El Hospital Rosales perdió el cadáver de Amelia Tejada

El Hospital Rosales, el principal centro de salud público de El Salvador, confundió los cadáveres de dos mujeres. El cuerpo de la señora Amelia Tejada, que no murió por coronavirus, fue entregado a otra familia y enterrado con protocolo Covid-19 en el cementerio La Bermeja. Esa negligencia impide ahora la exhumación del cuerpo de Amelia. Las autoridades le han dicho a su familia que probablemente deberá esperar 7 años para poder hacerlo.

Foto FACTUM/Cortesía


Amelia Tejada vivió 68 años. Falleció el 2 de julio de 2020 en el Hospital Nacional Rosales a causa de una insuficiencia venosa: un problema de circulación le ocasionó un paro cardíaco. 26 días después de su muerte, su familia aún busca su cuerpo. 26 días después de su muerte, su familia no ha podido enterrarla. Personal de la morgue del Hospital Rosales entregó el cadáver de Amelia a la familia equivocada. La confundieron con una paciente sospechosa de Covid-19 y ahora, casi un mes después de su fallecimiento, su familia suplica para poder exhumar el lugar donde creen que está enterrada.

El Hospital Rosales, al menos, ha reconocido el error. El representante legal del hospital asegura que han iniciado una auditoría interna para deducir responsabilidades.  «El hospital está tratando de darle una pronta respuesta a la familia afectada. Entendemos que esto ha generado mucho dolor en ellos, más del normal en la pérdida de un familiar», dijo a Revista Factum.

Carolina Meléndez es la única hija de Amelia Tejada. Ella decidió contar el camino que le ha tocado seguir para poder despedirse de su madre. No quiere que lo que le pasó a su familia se repita con alguien más. «Buscamos una exhumación del cuerpo de mi madre para poder darle cristiana sepultura, cerrar con mi papá el ciclo de dolor, y enterrarla a ella con todo el amor que se merece, ya que nos robaron la oportunidad de poder darle una velación», dice.

Carolina cuenta que su madre sufrió de un problema de artritis reumatoidea la mayor parte de su vida. Estuvo postrada en una silla de ruedas más de veinte años. Recuerda que cuando ella tenía nueve años Amelia ya se movía con dificultad. Luego llegaron algunos accidentes que empeoraron la situación.

¿Qué fue lo que ocurrió con su mamá?

A mediados de junio ella tuvo un problema con unas úlceras en sus piernitas. Entonces la llevamos al Hospital Bautista, ahí estuvo ingresada más o menos una semana, y por cuestiones económicas nos vimos en la obligación de trasladarla, con mucho temor por esta cuestión de la pandemia. Teníamos temor de que algo sucediera con ella y que empeorara su condición de salud.  Así fue como el 1° de julio, a eso de las 4 de la tarde, pedimos ayuda de parte de Comandos de Salvamento para trasladarla del Hospital Bautista al Hospital Rosales. Llegamos alrededor de las 5 de la tarde, y alrededor de las 12 de la noche mi mamá estaba siendo ubicada en una camilla. En ese momento ya estábamos conscientes con mi papá que la condición de mi mamá era delicada y ya nos estábamos preparando para el fallecimiento de ella, porque varios médicos internistas ya la habían visto y no nos daban esperanza de vida.

¿Ella estaba consciente?

Ella estaba consciente en todo momento.  Ella incluso se entregó a Dios y le pidió que se la llevara en su presencia para ya no seguir sufriendo.  Entonces ese día ya esperábamos una noticia, estábamos preparando nuestros corazones para la partida de ella. El 2 de julio, a las 12 del mediodía, recibo una llamada del Hospital Rosales donde se me informa que mi mamá había fallecido. El señor me explica que para retirar el  cadáver tiene que ser con personal de la funeraria.  Entonces empiezo a dar las vueltas de la funeraria. Por la misma situación, créame que llamé a varias funerarias y se me dijo que no había lugar y que no me podían vender un sitio de emergencia. Una vez yo conseguí un servicio funeral se tomó la decisión de acudir con ellos. Nos acercamos con mi papá a las 4 de la tarde a la morgue. Nos recibe una persona de alrededor de 31 años, esta persona  revisa en su libro y nos dice que sí, que para hacer el reconocimiento tengo que ir a traer el acta de defunción a una oficina que queda al otro lado. Efectivamente me entregan el acta de defunción de mi madre, donde se hace constar que mi madre murió de una insuficiencia venosa crónica.

