“El metal no está en cuidados intensivos, ni en El Salvador ni en Centroamérica”

Esta sábado 12 de diciembre se llevará a cabo la edición 25 de El Salvador Metal Fest, uno de los festivales de música pesada con más tradición de la región. Edwin Marinero ha estado detrás de la organización de estos desde 1994. Revista Factum habló con él sobre la escena metalera, política, polémicas y más.

Fotos FACTUM/Gerson Nájera y archivo de Orus Villacorta


Él es como un prócer para la música underground en El Salvador. Su nombre: Edwin Marinero. Propios y extraños lo llaman solo por su apellido. A sus 48 años tiene poco que censurarse, exagerar u ocultar sobre lo que ha visto y vivido. Este año llevará a cabo la edición número 25 de El Salvador Metal Fest, uno de los festivales más longevos de música pesada en Latinoamérica. Y en ese número no hay truco, porque han sido ediciones ininterrumpidas. La pandemia por el Covid-19 retrasó y luego puso en peligro el de este año, pero la celebración de sus bodas de plata se realizará este 12 de diciembre, en el municipio de Suchitoto.

Y aunque en comparación a años anteriores esta será una versión más austera, los símbolos no están ausentes. La edición de este año incluso tendrá una cerveza conmemorativa. El cartel reúne a bandas de unas cinco generaciones, según cuenta. Y están dos de las que estuvieron en la primera edición: Sepelio y Renegado. Y otras donde alguno de sus miembros es menor a la edad del festival, como en el caso de Inhuman.

Marinero está lejos de ser un fundamentalista del metal, como normalmente se denomina a las decenas de ramificaciones que hubo del género. Su amor por la música inició con el pop ochentero. Ubica ese génesis en el terremoto de 1986. Su lista: Tears for Fears, Depeche Mode, The Police, The Cure. Bandas que aún escucha y colecciona. Luego fue el «grito del diablo» de Mötley Crüe, después el heavy en español hasta llegar al underground latinoamericano. Y, por supuesto, Broncco, la banda salvadoreña de la que destaca su amistad con la familia Sibrián, en especial con Chente, a quien llama padre. 

En 1992 tuvo la primera experiencia de organizar un concierto. Y fue uno histórico, porque se trató del primer festival de metal después de los Acuerdos de Paz. Marinero tiene todos los datos frescos: 21 de diciembre de aquel año tan importante en la historia salvadoreña. Auditorio de Derecho de la Universidad de El Salvador. El line up: Sepelio, Sepulcro, Trash y Metal Doom.

Para 1995 hizo el primer Metal Fest en el auditorio de la Federación Nacional Sindical de Trabajadores Salvadoreños (Fenastras). Con no más de cien personas inició una tradición anual que duraría siete años en ese mismo local y que con el tiempo llegaría a convocar hasta a unas mil personas para una sola edición, una cifra sorprendente para un festival de bandas que rara vez o nunca sonaban en la radio. Después vendrían los días del Metal Fest en la Arena El Salvador. Otros siete años. Y, finalmente, entre el miniestadio «La cuna del Mágico” y el Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO). 

Algunas ediciones del Metal Fest tuvieron doble escenario, con más de 25 bandas en escena y cientos de asistentes. La cantidad de bandas fue tanta en algunos años que la organización debía realizar elecciones para seleccionar a quienes participarían. El resto tocaba en otras fechas del calendario, en otros festivales del Rockers Club. Marinero también tuvo una banda, Soul’s Dying Path, pero incluso si su banda no conseguía los votos necesarios, no entraba al festival. 

Ahora se embarca en la organización del Metal Fest número 25. Sirve como excusa para conocer a uno de los personajes claves de las últimas tres décadas de música para El Salvador. En la entrevista que sigue, Edwin Marinero habla de la escena metalera, habla de militarización, de política, vida y polémicas.

Edwin Marinero ha estado detrás de la organización de 25 Metal Fest consecutivos. Foto FACTUM/Gerson Nájera.


