos más las personas luchadoras que las que vienen a hacer daño”€, expresó la inmigrante originaria de Hermosillo, Sonora.

Robles es una de las víctimas de la ley estatal SB1070: una infracción de tránsito la dejó a puertas de ser deportada después de que un alguacil del condado de Pima, en Arizona, la remitió con la Patrulla Fronteriza cuando presentó una licencia de conducir de México. La mujer permaneció 57 días en un centro de detención de inmigración.

Activistas del sur de Arizona iniciaron el pasado 18 de febrero una campaña para llamar la atención nacional sobre este caso. Más de 10,000 letreros en los que se pide cerrar el caso de Robles han sido distribuidos por el estado; el llamado también se replicó en las redes sociales.

“€œEl objetivo es que llegue hasta la Casa Blanca, al Secretario (de Seguridad Interna) Jeh Johnson para que vea toda la gente que me sigue apoyando y que tome él la decisión de cerrar el caso”€, sostuvo Robles.

De los diez inmigrantes que se refugiaron en iglesias el año pasado a lo largo de Estados Unido, solo continúan con sus luchas Robles Loreto y Arturo Hernández García, quien se encuentra refugiado en la iglesia First Unitarian Society de Denver (Colorado) desde hace cuatro meses.

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Rosa Robles Loreto, migrante mexicana indocumentada que se ha refugiado en una iglesia de Arizona para evitar su deportación. Fotos de Paula Díaz.

Paula Díaz es periodista colombiana especializada en temas          migratorios residente en Arizona.

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