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«Dark» vuelve a volarnos la cabeza con su concepto del tiempo

«El tiempo está siempre contigo.
A donde vayas lo llevas contigo y él te lleva a ti.
Él ve y escucha todo lo que haces y dices»
—Adán, “Dark”

El tiempo es un concepto abstracto sólo definido a partir de convenciones sociales –los días, los meses, los años–, siempre asociado al concepto de descomposición: entre más pasa el tiempo más se descomponen los organismos vivos, incluidos los seres humanos. Pero, ¿qué sería del tiempo sin ninguna de esas convenciones? ¿Cómo se le nombraría? ¿Cómo se le administraría? ¿Qué es el tiempo? «Dark», la serie alemana que el pasado 21 de junio estrenó su segunda temporada en Netflix, vuelve a jugar con nuestra cabeza al respecto del concepto del tiempo.

[Alerta spoiler: la siguiente reseña revela detalles de la serie «Dark», que forma parte del catálogo de Netflix]


La parte maravillosa de las plataformas digitales de contenidos es la auténtica globalización comunicativa y la ruptura definitiva de las fronteras geográficas para compartir, por lo menos, en ese sentido.

Netflix todavía funciona por áreas y, de acuerdo a la geolocalización, la carta de contenidos varía. Sin embargo, eso no ha impedido que gocemos de contenidos realizados en otros países, en otros idiomas originales, en otros contextos culturales. Así, en Latinoamérica hemos gozado últimamente de producciones como “Baby” (Italia), “Arenas movedizas” (Suecia) y la maravillosa “Dark” (Alemania), motivo de las letras de este artículo.

¿Cuál será la agenda mundial en este momento como para desarrollar contenidos sobre la energía nuclear? Las historias contadas en determinados momentos nunca son casuales y obedecen a cierto estado del orden global. Dado el éxito obtenido por la mini serie “Chernobyl” (HBO, 2019), la reflexión debería situarse en la necesidad de hablar de este tipo de energía y de las consecuencias, en este caso, en Ucrania, de su manejo. La primera temporada de Dark antecedió con suficiente anticipación a la producción de HBO, sin embargo, el interés por el desarrollo del tema podría tener motivaciones inimaginables. 

Lo cierto es que vivimos una revalidación del género de ciencia ficción. Y es que, dentro de la marea de películas y series sobre superhéroes, alienígenas y fenómenos inexplicables, la tendencia es ubicar estos mismos fenómenos en un entorno “más realista”. Ahí tenemos, por ejemplo, a “Stranger Things”. Tal vez ahora estemos frente al nacimiento de otro género audiovisual, algo que podría ser llamado “ficción teorética” o “ficción filosófica”, en donde los cuestionamientos científicos del mundo aparecen inscritos en la realidad cotidiana. 

«Dark» se trata de la posibilidad de realizar viajes en el tiempo motorizados por la energía nuclear. En Winden, un pequeño pueblo de Alemania, la desaparición de dos niños en unas misteriosas cuevas lleva a toda la comunidad a enfocarse en la búsqueda y el descubrimiento de que la pregunta no es «¿dónde están?» sino «¿cuándo están?». La trama se centra en tres o cuatro familias del lugar y en sus historias a lo largo de periodos de 33 años: 1953, 1986 y 2019.

En la primera temporada se plantea el misterio: Mikkel, el más joven de la familia Nielsen, no se perdió en las cuevas, sino que viajó a 1986 para abrir otra línea de tiempo y convertirse en el padre de Jonas, quien estaba junto a él el mismo día de su extravío en 2019. Jonas, a partir de la culpa, emprende una furiosa misión para ubicar a Mikkel, encontrándose así con la aterradora realidad de lo que sería su destino y su papel en todo el drama atemporal de la historia. Vimos las historias de cada uno de los personajes y cómo se relacionan entre sí. Se plantearon todos los secretos familiares y las motivaciones de cada uno de ellos. 

El fundamento científico de la serie estriba en diferentes teorías sobre el espacio/tiempo: la teoría de cuerdas, la espiral y la partícula de Dios. A la partícula de Dios se le llama así a partir de su descubrimiento mediante un acelerador de partículas y se presume que fue, esa misma, el origen del Big Bang, es decir, del nacimiento del universo. Es mediante la estabilización de la partícula de Dios y su masa resultante, que son posibles los viajes en el tiempo en el universo de «Dark». La serie aborda muchos de nuestros peores temores apocalípticos juntos, el mismo temor de Albert Einstein al contribuir al desarrollo de la bomba atómica: ¿cuál va a ser el nivel de mal uso que el ser humano le puede dar a estas fuerzas sobrehumanas?

«Tal vez ahora estemos frente al nacimiento de otro género audiovisual, algo que podría ser llamado “ficción teorética” o “ficción filosófica”, en donde los cuestionamientos científicos del mundo aparecen inscritos en la realidad cotidiana» 

La primera temporada fue un éxito en tanto construyó una legión de seguidores fieles y ansiosos por saber cuál era el destino de los personajes y en qué época. Narrativamente, el contenido de “Dark” no es fácil de digerir. Es necesario poner atención y concentración para seguir una estructura aparentemente caótica, no lineal; pero en su misma densidad radica su poder para cautivar a la audiencia, misma que, por estas razones, perdió volumen, pero no calidad: ya se le empieza a percibir como una serie de culto. Quienes se han quedado, la califican como una de las mejores. Es muy probable que «Dark» no es masiva en tanto el momento histórico determina que a la gente le gusta estar dispersa, no poner atención a nada y prefiere andar atarantada, en general.