Para vos, ¿qué es el metal?

Para mí es todo. Es la vida. ¿Por qué? Porque lo di todo. Lo he dado todo por eso. Perdí familia, perdí empleos. O sea, decidí dejarlo todo por esto. Entonces, es mi vida. 

¿Y ha valido la pena?

Je, je. A estas alturas de mi vida no sé si ha valido la pena. Porque me hubiera gustado ver la escena más compacta, más unida. Seguramente, ciertos errores que uno comete en el camino pudieron haber dificultado esto. Pero no creo que dependa de una persona el hecho de que la escena no sea como todos queremos, sino que a veces son las circunstancias. A veces, la mentalidad de algunas personas dentro de la ‘salvadoreñidad’ es muy compleja y, a veces, absurda. Pero sí creo que ha valido la pena todo. 

Al revisar la producción anual de discos salvadoreños, siempre aparece una gran cantidad de discos de metal. Incluso este año, con todo y pandemia. Y fuera de esta temporada, los conciertos, festivales, etc., que tienen buena convocatoria. Es decir, parece una escena musical muy fuerte. ¿Desde adentro compartís esa lectura?

Lastimosamente, la división hace que se debiliten las cosas. Cuando no estás unido en una visión clara de lo que se quiere, se va debilitando el movimiento. Pero eso no quiere decir que se encuentre en cuidados intensivos el metal en El Salvador ni en Centroamérica. Porque, como bien lo decís, ninguna banda ha parado de producir. Ni por pandemia ni porque se sienta ahuevada ni porque cierto grupo de personas en la escena no la quieran. Siguen, insisten. Aún trabajando o con más compromisos siguen tratando de producir. Eso quiere decir que la escena, en cierto modo, se mantiene. Tal vez los conciertos hoy, pospandemia, ya no van a ser ta seguidos. Por el miedo que tienen muchos y porque las limitaciones van a ser mayores por los espacios y todos ese rollo. Te podría decir que porque no va a haber conciertos la escena está muerta o está débil, pero no, porque hay producciones a más no poder. Han querido hacer livestream, pero los metaleros son como que más del pasado, no les gusta eso de que te estén viendo en televisión. Ja, ja, ja. Se resisten. Ellos están esperando el momento para salir en vivo y podar dar su show a gente de carne y hueso.

Mencionás divisiones. En algún momento para otros productores vos eras como el cacique de la escena metalera. Como que vos decidías quiénes, cómo, dónde. ¿Cómo ves, a la distancia, ese momento donde se te catalogaba de ..?

…un dictador. Lo han dicho. Hay personas, de ese tipo de grupos que nacieron, que piensan que yo hice todo el esfuerzo posible para debilitarlos y que nadie me estorbara en una escena que te da bien poco. Porque vos no vas a vivir de hacer conciertos de rock. Acá es paja. Aquí tenés que hacer otro tipo de peripecias para ir solventando la cotidianidad. La historia está clara: quien lo hace por generar controversia, desaparece rápido. Se van. Si estuvieran bien conscientes de lo que van a hacer, lo mejor sería platicarlo y hacer las cosas sanamente. Como decía una caricatura: es mejor tener un enemigo honesto que un mal amigo. Hablarlo, encarar y decir: «mirá, yo quiero hacer esto y vamos todos juntos». Pero algunos, por creer que yo quiero apoderarme de algo —que sí existe, pero no es como ellos creen— a la hora de meterse en el rollo se dan cuenta que esto es como una lotería, que hay días buenos y días malos y que a la larga esto es de darlo el todo por el todo. No es un juego de niños que quieren que sus caprichos se cumplan.

¿Eso continúa así?