Regreso yo con esa boleta a la morgue y la persona me dice que no, que no puedo recoger el cadáver, sino hasta que llegue la funeraria. En ese momento yo empiezo a presentir algo malo. Llegamos a las nueve de la noche con las personas de la funeraria, ya listos con el acta de defunción de mi madre, y nos salen otras dos personas, ya no la misma persona que me atendió en la tarde, si no otras dos personas completamente diferentes con traje Covid. Me sale ese día a las 9 de la noche con traje Covid, y me preguntan si mi mamá murió por Covid. «No, de muerte natural», dije. Qué raro porque en la morgue, y quiero hacer énfasis en esto, solamente hay dos cuerpos y los dos son hombres. Empiezo a sentir el temor en mi corazón y empiezo a sentir una angustia horrible y mi papá me dice: «no, vos no estás listas, voy a ir a yo a reconocerla».

Y efectivamente mi papá se tarda y empieza a buscar en otros cuartos que tienen para las muertes naturales y en ninguno estaba mi mamá. Entonces en ese momento le dicen a mi papá: «bueno, si quiere puede pasar a la morgue donde están los muertos con sospecha de Covid, talvez por error la pusieron ahí». Mi papá es una persona de casi 70 años, está en un gran riesgo, y por amor se puso su traje y se preparó para hacer el reconocimiento de los cuerpos, con la esperanza vana de encontrar el cuerpo de mi mamá.

Entra mi papá y me cuenta, con un gran horror, que él ha abierto, con la esperanza de reconocer a mi mamá por las heridas que tenía en sus piernas, alrededor de 20 cuerpos con sospechas de Covid, (y) ninguno (era) el de mi madre.

Yo caí en desesperación, empecé a gritar y lo único que me decían era: «Regrese mañana porque el jefe no estaba». Tratan de llamarle y la persona encargada no contesta. A las seis de la mañana del día siguiente estábamos ahí con mi papá de nuevo, con la esperanza que talvez estaba en otro cuarto.  Y nos dice la misma persona que nos recibió inicialmente que no sabe qué ha pasado y empiezan a buscar en el libro y llegan unos, discúlpeme la palabra, unos bichos inmaduros a cargo de entregar los cuerpos de las personas.

Cuando ellos se dan cuenta del error que han cometido empiezan a reírse de mi dolor y del dolor mi papá. Investigando, nos dimos cuenta que ese día que mi mamá falleció habían fallecido tres mujeres:  dos con sospecha Covid y mi mamá con muerte natural. Yo tomé la iniciativa de verificar en los libros porque ellos solo decían: «es que el encargado no ha venido». Cuando les empezamos a exigir «dennos datos, ¿qué cuerpos salieron entre las dos y las nueve de la noche?», nos damos cuenta que le entregaron el cuerpo de mi mamá a otra persona, con otro nombre.  Y el cuerpo de esta persona que supuestamente ya estaba enterrada con protocolo Covid aún estaba en la morgue.

¿Esta familia, a la cual le entregaron el cuerpo de su mamá, no entró a reconocerla?

El problema es que cuando mueren por Covid ellos no tienen derecho de verla. Pidiéndole una explicación a la gente del hospital, me dice el encargado: «Es que nunca nos había pasado esto». Y ellos aceptan, y tengo video, donde ellos deliberadamente dicen que el problema que tienen es que la funeraria entra y agarra el cuerpo que ellos quieren. Se imagina cuántas familias han enterrado a su familiar equivocadamente.

¿Qué hicieron ustedes cuando se dieron cuenta de que le habían entregado a su mamá a otra familia?