El actor Louis Hofmann vuelve con el papel de Jonas Kahnwald en la segunda temporada de «Dark», serie alemana que se transmite en Netflix.

En la segunda temporada –estrenada apenas hace una semana, el pasado 21 de junio–, las conexiones de las líneas narrativas son vertiginosas, duras, una tras otra. La historia avanza mucho más rápido que en la primera temporada, que se enfocó en trazar el mapa. Ahora, no sólo Jonas viaja en el tiempo sino varios de los personajes. Varios de estos se enteran de la posibilidad de hacerlo y algunos lo aprovecharán a su propia conveniencia, sin importar mucho el valor universal del simple hecho del viaje en el tiempo o la inminente amenaza del Apocalipsis. En el universo de «Dark», los ciclos de 33 años se repiten hasta el punto donde se regresa a la paradoja original y el tiempo se reinicia con el Apocalipsis. 

Lo poco que sabemos de paradojas al momento, es lo que nos dijo “Back to the future” (1985) sobre las consecuencias si el ‘yo del presente’ se encontraba con el ‘yo del futuro o del pasado’. Doc Brown lo decía con claridad: «trayendo catástrofes inimaginables». Pero en «Dark», el concepto es la “paradoja de la determinación”: un objeto o información se envía al pasado; entonces, existe hoy y ayer, pero no se sabe sobre su origen. Lo cierto es que estos mismos personajes, viajando deliberadamente entre el pasado y el futuro, por supuesto que tienen la intención de modificar hechos específicos, aquellos que podrían prevenir tragedias y desgracias… personales. 

«Narrativamente, el contenido de “Dark” no es fácil de digerir. Es necesario poner atención y concentración para seguir una estructura aparentemente caótica, no lineal; pero en su misma densidad radica su poder para cautivar a la audiencia» 

En este universo, el mundo postapocalíptico está dominado por una “secta religiosa” que procura el mismo Apocalipsis una y otra vez; una secta que considera que Dios es el tiempo, no una superstición, sino una manifestación física: «el universo entero no es más que un gigantesco entramado del que no hay escape». Y se ajusta al temor contemporáneo en donde un fenómeno natural es malinterpretado y manipulado por el ser humano, como la energía nuclear.

¿Cómo narrar visualmente una historia no lineal tan compleja como esta? En términos de fotografía, los años cincuenta son cálidos; los ochenta son coloridos; los dos miles son neutros (europeos); y el futuro es terriblemente frío. Siempre que se trata de un producto audiovisual con cambios en el tiempo, el diseño de arte es un factor fundamental para lograr un efecto veraz. En este caso, el trabajo de investigación –seguramente invertido en esta área– es muy amplio. Resulta notorio el aumento de presupuesto de una temporada a otra. Eso se observa en el diseño de los paisajes postapocalípticos, donde se trata de recrear (¿imaginar?) la destrucción absoluta.

En el caso de vestuario y maquillaje, se vuelve interesante observar el cabello de los personajes: el largo, la forma, de una época a la otra. Y con esto, también, destaca el arduo trabajo de continuidad. El guion es complejísimo. A pesar de que varios de los personajes podrían parecer en miss-cast –en varios casos, el mismo personaje del pasado, del presente y del futuro no se parecen mucho–, la dirección de escena logra la asunción de la correspondencia entre cada momento de la historia.

«Dark» impuso la temática de suspenso en historias de energía nuclear y ciencia ficción antes de que «Chernobyl» tuviera el éxito que ha tenido en 2019.

Aunque podría parecer una historia freaky, demasiado clavada en teorías y física cuántica, el drama, las pasiones humanas, son una constante en la historia. Nos dejamos atrapar por una relación inocentemente apasionada, pero incestuosa –una pequeña obsesión contemporánea con estar enamorado de tu tía–, adulterio, amor paternal, resentimiento y arrepentimiento maternal. Todo ello incide directamente en el proceder de cada uno de los personajes. A pesar de tener una misión mucho más importante –como detener el Apocalipsis–, siempre nos vamos a consumir en nuestras emociones; y en especial, si no tenemos tiempo, porque él nos tiene a nosotros. 

No sabemos en quiénes nos convertiremos en el futuro. Sólo somos la suma de las versiones de quienes nos han conocido. No sabemos si la versión que tiene uno sobre sí mismo es la que el resto percibe. En el universo de «Dark» ocurre que «una persona vive tres vidas: la primera termina con la pérdida de la ingenuidad; la segunda con la pérdida de la inocencia; y la tercera cuando perdemos la vida misma».

Hay un punto de inflexión en el quinto episodio de la segunda temporada, muy en la onda de «El efecto mariposa (2004)»: si regresamos al pasado, al momento justo donde empezó todo, mi nacimiento no sucede, pero todos los demás viven. Sin embargo, siguiendo la lógica del planteamiento teorético: si modificas una cosa, podrías estar modificándolo todo. Entonces, nada va a salir como lo has planeado.

El final de esta temporada nos ubica en el momento justo del nuevo Apocalipsis, en la ruptura del tiempo mismo. Hasta el momento, los viajes en el tiempo suceden en una espiral donde las líneas narrativas corren una muy cerca de la otra, compartiendo un origen similar. En los últimos diez minutos de la temporada, nos sueltan otra bomba: la pregunta ya no es sólo «¿cuándo está?», sino «¿cuándo y dónde está?». 

Tiempo es eso que vamos a esperar para recibir la siguiente temporada de «Dark», en la que seguramente nos seguirá volando la cabeza, cuestionándonos nuestro propio destino, aunque sea sólo en alemán.

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