Sí, continúa. Todavía hay comentarios ahí de que yo soy ladrón. Yo no sé qué les he robado, pero ahí dicen que el «Metal Shit», que las mismas bandas de siempre, que ya aburren. Pero el cartel tenía otras bandas. Pero hay unas que, a raíz de la problemática del del virus, decidieron ya no estar. Y otras decidieron estar. Entonces el momento se aplica a que teníamos que hacer un concierto con un par de bandas menos y poner a las bandas que sí quisieran tomarse el riesgo. Porque en todos los aspectos de la vida hay que tomar riesgos.

En contraparte, hay lazos con México, los países vecinos de Centroamérica, etc. ¿Cómo se construyeron esas alianzas?

A raíz del crecimiento de nuestra escena, nuestra calendarización de eventos y nuestra constancia. Porque estábamos programados durante todo el año. De repente, hicimos como un tridente entre México, Guatemala y El Salvador. El punto de referencia era que de México las bandas tenían que pasar por El Salvador para poder seguir hasta Panamá y, si era posible, hasta Suramérica. Eso ha venido bajando un poco, pero así fue cómo se logró traer las primeras bandas de República Checa, Alemania, de ese nivel underground. Esos enlaces nacieron porque las bandas de Centroamérica querían tocar en El Salvador porque miraban que había una estructura y que los conciertos tenían convocatoria. Y así fue que hicimos varios Independent Fest en Guatemala, Honduras y Nicaragua. Desde aquí motivábamos para que se hicieran los intercambios de grupos centroamericanos porque había la posibilidad. Así fue creciendo la amistad y la armonía entre el CA-4. Existe todavía eso. Pero ya no hay intercambio, porque todo fue a la baja por el cambio de condiciones.

Para tu generación el metal era una identidad, era rebeldía, era libertad. ¿Creés que para las nuevas generaciones siga siendo así?

Espero que esta respuesta no sea un boomerang o mi lápida: no es lo mismo. Lastimosamente, no es lo mismo. Podría ser que los tiempos cambiaron, las formas de amar al metal cambiaron. El simple hecho de que antes costaba conseguir algo que te identificara, te hacía quererlo más, amarlo más, apreciarlo más, pelear por eso más. Hoy, como decía mi mamá: «todo lo que no cuesta se hace fiesta». Yo esperaría que no fuera así. Y hay ciertas motivaciones dentro de este Metal Fest, porque hay un chico de Inhuman que ni había nacido cuando fue el primer Metal Fest. Pero se le ve la actitud de querer meterse a la cuestión de la producción y querer tocar, pero yo no puedo hablar por él, porque es un chico todavía. Yo no sé cuál va a ser el progreso de él. Pero antes vi a otros chicos que así como han llegado han desaparecido. Traen muchas intenciones pero no encuentran lo que les dijeron que había, se desilusionan y terminan haciendo otras cosas. No malas, pero se retiran, porque tener una banda que haga música original ya no se vuelve una prioridad como era antes, cuando no teníamos lugares de ensayo, instrumentos pro, no teníamos maneras de transportarnos, pero hacíamos todo lo posible por caerle mal al vecino, cargar los instrumentos y ensayar. Hoy es más que todo para hacer covers. Hoy para eso es el esfuerzo. 

En algún momento la gente tachaba a los metaleros de satánicos, drogadictos, degenerados, etc. Pero ahora algunos metaleros son los que señalan eso del rap o del reguetón. Pareciera que son los nuevos conservadores que se asustan porque alguien habla de sexo explícitamente en una canción, mientras ellos escuchan a Cannibal Corpse, por dar un ejemplo. ¿Cómo ves eso?