Lo primero que hicimos fue contactar a la otra familia. Se le tomó una foto al cadáver a la otra señora y se le mandó. La chica estaba en un shock, se oían los gritos de esta persona por teléfono, pero era algo que desafortunadamente se tenía que hacer. Llegó el director de la morgue y nos dijo que se iba a reunir con el director del hospital. Pero era como que se tiraban la bolita, porque llegaron incluso representantes del MINSAL cuando no tenían nada que ver en ese momento.  Estuvimos alrededor de una hora parados en la morgue sin que se nos diera una solución. Le digo a mi papá: «vamos a hablar con el director».  Llegamos nos sentamos con la gente de la dirección, ellos nos dieron su palabra que iban a hacer todo lo posible por ayudarnos. Lo único que nos han dicho es: «Se nos cae la cara de vergüenza», cosa que a nosotros no nos sirve de nada. Entonces el jurídico del hospital me mantuvo al tanto que ellos estaban haciendo peticiones al Ministerio de Salud durante la primera semana. 

Oficio enviado por el ministerio de Salud a la Fiscalía General de la República donde consta que el MINSAL ve factible la exhumación del cuerpo de Amelia Tejada, enterrada por equivación con protocolo Covid.

La semana antepasada se nos dijo que no se podía hacer la exhumación, porque eso es lo que nosotros buscamos: una exhumación del cuerpo de mi madre para poder llevarla, darle cristiana sepultura, cerrar con mi papá el ciclo de dolor y enterrarla a ella con todo el amor que se merece, ya que nos robaron la oportunidad de poder darle una velación.  Queremos llevarla al lugar que con mucho amor le hemos comprado en (cementerio las) Colinas.

Se nos dice que como en la petición que le habían mandado al MINSAL se mencionaba Covid no se pudo autorizar la exhumación. Luego mandaron otra petición donde se explicaba que mi madre no había muerto por Covid. Y con mucha alegría recibo la noticia que el jueves 23 de julio se iba a realizar la exhumación. Llegamos el 23 de julio súper temprano con mi papá y los del hospital nunca llegaban. Llegamos a La Bermeja, ahí enterraron a mi madre. Y nos dicen: «Ya vamos a llegar, ya vamos a salir». Y yo tengo el presentimiento que cuando las cosas se tardan mucho es porque algo va mal. Llegamos y supuestamente llevaban los trajes y luego llega el jurídico y cobardemente me dice:  «Se tiene que acercar a las oficinas porque le van a explicar algo».

Cuando llego está ahí el juez octavo de Paz y me dicen que siempre no: que no se va a poder hacer la exhumación porque a mi mamá la enterraron en una cripta doble y está en el segundo nivel y la persona que está antes de ella sí murió por Covid, entonces ella está en una zona roja, cosa que no nos quita el derecho de darle cristiana sepultura. Entonces me dicen: «Fíjese que lastimosamente no se puede sacar ese cuerpo porque la ley así lo dice y tenemos que esperar siete años», pero le digo no puede ser, no es justo que esperemos siete años, alargarnos nuestro duelo aún más de lo que ya por naturaleza es doloroso. Y me dicen: «Bueno ni modo, esto es lo que pasa. Vamos a ver qué más se puede hacer y vamos a enterrar a la señora». Porque a todo esto la otra señora congelada en la morgue del hospital.  La otra chica le toca reconocer el cuerpo de su mamá y nuevamente enterrarla y desde el día jueves (23 de julio) no he recibido una noticia de que se esté haciendo algo para hacernos justicia a nosotros. 

¿Qué leyes le dicen que no permite exhumarla?

Como yo estaba muy aturdida, alguien me dijo: «Usted no se puede oponer a las leyes del presidente ni a las leyes del MINSAL». Pero yo en ningún momento creo que el presidente o el Ministerio de Salud se opongan a que usted le dé cristiana sepultura a un pariente. Yo entiendo los protocolos y entiendo que si esa persona estaba ahí enterrada y tuvieron que sacarla para enterrar a mi mamá, ¿Cuál es ahora el problema de sacarla para yo tener derecho a la exhumación de mi mamá? ¿Cuál es el problema?  Créame que es tan feo que le digan que lo más precioso que usted tiene en esta vida que es su madre está enterrado en una zona roja y que  no la puede visitar, y usted ni tan siquiera está segura que es ella, porque hay que hacer un prueba de ADN. Es un dolor horrible, espantoso. Y lo primero que vino a mi mente es cuántas personas no han enterrado en este momento a un familiar equivocado.