Me vienen a la mente aquellos que tienen miedo de un virus cuando vienen de hacer death metal. O sea, están hablando de canciones oscuras, del death metal y hoy le tienen miedo a un virus. Que ya les dio y ni se murieron. Yo no digo que salgan y que se echen el virus en la cara. Están las medidas, pero no por eso te van a coartar tus libertades. Pero hay quienes le han apostado más a seguir el juego de la falta de libertades y estar pendientes de esas cosas que vos decís y querer estar de santurrones o de proteccionistas. Y hay cosas peores que nos van a matar. Este virus es parte de eso, del desprecio a la madre naturaleza, el desprecio a los adultos mayores que tienen más capacidad de pensamiento, que saben más por lo que han vivido y no por pequeños párrafos que leen en internet. Y bueno, también con lo que hablamos de la libertad, recordá que nosotros veníamos de un contexto de guerra, de restricciones, donde nos cortaban el cabello, donde nos decían maricones porque ciertamente nos vestíamos pegados y con cadenas, etc. Y luego vino el death metal y que la brutalidad, y que las carnitas y cosas y grotescas y resulta que hoy todo están como que «uy, eso no», «yo hablo de eso pero los demás no», o sea, «para mí es normal pero la población no». Hay una cosa que no me cuadra ahí, que no concuerda con lo que quieren ser o aparentar ser con lo que verdaderamente piensan y terminan haciendo. Podría estar equivocado, pero eso es lo que denoto. 

Recuerdo un concierto por 2004 donde tomaste el micrófono y explicaste que Rockers Club era apartidario. Eso en un contexto de elecciones. Por otro lado, siempre has sido promotor de la memoria histórica, la defensa de la naturaleza y las poblaciones indigenas. ¿Para vos el metal debe o no interesarse por la política?

Yo dije eso porque no quería que todos se fueran en la redada. Porque hay gente en las bandas de la que se puede decir que les vale verga la política. O que no tienen ninguna afinidad ideológica y no se encuentran en ningún lado. Nosotros, desde un principio, sí teníamos definida una afinidad ideológica. No fuimos parte de ningún partido político, pero estamos más al lado de ciertas causas que al final no se llevaron a cabo. Pero sí teníamos un concepto de lucha por las causas justas. Todavía. Aunque, ciertamente, menos visibles. Pero siempre hacemos recolección de útiles escolares, juguetes, libros, etc. Y si se necesita hacer un concierto pro Y o X cosa, se hace. Somos solidarios. Nunca hemos estado abanderados por un partido político. Nunca lo hemos hecho. Sí teníamos nuestras afinidades políticas y todavía tenemos nuestra onda ideológica bien marcada, seguramente radical.

¿Dónde te ubicarías ideológicamente?

A la izquierda. No lo puedo negar. Pero, para mí, las cosas hubieran sido más radicales de lo que aún la gente se esperaba. Pero, lastimosamente, uno no es el que está allá arriba y las cosas se dan con los que están arriba y uno al final se queda silbando en la loma.

Te pregunto esto porque para algunas organizaciones nacionales e internacionales hay alertas de que vamos camino a una nueva militarización, de restricción de libertades, ¿te parece así o creés que exageran?

En algunos aspectos puede ser una exageración. Porque, ciertamente, si los militares se vuelven a subir al lomo de los civiles es porque la gente así lo va a permitir. Nosotros estuvimos en una campaña de objeción de consciencia. La objeción de consciencia es luchar contra la obligatoriedad del servicio militar, en los países donde aún es así. Y la otra objeción de consciencia es objetar a los gastos militares. Ahí sí ya no estoy de acuerdo. No estamos en guerra. Y por ahí vi a alguien pidiendo para nuevas cosas, que santa Claus le va a llevar nuevos soldaditos de plomo y cosas así. Quizá es alarmante decir que vamos a una dictadura nuevamente, porque todo va a depender de la misma población. Cada quien se siembra la estaca que quiere y la población va a ser la responsable de eso. Personalmente, no estaría apostando a volver a ese tipo de cosas. ¡Jamás! Para mí, los batallones militares deberían ser lugares para tecnificar a esas personas, que salgan haciendo otro tipo de cosas. Está bien que el presupuesto se les mantenga, pero que no lo aumenten. Que trabajen con lo que hay. Es un tema muy complejo. Yo lo veo muy alarmante, pero no vamos en un buen camino. Todo eso de aumentar presupuesto, aumentarles sueldos, aumentar la tropa. ¿Por qué no más policías y sí más militares? No entiendo. Hay algo que no me cuadra.

¿Por qué hacer este Metal Fest durante la pandemia y fuera de San Salvador? Tenés varias condiciones en contra. 

Yo no quería dejar de hacerlo un año. Aunque fuera el último. Teníamos que hacerlo de la forma que fuera posible. Con tres o diez bandas. Con diez o 150 personas de público. No importaba la cantidad. Pero [el objetivo] era hacer los 25 años consecutivos. No dejar pasar ni un año de hacerlo. Porque pasó con el terremoto del 2001, pasó con el Huracán Mitch de 1998. Estábamos preparándonos para eso cuando pasó. No es un simple capricho. Mucha gente podría decir que lo pude hacer el próximo año, que solo era de esperar. Pero yo estoy viviendo el presente. No puedo pensar en el futuro. Yo puedo planificar el hoy, pero ya el 2021 no sabemos qué ondas: una cepa más fuerte, que las restricciones sean mayores, etc. Esperé el momento para hacerlo y por gracia del metal este fin de semana se hará. Y con todas las condiciones sanitarias que se tienen que cumplir. Es al aire libre, con espacio para la distancia. Por ser hasta Suchitoto, eso mismo reduce el número de personas de si lo hubiéramos hecho en la capital. Y en el lugar todos van a ser satanizados y sanitizados. Ja, ja. 

¿Qué significa para vos cumplir 25 años haciendo este festival?

En el 2018, en el concierto fallido de Thell Barrio, andaba mi hijo ahí. Y yo dije que, para mí, el Metal Fest era como un hijo, un hijo que andaba entre el público y que está cumpliendo los mismo años que el Metal Fest. Y como esto es un todo para mí, el distanciamiento familiar que se generó durante mi dedicación al mundo del metal —bandas, giras, conciertos, etc.— el chico sufrió ese distanciamiento familiar; que lo sufren un montón de familias a nivel nacional. Por eso, las consecuencias de la violencia y todo ese rollo; que es un virus más fuerte y desgraciado que cualquier virus que venga. Entonces eso: toda una vida dentro de este mundo y es como un hijo al que no querés ver morir.

Mencionaste esta polémica que hubo cuando quisieron traer a Thell Barrio, una banda que ese mismo año estuvo en varios festivales de música pesada y cuyo sonido no es diferente al de otros grupos locales. ¿Qué pensaste que en un espacio que dice aceptar a gente marginada por la sociedad estuviera rechazando a una banda por su estética?

Contradictorio. La verdad es que nosotros lo hicimos con la intención de abrir más la cantidad de géneros, porque de ese tipo de bandas hay en nuestro país, como Sentencia, como Ignition, como Con Valor Para Vencer. En un año anterior, en la Cuna del Mágico, metimos a Sentencia. Después de esa prueba de Sentencia, de Araña —que ya había tocado varias veces, pero con quien también hubo resistencia la primera vez que pusimos a Aborígenes (banda de la que salió Araña) en un Independent Fest—, hubo mucha resistencia porque tocaban en la Luna, en el Guanarock y porque su música era más tribal y cosas así. Pero al final llegaron para quedarse.