Yo creo que ellos esperaban que yo me resignara y les dijera: vaya está bien, porque, como le digo, nos dejaron varados, no nos decían nada y fuimos nosotros los que tomamos la iniciativa de hacer nuestras propias investigaciones.

¿Ustedes lograron determinar dónde está su mamá porque ustedes se movieron a buscar nombres, números de teléfono?

El director, el licenciado Maida, se sentó con nosotros y nos dio su palabra y que iba a hacer lo posible para darnos una solución y espero que esta palabra él la cumpla. Usted no sabe todos los esfuerzos que nosotros hicimos con mi papá, porque somos personas trabajadoras, y con mucho esfuerzo compramos los servicios funerarios, que ella no pudo gozar.

Usted lleva casi un mes sin poder iniciar el proceso de duelo. ¿Qué esperaría de las autoridades para que reparen al menos un poco del daño que les han ocasionado?

Es bien difícil, ha sido un proceso bien duro, nosotros no dormimos, no comemos. Estábamos preparados para entregar a mi mamá al señor Jesucristo, pero esto vino a darle un revuelo diferente a las cosas, le vino a dar vuelta a nuestra preparación emocional que teníamos. En mi desesperación el día jueves, yo escribí un tuit al presidente y al ministro de Salud, lastimosamente ni siquiera se ha visto, pero lo que yo esperaría es justicia y que nos den la oportunidad de trasladar a mi mamá al lugar que con mucho amor le hemos preparado. Creo que tenemos derecho, no nos merecemos y nadie se merece un dolor tan grande.

La otra muchacha me dice que ella está dispuesta a llegar a las últimas consecuencias, porque es un atropello el que se ha sufrido. Gracias a Dios ella tuvo la oportunidad de poder enterrar a su mamá, y sabe donde está yo sigo con la incertidumbre porque yo siento que mi mamá está desaparecida.

Un empleado de una funeraria, usando trajes de protección, espera a entrar a la morgue en el Hospital Rosales en San Salvador para sacar un cuerpo y llevarlo al cementerio, el 19 de junio de 2020. La saturación de casos positivos por la COVID-19 ha hecho colapsar al sistema hospitalario. Foto Archivo FACTUM/ Salvador Meléndez.

¿Van a acudir a otras instancias a buscar reparación?

Mi madre se lo merece y yo voy a llegar hasta las últimas circunstancias posibles. Para que esto no le pase a ninguna familia, porque es un dolor grandísimo que yo no se lo deseo a nadie. Es un terror querer decirle un último adiós a una madre y no poder hacerlo.

¿Su papá, que tuvo que ver cuerpo por cuerpo, ha podido reincorporarse a sus actividades?

Soy afortunada y tengo un padre demasiado amoroso, y él se hace el fuerte por mí, pero yo lo veo deprimido, decaído, ha perdido peso. Mi mamá siempre estuvo con nosotros y de repente estar en la incertidumbre que no sabemos qué ha sido de ella. Tenemos la esperanza que está en el lugar donde se la entregaron a la otra familia, pero hasta que no nos den la solución de poder enterrarla no vamos a tener paz.

¿Cuál ha sido la respuesta del jurídico del hospital?

Yo siento que como ellos enterraron el cadáver de la otra señora que tenían en la morgue, sienten que ya se lavaron las manos. Los encargados del cementerio me decían: «mire, le cambiamos la plaquita», pero no se trata de eso. Quién me asegura a mí que es mi mamá, yo ya ni sé a quién se la entregaron.  A este punto yo no tengo confianza en nadie del hospital. Ya no puedo confiar en las autoridades del hospital de ninguna manera. Siento que no se me ha dado la información de manera transparente y esto es como que usted no barra y solo ponga una alfombra encima de la basura.

Su hipótesis más fuerte es que por salir rápido se confundieron…

Ni siquiera lo digo yo. Lo dijo el encargado de la morgue: él acepta “nunca nos había pasado esto, fue mi culpa porque dejé al nuevo de encargado” y se empiezan a tirar la bolita. Estamos hablando de vidas, de seres humanos, no estamos hablando de verduras. Y no es así la cosa.

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