Pero bueno, por medio de unos contactos que ya teníamos con Thell Barrio nos nació la motivación y ellos que estaban con la gran disposición de venir a ese festival. Los invitamos, aceptaron y bajo todo riesgo, que lo pagamos muy fuerte, los metimos. Pero desde que se supo, hubo un ataque muy fuerte por redes en contra de ellos. Ese fue un gran bajón, nos debilitó el festival y mucha gente se resistió. Pero esa banda tiene una gran recepción en México y Europa. El hecho que estuvieran en un festival en un país como El Salvador —y que lo iban a filmar todo—, iba a internacionalizar el festival. Las consecuencias fueron tantas que redoblaron los requisitos para el ingreso de esa banda a último momento. Teníamos que retrasar todo el festival, comprar otro vuelo, etc. Era paja. La banda vino, solo sacamos la fecha de Guate. Hubiera sido un fracaso rotundo si nosotros hubiéramos suspendido el festival en sí. Pero lo llevamos a cabo, metimos a otras bandas. No llegó la cantidad de gente que quisimos, no logramos saldar todas las deudas que debíamos saldar —con el tiempo sí—. Pero sí fue una desilusión [darnos cuenta de] que la resistencia o el ataque venga dentro de un mismo grupo que tiene golpes duros dentro de una sociedad que no nos quiere ni ver ni en pintura… encontrar ese tipo de personajes que quieran dentro de la misma escena desaparecerla. Porque todo era parte de una estrategia para darle un plus y levantar el aspecto del festival. Es bien difícil encontrar tanta resistencia y tanta bola negra dentro de la escena. Pero para este festival del 12 de diciembre igual, lo mismo. Todavía se ven luzazos y chispazos de gente que no les gusta ver cosas que se hagan a favor del metal.

Para vos, ¿la apertura a otros géneros en el festival debería ser mayor?

Una vez íbamos a poner en la apertura a una banda de proyección folclórica suramericana. Lastimosamente, no se puedo. Pero en buena parte de la población metalera hay tolerancia a ciertas músicas. No solo lo que es duro. Igual pasó con Barú: «¿y por qué van a meter a esa banda?» Si bien es cierto no a todos les gustó la música; pero sí gustaron por su show y profesionalismo en el momento en que se presentaron. Ahí volvimos a romper otra pared, al poner a una banda de otro tipo de textura musical y presencia en escenario. Como Araña, como Sentencia. Pero lo más duro fue que la vestimenta de Thell Barrio les molestó a muchos. Y no lo vieron por el lado musical, no escucharon las letras de las canciones, que son muy contextuales de lo que está pasando en El Salvador.

A pesar de la pandemia, el Metal Fest no se verá interrumpido en 2020. Foto FACTUM/Gerson Nájera.

Otros festivales, como el Guanarock, se han quedado en el camino. ¿Por qué el Metalfest sigue convocando a cientos de personas y mantiene relevancia?

Por la continuidad. Por gloria y obra del metal he tenido la energía y capacidad, junto a mis colaboradores, porque no se trata solo de mí. Yo soy la cara. Pero hay mucha gente alrededor mío, tanto familiares que creen en mí como otras personas dentro de la escena. Y sobre todo las bandas que quieren tocar en el festival. Esa constante, esa continuidad de ver morir la vieja escuela, que se la jactan de ser viejos pero se quedaron en el camino y solo les quedó el lema de la old school, no transmitieron ni reprodujeron el mensaje, se quedaron con sus colecciones encerrados en sus casas. Y los chicos se han ido reproduciendo en automático, porque el metal es así. Como diría Chente: «El metal te busca, no vos a él». Una frase muy bonita del viejo, que ayer hablé con él, por cierto, y me deseó suerte para el festival. Siempre está pendiente, pero se está resguardando. Esa continuidad de ver quedarse a gente en el camino, ingresar a nuevos, que también durante el trayecto se han ido. Pero en esta edición vamos a ver gente de los inicios del Metal Fest, como también gente nueva que quiere experimentar un concierto como este en un lugar diferente. Porque pude hacerlo en un lugar encerrado aquí en San Salvador, pero no estaríamos tan frescos porque no habríamos podido controlar tanta gente. Entonces, la edición 25, que toquen dos bandas de los inicios que todavía tienen ganas de tocar como si fuesen primerizas y que se unan a la segunda generación, la tercera generación y la nueva generación… Estamos hablando como de cinco generaciones en un festival. Eso te genera credibilidad. En cambio, si lo dejás de hacer porque ya no percibiste lo que vos querías, que de repente ya no se te llenó y eso te ahuevó. O sea que era una cuestión más de dinero que de querer hacer las cosas. Porque en un puño de festivales yo mejor le hubiera dicho a algunas amistades que me dieran trabajo en alguna fabriquita y retirarme. Porque hay cosas que requieren tiempo completo para poder estar a un buen nivel. Tal vez no siempre un éxito, pero la constante, la credibilidad y el hecho de apostarle a algo que nadie le apuesta. Aprendí a sufrir y a ser feliz con esta cosa.

En el camino no se quedaron solo bandas, también se quedó bastante gente, como Guillermetal. ¿Te afectó mucho esa perdida?

Todavía se siente. ¡Puta! Qué fuerte. No estaba pensando en él, pero me lo hiciste recordar. Hay muchos personajes que se quedaron en el camino. Y Guillermetal, que estuvo desde el primer concierto como colaborador y ya al año se metió con todo a la escena, aprendió a locutar, se metió a los programas de la Kabal, en AM. O bandas que pudieron hacer más, como Angelus, porque en el momento que tuvieron que ser más sensatos se desarmaron. Por supuesto que la gente que ya no está hace mucha falta. Y te hace preguntarte hasta dónde querés llegar o por qué la insistencia de seguir si ves que alrededor la gente te está diciendo que esto no va para un final feliz. Todavía yo me lo pregunto. Se mueren unos, se debilitan otros, se desarman otros, se retiran otros. Pero no estoy arrepentido de haber hecho esto. Hice muchas cosas que no me imaginé dentro de este mundo. Lastimosamente, no todos lo logran. Incluso, es un privilegio poder hacer este Metal Fest, porque hay otros países donde ni en bares han podido tocar todavía. Todo eso le da una magia a este rollo. Hay que morir haciendo lo que a uno le gusta.

Si te tocara retirarte de esto o ya no pudieras seguir, ¿ves personas que puedan continuar con este trabajo?

Tal vez no de la misma manera. Pero sí hay capacidad en nuestra población del metal de personas que pueden hacerlo. Que perduren con el tiempo, eso es lo que van a tener que demostrar. Hay muchas personas que tienen ímpetu, ganas, traen esa energía y traen esas nuevas formas de hacer cosas. Pero van a tener que demostrar con el tiempo qué tanto lo querían. Y yo no es que me la jacte, pero ni yo sé por dónde ha pasado tanto tiempo. 25 años solo sé que se reflejan en el crecimiento de mis hijos. Y fui un padre responsable con lo que debía, pero no fui un padre ejemplar tampoco, porque decidí el camino del metal. Y no es que haya dejado tirados como perritos a mis hijos; tuvieron una mamá dedicada que se encargó de ellos y yo siempre como la presencia, la figura paterna. Pero la verdad es que sí veo personas que traen las ganas. Cuando ya esté en mi retiro y ya esté viejito viviendo en Perquín —que es mi sueño— escribiendo, anciano, espero ver de lejos que el movimiento continúa. 

¿Alguna vez has pensado cómo quisieras ser recordado?

Como el Marinero nada más. Ese apellido no sé de dónde viene, pero soy como ese marinero, un cabrón que decidió tirarse a la mar en ese azul profundo, tratando de encontrar una isla bonita donde todos pudiéramos ser hermanos, tener buenos eventos, tener una industria, una escena, que un momento pudo haber sido. Quisiera que me recuerden como el que se tiró, conoció la forma de cómo navegar en esas aguas turbias y avanzó hasta el fin.


  • El Metal Fest 2020 se realizará este próximo sábado 12 de diciembre en La Finca del Lago, Suchitoto, a las 6:00 pm.
    Este es el afiche promocional, con el listado de las bandas que participarán:

¿TE HA GUSTADO EL ARTÍCULO?

Suscríbete al boletín y recibe cada semana los contenidos en tu email.


Tags

#Música

Deja un comentario

Your email address will not be published.